LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (IV)

Cine de BobMe gusta escribir estas entradas de cine. Son muy divertidas. Y muy instructivas. Me hacen recordar el tiempo que pasé enrolado en “Semanario Atlántico”. ¿Se acuerdan ustedes? Lo dirigía Alberto Acereda y confieso que me lo pasaba pipa escribiendo allí. Alberto es un buen hombre y un generoso director que me dejaba escribir de lo que quisiera y con la extensión que me pareciera, aunque él siempre me decía que un texto de más de 1.000 palabras exige mucho del lector habitual de Internet. Yo, por supuesto, las pasaba canutas limitándome a sólo 1.000 palabras (“¡Ah, 1.000 palabras!”, le dije a Alberto, escandalizado. “¡Pero si eso es una nota de las que se ponen en la puerta de la nevera enganchadas con un imán!”), pero con el tiempo le encontré el truco y lograba no pasar de 800, que creo que es mi extensión óptima; ni me quedo corto ni me enrollo. Ahora les hago mis comentarios sobre cada película en 600 palabras, lo cual a veces me da algún problema por exceso de concisión, pero tratándose de diez películas por entrega, me parece que es lo más adecuado.

Es cierto que por culpa de esta serie tengo mi biblioteca algo olvidada, je, je, je. Ahora me paso casi todo mi tiempo libre viendo películas y leer, lo que se dice leer, leo poco. Pero no me importa; que no sólo de letra impresa vive el conservador. También tiene que tener algo en imágenes que llevarse a la vista. Y si es una buena película, mejor que mejor. Y si fuera española, aquello ya sería la apoteosis. Pero hasta ahora no ha aparecido ni un solo título español en esta lista. ¿Acaso no hay películas españolas conservadoras que recomendar?

Pues miren, la verdad es que sí que las hay, pero son todas anteriores a la Transición. Desde la llegada de la democracia, en este país nuestro que tanto ansía convertirse en una nueva Cuba castrista o, peor aún, una segunda Venezuela chavista, el ideario conservador ha desaparecido por completo de nuestra vida pública. Y del cine, no digamos. Si tuviera que recomendarles alguna película en ese sentido, tendría que remontarme a Las chicas de la Cruz Roja (1958), El día de los enamorados (1959), Soltera y madre en la vida (1969) o incluso Sor Ye-Yé (1967), una película que a mí personalmente me entusiasma y que estoy convencido que John Belushi y Dan Aykroyd vieron Dios sabe cómo y cuándo y así tuvieron la idea para su famosa The Blues Brothers (1980), una que, por cierto, estuvo en mi lista de películas a recomendar, pero que se ha quedado finalmente fuera.

Sin embargo, tras esas películas, el vacío más absoluto. Nuestro cine es progre perdido y no tiene remedio. Muy difícil sería igualar la hazaña de Sherwood Pictures, que tratándose de una simple parroquia baptista en Albany (Georgia) han logrado el éxito cinematográfico produciendo películas magníficas y logrando éxitos de crítica y de taquilla. Aquí no creo que se pudiera repetir la jugada aunque si alguien está dispuesto a intentarlo, que me lo diga; hace tiempo que no me enrolo en ninguna causa perdida y empiezo a aburrirme. Me iría bien volver a soñar sueños imposibles. Pero mientras tanto, mucho me temo que esta vez tampoco encontrarán ninguna película española en la lista. Y bien que lo siento, pero España es como es y no hay nada que hacer. Lamentarlo si acaso (y maldecir a Rajoy por traidor, ¡grrr!).

Y de nuevo, vamos a comenzar: se enciende el proyector, la pantalla se ilumina y ruge el león de la Metro, sale el pico de Paramount, la estatua de Columbia o suena la fanfarria de la Fox. Y la primera película es…

CHITTY CHITTY BANG BANG (1968)

Chittychittybangbang

¿De qué trata? Caractatus Potts es un inventor de principios del siglo pasado, viudo, cuyos dos hijos pequeños, Jeremy y Jemina, se encaprichan de un viejo coche de carreras abandonado en un garaje. Gracias a un golpe de buena suerte, causado en parte por el desastre provocado por una de sus invenciones, Caractatus logra reunir el suficiente dinero como para comprarlo y salvarlo de ser prensado por un chatarrero. Una vez reparado y bautizado como Chitty Chitty Bang Bang por el curioso ruido que hace su motor, los Potts y la novia de Caractatus, Truly Scrumptious, emprenden un viaje en él. Durante un descanso del viaje y mientras hacen un picnic en la playa, Caractatus les cuenta a todos la historia de una aventura protagonizada por todos ellos en el  lejano país de Vulgaria, gobernado por los tiránicos barón y baronesa Bomburst, tan odiosos ellos que han ordenado el encarcelamiento de todos los niños del país, y a cuyos habitantes no dudan en ayudar a recuperar su libertad, al tiempo que Caractatus se ayuda a sí mismo a conseguir la mano de Truly.

¿Por qué es recomendable? Mucha gente conoce a Ian Fleming como el autor de la serie de libros sobre James Bond. Lo que pocos saben es que Fleming también escribió un libro para niños, Chitty Chitty Bang Bang, que es en el que se inspira precisamente esta película. Aún más, la película fue producida por los mismos que producían las películas de 007, así que, puestos a pensar, que acabe apareciendo un coche que navega y vuela es lo menos que podía suceder, ¿no?

Esto que voy a decir es una herejía, pero estoy dispuesto a defenderla. En mi opinión, Walt Disney es una de las personas que más daño ha causado al mundo. Con ello no quiero decir que haya sido mala persona, sino que el enfoque adoptado para muchas de sus películas de dibujos animados ha sido enormemente perjudicial. Me refiero a la simplista antropomorfización de animales, dotándoles de sentimientos humanos que no poseen en la realidad, que los banaliza e impide que los niños lleguen a comprender cómo son en realidad. Los elefantes son muy majos cuando ves Dumbo, pero en la realidad pueden matar, arrasan los cultivos de los nativos y está más que justificado mantener su población bajo control, si es necesario mediante la caza. Y así como tampoco es demasiado importante que un niño pequeño sepa que un elefante es un animal del que hay que guardarse y mucho, el problema surge cuando se convierte en adulto y sigue pensando de la misma manera y monta en cólera porque el anterior rey de España mató a uno durante una cacería en Botswana. A Juan Carlos I se le pueden reprochar muchas cosas y yo sería el primero en hacerlo, pero no lo de que matara a un elefante. Aún si lo hubiera hecho furtivamente… Pero pagó por hacerlo, las autoridades nacionales de Botswana lo autorizaron y tampoco fue la primera vez que lo hizo. Tonterías las justas, que decía aquél.

Por eso yo tendría mucho cuidado con las películas de Disney si tuviera un hijo. El peor peligro es el que no lo parece. Y todos sabemos que Disney es una de las productoras más liberales de todas y a fe que lo demuestra en cada una de sus producciones.

En cambio, si se tratara de ver una película como Chitty Chitty Bang Bang, estaría muy tranquilo. Además, Roald Dahl es uno de los guionistas. Incluye mucha diversión, pero también muchas enseñanzas. Por ejemplo, que quien algo quiere, algo le cuesta (Caractatus Potts quiere comprar el coche que da título a la película, así que tiene que ganar dinero para ello y lo hace, pero no recurriendo a despertar la pena ajena, sino a través de su trabajo y su esfuerzo); que la familia es lo más importante (Potts es viudo, no divorciado; y para casarse con su prometida, él es el primero que considera que antes tiene que contar con el beneplácito de su futuro suegro) y que ésta incluye también a los abuelos, que no son unos carcamales a los que encerrar en una residencia de ancianos (una postura cada vez más habitual en las producciones Disney); y que la guerra es una desgracia, pero cuando no hay más remedio, es una opción legítima (la única manera de liberar Vulgaria es haciendo la guerra al barón Bomburst y sus secuaces).

En consecuencia, los niños se divierten, aprenden lecciones provechosas, dejan las tonterías sobre ositos cariñosos para el peluche de irse a dormir y los padres podemos contar con que algún día serán hombres hechos y derechos, y no progres atontados. Que ya es mucho en los tiempos que corren.

LA FUGA DE LOGAN (1976)

Titulada en inglés LOGAN’S RUN y en Hispanoamérica FUGA EN EL SIGLO XXIII

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¿De qué trata? En el año 2274, la humanidad casi ha desaparecido y uno de los pocos reductos donde sobrevive es en una ciudad bajo una cúpula regida por un ordenador que se ocupa de todos los aspectos de sus vidas. Así, la ciudad permite a sus habitantes no sólo no tener que trabajar, sino satisfacer cualquier deseo que puedan sentir. La única condición para ello es que la vida está limitada a 30 años. Cuando se cumple esa edad, el habitante que sea es sacrificado en una pseudo-ceremonia religiosa denominada “el Carrusel” bajo la promesa de que renacerá de nuevo. No todos se creen esa patraña y algunos, los “fugitivos”, se rebelan y pretenden huir de la ciudad hasta un mítico “santuario” donde serán libres para siempre. Para evitarlo, existe un cuerpo de policía, los “vigilantes”, encargado de darles caza. Logan 5 es uno de ellos y cuando conoce a Jessica 6 y sabe por ésta que el “santuario” es real, tiene que tomar una decisión: seguir siendo un vigilante y morir ya o ser un fugitivo y quizás seguir viviendo.

¿Por qué es recomendable? Dice el clásico que los sueños, sueños son. Y tiene razón. Todos soñamos y quien crea que no lo hace, no es que no sueñe; es que no se acuerda de lo que sueña. Yo sí que me acuerdo y a veces me levanto avergonzado de la cama, no porque mis sueños sean subidos de tono, sino porque son tan bobalicones que parecen más propios de una adolescente fanática de Hello, Kitty que de un hombre hecho y derecho como me creo yo.

A la hora de bregar con nuestros sueños, existen dos opiniones: la de los que creen que sería fantástico hacerlos realidad y la de los que creen que llevarlos a la práctica sería un error. Yo me adscribo a la segunda; no tengo el más mínimo deseo de ver hipopótamos rosas bailando Macarena por la calle. En cambio, quienes ansían convertirlos en realidad no se paran en barras y algunos de ellos realmente lo tienen todo previsto para cuando llegue el feliz momento: son los utópicos.

El primero de los utópicos fue Platón y lo suyo ya fue grave, pero el verdadero padre fue Tomás Moro, cuya obra Utopía le dio incluso nombre al género. De ahí en adelante, una larga lista de soñadores les han sucedido. Curiosamente, todos han coincidido en dos cosas: una, que su “utopía” requiere siempre el control total del ser humano por parte de una minoría; y dos, que cuando han podido plasmarla en la realidad ha resultado una pesadilla, muchas veces sangrienta.

La ciudad bajo la cúpula en la que viven Logan y sus compatriotas es una utopía también. Y cumple con las dos reglas que he mencionado antes: un ordenador controla la vida de los humanos desde que nacen hasta que mueren y el exceso de población se regula meticulosamente mediante el control de la natalidad y la muerte de los que llegan a los treinta. Esto último es curioso porque es exactamente lo mismo que pretenden nuestros “bienintencionados” progres de hoy en día: controlar la natalidad mediante el aborto y la senectud mediante la eutanasia.

Pero entre ambos momentos, los habitantes de esta utopía disfrutan de todos los placeres que puedan imaginar, incluyendo el sexo, las drogas y (supongo yo) el rock & roll. La película es de 1976, así que la aceptación pública de la homosexualidad que aparece en ella chocó en su momento. Supongo que si se rodara hoy en día, se sustituiría por la pederastia, que parece ser que es lo próximo que va a venir a la hora de reivindicar un nuevo “derecho humano”.

¿Puede alguien imaginarse que haya quien no esté conforme con este feliz estado de cosas? Ya no es que no haya que trabajar ni estudiar (los “ni-ni” anticipados cuarenta años), sino que además el estado te promete la resurrección y volver a disfrutar de todos los placeres de nuevo. Pues sí; hay quien no está conforme. No es extraño porque de desagradecidos está el mundo lleno, que decía no el clásico, sino mi abuela. Está claro que esos que se niegan tercamente a “vivir a tope” son una panda de amargados que sólo quieren que aventurarse en un mundo hostil, el existente fuera de la cúpula, aún sin saber qué les deparará.

¿Y si lo supieran? Ganarse el pan con el sudor de su frente, parir con dolor, envejecer… Vivir, en suma. ¿Seguirían deseándolo o volverían bajo la cúpula? Seguro que habría quien volviera, pero quienes no lo hicieran, descubrirían lo que supone ser dueño de tu propio destino. Ser libre. Y contra esa sensación, no hay droga que valga.

A SOLAS CON NUESTRO TÍO (1989)

Titulada en inglés UNCLE BUCK y en Hispanoamérica TÍO BUCK AL RESCATE

Uncle_Buck

¿De qué trata? Los Russell, una familia con tres hijos, se han mudado recientemente de Indianapolis a Chicago. De los tres hijos, la mayor, Tia, es la que peor lleva el cambio de residencia y su relación con su madre es muy tirante. Cuando el abuelo sufre un infarto y los padres tienen que volver a Indianapolis para cuidarlo y estar con él, les surge el problema de a quién pueden recurrir para que cuide a sus hijos mientras tanto.  La única opción es el tío Buck, pero ambos reconocen que es un desastre: está desempleado, vive en un apartamento lamentable, se gana la vida apostando a los caballos y tiene una novia dueña de un taller de reparaciones de automóviles. No tienen otro remedio empero y Buck acude raudo a su llamada para cuidar de sus queridos sobrinos. Sólo Tia se resiste a darle su cariño, lo que Buck tolera generosamente, al menos hasta que conoce al novio de ésta y comprende que es un mal tipo que sólo busca acostarse con su sobrina, en que ya no puede mantenerse al margen.

¿Por qué es recomendable? La familia es una bendición de Dios. No creo que haya nadie que pueda discutir esto (los progres sí; ellos alegarán que, de Dios, nada). Es en la familia donde uno nace, crece y se prepara para hacer frente a la vida. Y es en la familia también donde uno encuentra el cuidado y la atención que necesita cuando envejece. Tanto de pequeño como de mayor, la familia es el único punto de referencia fijo que tenemos; todos los demás pueden existir o no, pueden cambiar o desaparecer, podemos conservarlos o preferir olvidarlos, pero la familia persiste.

Por supuesto, al ser la familia una institución tradicional, los progres están en contra de ella. Ya empezaron en los años 60 con esa broma ridícula de las “comunas”, el sexo en grupo, los hijos compartidos entre todos y demás majaderías. Pero lejos de aprender la lección y disimular el ridículo que hicieron, han continuado insistiendo. El aborto contra los niños y la eutanasia contra los mayores son las principales amenazas que se ciernen actualmente sobre la familia. Pero no son las únicas: la familia nuclear también es una amenaza y muchos no se han dado cuenta de ello todavía.

Desde siempre, la familia ha sido extensa; ha incluido a varias generaciones y a varias ramas del mismo tronco en su seno. Los pequeños conocían a sus abuelos e incluso a sus bisabuelos, conocían de primera mano lo que suponía envejecer y la inevitable decadencia física y mental asociada no les asustaba; antes al contrario, ayudaban a sus mayores sabedores de que a ellos también les llegaría la hora. Si además vivían con sus tíos, primos y demás, sus horizontes se ampliaban tanto, la idea de colaborar y compartir con otros impregnaba de tal modo sus mentes y su conducta, que no creo que esa figura nuestra tan típica del “niño mimado” pudiera existir mucho. Sencillamente, era imposible.

Pero lo que se ha impuesto al final es la familia nuclear. Y aunque no es mala de por sí, la deriva que está adquiriendo este tipo de familia en nuestros días la está convirtiendo en una caricatura algo siniestra. Un padre, una madre y varios hijos está bien, pero yo creo que es el mínimo permisible. Las familias con un solo hijo son tristes porque se pierden el placer de la fraternidad entre hermanos, las familias voluntariamente monoparentales (es decir, por elección propia del monopadre o monomadre) son una desgracia y las “familias” homosexuales una sátira. No creo yo en eso que dicen algunos de que “tengo derecho” a ser padre o madre; yo creo que es más bien al revés: es un hijo quien tiene derecho a tener un padre y una madre. A la paternidad debería llegarse a través del matrimonio (salvo casos excepcionales que son muy comprensibles y hasta meritorios) y quien no esté dispuesto a ser marido o esposa antes, no debería considerar siquiera el ser padre o madre. Igual que no se llega a licenciado universitario sin antes haber cursado el bachillerato. Todo tiene su tiempo.

Y es que muchas veces la relación entre padres e hijos se bloquea y se necesita a alguien ajeno que lo haga. Por ejemplo, un tío como el tío Buck que no sólo conoce bien a los padres y puede hablar con ellos de igual a igual (es lo que tienen los lazos familiares) sino que también está muy próximo a los hijos. Porque quizás, al final, lo único que haga falta es otro punto de vista para solucionar el problema. Y quizás el tío Buck sea la persona idónea para ello.

ATRAPADO EN EL TIEMPO (1993)

Titulada en inglés GROUNDHOG DAY y en Hispanoamérica HECHIZO DEL TIEMPO

Groundhog_Day

¿De qué trata? Como es habitual todos los 1 de febrero, un equipo del canal 9 de televisión acude a Punxsutawney (Pensilvania) a cubrir el Día de la Marmota. Lo encabeza el meteorólogo Phil Connors, un tipo egoísta que odia ese encargo. Tras dar la noticia de mala gana, una tormenta de nieve encierra al equipo en la ciudad sin que puedan volver a Pittsburgh, como tenían previsto. Al día siguiente, Phil descubre estupefacto que a pesar de ser 2 de febrero, todo transcurre exactamente igual que ayer, sin que nadie más se haya dado cuenta de ello. Y lo mismo sucede el 3, el 4, el 5… ¡Siempre es 1 de febrero! La tormenta ha provocado un bucle en el tiempo y siempre se repite el mismo día. Decidido a sacar provecho de la situación, Phil comete toda clase de maldades sabedor de que no va a tener que hacer frente a sus consecuencias. Por fin, Phil, que está embarcado en una vorágine malsana, le cuenta lo que pasa a Rita, su productora, de quien está secretamente enamorado, para que le ayude.

¿Por qué es recomendable? A todos nos gustaría volver a ser jóvenes y gozar del vigor de aquellos años… ¡pero con el conocimiento que poseemos ahora! Esto es un contrasentido, evidentemente. No se puede ser joven y maduro al mismo tiempo. La juventud es nuestro período de aprendizaje por antonomasia y al igual que cuando eres viejo, pedirte que aprendas nuevas habilidades es pedir mucho, pretender ser joven y sabio es pedir demasiado.

La cuestión que subyace aquí es la de la sabiduría. Saber cuesta; cuesta tiempo y cuesta esfuerzo. Y aun disponiendo de las dos cosas, no está garantizado el resultado. Uno pasarse doce horas al día estudiando chino durante cinco años, pero no por eso es seguro que aprendas chino. La mente es una cosa muy extraña y cuando alguien descubra la manera de aprender algo fácil y rápidamente, eso será un milagro. Quizás algo así como en Matrix, en que bastaba con enchufarte una clavija en el cuello y aprendías lo que fuera en un plis-plas. Mejor si no es con clavija, que da algo de reparo.

En una entrevista reciente con Bill Murray, el protagonista de Groundhog Day, éste dice que el guión de esta película es el mejor que ha leído nunca. Y mira que ha leído unos cuantos. De ello se deduce que esta película es muy posiblemente la mejor que ha protagonizado nunca. Y estoy totalmente de acuerdo. Las historias de viajes en el tiempo y similares siempre han captado nuestro interés porque no creo que haya nadie a quien no le apeteciera darse una vuelta por ahí y ver los dinosaurios, por ejemplo.

Groundhog Day trata también de un viaje en el tiempo, pero no de los clásicos. En las películas de esta temática, lo normal es viajar (solo o acompañado) a otra época, pasada o futura, y pasar allí más o menos tiempo. Aquí no. Aquí el viaje en el tiempo es de sólo un día. Y un día muy concreto, el 1 de febrero, el “Día de la Marmota” precisamente. Phil, que es el protagonista, se queda bloqueado en ese día y “condenado” a ver cómo se repite una y otra vez. Lo interesante es que él es el único que es consciente de eso que sucede; los demás, no.

¿Qué es lo primero que se le ocurriría a alguien en esa situación, además de tener un ataque de nervios? Repetir el mismo día tiene su gracia si bien se piensa. A Phil, lo primero que se le ocurre es hacer maldades. Una especie de desahogo por una situación que le tiene fuera de sí y de la que no sabe cómo salir. También es la expresión de cómo es Phil por dentro: un tipo gruñón y egoísta, enfadado con todos e indigno de confianza. Sin embargo, hay esperanza. Y es el amor de Phil por Rita, su productora, lo que cambia todo eso. Phil descubre entonces que se le ha concedido una bendición y la aprovecha para hacer el bien con los demás, pero también consigo mismo, aprendiendo a tocar el piano, francés y a hacer esculturas de hielo. O sea, las cosas que siempre había querido aprender, pero que nunca había tenido tiempo ni ganas. ¡Y todo en un día!

A mí también me gustaría tener un día como ése. Un día que dure muchos días y en que el tiempo me llegue para todo. Un día lo bastante largo como para aprender no sólo francés, sino también cómo soy realmente. Y para cambiarme si es necesario, sin importarme el tiempo que vaya a tardar ni el esfuerzo que me vaya a costar. Igual que Phil.

LA FUERZA DEL VALOR (2003)

Titulada en inglés I AM DAVID

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¿De qué trata? La II Guerra Mundial terminó hace 7 años, pero para el joven David, de 12 años, no parece haber mucha diferencia. Encarcelado en un campo de concentración comunista en Bulgaria, su amigo Johannes le prepara para que escape, al menos hasta que muere. Ésa es la señal para su intentona y finalmente David logra huir del campo gracias a la ayuda de un guardia que se apiada de él y le proporciona un poco de pan, una pastilla de jabón, una navaja y una brújula y le dice que se dirija a Grecia, al sudoeste, y que una vez allí coja un barco hacia Italia y siga al norte hasta Dinamarca. David lleva también un sobre cerrado que no debe abrir hasta llegar a su destino. Durante su difícil viaje, David es muy consciente de la norma que ha seguido durante toda su vida: no confiar en nadie. Pero el contacto con la libertad por primera vez en su vida y el conocimiento que hace de gente buena, cambian su mente y le preparan para ser libre por fin.

¿Por qué es recomendable? La vida a veces te da sorpresas. Buscando información sobre esta película, he encontrado varios sitios donde se explica que el niño protagonista escapa de un campo de concentración “nazi”.  Como quiera que el campo está situado en Bulgaria y la fecha en que transcurre la acción es 1952, veo difícil que se trate de un error. En 1952, el terror en el mundo no era ya el de los nacionalsocialistas, sino el de los comunistas.

Cuesta mucho convencer a alguien de hoy en día de lo terrible que ha sido para la humanidad la experiencia comunista. Algunos simplemente la niegan. Y otros ansían repetirla, que es peor. Me imagino que los autores de esas críticas se encuentran en esta situación: progres que conocen todos los insultos posibles para referirse al fascismo, pero los ignoran todos para referirse al comunismo. Y no soy yo quien vaya a minusvalorar la terrible experiencia que supusieron los años treinta y cuarenta del siglo pasado para Europa, aunque estaría bien recordar que durante esos años estuvieron en el poder tanto Mussolini y Hitler como Stalin. Aún más, antes que Mussolini y Hitler hubo democracia en sus respectivos países y, gracias a Dios, la volvió a haber tras ellos. ¿Qué democracia hubo en Rusia antes de los bolcheviques? Al zar le sucedió otro zar, pero ahora rojo, Lenin; y a Lenin, una sucesión constante de más tiranos. ¿Y tras la caída del comunismo? Yeltsin, otro que tal. Y luego Putin, la reoca. ¡Pobre Rusia!

Esta película no tuvo éxito cuando se estrenó. La verdad es que fue un fracaso comercial. Costó 7 millones de dólares y solamente recaudó 300.000. Aun así, ganó varios premios en festivales internacionales, aunque claro, no en esos festivales de los que se hacen eco todos los medios de comunicación. Algunos no saben siquiera que no se trata de un guión original, sino de la adaptación de una novela de 1963 de la autora danesa Anne Holm. De hecho, muchas de las críticas (negativas) que se le hacen radican en la imposibilidad de creerse la historia de la huida de David del campo de concentración y su posterior viaje por media Europa hasta llegar a Dinamarca.

Lo malo es que esos críticos hablan con la lengua partida, que decían los indios. A muchos, lo que realmente les desagradó es que la película mostrara la existencia de campos de concentración comunistas. En consecuencia, las posibilidades de que la película acabar gustando a esos tipos se reducían a una sola: que el niño llegara a Dinamarca, experimentara el capitalismo, lo rechazara y volviera a Bulgaria convertido en un buen comunista, una vez completada su “reeducación”. Evidentemente, eso no era posible que sucediera ni harto de vino y el resultado fue una crítica negativa tras otra.

En cuanto a la verosimilitud de la historia, que es lo que muchos consideran la principal deficiencia de la película, conviene tener en cuenta que la novela no trata realmente sobre una huida, sino sobre un encuentro. Sobre el modo como un niño que ha vivido en reclusión y suspicaz toda su vida descubre la amistad y la bondad humanas al recuperar la libertad. Porque no es tanto la prisión física que experimenta David la que tiene que dejar atrás, sino la mental, la que le impide confiar en nadie y hace de él un recluso eterno. Ésa es la verdadera historia que narra la novela y la que la película trata de plasmar. Y así es como hay que verla. Por ello, bien creo que su fracaso comercial fue injusto y se merece una nueva oportunidad.

EL PRECIO DE LA VERDAD (2003)

Titulada en inglés SHATTERED GLASS y en Argentina EL FABULADOR

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¿De qué trata? Stephen Glass es el reportero estrella de la revista izquierdista The New Republic. Nadie como él para contar lo que nadie quiere que se sepa. Sin embargo, un reportaje suyo sobre una borrachera de jóvenes activistas republicanos en una convención hace sonar las alarmas, sobre todo después de que los propios organizadores de la convención cuestionen la veracidad de los hechos. El redactor-jefe, Michael Kelly, respalda a Glass, pero cuando la siguiente noticia de Glass es de nuevo cuestionada por un grupo de blogueros, las sospechas crecen. Kelly ya no es el redactor-jefe, sino Chuck Lane, y cuando éste le exige a Glass que le muestre sus fuentes, Glass no puede hacerlo. No tardan en revelarse nuevas falsedades en su reportaje que hacen manifiestamente imposible que haya sucedido lo que se narra, lo que pone a Glass entre la espada y la pared. Lane decide que ya no puede respaldarlo por más tiempo y lo suspende, ganándose la enemistad del resto de la redacción que hace causa común con él. La situación en The New Republic se vuelve insostenible.

¿Por qué es recomendable? ¿Qué es lo que más nos repatea a los conservadores de los progres? Su presunción de superioridad moral. Para ser “laicos” que dicen ellos, sermonean que da gusto. Es cierto que a algunos no nos sorprende porque bien sabemos que el comunismo no es un sistema político, sino una religión y de las más embrutecedoras (sólo el islam es peor). Sin embargo, el afán de los progres por restregarnos por los morros a todas horas que ellos y sólo ellos defienden a los pobres mientras que nosotros y sólo nosotros defendemos a los ricos es vomitivo.

No se puede razonar con un progre. Es una religión, ya se lo he dicho antes. Y las religiones son irracionales; no se basan en hechos, sino en creencias. No es la lógica lo que las sustenta, sino la fe. Y a un converso, no va a ser un profesor de Matemáticas quien lo convenza de la falsedad de su  credo, sino otro predicador diferente. Aquí está el error básico de los conservadores a la hora de debatir en público con los progres: creer que basta con llenar sus vacías mentes con citas y datos para que reaccionen. ¡Tururú! Un progre sólo ve la luz como la vio San Pablo, cayéndose del caballo y dándose una buena costalada. Entonces sí que puede que el sol que deslumbre sus ojos, hablando en términos informáticos, borre la programación de su cerebro y pueda recibir nueva información y procesarla adecuadamente. Pero mientras no emprenda el camino de Damasco, no hay nada que hacer. Y muchos progres lo saben y prefieren no viajar (metafóricamente, quiero decir) por si acaso.

Pero mientras tanto, eso no les priva de disfrutar burlándose de nosotros, presumir de lo mucho que sufren por los pobres niños gazatíes, olvidarse del hecho de que Hamas los utiliza conscientemente como esclavos para la construcción de sus túneles, carne de cañón para sus atentados y escudos humanos tras los cuales protegerse. Y de los niños israelíes, ¿qué?  Pues nada. Total ¿a quién le importan? A ellos, no.

Stephen Glass era uno de esos progres. Y The New Republic, un nido de progres. Y Glass era el progre rey allí. Y como tal, tenía derecho a escribir sobre lo que quisiera y como quisiera. Que lo que escribiera fuera mentira, eso es pecata minuta. Lo importante es que mentía sobre los “malos”, los republicanos, los conservadores. Y entonces no era una mentira. Era lo que había que hacer porque ya se sabe que la derecha es horrible, sólo quiere que los pobres sean más pobres y los ricos más ricos, y hay que pararles los pies como sea. Y si es publicando mentiras sobre una supuesta orgía de jóvenes activistas conservadores, se publica. ¿Que eso no sucedió nunca? ¡Y a quién le importa lo que sucedió o no! Lo importante es que pudo haber sucedido. O sea, que sucedió. No es la culpabilidad o la inocencia lo que está en juego en este caso, que no son más que conceptos burgueses que decía Andrej Vichinsky, sino el sentido de clase, la conciencia revolucionaria. Y contra esos reaccionarios de derecha, todo vale. Así empezaron los Juicios de Moscú. Así razonaba Stephen Glass. Así siguen razonando los progres.

A Glass al final lo pillaron. Pero tuvo suerte; sólo lo despidieron. Era uno de la secta y la secta no abandona a los suyos ni aún en el peor de los casos (salvo que se vuelvan conservadores). Ya no es periodista; ahora trabaja como asesor legal (está licenciado en Derecho). ¿Se imaginan los consejos que dará a sus clientes?

LÁGRIMAS DEL SOL (2003)

Titulada en inglés TEARS OF THE SUN

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¿De qué trata? En Nigeria, un golpe militar derroca al gobierno democrático. Los golpistas además son musulmanes y emprenden una operación de limpieza étnica contra los nigerianos católicos. La situación es crítica y las naciones occidentales evacuan urgentemente a sus compatriotas. Los Estados Unidos envían a un comando de los Navy Seals a recoger a la doctora Lena Kendricks, que trabaja en una misión cristiana en el interior del país, pero ésta se niega a ser evacuada si no lo son también los pacientes del hospital. El teniente A. K. Waters, al mando de la misión, se niega al principio porque no son las órdenes que tienen, pero al final transige y todos juntos marchan hasta el lugar de aterrizaje de los helicópteros de rescate. Una vez allí, Waters engaña a la doctora Kendricks y abandona a los pacientes a su suerte. Durante el viaje en helicóptero, contemplan como la misión ha sido arrasada por tropas golpistas, algo que sabían todos que iba a suceder. Confrontado con los resultados de su inacción, Waters decide que a veces las órdenes no son suficientes.

¿Por qué es recomendable? Uno de los lemas favoritos de la izquierda es ese que pretende que la culpa de las guerras la tienen los ejércitos. De ello se deduce que si no existieran los ejércitos, no existirían las guerras. ¡Vaya estupidez! Si no existieran los ejércitos (nacionales, se entiende), la guerra sería permanente puesto que nada impediría entonces la aparición de ejércitos al servicio del primer “señor de la guerra” que pudiera permitírselos. Los conservadores somos partidarios del libre mercado, pero en esta cuestión creo que no hay dudas: el estado debe conservar el monopolio de la fuerza, al menos en su forma de un ejército que defienda el territorio nacional y la libertad de sus habitantes contra amenazas exteriores (sobre la posibilidad de ir armado individualmente, para la protección de uno mismo, sí que estoy de acuerdo en que haya libertad).

Si la solución a todas las guerras es tan sencilla como eliminar los ejércitos, la solución a la delincuencia sería eliminar a la policía y la solución a las enfermedades, eliminar a los médicos. ¿No es fantástico? ¡Qué grande es ser progre! Tienes la solución a todo y puedes ir por ahí tan ufano, sabedor de que si por ti fuese, el mundo sería el Cielo en la Tierra y sólo una malvada conjura de los ricos del mundo impide que lo sea. ¿O acaso la URSS no acabó con la pobreza? Eliminó (en su caso, literalmente) a todos los ricos con lo que ya no había ni ricos ni pobres; todos pobres. Ergo, todos iguales. Ergo, problema resuelto. ¿Que costó 100 millones de muertos dice usted? ¡Bah, una menudencia! No se puede hacer tortilla sin romper los huevos, ¿no?

En la infantiloide mente de un progre, las cosas pueden ser fáciles, pero en el mundo real, no. La historia de Nigeria lo ilustra perfectamente. Una nación rica, pero dividida entre tribus y religiones. Ahora está de moda por el auge de los terroristas islámicos de Boko Haram, pero convendría recordar aquella terrorífica Guerra de Biafra de 1967 a 1970 y el rosario de golpes de estado y otras guerras intestinas que jalonan su historia.

Que se produzca un golpe de estado y que los Estados Unido tengan que mandar a una unidad de Navy Seals a rescatar a una de sus compatriotas es algo perfectamente verosímil. Que esa unidad se vea en el dilema de ceñirse a su misión y abandonar a su suerte a un puñado de refugiados amenazados de muerte por las tropas del nuevo dictador, llenas de odio tanto tribal como religioso, lo es también. Que esos soldados acaben decidiendo que no pueden fingir que no les importa y se involucren en la lucha y hasta mueran por una causa que no es la suya, también. Pero, ¿realmente no es suya esa causa? ¿La causa de la paz, la justicia y la libertad? Los Seal no son niños; son hombres. Conocen el mundo y han visto la maldad que alberga. No se hacen ilusiones. Saben que el hombre es intrínsecamente malvado y hay que hacerle frente cuando es menester.

A la hora de decidir, el teniente Waters acaba haciéndolo a favor de todo en lo que cree, que es también la razón de su servicio en las fuerzas armadas de su patria. Y lo hace porque se da cuenta de que no puede quedarse cruzado de brazos viendo como el mal vence sólo porque él y su pelotón de hombres buenos no quieren hacer nada. Burke comprendió eso hace muchos años y el teniente Waters lo comprendió también un día, en Nigeria, en el corazón de las tinieblas.

BRIGADA 49 (2004)

Titulada en inglés LADDER 49

Ladder_49

¿De qué trata? Jack Morrison es un recién llegado al cuerpo de bomberos de Baltimore, siendo destinado inicialmente a la Compañía de Motobombas 33, que presta servicio junto con la Compañía de Escaleras 49, la más ocupada de la ciudad. Allí, Morrison es entrenado por el capitán Mike Kennedy para que se convierta en un buen bombero. Sus primeras misiones, donde incluso tiene que ver la muerte de compañeros suyos en acto de servicio, le descubren la extrema dureza y peligrosidad del oficio, pero también la curten. Los años pasan y Morrison ya es un buen bombero, pero el tiempo no pasa en balde y el continuo estrés que soportan él y su familia se nota. Su capitán le ofrece entonces el pasar a ocupar un puesto administrativo, pero lo rechaza con el apoyo de su esposa, que sabe lo mucho que significa para él su trabajo. Y es que Morrison es un bombero y los bomberos sólo saben hacer una cosa: enfrentarse al fuego y rescatar a la gente en peligro, cueste lo que cueste; aunque el precio sea su propia vida.

¿Por qué es recomendable? Si hubo héroes el 11 de septiembre de 2001, esos fueron los bomberos y los policías de la ciudad de Nueva York. Sobre todo los bomberos, que tuvieron la responsabilidad de salvar a todas las personas que pudieran en el World Trade Centre. Ése día, mucha gente descubrió a unos hombres que hasta ahora habían ignorado o de los que se habían reído incluso, pensando que lo único que saben hacer es sujetar una manguera.

Ser bombero no es fácil. Tampoco puede serlo cualquiera. Ladder 49 lo deja meridianamente claro y es, probablemente, el mejor homenaje que el cine pueda hacer a un cuerpo, el de bomberos, al que tanto debemos y al que tantas veces olvidamos en nuestras oraciones diarias.

Afortunadamente, son pocas las veces en que se incendia un edificio de 20 plantas y pocas también en las que atrapa en un piso a una docena de. Pero por muy pocas que sean, se dan. Y cuando se dan, Dios te libre de ser una de esas personas atrapadas. O el bombero encargado de rescatarlas como sea. Jack Morrison, el protagonista de esta película, un bombero, sabe eso perfectamente. Y aun así, no dudará en entrar allí.

La historia de un bombero muchas veces no es tan espectacular como la de Morrison. Una película es una película y uno no va a ver una película de bomberos para pasarse dos horas viendo como juegan al parchís en el cuartelillo, bajan a un gato de un árbol y apagan con un extintor el incendio de una cocina. Uno espera ver grandes incendios, aparatosos desastres naturales y un despliegue inconcebible de bravura, sacrificio y heroísmo. En Ladder 49, uno encuentra todo eso y más. Pero no estaría bien que nos quedáramos únicamente en la superficie. Que sólo apreciáramos los efectos especiales que convierten a esta película en una de las más espectaculares jamás filmadas. Ladder 49 es también la historia de un bombero, pero no de uno sólo; sino de todos los bomberos de todos los tiempos y de todo el mundo. Y es también la historia de todos los bomberos que les seguirán cuando ellos ya no estén. Es una historia y un homenaje, y un modo de descubrir a la gente quiénes son y qué hacen y mostrar el valor que tienen para hacer lo que hacen.

En unos tiempos en los que el hedonismo y la autocomplacencia están entronizados en el corazón de los hombres, que todavía haya quien anteponga el amor por el prójimo y el espíritu de sacrificio no deja de despertar nuestra admiración. Uno no se hace bombero por lucir un bonito uniforme o por mero espíritu de aventura; para eso, ya hay otras profesiones más apropiadas. Uno se hace bombero porque siente que el servicio a su comunidad es lo más importante que le puede ofrecer a sus vecinos. Ser bombero no te eleva mucho en la escala social y hasta puedes encontrarte teniendo que soportar chistes tontos cuando alguien conoce cuál es tu profesión, pero eso no te importa porque estás por encima de esas menudencias. Ser bombero es otra cosa; es saber que cuando el chistoso está muerto de miedo, tú conservas la calma; que cuando siente que va a morir, tú estarás ahí para librarlo de todo mal; que cuando comprende que va a vivir un día más, es a ti a quien le debe su vida. Ser bombero es ser un héroe, ciertamente; pero es que los héroes muchas veces mueren dando su vida por los demás. Pero eso sólo son gajes del oficio, que dirán ellos.

BELLA (2006)

Bella

¿De qué trata? Nina es una camarera en Nueva York. Trabaja en un restaurante junto con José, el cocinero y hermano de Manny, el dueño. Un día, descubre que está embarazada, pero no ama al padre de su bebé y como que tampoco quiere ser madre soltera, empieza a darle vueltas a la posibilidad de abortar. Las molestias que experimenta por las mañanas le hacen faltar continuamente al trabajo y acaba siendo despedida. José la apoya y Nina se lo explica todo. José le sugiere dar en adopción su bebé. Nina le pregunta burlonamente si se lo quedaría él. José no responde, pero la lleva a su casa donde conoce a toda su familia y su madre le cuenta que Manny es adoptado. Por su parte, José le revela que hace cinco años atropelló a una niña pequeña y cumplió cuatro años de prisión, teniendo que vivir toda su vida con la culpa de haber acabado con una vida inocente. Aun así, Nina no cambia de parecer y acaba pidiendo a José que la acompañe a la clínica la semana que viene.

¿Por qué es recomendable? La batalla actual entre los partidarios y los contrarios a la legalidad del aborto no tendría nunca que haber estallado. Es una falsa controversia en la que, por lo que parece, no es de recibo el aplicar eso tan querido por los progres de “dialogar”. También es verdad que después de tanto tiempo viendo a los progres sufrir tanto por los “civiles” muertos en Gaza y tan poco por los muertos en Iraq, Siria o Israel, uno se cuestiona su voluntad de dialogar. Por mi parte, entiendo que un diálogo entre dos partes enfrentadas consiste en una discusión franca entre ellas con el fin de encontrar terreno en común sobre el cual construir una postura satisfactoria para ambos. Así, cuando se trata de una mujer (y un hombre, no lo olvidemos; él también debería tener algo que decir al respecto) que se enfrenta a un embarazo no deseado y está convencida de que no puede o no quiere hacerse cargo del bebé, uno cree que ese terreno común está más que cantado: la adopción.

Sin embargo, sorpresas te da la vida, los partidarios del aborto se niegan en redondo a contemplar esa opción. Más aún, la rechazan completamente. Para ellos, sólo cabe una opción y es la más extrema de todas: matar al bebé.

Y uno se asombra porque la adopción es una solución en la cual ambas partes estaríamos de acuerdo y solucionaría la cuestión, liberando a la angustiada madre biológica de un hijo no deseado, pero sin tener que matarlo, lo que incluso permitiría que algún día la madre biológica y el hijo que llevó en su seno pudieran recuperar su relación. Entonces, si es tan fácil y todos podríamos estar tan contentos, ¿por qué es una opción maldita para una de las partes?

Uno se hace ya pocas ilusiones con respecto al género humano y puestos a encontrar respuesta a una pregunta tan sorprendente, piensa que la cuestión de fondo que subyace en toda esta controversia no es ni el supuesto “derecho” de la madre a disponer de la vida de su hijo nonato ni, por descontado, la supuesta “preocupación” porque esa madre no tenga que hacerse cargo de las consecuencias de su promiscuidad sexual. Lo que hay de verdad detrás de todo es la sombría voluntad de acostumbrar a la sociedad a “decretar” la muerte de aquellos que, de alguna manera, considera que “sobran” en el mundo. Hacer que llegue el día en que la eugenesia sea unánimemente aceptada y los que nos manden gocen, entre sus prerrogativas, la del poder de vida y muerte sobre todos nosotros.

Hitler ya disfrutó de dicho poder y no se privó de usarlo. Gracias a Dios, fueron pocos años, pero aun así supuso la muerte de muchas personas. Lamentablemente, su éxito en este aspecto ha dejado a algunos con ganas de imitarle. Los bebés son la primera piedra en el camino que nos lleva al despeñadero como especie; luego vendrán los viejos, los discapacitados y los enfermos graves. O sea, todos aquellos que no produzcan, que no proporcionen su parte de ingresos al omnipotente Gran Gobierno que se nos avecina y aún cueste dinero mantenerlos. Para eso, mejor matarlos, que piensan algunos.

Bella es una película sobre esta opción, la de la adopción, que debería ser la primera en ofrecerse a las mujeres en situación difícil y que, por el contrario, resulta ser la última. Es una película sincera que habla con seriedad sobre esta cuestión y que a todos nos debería hacer reflexionar un poco antes de que nuestros nietos o bisnietos acaben llamándose simplemente Logan 4 o Jennifer 5.

EL PODER DEL PERDÓN (2010)

Titulada en inglés THE GRACE CARD

The_Grace_Card

¿De qué trata? Ser policía en Memphis (Tennessee) no es una bicoca. Mac McDonald lleva siéndolo desde hace mucho tiempo, pero la muerte en accidente de su hijo hace diecisiete años, le ha agriado el carácter, arruinando tanto su vida como su carrera. McDonald odia a todo el mundo, incluso a Dios, y tanto su esposa como su otro hijo sufren las consecuencias. Las cosas para él empeoran cuando sus jefes le asignan un nuevo compañero de patrulla, Sam Wright, un buen oficial de policía en quien hay puestas muchas esperanzas. Pero Wright es negro y eso ya es suficiente para McDonald para que no le guste. Encima, Wright es pastor en una pequeña congregación y siente que es ése el camino por el que le llama Dios y no por el de policía, pero las necesidades de su familia son lo primero y es su trabajo como policía lo que le permite sufragarlas. Los dos hombres unen pues sus fuerzas, pero ¿lograrán ambos el trabajar como verdaderos compañeros y en un trabajo como ése, donde muchas veces sus vidas estarán en peligro?

¿Por qué es recomendable? El ser humano nunca ha sido fácil de entender. Al menos, si no eres un progre, muchas veces limitado a la dicotomía “izquierda=bueno, derecha=malo”, ¡beee! Es más complejo que eso y por tanto, cuanto más libre se le deje y menos se interfiera en su voluntad, mejor para todos.

Mac McDonald, el policía blanco de The Grace Card, no es un hombre feliz. Su vida es amarga como el acíbar y cada día lo es un poco más. “Amargado” no es lo mismo que “antipático”. Uno puede tener mal carácter y ser poco dado a hacer amistades, pero eso no te convierte en un amargado, sino en un antipático. Para ser un amargado hay que tener algo que te corroa por dentro; una pena que no puedas consolar o una culpa de la que no puedas perdonarte; algo que por lo que creas que mereces ser castigado para siempre. Y McDonald la tiene: la muerte de su pequeño Tyler de 5 años.

Directamente, él no tuvo la culpa de que Tyler muriera. Ni siquiera indirectamente; él sólo le dijo que siguiera esforzándose en montar su bicicleta nueva. Tyler murió por culpa de otra persona que, a su vez, tampoco pretendía que eso pasara. Fue un cúmulo de circunstancias casuales las que provocaron que Tyler perdiera la vida. Pero su padre ve las cosas con la perspectiva del tiempo y sabiendo lo que sucedió cuando ninguno de nosotros puede predecir con exactitud lo que va a pasar a cada decisión que tomemos. Podemos preverlo, pero sólo hasta cierto punto y aun así, con muchas posibilidades de equivocarnos

La amargura es peor que la pena. La pena va pasando y llega un día en que desaparece; la amargura, por el contrario, nunca pasa y cada día es más fuerte. Y es tan venenosa que quien la sufre no puede soportarla en silencio y comunica su sufrimiento al exterior; amargamente, por supuesto. Como McDonald, quien no sólo ha destrozado su propia vida, sino que también está destrozando las de su esposa, Sara, y la de su otro hijo, Blake.

Y, sin embargo, Dios no deja de amar a McDonald. Y aunque éste le reprocha constantemente que permitiera que su hijo muriese, Dios no se siente ofendido por ello. Tanto que le quiere que hasta le manda a su nuevo compañero, Sam Wright, para que sea a través de él que pueda sanar de su amargura. Por descontado, la cura no es fácil. Nunca lo es. Cuando el hombre es complejo, sus males y sus curas lo son también.

Es fácil amar a los que te aman; eso no tiene mérito. Lo verdaderamente difícil es amar a los que no te quieren, a los que te rechazan. Y amarlos a pesar de ellos. Un día, McDonald se encuentra en la iglesia con el asesino de su hijo Tyler. Y no es una casualidad. No les destriparé la película porque a mí tampoco me gusta cuando me lo hacen, pero sepan que esa escena sucede. ¿Cómo reaccionará McDonald? ¿Cómo reaccionaríamos nosotros? Aquí está la clave de toda la película: en el consuelo que ofrece Dios a todas sus criaturas. La verdad nos hace libres, pero es el perdón lo que nos hace fuertes.

Quizás sea demasiado pedir que perdonemos a quien nos ha arrebatado a nuestro hijo querido, pero Dios pasó por lo mismo y nos perdonó. McDonald desprecia a Dios por su pérdida y ve imposible volver a ser quien fue. Dios, en cambio, no desprecia en absoluto a McDonald y quiere que vuelva a ser esa persona y cree que ya es tiempo de ello. “Nunca desprecies el poder del amor de Dios”, dice un personaje en la película. Y es cierto porque lo harás a tu costa.

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Nos queda solamente una entrada más para terminar esta serie. Pero ahora que estoy releyendo lo que he escrito, sobre todo la presentación, me doy cuenta de que me he quedado con ganas de contarles más cosas sobre Sherwood Pictures, así que voy a preparar una entrada en exclusiva sobre esta sensacional parroquia y relatarles el inmenso bien que están haciendo con su apuesta por llegar a los corazones y las mentes de sus compatriotas a través del cine. Prometido queda. ¡Palabra de Palin!

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