ANALIZANDO LOS RESULTADOS DEL 4 DE NOVIEMBRE (II)

PalabraBobSigo con mis cavilaciones, por supuesto. Y ya puestos a hacer un ejercicio de presciencia, se me ha ocurrido calcular cuántos votos electorales tiene “asegurados” (es un decir) el Partido Republicano de cara a las elecciones presidenciales de 2016. Para ello, me he valido de los datos que les ofrecí el otro día sobre la distribución del poder (federal y estatal) en los diferentes estados de la Unión, tal y como este había quedado después de las elecciones del 4 de noviembre pasado. Por descontado, todo esto no es más que un juego y no tiene la más mínima base científica. Faltan dos años para las próximas elecciones presidenciales y aquí puede pasar cualquier cosa; sobre todo según quiénes sean finalmente los candidatos demócrata y republicano. Pero no por eso deja de ser un juego divertido y estoy seguro de que a muchos de ustedes les gustará jugar conmigo.

Así pues, he considerado que un estado “rojo” de arriba abajo en 2014 es difícil que cambie de opinión de aquí a 2016 y vote “azul”, por lo que podemos dar por cierto que será un estado que votará por el candidato republicano dentro de dos años. Del mismo modo, un estado “azul” de arriba abajo seguirá la misma pauta y votará por el candidato demócrata (¡aunque sea Joe Biden!). En estas circunstancias encontramos a los siguientes estados:

Tabla previsiones 1

Nota 1: En Vermont, uno de los senadores es teóricamente independiente; sin embargo, la realidad es que está adscrito al caucus del Partido Demócrata en el Senado y vota de acuerdo con los intereses del Partido Demócrata, así que para mí es a todos los efectos un demócrata. Ya saben: si anda como un pato, grazna como un pato y parece un pato… ¡es un pato!

Nota 2: Sí, ya sé que el Distrito de Columbia no es un estado, pero como quiera que la Vigésimo Tercera enmienda le concede 3 votos electorales, hay que contar con él. Pero siempre vota demócrata; es inasequible al desaliento. No hay nada que hacer.

En los casos en que hay mezcla de colores en un estado, he tomado la decisión de considerarlo de una u otra manera de acuerdo con estos criterios:

  1. Si sus dos senadores y la mayoría de sus representantes en Washington y el gobernador pertenecen a un mismo partido, caerá en el haber de ese partido en concreto;
  2. Si uno de sus senadores y la mayoría de sus representantes en Washington y el gobernador pertenecen a un mismo partido y al menos, una de las cámaras de su asamblea legislativa también, caerá en el haber de ese partido en concreto;
  3. Si sus dos senadores y la mayoría de sus representantes en Washington pertenecen a un mismo partido y ambas cámaras de su asamblea legislativa también, caerá en el haber de ese partido en concreto.

En estas circunstancias encontramos a los siguientes estados:

Tabla previsiones 2

Si no entra dentro de ninguno de esos casos, lo consideraré dudoso (un swing state que dicen allí) y lo pintaré de naranja qué-será-será. En el caso de un estado “republicano”, lo pintaré de rojo libertad (¡gracias por la expresión, Wendy!) y en el de uno “demócrata” de azul opresión. En estas circunstancias encontramos a los siguientes estados:

Tabla previsiones 3

Una vez computados todos los estados, podemos hacer una tabla completa que relacione los 50 estados de la Unión (ordenada alfabéticamente) y que quedaría así:

Tabla previsiones 4

Haciendo las sumas oportunas, el resultado final es el siguiente (recuerden que el mínimo de votos necesario para ser investido presidente de los Estados Unidos es de 269):

Tabla previsiones 5

¡A 12 votos electorales de la victoria para el Partido Republicano! O sea, a ganar en dos estados de los dudosos (por ejemplo, Kentucky y Montana; algo bastante plausible). Vamos, que si en 2016 no se gana la presidencia, ¡ES PARA MATARLOS A TODOS! Y no exagero.

Un resultado interesante, ¿eh? Cabe destacar la tendencia claramente republicana de estados tradicionalmente dudosos como Ohio o Florida. Claro que esto no es más que política-ficción. La realidad es otra cosa bien diferente y esa la conoceremos en noviembre de 2016.

En la próxima entrada dedicada a esta serie les daré finalmente mis opiniones sobre lo acaecido la semana pasada. Y con esto terminaré de una vez por todas, que no se puede abusar de la paciencia de los lectores de este modo.

P.D. Arriola, capullo… ¡aprende!

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