¡CAMARERO, OTRAS DOS CERVEZAS MÁS!

PrimariasGOPEsto se va llenando; dentro de poco vamos a tener que buscarnos otro bar, je, je, je. Y es que ya tenemos dos candidatos republicanos más a la presidencia de los Estados Unidos: Rick Perry, el ex gobernador de Texas, y Lindsey Graham, el actual senador senior por Carolina del Sur. De ellos, el primero era un anuncio esperado y nada sorprendente, pero el segundo, por más que ya se esperase, sí que es toda una sorpresa. ¿Graham? ¿El RINO ese? ¿Pero de qué va? ¡Si ni siquiera aparece en los sondeos de opinión de su estado natal, Carolina del Sur! Bueno, supongo que cuando ya tenemos a nueve candidatos, tanto da que sean diez, once o doce, ¿verdad? Esta es la ocasión de una vida, ser candidato a la presidencia, salir en la tele y tener algo que contar a los nietos. Les daré mi opinión sobre ellos acto seguido, pero antes vamos a ver una nueva entrega de mi afamado “Termómetro GRGP” (y no, todavía no se lo dejo utilizar al Washington Post).

Termómetro GRGP4

Como pueden ver, esto está empezando a parecerse a un autobús en hora punta. Y todavía nos faltan varios nombres, algunos de ellos seguros como los de Scott Walker, Jeb Bush y, en mi opinión, Bobby Jindal. De hecho, creo que alguno más caerá; se habla de John Kasich, Chris Christie y Donald Trump. De estos tres últimos, creo que al final sólo dará el paso el primero, Kasich, y eso si puede resolver ciertos problemas de organización (y tal vez de dinero también) que se está encontrando. ¿Resultado? Que para cuando llegue la fecha del primer debate televisado, el 6 de agosto, podemos encontrarnos con una parrilla de candidatos de catorce o hasta quince nombres. ¡Uf, demasiados! Eso no puede ser; habrá que sacar las tijeras de podar y empezar a cortar. No es sólo el problema que supondrá para las distintas cadenas de televisión el acomodar a quince tipos en un plató y proporcionar a cada uno  de ellos el tiempo suficiente como para que pueda exponer su programa electoral (que, siendo, por ejemplo, sólo de cinco minutos por candidato, ya supondría una hora y cuarto sólo para eso), sino también tiempo para que interactúen unos con otros, discutiendo y rebatiendo los puntos de vista de sus rivales. Sencillamente imposible. Por eso, no es de extrañar que Fox News haya decidido limitar su debate a diez candidatos y que CNN, que emitirá el segundo, se proponga hacerlo en dos partes: la primera con los mejores candidatos y la segunda con el resto.

En fin, que tiempo hay hasta enero de 2016 para la poda y que lo ideal, en mi opinión, sería que llegásemos a Iowa con un abanico de no más de siete candidatos. Si no, nos vamos a volver locos intentando descubrir las diferencias entre unos y otros. Pero seguro que antes de enero tenemos un buen puñado de abandonos: poderoso caballero es don dinero y sin él, no hay candidatura que levante el vuelo.

Por lo demás, ¿qué posibilidades les doy a nuestras dos últimas adquisiciones? Empecemos por Rick Perry. A este, todos lo conocemos de sobras. Ex gobernador de Texas, el que más tiempo ha ocupado el cargo, Perry es un buen tejano, lo que casi es lo mismo que un buen conservador. Esta es su segunda intentona, ya que lo intentó en 2012, pero hizo un triste papel y tuvo que retirarse sin haber llegado nunca a coger vuelo su candidatura. Por lo que parece, tenía problemas de salud en aquel entonces (he leído que era una lesión en la espalda que le hacía ver las estrellas) y eso le impidió estar al cien por cien de sus posibilidades. Ahora, sin embargo, está en buena forma y no sólo se ha entrenado físicamente para la ocasión, sino que lleva meses trabajando con sus asesores de campaña para perfeccionar su programa electoral y dotarse de los recursos necesarios para destacar en medio de un plantel de competidores tan concurrido.

Perry hizo su anuncio en un hangar de aviación en Addison (Texas). Con la presencia de un magnífico C-130 al fondo, justamente el tipo de avión que Perry pilotó durante sus cinco años en las Fuerzas Aéreas, el ex gobernador de Texas se rodeó para la ocasión de una nutrida compañía de militares que hicieron la presentación de su candidatura y le dieron su respaldo. Entre ellos, se encontraban Pete Scobell, ex Navy Seal, que fue el presentador del acto, y otros ex Navy Seal como Marcus y Morgan Luttrell, además de la sorpresa de la presencia de Taya Kyle, la viuda del malogrado Navy Seaal Chris Kyle. Había otros ex militares también, entre ellos dos veteranos de la II Guerra Mundial.

Su discurso de presentación de su candidatura fue muy bueno, tocando sobre todo dos cuestiones: su incuestionable apoyo a las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, algo de lo que dieron fe esos ex militares que acudieron a respaldarle, y su éxito como gobernador de Texas. Además, incluyó todos los temas que tanto resuenan estos días en las mentes de los votantes conservadores: control del poder del gobierno federal, apoyo al libre mercado, protección de las fronteras, reducción de impuestos, etc. Toda una larga serie de cuestiones que, según Perry, “ya se han hecho en Texas”.

Perry se mostró como un buen conservador y, respondiendo de alguna manera al desafío de Ted Cruz, su paisano y rival en estas primarias republicanas, como alguien que ha demostrado con hechos esas credenciales conservadoras. Eso es cierto; sin embargo, no hay que lanzar las campanas al vuelo porque la verdad es que los tres mandatos de Perry como gobernador fueron conservadores, pero sin exagerar. Perry tiene demasiadas buenas relaciones con el establishment republicano como para dárselas de rebelde. A tortas con ese mismo establishment, sólo lo ha estado Cruz; Perry nunca les ha dado ningún disgusto.

Mi primera intención fue la de poner a Perry al mismo nivel que Ben Carson, pero luego me lo pensé porque, lo que en su momento jugó a favor de Carson: su falta de historial político que le avalase, en el caso de Perry sí que existe. Perry tiene un historial que exhibir y no es tan conservador como él quisiera. Incluso tiene algunos puntos flacos que no juegan en absoluto a su favor y que, llegado el momento, le pueden fastidiar bastante. Es por eso que he preferido “degradarlo” e igualarlo a Rick Santorum. Tiempo habrá para ascenderlo, si se lo merece. Pero, por el momento, se queda en uno de los buenos, pero no uno de los mejores.

Por su parte, Lindsey Graham es un RINO rematado y, para mi gusto, un mal bicho al que me complacerá mucho causar todo el daño que pueda. Evidentemente, sólo podía estar en un sitio y es al lado de Marco Rubio, con el que comparte su voluntad de engañar a todo el mundo pretendiéndose conservador cuando no es más que un chupón. Conocido por ser el socio favorito de John McCain en el Senado, con quien lleva años de gozosa alianza en toda clase de maldades, eso ya debería bastar para saber qué clase de pájaro es. No entiendo cómo es que se la ha ocurrido la fantasía de presentarse a la presidencia, pero por un lado me alegra porque así puedo jugármela sin temor a perder cuando apueste sobre quién será el primer candidato republicano en abandonar la campaña electoral.

Graham presentó su candidatura haciendo hincapié en sus supuestas credenciales como experto en política exterior, de la rama “halcón” para ser más exactos. Luego, dijo las consabidas lindezas dirigidas a los votantes conservadores que todos los candidatos en estas primarias se sienten obligados a decir: que Washington es muy malo, que la gente es muy buena y que a los islamistas les vamos a dar para el pelo. ¡Bah, todo mentira! Grahan es un mal bicho (eso ya lo he dicho antes) que cree que el gobierno federal debe gozar de aun mayores poderes, que ha expresado públicamente sus dudas acerca de la validez de la Declaración de Derechos, que no cree que a los blogueros les proteja la Primera Enmienda (la de la libertad de expresión), que no cree en la Segunda Enmienda y que incluso ha propuesto que se pueda matar a ciudadanos estadounidenses simplemente porque él lo dice, sin necesidad de acudir a un juez antes (en concreto, dijo hace poco en Iowa lo siguiente: “Si yo soy presidente de los Estados Unidos y tú piensas en unirte a al-Qaeda o el ISIS, no voy a llamar a un juez. Voy a mandar un drone y matarte”. Miren, por muy felices que nos sintamos todos de oír que un hijo de puta islamista está muerto y bien muerto, ni siquiera yo comparto el entusiasmo de Graham de bombardear a la gente porque a él le da la gana. ¿Y si no es un islamista? ¿Y si es meramente un opositor político? ¿O un bloguero de esos que tanto le repatean?

Tener a Graham como candidato puede llegar a ser divertido. El tipo dice que es un conservador en la estela de Teddy Roosevelt, lo cual me puso los pelos de punta enseguida que lo supe. Roosevelt ciertamente era un halcón en cuestiones de política exterior, pero también inauguró el tiempo de los “progresistas”, los tipos esos empeñados en que la gente debe ser cómo ellos creen que tienen que ser y no cómo realmente son. Roosevelt fue el primero, luego vino Wilson y aquello ya se desquició a la espera de que el otro Roosevelt elevara el “estado niñera” a niveles estratosféricos. Graham será uno de los favoritos de los medios de comunicación, sabedores de que no tiene la más mínima posibilidad, pero que sirve para debilitar a otros candidatos más serios. Por eso, cuento con que su candidatura no gane tracción y tenga que retirarse rápidamente; mejor si es antes de noviembre de este año. Por su propio bien, para evitarle mayores vergüenzas y porque ya nos bastó con un McCain; un McCain aguado sería más de lo que podríamos soportar.

Dos más. Ya somos diez. La mesa está llena. Diez es el número máximo de candidatos que Fox News está dispuesta a incluir en un debate televisado. A partir de ahora, cada vez que entre un candidato nuevo, otro tendrá que dejar su asiento. Esto va a parecer el juego de las sillas, ¿eh? El último en sentarse, el menos conservador. Veremos qué sucede. De momento, seguimos esperando a las primas donnas de esta temporada: Walker y Bush. ¡Ah, qué divas están hechas! Seguro que están compitiendo a ver quién es el último. ¿Mi apuesta? Bush será el último.

Anda que cómo acierte…

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