LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (y V): LAS PELÍCULAS EN VERSIÓN ORIGINAL

Cine de BobTenía tantas ganas de terminar esta serie… Me quedó pendiente una última entrega; la de las películas que no se han traducido al español. Esto puede deberse a múltiples motivos, pero lo más habitual es que no hayan sido estrenadas en España por falta de interés de las distribuidoras. Curiosamente, eso suele suceder con películas del tipo de las que estamos viendo en esta serie: conservadoras. Si la película es progre, un asqueroso panfleto comunistoide al estilo de los perpetrados por Oliver Stone, Sean Penn o George Clooney, ya pueden estar seguros de que aquí llega seguro. En cambio, si se trata de una película con valores tradicionales (que no es necesario siquiera que sean cristianos, simplemente los de toda la vida; los que nuestros padres comprendían y respetaban sin necesidad de que se los tuvieran que explicar), lo más posible es que tengamos que esperar a que se edite en DVD y puede que ni así logremos que la doblen al español. ¡Qué lástima! Porque de las once películas que les traigo hoy, cinco son imprescindibles, cinco son muy recomendables y una, la última que les ofreceré, Harry’s War, es la madre, la abuela, la bisabuela y hasta la vecina de enfrente de todas las películas conservadoras (y encima se rodó en 1981, como anticipo de los buenos tiempos de Reagan que ya estaban llegando) y yo, personalmente, cambiaría mi mejor jamón serrano, mi última Sam Adams y mi foto (falsa) de Sarah Palin dándome un abrazo por una copia en buen estado de ella, ya que está olvidada y descatalogada (y es la primera en la lista negra de los progres de películas a enviar a la trituradora, además).

Sea como sea, no cejaré mi empeño en conseguir una y regalársela con todas las de la ley (o sea, de manera pirata) a todos ustedes, para que puedan disfrutar de la película más rabiosamente incendiaria, revolucionaria e irreverente de todos los tiempos. Lo malo será que como lo haga, antes de diez minutos Montoro el rojo me manda a los GEO y Obama el más rojo me manda a los SEAL para que me apresen y me encierren de por vida en Guantánamo, que para eso ya se dará buena maña en mantenerlo abierto, no lo duden. Para mantener a buen recaudo a un triste activista conservador con media docena de lectores, sí; para librar a la Humanidad de cien peligrosos terroristas islámicos con un millar de sicarios, no.

En fin, mientras tanto, apuremos los pocos días de libertad que me quedan (je, je, je) y vayamos al tajo. Algunos de ustedes serán capaces de entender estas películas aunque no estén dobladas al español y eso me ha parecido motivo suficiente para recomendarlas, mientras que los otros deberán estar pendientes de conseguir algún día el DVD correspondiente, confiando en que haya una versión en español o, al menos, subtítulos en esta lengua (creo que en un par de casos es posible obtener una copia en estas condiciones). De cualquier forma, anótenlas en su lista de buenas películas que ver antes de que los de Podemos lleguen al poder, cierren los embalses alegando los derechos humanos de los pececitos, nos dejen sin luz a todos y nos devuelvan a la Edad de Piedra. De verdad que valen la pena.

OH, GOD! (1977)

Oh_God

¿De qué trata? Dios en persona se aparece a Jerry Landers, un sencillo ayudante del gerente de supermercado, con la forma de un amable anciano y le pide que sea Su mensajero en el mundo moderno, una especie de Moisés contemporáneo que devuelva la fe a los incrédulos. Algo inseguro al principio, Landers obedece y tras contárselo a su familia y a un periodista de Los Angeles Times, pronto se encuentra convertido en la comidilla de todos, llegando a aparecer incluso en televisión y siendo ferozmente cuestionado tanto por creyentes como por no creyentes. Sin embargo, la timidez inicial de Landers pronto se desvanece en tanto que Dios se encuentra repetidamente con él y le anima a perseverar y Landers acaba asumiendo su misión con entusiasmo, por más que esta haya provocado que su vida se vuelva del revés, llegando a llamar a Dios como testigo de la defensa ante un tribunal de justicia cuando un predicador le demanda por difamación.

¿Por qué es recomendable? Un servidor, como mucha gente, pasó por un tiempo de duda referido a su fe. Suele pasarles a los que son educados en un colegio católico, que cuando dejan de ir a misa por obligación, ya no saben si su fe es firme o mera “adaptación al entorno” que diría un científico. En mi caso, mis dudas duraron varios años durante los cuales pasé de no creer en nada a creer a pies juntillas en el horóscopo, el milenario arte del té japonés, los libros de autoayuda y la antigua religión griega (me atraía la idea de tener una diosa como Afrodita, tan estupenda ella). Afortunadamente, todo eso duró poco y al final volví a mi vieja fe cristiana, pero ahora voluntariamente, ya no por obligación todos los miércoles de 12 a 13 horas.

Eso me pasó a mí; a otros compañeros míos, les pasó todo lo contrario y alguno de ellos anda por ahí convertido en un ateo furioso. No pretendo generalizar con su caso particular, pero ese precisamente era el más beato de todos nosotros en el colegio; un auténtico meapilas y el único que podía recitar el Credo del derecho y del revés y hasta haciendo el pino.

Suele pasar. Los ateos acostumbran a ser los mayores creyentes posibles. Lo malo es que su fe es negativa; han decidido no creer. Pero meramente no creer no basta para convertir a uno en ateo; eso te convierte en escéptico como mucho. Yo no creo en la existencia de los marcianos, pero no por ello me opongo a los que sí que creen y si algún día aterriza un platillo volante en la azotea de mi edificio, no me costará cambiar mis pensamientos y asumir que sí que existen y que ciertamente son verdes.

Eso no lo hará nunca un ateo. No es que ellos crean en la no existencia de Dios; lo que ellos quieren es borrar a Dios de nuestras vidas. Pero no se puede borrar algo que no existe previamente, igual que no se puede borrar una mancha inexistente de nuestro mejor traje. Háganlo y verán con qué cara les mira el tintorero. El ateísmo es una guerra contra Dios, no una postura legítima en torno a su existencia o no. Dios no existe y no hay vuelta de hoja. Y si Dios se manifestara ahora mismo delante de uno cualquiera de esos ateos, tal y como hace en esta película, el ateo de marras no reaccionaría en absoluto como yo con los marcianos, cambiando de paradigma y pensando si echarme una novia en Marte sería una buena idea, visto que las chicas de la Tierra se me antojan bastante difíciles; no, el ateo se plantaría delante de Dios con los brazos en jarras y le soltaría directamente: “¡Tú no existes!”. Imagino que Dios se aguantaría la risa y hasta se mostraría comprensivo, pero la situación no deja de ser hilarante. Como un niño que pretende que por taparse los oídos no oye la regañina de sus padres.

La incredulidad no existe: uno cree o no cree. E incluso el que no cree, cree en algo; en lo que niega. Por eso, mi opinión es que la guerra abierta que nos han declarado los ateos desde hace años es una nueva guerra santa, aunque tal vez sería mejor decir una “guerra profana”, y hay que hacerle frente con todas nuestras fuerzas para evitar que acabemos todos en la hoguera, que es el secreto deseo de todos estos nuevos inquisidores, entregados todos ellos a la adoración del demonio que ellos denominan “razón” y se quedan tan panchos.

LEAN ON ME (1989)

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¿De qué trata?  En 1967, Joe Louis “Crazy Joe” Clark es profesor del instituto Eastside y su fama de rebelde es tal que hasta los miembros del sindicato por él fundado deciden deshacerse de él, enviándolo a una escuela primaria. Veinte años después, en 1987, el instituto Eastside es un completo desastre, lleno de bandas, drogas y estudiantes fracasados, y el gobierno federal está a punto de hacerse cargo de él. Antes que eso, el alcalde prueba a devolver a Clark al instituto, pero ahora como director. Este no está muy dispuesto al principio, pero finalmente accede y se pone manos a la obra, empezando por expulsar a los alumnos conflictivos, abroncar a los profesores complacientes y exigir al resto del instituto un firme compromiso con el centro. Pero no todos están dispuestos a que las cosas cambien y Clark se encuentra de pronto en el punto de mira de ciertas personas con intereses particulares que buscan su destitución por todos los medios.

¿Por qué es recomendable? Mucho se ha hablado ya sobre la falta de autoridad en nuestras aulas. Las noticias sobre profesores vejados tanto por sus alumnos como por los padres de estos son tan habituales que casi ni nos asombran. Y, sin embargo, la única solución que se da a esta plaga es la de hablar de diálogo, tolerancia y “mediación de conflictos”. En consecuencia, no es de extrañar que los propios alumnos capten el mensaje y se agredan unos a otros, eso que ahora llaman “acoso escolar”. Siempre es divertido abusar de quien no puede defenderse y si encima sabes que te va a salir gratis, que te vas a ganar fama de tipo duro por los pasillos y que el que va a tener que irse del colegio es el agredido, cualquiera no se apunta.

Lo malo viene cuando alguien se harta de esa situación y responde a la agresión con la legítima defensa; o sea, pegando al que pega. Entonces todos saltan al unísono y claman que tan conducta es inaceptable y exigen un duro castigo… ¡para el que se defiende, no para el que ofende!

Imaginemos un colegio convertido en un infierno de bandas, drogas y fracaso escolar. La cosa está tan mal que la única opción es cerrarlo… o quizás coger el toro por los cuernos y enfrentarse con todos los males que le aquejan. Para ello, los responsables buscan a un profesor con suficiente valor como para tomar decisiones por más que estas no caigan bien entre una sociedad que prefiere ver la ruina de su sistema de vida antes que tener que escuchar que su sistema de vida es una ruina. Imaginen que ese profesor empieza su tarea expulsando a todos los alumnos conflictivos, ordenando el cumplimiento estricto de las normas, protegiendo a los alumnos que quieren aprender de los que no quieren, avergonzando al profesorado por su complacencia y falta de espíritu docente, etc. Vamos, que el buen hombre se hace un puñado de amigos y una enormidad de enemigos antes siquiera de que haya transcurrido su primer día como director. Imagínenselo y ya tendrán el comienzo de esta película.

Por supuesto, las cosas nunca son tan fáciles y poner orden en el colegio encuentra, curiosamente, más resistencia entre los profesores que entre los propios alumnos, quienes, al menos, tienen la excusa de que no conocen otra situación que la que se han encontrado siempre. El río revuelto atrae a muchos que saben medrar en sus aguas. Profesores incapaces, vagos, simplemente acomodaticios… Todos esos sienten un escalofrío al comprobar que el nuevo director puede ponerlos a todos en una situación comprometida, tanto como la de tener que demostrar su competencia profesional. Ellos son los primeros en buscar el fracaso de sus esfuerzos, los que ansían volver a la situación anterior, que tan confortable era para ellos, aunque no para sus alumnos. Pero ¿a quién le importa lo que pase con los alumnos? A ellos, por descontado, no.

Y, sin embargo, son los propios alumnos los que finalmente marcan la diferencia porque, gracias a que por una vez en sus vidas han vivido otra situación y han podido compararla con la que tienen, han tenido la oportunidad de escoger. Y su elección, para sorpresa de esos que tanto disfrutaban viviendo en el caos, no es la que ellos se esperaban, sino toda la contraria: escogen tener un futuro y que ese futuro se lo puedan labrar ellos, no que se lo den hecho. Una gran elección y un gran aviso también para los que creen que pueden subyugar al ser humano a cambio de unas migajas de autocomplacencia.

DON’T TELL MOM THE BABYSITTER’S DEAD (1991)

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¿De qué trata? Falta de dinero, la adolescente Sue Ellen Crandell no puede viajar a Europa con sus amigos ese verano y tiene que quedarse en casa con sus cuatro hermanos menores mientras su madre viaja a Australia con su último novio. Para que no se queden solos, su madre ha contratado a la Sra. Sturak para que cuide de ellos. Lamentablemente (o no tan lamentablemente porque la buena mujer resulta ser en realidad una tirana de cuidado), la Sra. Sturak sufre un ataque al corazón y muere. Asustados, los niños se deshacen del cadáver en la funeraria local y fingen no saber nada, pero no se dan cuenta de que con el cadáver se va también el dinero que su madre les había dejado para pasar el mes y ahora no tienen ni un dólar para sobrevivir. Sue Ellen tiene entonces que tomar las riendas de la familia y aprender lo que cuesta ganarse la vida cuando otros dependen de ella.

¿Por qué es recomendable? Dice un proverbio que si quieres hacer reír a Dios, sólo tienes que contarle tus planes para el futuro. Y es cierto. Todos nosotros, especialmente los que ya tenemos una edad, nos recordamos de jovenzuelos imberbes soñando despiertos con todas esas gestas que íbamos a acometer tan pronto nuestros padres nos dejaran llegar a casa más tarde de las diez de la noche. ¡Vana arrogancia! Ni una sola de ellas hemos cumplido. Ni siquiera la de atar una ristra de salchichas al estúpido gato del vecino y soltarlo en la perrera municipal.

Como nosotros, Sue Ellen, la protagonista, también está llena de sueños y ansía convertirlos en realidad. Tiene diecisiete años y a esa edad, quien no está seguro de ser el más alto, el más listo y el más guapo tiene un problema. Los diecisiete son la edad de creer que lo sabes todo. Evidentemente, también es la edad de querer pasárselo bien a todas horas, disfrutando de tu recién adquirida independencia porque ya no eres un crío al que tiene que vigilar siempre un adulto y puedes hacer cosas con tus amigos, incluso viajar a Europa con ellos durante el verano como premio a haberte graduado en el instituto. Sin embargo, entre tus sueños y la realidad media un abismo y algunos se encuentran de pronto colgando de ese.

Tener diecisiete años, estar sola en casa (aunque sea en compañía de tus cuatro frenéticos hermanos menores) y que tu madre te haya dejado a cargo de una niñera es indignante, sobre todo cuando esa niñera se demuestra tiránica. Pero tener diecisiete años, estar sola en casa (de nuevo aunque sea en compañía de tus cuatro delirantes hermanos menores) y que la niñera se muera de pronto ya no es solamente indignante, sino toda una pesadilla. Ya no es sólo que haya que hacer algo con el fiambre, aunque eso puede tener arreglo de manera más o menos sencilla; pero es que después de deshacerte de la finada, la vida continúa. ¡Y qué vida! Cinco bocas que alimentar cada día, ninguna de ellas acostumbrada (ni mucho menos dispuesta) a hacer dieta. A Sue Ellen se le cae el mundo encima, pero como quiera que tiene la cabeza bien firme sobre los hombros, sabe que si la vida te da limones, hay que hacer limonada y si te da hermanos hambrientos, hay que hacer de camarera. Muchas veces el tránsito de adolescente despreocupado a adulto responsable se produce de esta manera: a la carga. Y cuando viene, no hay más remedio que asumirlo, arremangarse y ponerse manos a la obra. Dejar de ser un niñato y convertirse en un hombre (o una mujer) hecho y derecho. Dejar de ser un capullo y convertirse en una mariposa. O seguir siendo un capullo por el resto de tu vida; eso que ahora llaman “ni-ni” que ni estudian, ni trabajan.

Todas las sociedades han marcado el paso de niño a hombre a través de un rito. Y daba resultado. Los niños comprendían que ya no eran niños y que ya no se les iban a consentir las tonterías, y los adultos se aseguraban de que los nuevos hombres fueran serios y responsables y que el bienestar de todos pudiera confiarse a ellos.  Eso ya no sucede y las consecuencias las estamos pagando en forma de adultos con cuerpo de hombre, pero que se comportan infantilmente en todas las esferas de la vida. Por suerte, como en el caso de Sue Ellen, a veces la vida toma esta cuestión en sus manos, pero no siempre pasa eso y a fe que habría que pensárselo, ¿verdad?

RUDY (1993)

Rudy

¿De qué trata? Para Daniel “Rudy” Ruettiger, jugar al fútbol americano con el equipo de la Universidad de Notre Dame es el sueño de su vida. Sin embargo, todo parece estar en su contra: su físico no es precisamente el de un jugador de fútbol americano y tampoco tiene las cualificaciones ni el dinero para estudiar allí. Y por si fuera poco, con el tiempo, descubre que padece dislexia, que es lo que ha perjudicado durante tanto tiempo sus notas sin él saberlo. Pese a todo, Rudy se esfuerza por lograr una oportunidad y gracias a la ayuda de diversas personas a lo largo de su vida como Fortune, el cuidador del campo de Notre Dame; D-Bob, su tutor en Holy Cross College; y Ara Parseghian, su primer entrenador en Notre Dame, acaba entrando en la universidad y en el equipo, pero su última prueba será la de convencer al nuevo entrenador, Dan Devine, de que tiene un puesto en la alineación titular.

¿Por qué es recomendable? Todos tenemos voluntad; otra cosa es que la utilicemos. Hacer las cosas, cualquier cosa, suele costar; requiere de mucho esfuerzo, sobre todo si se trata de algo que no es habitual, ya sea graduarse como físico atómico o jugar en el primer equipo del Real Madrid. Es cierto que el talento natural existe y que quien lo tiene, su camino es menos empinado. Pero también lo es que sólo con talento lo único que se puede hacer es llamar la atención durante un rato y nada más. El trabajo es obligado si queremos sacar partido de esas habilidades que Dios nos ha dado. Y trabajo y esfuerzo son sinónimos; todavía no se ha inventado un trabajo descansado; al menos, que yo sepa.

Si encima tienes un hándicap que te impide rendir al mismo nivel que los demás, el esfuerzo va ser doble. Rudy es disléxico y eso es grave. No porque lo incapacite, sino porque le hace partir un paso más atrás que sus compañeros. Pero no es imposible que acabe alcanzándoles o incluso que les adelante. Dependerá  del ansia con que lo desee y de lo dispuesto que esté a jugarse el todo por el todo. Y la decisión de Rudy es que sí que lo desea.

En unos tiempos en los que lo que se promociona es la cultura del más vago, en los que se pretende que se puede aprender inglés sin esfuerzo o ser ministro sin haber terminado el bachillerato, que alguien sude sangre por conseguir hacer realidad su sueño es casi increíble. De hecho, yo creo que estas historias no deberían dar motivo a una película. Es como rodar la historia de alguien sincero, honrado y amante de su familia. Pero si eso lo somos todos, ¿no? Sí, ya sé que es porque ya no lo somos todos que es precisamente una historia que contar. ¡Malditos tiempos estos que nos han tocado vivir! Suerte que estas historias aún mueven a la gente y les inspiran, logrando que algunos se libren de su vagancia y decidan que el esfuerzo vale la pena.

Lo malo es que eso de esforzarse no está de moda. Es cierto que el esfuerzo cansa. Y que no siempre rinde sus frutos. Lamentablemente, en el Real Madrid sólo pueden jugar unos cuantos. ¿Les cuento un secreto? Hubo un tiempo hace varios años en que estuve a punto de cerrar mi blog. Fue cuando Sarah anunció que no se iba a presentar a las elecciones presidenciales de 2012 y yo me quedé tan chafado que ya no me apetecía ponerme ante el ordenador y darle a la tecla. Ciertamente fue un mazazo, pero tras unos cuantos días de reflexión, pensé que si bien no iba a poder narrar la campaña electoral de Palin 2012, no por eso dejaba de divertirme escribiendo para todos ustedes, dándoles mi tontorrona opinión sobre lo que pasaba por ahí, contándoles cosas curiosas sobre este mundo nuestro de los conservadores y, en definitiva, teniendo un aliciente en mi vida. Dicho y hecho, recuperé los ánimos y volví a la carga y nunca más he tenido un momento de desaliento. ¿Que me canso? Sí, ya lo creo. ¿Y qué? ¿Qué me cuesta mucho tiempo y esfuerzo? Sí, ya lo creo. ¿Y qué? ¿Y todo lo que aprendo? ¿Y todo lo que me divierto? ¿Y todo lo que les divierto a ustedes? ¿Acaso eso no cuenta? ¡Pues claro que querría entrar en la lista de Newsmax de los 50 mejores sitios conservadores del mundo, pero aunque no lo logre  nunca, eso no es excusa para que deje de intentarlo, ¿no creen?

FLYWHEEL (2003)

Flywheel

¿De qué trata? Jay Austin es un vendedor de coches usados que engaña sin vergüenza a quien haga falta, incluso a su propio pastor, y adiestra a sus empleados para que hagan lo mismo. Su relación con su esposa e hijos va cada vez pero precisamente por eso y además su negocio, pese a todas sus trampas, está a punto de quebrar. Desesperado, Austin ve a un predicador en la televisión que le recuerda que cada uno “está en la situación en que está por culpa de las decisiones que ha hecho”. Conmovido, Austin comprende que es cierto y promete enmendarse. Para ello, empieza siendo sincero con sus clientes, lo que disgusta tanto a sus empleados que deciden dimitir. Aun así, parece que ya es demasiado tarde porque sus deudas son enormes y no puede hacer frente a los pagos. Por fin, Austin decide que no se va a preocupar y que él hará lo que pueda y dejará que Dios provea.

¿Por qué es recomendable? La primera película de la Iglesia baptista de Sherwood es una joya del cine. Rodada con un presupuesto de 20.000 dólares y la entusiasta colaboración de todos y cada uno de los feligreses de la parroquia, su éxito disparó una aventura, la de Sherwood Pictures, que es uno de los momentos más bellos en la historia del movimiento conservador en todo el mundo.

Una historia de redención personal, la del mangante sin escrúpulos y mentiroso compulsivo Jay Austin, sirve para mostrar hasta qué punto el hombre es dueño de su destino y puede cambiar el rumbo de su vida sin dejar que determinismos baratos le encadenen. ¿Que el precio a pagar por ello es un inmenso sacrificio personal? Sí, pero ni se toman las puertas del Cielo al asalto ni se llega a ellas en ascensor. Quien algo quiere, algo le cuesta y por mucho que el mundo ahora se empeñe en que se puede aprender inglés sin esfuerzo, el esfuerzo sigue siendo una virtud. Y la vida es un inmenso esfuerzo desde que naces hasta que mueres, sólo que con la certeza de una recompensa infinita cuando llegue el momento.

Dios nunca nos deja solos, ni siquiera cuando más solos nos sentimos. Otra cosa es que nos hable diciéndonos lo que queremos oír. Generalmente lo que Dios nos da no coincide con lo que queremos, pero Él sabe lo que nos conviene y nunca nos envía algo que no seamos capaces de soportar. A pesar de lo que cuesta, la vida es un regalo. Austin sabe algo de eso; su vida como sinvergüenza ha sido divertida hasta ahora, pero nada es para siempre. Los problemas llegan, su complaciente vida salta por los aires y él comprende que debe cambiar su conducta. Entonces se sincera con sus clientes, reconoce sus faltas y está dispuesto a compensarles por sus mentiras. Sin embargo, todo eso no sirve para que su negocio vuelva a ser rentable. Sus coches no se venden; sus ingresos no dan para pagar sus deudas; cada vez le queda menos tiempo para evitar perderlo todo… Y sin embargo, Austin no desfallece y reconoce que ahora todo está en manos de Dios y que Él será quien decida su destino. No puede hacer más que confiar y esperar. Austin espera pues y Dios finalmente actúa. Y cuando lo hace, es de la manera más sorprendente que se pueda imaginar. Austin nunca se lo hubiera esperado, pero es así. Igual que en el chiste de aquel que esperaba que Dios le salvara de su casa ardiendo y rechazó a los bomberos varias veces y murió y al fin, cuando se lo reprocha, Dios le explica que Él sí que le ayudó… ¡mandándole a los bomberos! Sus maneras pueden no coincidir con las nuestras y, de hecho, casi nunca coinciden, pero ¿quiénes somos nosotros para enmendarle la plana a Dios?

La fe no consiste únicamente en ir a misa, dar limosna al pobre del barrio y no ver películas pornográficas por televisión. Eso es una parte, pero la fe es algo más; la fe es algo que se siente en tu corazón y se vive y se respira. La fe es cuerpo y alma y no existe manera de separarla de ti mismo. La fe es confiar y saber; confiar en Dios y saber que Él vela por ti y que nunca te abandona, tal y como Austin acabó comprendiendo que cuando Dios viera llegado el momento de intervenir en su vida, lo haría. Como así lo hizo con él. Y como así lo hace miles de veces cada día con otras personas.

AMERICAN CAROL (2008)

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¿De qué trata? El rabiosamente izquierdista cineasta Michael Malone (un remedo de Michael Moore) hace campaña para prohibir la celebración del Cuatro de Julio con la excusa de que la historia de los Estados Unidos es una ofensa para el resto del mundo. El 3 de julio, sin embargo, mientras ve un viejo discurso de John F. Kennedy en la televisión tergiversa sus palabras y, para su sorpresa, el propio Kennedy sale de la pantalla, le corrige y le anuncia que pronto será visitado por tres espíritus: los del general George Patton, el presidente George Washington y el Ángel de la Muerte, que le muestran lo que sería del mundo sin los Estados Unidos y le advierten de lo que será sin estos. Tras comprender lo equivocado que estaba y redimirse evitando que unos terroristas islámicos detonen una bomba nuclear, Malone recupera su amor por su patria y promete que a partir de ahora rodará solamente películas que sus compatriotas puedan apreciar.

¿Por qué es recomendable? Ya se necesita tener guasa para imaginarse al canalla de Michael Moore convertido en un patriota estadounidense que se siente encantado de estar en un concierto de música country y emocionado porque un sobrino suyo alistado en la Armada se dirija al Golfo Pérsico a defender a su país. Sin embargo, eso es lo que se han imaginado los guionistas en esta película y no, no creo que hayan necesitado beberse muchas cervezas para conseguirlo. Seguro que les ha bastado con sus ganas de reírse y el deseo de hacerlo a costa de la parte más insoportable de la población estadounidense, los progres.

Créanme, el humor es un arma más poderosa que la espada y cuando ese humor es corrosivo, ni siquiera un cañonazo puede igualar sus efectos destructivos. Lamentablemente, es la izquierda quien ha hecho más uso a lo largo de los tiempos de ese recurso, aprovechándolo para burlarse sin piedad de todo aquello que nos es más grato a nosotros, los de la derecha. ¡Que se lo digan a Sarah Palin, que se ha visto constantemente humillada con chistes sin gracia desde aquel día en que John McCain nos la dio a conocer a todos! Aquí, como en tantas otras cosas, la izquierda es la más lista. Todos nosotros podemos citar media docena de humoristas (por llamarlos alguna cosa) que, afiliados descaradamente con la izquierda, aprovechan sus atalayas para sembrar la semilla de la cizaña: desde ese bodrio de El Jueves hasta ese engendro de Wyoming, periódicos, revistas y programas de televisión están copados por la rama bastarda del humor.

La consecuencia es que la gente se ha acostumbrado a reírse DE la derecha y solamente de ella. Yo, personalmente, he leído docenas de chistes sobre el caso Bankia, pero todavía tengo que leer uno solo sobre el caso de los ERE en Andalucía. O cientos de bromas de mal gusto sobre José María Aznar, pero ni una realmente ofensiva sobre José Luís Rodríguez. Esto no es una mera anécdota, puesto que, como dicen los pijos, “marca tendencia”. Al ser siempre la derecha la que se ve sometida a un proceso de ridiculización, uno ya tiene que empezar superando esa inercia que le viene impuesta desde fuera para considerar seriamente las opciones de una fuerza política de este tipo, lo que no pasa con la izquierda. Podemos es un chollo para cualquier humorista, pero ¿cuántos han mordido esa manzana prohibida? Pocos, que los de Podemos son muy brutos e igual ganan y al día siguiente te mandan a casa una panda de gorilas rojos a darte una paliza. En cambio, burlarse del Partido Popular es lo que se espera y si sus dirigentes fueran menos incapaces, lo primero que harían sería reclutar a media docena de buenos humoristas y tenerlos produciendo durante todo el día, para luego difundir sus paridas por todas partes. Echen si no un vistazo a los pocos medios de comunicación abiertamente derechistas que existen en la actualidad y comprobarán que en el apartado humorístico, carecen de empuje. Y eso es algo que yo, personalmente, estoy empeñado en hacérselo entender a los de “Breitbart News”: la necesidad de tener un humorista gráfico en su plantilla. “Libertad Digital” incorporó uno no hace mucho, pero a pesar de ser bueno gráficamente, carece de punch; necesitaría un guionista.

Por eso, mientras esperamos a que alguien comprenda lo muy necesario que es el dar la batalla de las ideas también en cuestiones jocosas-burlonas-satíricas, bienvenidas sean películas como American Carol que nos permiten reírnos a mandíbula batiente de esos que, si no fuera así, nos darían en cambio mucho miedo.

LAST OUNCE OF COURAGE (2012)

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¿De qué trata? Carrie Revere y su hijo Christian vuelven a Mount Columbus a pasar las fiestas navideñas con el abuelo de Christian, Bob, un veterano de guerra condecorado y alcalde de la localidad. Bob todavía no ha podido superar la muerte en combate en Irak de su hijo Tom, el padre de Christian y marido de Carrie, y su carácter se resiente de ello. Pese a todo, Chris trata de conectar con su abuelo a quien acaba preguntando: “¿Qué hemos de hacer para que nuestras vidas sean diferentes?”. La respuesta la encontrarán ambos cuando intenten restaurar la celebración pública de la Navidad en el pueblo, que ha sido prohibida, debiendo enfrentarse para ello a todo el poder de una organización calcada a la ACLU. Todo el pueblo respalda a los Revere, pero el poder de sus oponentes es grande y Bob acaba en prisión y destituido como alcalde, confiando ya sólo un milagro para que la Navidad pueda volver a su pueblo.

¿Por qué es recomendable? Todos gustamos de la libertad, pero, parafraseando a aquella profesora, la libertad cuesta y hay que pagar por ella. Reagan también abundó en la misma idea al recordarnos que la libertad no es algo que venga por añadidura y que bien podría ser que nuestros hijos se encontraran de pronto sin ella. Lo malo es que, como suele pasar, sólo se aprecia lo que se tiene cuando se ha perdido.

La libertad puede tener muchas definiciones. Es un concepto parecido al de “democracia”, que hasta los antiguos y tiránicos regímenes socialistas de la Europa del Este gustaban de denominarse “república democrática”. Sin embargo, a todos los efectos, cualquier cosa que no implique la libertad de elección por parte de la gente no puede (o no debería) ser considerado seriamente como libertad. Votar libremente al partido único no es libertad, por más que nadie te coarte a la hora de ir a votar ni de elegir la (única) papeleta posible. Con ello, llegamos a la conclusión de que además de libertad de elección debe haber múltiples opciones entre las que elegir para que nuestra definición de libertad sea aceptable.

Y la libertad, además, es plural: libertades. No se limita simplemente a la libertad de votar entre diversas candidaturas, sino que la libertad en general se desdobla en otras muchas particulares: la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de prensa, etc. O sea, todas aquellas que hacen que una persona pueda desarrollar su personalidad y poner de manifiesto su manera de ser y de pensar sin que nadie se lo impida. ¿Limites? Es una cuestión peliaguda, pero tratándose de algo tan complejo, creo que deberíamos pecar por exceso y preferir demasiada libertad a demasiada poca. O sea, que el único límite que haya a la libertad de uno sea que impide la libertad de otro. Ciertamente corremos un riesgo de que los malvados se aprovechen de ello, pero tengo confianza en que es posible llegar a un punto máximo de libertad que no implique un peligro grave para nuestra sociedad.

Por ejemplo, ¿sería admisible que unos ateos se opusieran a la celebración pública de la Navidad cristiana alegando que ofende a los que no comparten esas creencias? Ellos alegan que su libertad de creencia, que no les obliga a compartir la religión cristiana mayoritaria en nuestras sociedades, es violada en este caso y para ello exigen que se limite la libertad de creencia de los que sí que la comparten, que se ven obligados a abstenerse de demostrar en público esa condición. ¿Es admisible? ¿No lo es? ¿Se puede llegar a un término medio? En la película, esta es la cuestión central, pero sólo superficialmente. Porque lo que en realidad se dilucida aquí es si la libertad puede ser coartada en nombre de esa misma libertad, usando argumentos torticeros que lo que enmascaran es una nueva tiranía, la de lo “políticamente correcto”. La libertad, sea cual sea esta, es frágil. Necesita ser ejercida todos los días para fortalecerla. Y necesita ser defendida valientemente cuando se ve amenazada. Y no una sola, sino todas ellas. Perder una libertad que no nos interesa especialmente (por ejemplo, la de hacer “bungee” o “puenting” que decimos nosotros) significa que tácitamente consentimos en que al día siguiente nos arrebaten otra que sí que nos gusta (por ejemplo, la de escribir un blog sobre política conservadora). Es por ello que hay que entender que la libertad es innegociable: la queremos toda y siempre. Nadie debería poder limitarla y si alguien lo pretendiera, ¡cuidado! La tiranía tiene muchos rostros y siempre una sonrisa amable para empezar.

WON’T BACK DOWN (2012)

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¿De qué trata? Jamie Fitzpatrick es una joven madre soltera cuya hija, Malia, afectada de dislexia, se ve perjudicada por el conformismo de la profesora de la escuela primaria de Pittsburgh a la que acude diariamente. Decidida a no consentir que arruinen el futuro de su hija, Fitzpatrick se une a Nona Alberts, otra profesora de la misma escuela, con el fin de cambiar las cosas, conscientes de que no es cosa de una mala profesora, sino de todo un mal sistema dominado con puño de hierro por los sindicatos de profesores y la burocracia. En consecuencia, las dos empiezan su lucha porque sean los propios padres los que controlen los colegios de sus hijos, se premie a los profesores competentes y se destituya a los incompetentes, por más que al director de la escuela eso le parezca una barbaridad, hasta el punto de no tener ninguna duda en aliarse con la corrupta presidenta del sindicato de profesores para lograr su fracaso.

¿Por qué es recomendable? Reagan ya nos advirtió del voraz apetito de los gobiernos. Lo quieren todo aunque no sepan qué hacer con ello. Y cuando cogen algo, ya no hay quien se lo haga soltar. Personalmente opino que hay muchas cosas en las que el gobierno no debería tener ni arte ni parte. Una de ellas es la cuestión del matrimonio. ¡Nada de matrimonio civil! El matrimonio es un sacramento y el que quiera casarse, que lo haga por cualquiera de las religiones existentes, incluso la de los zulúes si ese es su gusto. Pero que el estado se convierta en otra religión y “compita” con las existentes no tiene ninguna justificación. Casarse es una decisión personal y al estado debería traerle sin cuidado si alguien lo está o no.

Otro asunto en el que creo que habría que cortarle la mano al gobierno es en la educación. No quiere eso decir que crea que los niños no deben ser educados, sino que la última decisión en esta cuestión pertenece única y exclusivamente a sus padres. Son ellos y no el gobierno quien debe decidir qué estudian, dónde y cómo. Los niños son de sus padres y el gobierno debería limitarse a asegurarse de que todos están en disposición de proporcionar una educación a sus hijos favoreciendo la creación de escuelas por parte de terceras personas, pero nunca constituyéndose él mismo en dispensador de educación. Un gobierno que educa, educa a su gusto y ya hemos visto lo que eso supone, después de tantos y tantos cambios de sistema educativo como llevamos y de controversias como la de la maldita asignatura de Educación para la Ciudadanía, de la que algunos todavía nos acordamos en nuestras peores pesadillas.

Si los padres pudieran escoger libremente la educación que desean para sus hijos, las escuelas recuperarían el rigor académico, ya que nadie querría enviar a su hijo a una mala escuela y estas acabarían desapareciendo por incapaces. Claro que para eso se necesitan padres preocupados por la (buena) educación de sus hijos y comprometidos en lograrla. El dinero de los impuestos debería ser devuelto en forma de “cheque-escolar” para que la libertad de elección se impusiera definitivamente en nuestra sociedad y los padres se vieran por fin dueños del destino de sus hijos, incluso en aquellos casos en los que prefieren enviarlos a estudiar a una escuela comunistoide, si ese es su deseo. Por supuesto, la educación en casa, el homeschooling, debería ser permitido también y hasta favorecido en aquellos casos en que el niño necesita una atención especial que muy posiblemente sólo pueda obtener en su casa.

Sin embargo, arrebatar al estado la potestad de moldear a los niños a su imagen y semejanza será precisamente la única batalla que no estará dispuesto a perder. Porque perder el control de los ciudadanos del mañana y arriesgarse a que estos se vuelvan respondones y exijan sus derechos es algo que nunca consentirá. Por eso, tendrán que ser los propios padres los que alguna vez se alcen y reclamen algo tan simple como tener la última palabra en la educación de sus propios hijos. Por supuesto, entonces se armará la de San Quintín y no es una exageración, pero teniendo en cuenta lo que está en juego, ¿qué más se puede perder cuando nuestros hijos están lanzados a toda velocidad por una pendiente que les lleva al analfabetismo funcional y a la pérdida de toda su dignidad como seres humanos y ciudadanos responsables? Y es que ser padre nunca ha sido fácil; no sólo tienes que preocuparte del presente de tu hijo, sino también de su futuro.

ALONE YET NOT ALONE (2013)

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¿De qué trata? La familia Leininger, un matrimonio y sus cuatro hijos, es una familia de emigrantes alemanes que se establecen en la entonces colonia británica de Pensilvania en 1755. Habiendo tenido la suerte de poder comprar una parcela de buena tierra y siendo como son amantes del trabajo duro, los Leininger pronto ven su nuevo hogar prosperar. Sin embargo, los problemas no tardan en aparecer cuando estalla la Guerra de los Siete Años o (Guerra Indio-Francesa) y los indios toman partido por los franceses en esta. De pronto, un puñado de indios asalta el hogar de los Leininger y matan a los hombres y secuestran a las mujeres, llevándoselas con ellos a los bosques para incorporarlas a su tribu. Pese a la advertencia que les hacen sus captores de que nadie ha logrado nunca escapar de ellos, Bárbara y Regina, las dos hermanas secuestradas, no se resignan a su destino y mantienen la fe en Dios y en que Él no las dejará solas.

¿Por qué es recomendable? ¿Realmente creemos en Dios? Lo fácil es decir que sí cuando nuestras vidas no se ven en la encrucijada. Pero ¿y cuándo sucede eso? ¿Empezamos a dudar? La fe, como el movimiento, se demuestra andando. O sea, sufriendo. Cuando todo parece estar en tu contra, ese es el momento de poner a prueba tus creencias y ponerse en manos de Dios, sabedor de que no estás solo por mucho que te sientas así.

Sin embargo, estos tiempos vertiginosos que nos tocan vivir no son precisamente los más dados a ello. Lo queremos todo y lo queremos ahora. Y si no lo conseguimos, la respuesta es fácil: clamar por lo injusta que es la vida. Deseos satisfechos rápidamente para vidas vividas rápidamente también. Ni un segundo para la calma y la reflexión. Tal vez deberíamos arrancarle la manecilla de los minutos a nuestros relojes para así evitar que dividan nuestras vidas en fragmentos demasiado pequeños. De esta forma podríamos apreciar mejor que la vida es para vivirla, no para exprimirla, y que es el sol el que marca el ritmo de nuestras vidas, no el reloj. Cuando eso pasa, otras perspectivas llenan tu mente y tu propio cuerpo encuentra su lugar en el mundo, atropelladamente al principio, cuando no podemos estarnos quietos, pero satisfactoriamente al final, cuando todo encaja y descubres que puedes moverte más despacio y pensar menos deprisa. Y al pensar menos deprisa, ves mejor lo que te rodea, aprecias los detalles… y reflexionas en lugar de actuar impulsivamente. Y de la reflexión a la sabiduría y de aquí a Dios, sólo hay un paso.

En el siglo XVIII, ya existían los relojes, ciertamente. Pero la vida no estaba regida todavía por ellos, sino todavía por el ciclo de las estaciones y por el del día y la noche. Tener un reloj era algo demasiado extravagante como para que todo el mundo tuviera uno. El ser humano veía pasar los días de acuerdo con el ritmo de la naturaleza y veía a Dios rigiendo ese ritmo. Por eso, su fe era sólida y nada dubitativa. Dios estaba ahí y no necesitaban que nadie se lo demostrara (¡y mucho menos que alguien pretendiera demostrarles que no estaba!). Es cierto que había momentos en que todo parecía acelerarse; momentos como un asalto de los indios. Y es cierto también que había momentos en que todo parecía volverse del revés; momentos como un secuestro por parte de los indios. En la vida de nuestras protagonistas, las chicas Leininger, eso sucede. Sus vidas eran pacíficas y de pronto se volvieron violentas; eran tranquilas y de pronto se volvieron precipitadas; eran corrientes y de pronto se volvieron excepcionales. Sin embargo, lo que no cambió de ninguna manera pese a todo fue su fe. Dios seguía estando con ellas, incluso en los malos momentos, y ellas no tenían ninguna duda y todas sus esperanzas estaban puestas en Él. Es cierto que su situación era horrible; los indios, por más que pretendan los liberales, no eran unas hermanitas de la caridad. Eran brutales, gustaban de matarse entre ellos, la guerra era su forma de vida y el exterminio de sus enemigos, un objetivo deseable. Ningún idiota debería creerse esos cuentos de blanco o blanca capturada por los indios que acaba descubriendo una forma de vida mejor y ya no quiere volver a la civilización. Por eso, películas como esta son muy necesarias para que podamos entender dos cosas: la primera, que nuestra civilización es un don de Dios; y la segunda, que solo la fe cristiana sostiene a esa civilización. Todo lo demás son majaderías.

GOD’S NOT DEAD (2014)

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¿De qué trata? Josh Weaton es un estudiante universitario en la clase de Filosofía del profesor Jeffrey Radisson. Weaton es cristiano y Radisson, ateo. Cuando este último exige de sus estudiantes que firmen una declaración reconociendo que “Dios está muerto” para obtener el aprobado por su parte, Weaton es el único de todos que se niega y Radisson lo desafía a debatir con él sobre esa cuestión en tres sesiones, siendo el resto de la clase quienes decidan quién es el vencedor. Durante las dos primeras sesiones, todos los argumentos de Weaton son rebatidos por Radisson, lo que provoca que Kara, la novia de Weaton, le inste a ceder por miedo a que hipoteque el futuro académico de ambos, pero Weaton se niega y Kara rompe con él. Cuando llega el momento de la tercera sesión, Weaton continúa defendiendo su fe valientemente hasta que por fin le hace la pregunta definitiva a Radisson: “¿Por qué odia usted a Dios?” y este estalla.

¿Por qué es recomendable? Decía G. K. Chesterton que lo malo de dejar de creer en Dios es que enseguida se empieza a creer en cualquier otra cosa. Ciertamente tenía razón. La fe es algo consustancial al ser humano y no me refiero exclusivamente a la fe cristiana, ya que esa fe puede encontrar también su expresión a través de otros credos. Incluso en el ateísmo, que no deja de ser otra manera de vivir la fe, siquiera en negativo.

Un ateo es un creyente y no hay más que discutir. Que su creencia consista en negar la existencia de Dios no lo convierte por ello en menos creyente. Tampoco habría nada que objetar a ello si no fuera porque el ateo, además de fervoroso creyente, es un feroz inquisidor, incapaz de tolerar otra opinión al respecto que la suya propia y más que dispuesto a quemar en la hoguera a los que discrepen de él. La prueba es que no somos los creyentes los que coaccionamos violentamente a los demás porque no van a misa o pedimos el cierre de las sedes de sus asociaciones, sino ellos los que nos coaccionan a nosotros porque vamos, asaltan nuestros lugares de oración o acosan a nuestros sacerdotes y los humillan públicamente.

Ciertamente el ateísmo campa por sus respetos en la actualidad y lucha a brazo partido por atemorizar a más creyentes cada día. Su único argumento ya no es la “racionalidad” de sus presupuestos intelectuales, sino el miedo que causan. O sea, una especie de bautizo laico a garrotazos. ¡Y ellos son los ilustrados y los amantes del género humano! Recuerden que esos tipos se pasan el día glorificando la Revolución Francesa, ese supuesto momento glorioso en la historia de la Humanidad. ¡Y tanto que lo fue! Como que supuso el inicio de la era de las masacres por motivos ideológicos. Tras Robespierre, llegaron Hitler, Lenin y Pol Pot. Y a su estela, los yihadistas, que no necesitaban aprender nada de los jacobinos porque su historial en la cuestión, matándose suníes y chiíes entre ellos a más y mejor, estaba acreditado de sobras, pero siempre viene bien un toque de modernidad para que la izquierda liberal se muestre más dispuesta abrazar su causa.

¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a ser los únicos en defender nuestra fe en público? Pocos. Tal vez nadie. Sólo eso demuestra el poder que la violencia ateísta ha conseguido en nuestras sociedades. Sin embargo, por mucho miedo que nos dé, siempre hay alguien capaz de dar testimonio; alguien con suficiente valor como para plantarse delante de su profesor y de toda la clase y decirle con rotundidad: “¡No, Dios no está muerto!”.

Reconozcámoslo: no todos tenemos la fortaleza de espíritu de los mártires, no todos hemos nacido para héroes; muchos somos débiles y tenemos miedo. Creemos, pero no estamos seguros de hasta qué punto y nos asusta tener que comprobarlo algún día. Es comprensible; somos humanos y dudamos. Sin embargo, cuando alguien se levanta de su asiento y dice que él sí que tiene ese valor y está dispuesto a ponerlo a prueba, lo menos que se espera de nosotros es que reconozcamos la voz de Dios hablando por su boca y sepamos que el momento de tomar partido ha llegado. No levantarnos el primero, pero sí el segundo. Ciertamente, cuesta mucho vencer el miedo, pero una vez se ha vencido y te has levantado y has dicho tú también: “No, Dios no está muerto, so cabrón”, el sentimiento que te embarga es lo único que necesitarás cuando llegue el momento para saber que Dios te está esperando para regocijarse contigo.

Y tras estas diez estupendas películas, cada una de las cuales vale por una tarde de cine, la película especial de esta tanda. Mi favorita, sin lugar a dudas. La película que ya pueden estar todos bien seguros que jamás se reeditará y de la cual que, muy probablemente, el FBI ya ha quemado todas las copias disponibles. La película más espeluznante, pavorosa y aterradora para cualquier político de nuestros tiempos; la única que les quita el sueño a todos, ya sean de izquierdas o de derechas; el único motivo (su visionado) por el cual todos esos malvados aceptarían reinstaurar la pena de muerte. ¡Señoras y señores, aquí tienen las tablas de la ley escritas en conservador y en formato cinematográfico… Harry’s war!

HARRY’S WAR (1981)

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¿De qué trata? (N. del A. Dada la importancia que otorgo a esta joya del Séptimo Arte conservador y a lo muy improbable de que algún día podamos verla, les resumo todo su argumento, sin ahorrarme nada):

La película comienza con un alto funcionario del IRS arengando a sus agentes:

Los impuestos son el alma de esta nación. La recaudación de impuestos es un trabajo ingrato. Como oficiales y agentes del Internal Revenue Service, somos más que un simple brazo del gobierno. Somos el corazón y las manos del Tesoro de los Estados Unidos. Hay, sin embargo, un número cada vez mayor de gente que deliberadamente hace caso omiso de su obligación, se resisten al pago de impuestos e incluso critican abiertamente al Internal Revenue Service. Washington, y todos nosotros, está gravemente preocupado por este creciente desprecio por los impuestos. Se exhorta por lo tanto a los agentes a desalentar el incumplimiento a través de la investigación, la persecución y otras acciones legales dentro de nuestra amplia autoridad.

A continuación, conocemos a Harry Johnson, un cartero que es tan patriota que hasta se siente disgustado por la forma descuidada con la que sus compañeros de trabajo tratan a la bandera estadounidense que cuelga fuera de su oficina. Harry es un divorciado que sólo ve a sus dos hijas los fines de semana. Su ex esposa, Kathy, es una profesora de ballet que dejó a Harry porque era “demasiado aburrido”.

Harry recibe una carta de su tía Beverly, que no es un pariente real, sino una amiga de la familia a la que estaba muy unido cuando era un niño. Harry no ha visto a Beverly en años y ella le pide que vaya a su casa para ayudarle con un problema. Harry se dirige pues a su enorme casa, cuya ubicación exacta siempre es un misterio para nosotros, desde la cual Beverly lleva una tienda de antigüedades y excedentes del ejército. Harry es recibido con disparos de escopeta por parte de Beverly a su llegada, ya que ella se pensaba que era un agente del IRS, hasta que se da cuenta de quién es y le da la bienvenida con los brazos abiertos.

Resulta que Beverly no reconoce el derecho del gobierno federal a recaudar impuestos y no ha declarado sus ingresos o pagado impuestos en años. Como resultado, el IRS ha estimado a ojo sus ingresos y le exige 190.000 dólares en concepto de impuestos atrasados o, de lo contrario, se apoderará de su propiedad. A pesar de su tacañería para con el gobierno, Beverly es muy generosa con su comunidad local y regala artículos de su negocio de antigüedades a los necesitados y también sirve una gran cena cada noche de sábado a cualquiera que quiera venir.

Harry asiste a una de estas cenas y resulta que a Beverly le gusta hablar de política mientras sirve la comida. En esa cena en concreto, Beverly ataca al feminismo y la liberación de las mujeres, aunque su principal objetivo es el comunismo, y explica su creencia de que hay agentes soviéticos dentro del gobierno que están trabajando para lograr la eventual conquista de los Estados Unidos por los soviéticos. Harry no sabe qué pensar, pero tolera las diatribas de Beverly por amor a su tía. Sin embargo, uno de los vagabundos que están comiendo deja caer accidentalmente una grabadora, revelando que es un espía que trabaja para el IRS, y Beverly lo echa de su casa.

Harry descubre que Beverly también mantiene un gran arsenal de armas y explosivos en su propiedad, de lo que se entera cuando accidentalmente pisa una mina y es rescatado por su vecino, Billy, un veterano de la Segunda Guerra Mundial un tanto chalado que ayuda a Beverly con sus actividades. Harry también descubre un refugio antiaéreo totalmente equipado debajo de la casa.

Beverly quiere la ayuda de Harry para evitar la incautación de sus bienes por el IRS. Confiando ingenuamente en la bondad esencial del IRS y creyendo que todo es sólo un malentendido, Harry se lee el código tributario y va a la oficina del IRS, buscando una solución al problema al tratar de convencer a las autoridades de que las contribuciones caritativas de Beverly a su comunidad a través de los años compensan sobradamente su falta de pago de impuestos. Él cree que está haciendo progresos, pero los funcionarios del IRS piensan de distinta manera y deciden dar un escarmiento con ella. Harry representa a Beverly el día en que su caso es visto ante el tribunal tributario, pero cuando se presenta la cinta grabada por el espía en la cena de Beverly y se oye a esta discutir sus teorías de la conspiración, el juez termina negándole una exención basándose en que ella lo que dirige en realidad es un organización política y no una caritativa, por lo que ordena la incautación de sus bienes. Beverly enfurece y arremete verbalmente contra el juez, pero sufre un ataque al corazón en la sala del tribunal y muere poco después. Como que Beverly era soltera y no tenía hijos, Harry es su único heredero y por lo tanto hereda todo lo que era suyo.

Después del funeral, un abatido Harry se dirige a la casa de Beverly sólo para descubrir que el IRS ya se ha apoderado de ella. Se enfrenta a Ernie Scelera, el agente del IRS que estaba a cargo del caso de Beverly, que le deja claro a Harry que será incapaz de conseguir la devolución de la propiedad. Un enfurecido Harry persigue a Ernie, lo echa y luego entra por la fuerza en la casa, rompiendo el candado que han puesto a la puerta.

Esa noche, Harry oye un anuncio en la radio de que Ernie será entrevistado en una emisora local de televisión al día siguiente. Al día siguiente, con la ayuda de Billy, coge un camión semioruga de la Segunda Guerra Mundial que Beverly mantenía en perfecto estado de funcionamiento y, después de vestirse de una manera muy parecida a la de Patton, se dirige a la emisora. Ernie se está preparando para la entrevista e informa al presentador de que no quiere discutir el caso de Beverly, pero, por supuesto, una vez que comienza la entrevista, todas las preguntas se refieren a ella y sobre la responsabilidad del IRS en su muerte. A medida que Ernie intenta defender las acciones del IRS con el argumento de que Beverly se resistió a todos los intentos del IRS por ayudarla, Harry conduce el semioruga a través de la pared del estudio y anuncia que se opone a la capacidad del IRS para apoderarse de bienes sin el debido proceso legal y que les está declarando la guerra. Tras esto, vuelve de nuevo a la finca de Beverly, aplastando de paso un coche de policía que trata de interponerse en su camino.

Ernie se enfrenta a la ira de sus superiores, que están preocupados porque las declaraciones de Harry, junto con la indignación pública por la muerte de Beverly en la sala del tribunal, podrían hacer que el público estadounidense empezara a cuestionarse los propios fundamentos del sistema tributario, tal y como el alarmado jefe de Ernie dice: “¡Todo este maldito sistema funciona de farol! ¡Si nos lo descubren, volveremos a un gobierno constitucional!”. Dos agentes armados del IRS son enviados a la propiedad, pero huyen despavoridos cuando descubren que Harry ha minado toda el área circundante. La policía establece un cordón alrededor de la casa y los funcionarios del IRS engañan a los periodistas que acuden a la escena contándoles que Harry ya ha sido detenido, pero que nadie puede acercarse a la casa hasta que la Guardia Nacional llegue y desactive todas las minas.

La verdad es que Harry todavía está dentro de la casa y, sin darse cuenta de lo que está pasando fuera, ha estado enviando mensajes (por ballesta) pidiendo que vengan los medios de comunicación para que pueda hacer una declaración. El IRS y la policía hacen algunos intentos de capturarlo, pero Harry se las arregla para frustrarlos cada vez. Su ex esposa y sus hijos, después de haber visto lo que está sucediendo en la televisión, llegan para tratar de averiguar qué ha pasado y Billy les muestra un túnel secreto que les permite eludir el cerco y ganar la entrada a la casa. La Guardia Nacional llega y se prepara para asaltar la propiedad, poniendo explosivos para abrirse camino, pero cuando el comandante al mando ve a los niños en la casa, descarta el asalto. Tras ser informado por Billy que nadie en el mundo exterior sabe lo que está sucediendo y darse cuenta de que el IRS va a tratar de capturarlo sigilosamente antes de que se corra la voz, Harry instruye a Billy para que vaya a la mayor cantidad de emisoras de radio y televisión como le sea posible y haga que todos vengan a la casa. El comandante Andrews, en la creencia de que la familia está siendo retenida como rehén, se niega a atacar de nuevo a pesar de las exhortaciones de los funcionarios del IRS (“Yo podría estar en el bando equivocado en esta guerra”, dice).

Esa noche, Billy llega con un ejército de periodistas a la casa y Harry ofrece un intercambio de rehenes: su familia por Ernie. Al darse cuenta de que esta es su última esperanza de evitar que Harry hable con los medios de comunicación, Ernie permite el intercambio. Inmediatamente después, frente a las cámaras de televisión, Harry intenta justificar sus acciones:

No estoy en guerra con este país. No estoy particularmente contra los impuestos. Pero cuando el señor Scelera y su gente piensan que tienen derecho a entrar aquí y apoderarse de mi propiedad sin el debido proceso legal, algo pasa. Si fuera acusado de asesinato, tendría más derechos legales de los que podría manejar. Pero cuando el IRS te audita, te hacen pensar que no tienes ningún derecho en absoluto. Ellos hacen sus propias leyes. Ellos las administran, las hacen cumplir y te persiguen y te juzgan. ¡El gobierno no tiene ningún derecho a hacer lo que no les hemos permitido que haga! Y se supone que nos protege de lo que está haciendo el IRS… ¡en nombre del gobierno! Eso es de lo que trata todo esto. Eso es todo.

Harry deja caer su arma y vuelve a entrar en la casa. Al darse cuenta de que Harry ha tenido éxito en volver la opinión pública contra el IRS, Ernie monta en cólera y coge la pistola de uno de los oficiales de policía y dispara contra la casa, haciendo estallar las cargas puestas por la Guardia Nacional. La explosión y el incendio resultantes hunden la casa con Harry todavía dentro y todo el mundo asume que ha muerto. Al día siguiente, sin embargo, Harry sale indemne del refugio antiaéreo y un epílogo nos informa de que el incidente dio lugar a una investigación del Congreso, la creación de la “Fundación-Misión Beverly Payne” financiada con el dinero de los impuestos y que el propio Harry ha presentado su candidatura para el Congreso “bajo un nombre supuesto”.

¿Por qué es recomendable? Conservadores los hay de muchos pelajes, pero la mayoría no pasan de ser unos meros “conservantes”… ¡conservantes de sus prebendas, que no quieren perder ni locos! Suerte que no está de moda ser conservador, que si no, las cosas que tendríamos que ver por ahí. Ciertamente es una lástima que no seamos más, pero mejor pocos y bien avenidos que muchos y a matar entre nosotros. Incluso los liberales dicen que son pocos, pero yo creo que no es cierto porque ellos al menos sí que tienen un partido político representativo, el Partido de la Libertad Individual, por más que sea extraparlamentario. ¿Y nosotros? ¿Es Vox un partido político conservador? No estoy seguro de ello; en principio, me satisfacen mucho casi todas sus propuestas, pero que yo sepa, nunca se ha definido claramente como conservador y eso me impide considerarlo como tal.

Si tuviera que señalar un rasgo determinante de un conservador, algo que lo diferenciara con claridad de las demás etiquetas políticas al uso, sería su horror por los impuestos. Un conservador que no sea conservador fiscal y que piense que el dinero donde mejor está es en el bolsillo de sus legítimos dueños, no es un conservador. Será otra cosa, puede incluso que afín a nosotros, pero no un conservador. Nosotros no queremos proporcionar al Estado todo el dinero necesario para que cumpla con sus fines y nos proporcione los servicios que ofrece… ¡nosotros queremos que el Estado deje de proporcionar esos servicios, se meta la mano de sacarnos el dinero en el culo y admita que si queremos algo, ya nos lo buscaremos nosotros! Salvo cuestiones indiscutibles como el asegurar la seguridad de sus ciudadanos y una justicia independiente, garantizar la libertad de mercado, llevar las relaciones exteriores del país y dotarnos de una política de defensa eficaz, la mano del Estado sobre en todo lo demás. Y quien no lo crea así, tendrá que cuestionarse sus opiniones porque igual resulta que es en realidad un socialista y él cree que es un conservador, je, je, je.

Alguna vez lo he dicho: si tuviera poder, lo primero que haría sería derogar el Impuesto sobre la Renta por ser un robo descarado y cerrar la Agencia Tributaria por ser una cueva de ladrones. Me alegra comprobar que Ted Cruz, el primer candidato republicano en postularse para la presidencia de los Estados Unidos, incluye el cierre inmediato del IRS (la AEAT estadounidense) en su programa electoral. Evidentemente, él sí que es un conservador y por eso goza de todo mi apoyo desde el primer día.

Esta película, Harry’s War, es de las pocas que existen en el mundo que tratan de este tema: la legalidad de los impuestos. Por supuesto, comparto la opinión del protagonista y yo también querría declarar la guerra a esa abusiva Agencia Tributaria que no hace más que chuparme la sangre sin tener el más mínimo derecho a ello. Yo sólo aceptaría un impuesto que fuera indirecto y que fuera aprobado expresamente por la ciudadanía en referéndum. Lo siento, pero en estas cuestiones no me fío siquiera de nuestros representantes libremente elegidos, esos que a veces te salen rana y ya la hemos jodido luego. No somos nosotros los que tenemos que esforzarnos para que el Estado cumpla con sus compromisos, es el Estado el que debe limitarse a hacer lo que queremos que haga y mantenerse al margen del resto. Claro que entonces, ¿cuántos inútiles se quedarían sin poder vivir a costa del Presupuesto? Innumerables, lo cual sería una mala noticia para las estadísticas del paro, ¿verdad? Pero a mí, plim. Yo soy conservador.

Y en la próxima entrada, la increíble pero cierta historia de Sherwood Pictures, la productora cinematográfica cristiana con mayor éxito en todo el mundo. Todo un ejemplo a seguir.

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