LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (II)

Cine de BobImagino que ya habrán tenido tiempo de ver las diez películas de nuestra primera entrega dedicada a las mejores películas conservadoras de la historia del cine. En consecuencia, deberían de estar ustedes ansiosos por tener otras diez, je, je, je. Como que no he recibido ninguna protesta por mi selección, entiendo que están todos de acuerdo conmigo a la hora de aceptar esas diez primeras películas como “películas conservadoras”. Menos mal; eso me tranquiliza. Y es que mientras preparaba esa primera entrega, consulté otras listas similares que pueden encontrarse fácilmente navegando por Internet y me sorprendió comprobar lo poco que coincidían unas con otras. ¿Diferencias de criterio? ¿Demasiadas películas que considerar? ¿Simples ganas de llevar la contraria? No lo sé, pero ese fue el motivo de que tuviera que empezar definiendo qué es para mí una película conservadora, ya que no parece haber unanimidad al respecto por ahí.

Dicho esto, y como quiera que ya sé que lo que ustedes desean es conocer los títulos de esta segunda entrega y no oírme teorizar largo y tendido sobre el conservadurismo en el mundo del cine, me callo y paso directamente a darles esos títulos. Sin embargo, una pequeña observación: como quiera que estamos hablando de películas ya estrenadas, un último criterio que he seguido para decidir la inclusión de una película en esta videoteca es que tenga una versión en español (y me da lo mismo si es español de España o español de Hispanoamérica). Eso impide que recoja algunas películas muy recientes que o bien no tienen todavía una versión en español en DVD, o bien ni siquiera han sido publicadas en DVD, ni en español ni en inglés. Es una lástima porque me obliga a descartar tres o cuatro películas de lo más interesantes, pero se me ha ocurrido que tampoco es un grave impedimento. Sencillamente, cuando termine con las tres entregas de esta serie, redactaré una cuarta con esos descartes y otras curiosidades a modo de cajón de sastre para que estén alerta y puedan hacerse con la película que sea tan pronto como la vean publicada en DVD. Fácil, ¿no?

¡Última hora! ¡Eric Cantor a la calle! ¡Gran noticia! ¡El Tea Party está más vivo que nunca! Les informaré largo y tendido en una próxima entrada.

Comenzamos de nuevo pues. Al igual que el otro día, se enciende el proyector, la pantalla se ilumina y ruge el león de la Metro, sale el pico de Paramount, la estatua de Columbia o suena la fanfarria de la Fox. Y la primera película es…

LA LEY DEL SILENCIO (1954)

Titulada en inglés ON THE WATERFRONT y en Argentina, México y Venezuela NIDO DE RATAS

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¿De qué trata? Terry Malloy podría haber sido un buen boxeador si no hubiera sido por su hermano Charley, la mano derecha de un mafioso, que le obligó a dejarse ganar en un combate decisivo, arruinando así su prometedora carrera. Años más tarde, Malloy no es más que un estibador más en los muelles de Nueva York, controlados precisamente por ese mismo mafioso, que hace cola cada día a la espera de que le contraten. Allí, la ley que impera es la del silencio: ver, oír y callar. Sin embargo, algunos no se resignan como Edie, la hermana de otro estibador, o el Padre Barry, un sacerdote empeñado en devolver su dignidad a los hombres de los muelles. Involuntariamente, Malloy acaba colaborando en el asesinato del hermano de Edie y es entonces cuando todo estalla para él y tiene que decidir si va a seguir siendo una pieza más en ese siniestro engranaje o tomar partido por la justicia con todas las consecuencias.

¿Por qué es recomendable? Los años del senador Joseph McCarthy y su “caza de brujas” fueron unos años difíciles en Estados Unidos. Al final, el propio sistema se deshizo de él, consciente de que había perdido el control, pero eso no obsta para que los resultados de su investigación sobre el grado de infiltración comunista en el gobierno estadounidense fueran escalofriantes puesto que demostró que estaban por todas partes. Claro que después de cuatro mandatos seguidos del presidente Roosevelt y el corolario del presidente Truman, qué podía esperarse. Lo terrible no fue que McCarthy levantara la tapa de la gusanera; lo terrible fue que el entonces presidente Eisenhower no lo hubiera hecho todavía.

A Hollywood también le tocó rendir cuentas y, como era de esperar, allí había más comunistas que en todo Moscú (donde quizás no hubiera ni uno; que allí conocían el percal). Por eso, cuando el cineasta Elia Kazan accedió a colaborar con McCarthy, sus colegas liberales del mundo del cine lo marcaron como traidor. Pero Kazan no era un pusilánime y su respuesta fue La ley del silencio, una película que, por más que les pese a toda esa patulea, nunca podrán evitar que se vea una y otra vez.

Cuando íbamos al colegio, nos dijeron que ser chivatos estaba muy mal. Algunos nos lo tomamos tan a pecho que ni siquiera cuando vimos cómo el golfo de la clase le robaba las preguntas del examen del día siguiente al profesor de Ciencias Naturales, un bendito que no se enteraba de nada que no fueran sus amadas flores, dijimos ni pío. ¿El resultado? El golfo sacó un sobresaliente y ni siquiera el eterno despistado ese del profesor podía creérselo. Pero yo sabía la verdad y tuve que callarme mientras el muy cabrito se pavoneaba delante de todos. Los progres llaman a eso “solidaridad de clase” creo; nunca mejor dicho lo de clase, por cierto.

A Malloy también le debieron decir de pequeño que chivarse no estaba bien. El resultado práctico de ello fue que habiendo podido ser un buen boxeador, no era más que un desgraciado. Sabía muchas cosas, ninguna de ellas aceptables para un hombre de bien, pero tenía que callárselas. Sólo así se libraba de una paliza. O de un tiro incluso. Pero eso no evitaba que se siguiera sintiéndose mal y supiera que era su conciencia. A nadie le gusta tener la conciencia inquieta. Al menos, los que todavía tenemos una. Cuando eso pasa, te dices que las cosas son así y que siempre lo han sido y con eso crees que te vas a sentir mejor. Pero no te alivia. Y le sigues dando vueltas en la cabeza.

Lo malo de “chivarse” es que con esa palabra sólo se hace referencia a las personas honradas que denuncian a los criminales. Cuando un comunista denuncia a otro por “desviacionismo”, por ejemplo, eso no es chivarse, sino cumplir con su deber de comunista. Y si en cambio lo denuncia a la policía para que lo detengan y aprovechar la ocasión, eso tampoco es chivarse, sino ser un genio político. Nuestro difunto Santiago Carrillo sabía mucho de ambas cosas. Y miren, llegó a viejo.

Sin embargo, hay veces en que por más que te repitan que te calles, no te callas. Y cuando hablas, el huracán que se levanta amenaza con llevárselo todo por delante. Malloy así lo hizo y no sólo él recuperó su dignidad, sino también sus compañeros estibadores. Con razón dijo San Pablo que la verdad nos hará libres; callar ante la injusticia no te libra de sufrirla en tus carnes y encima te hace cómplice.

HISTORIA DE UN VERANO (1993)

Titulada en inglés THE SANDLOT y en Hispanoamérica NUESTRA PANDILLA (y en Argentina, ¡CUIDADO! HÉRCULES VIGILA o PROHIBIDO PASAR, HÉRCULES VIGILA)

Sandlot

¿De qué trata? Ser el nuevo del vecindario nunca es fácil y Scotty Smalls lo sabe bien. Tiene 12 años y en su nuevo barrio, el deporte favorito de los demás niños es el beisbol, que a él se le da tan mal que cuando participa en su primer partido hace el ridículo. Sin embargo, su madre le anima a intentarlo de nuevo y gracias a la ayuda de su padrastro y el apoyo de Benny, el líder del equipo, Scotty logra ser admitido finalmente. Allí conoce a quienes van a ser durante todo ese verano (y muchos más por venir) sus mejores amigos. Desde entonces, Scotty ya no es “el chico nuevo”, sino uno más de la pandilla y ahora toca hacer lo que hacen todos los niños en verano: jugar, reír, contar historias, ganar partidos y sobre todo enfrentarse a “La Bestia”, el terrible monstruo del barrio devorador de niños, ladrones y pelotas de beisbol.

¿Por qué es recomendable? Tener doce años es lo mejor que le puede suceder a alguien. Es una edad perfecta; ni demasiado joven como para no poder hacer cosas por tu cuenta ni demasiado mayor como para no poder hacer cosas de niños. ¿Y qué puede ser más divertido que jugar en verano con tu pandilla? Cierto, también hay momentos inquietantes como cuando te empieza a asaltar la duda de que las niñas tal vez no sean una peste, pero afortunadamente ese pensamiento pasa pronto y de momento sólo te importan tu gorra, tu pelota y tu bici.

Scotty vive sus doce años en 1962, una buena época en los Estados Unidos. Aún duraban los años 50, los de la exportación por todo el mundo del American way of life. Los 60 de verdad con su pesadilla de la contracultura y los hippies aún no habían llegado. Es cierto que a Scotty le tocará vivir su juventud en plena pesadilla, pero también lo es que no todos los jóvenes estadounidenses enloquecieron y que hubo muchos más de los que nos pretenden hacer creer que conservaron la cabeza sobre los hombros a la espera de que llegaran los 80 y despertaran todos por fin, salvo los más intoxicados.

Dicen que la juventud es el futuro. Eso no es exacto; lo es la niñez. Cuando llegas a los catorce años, eres lo que ha sido tu infancia. Una infancia feliz en la que tus padres te hayan imbuido de los valores correctos, como es su obligación, asegura una juventud con algo a lo que aferrarse cuando las tentaciones te asaltan. Pero, ¿qué es una infancia feliz? ¿Una infancia con todo lo que el dinero puede comprar, por ejemplo? ¿Con las mejores zapatillas deportivas, la ropa más de moda y ninguna responsabilidad? Al contrario, eso no es una infancia feliz, sino infernal; la receta perfecta para convertir a un niño prometedor en un joven descarriado primero y en un adulto fracasado después.

La felicidad no es de este mundo, eso ya lo sabemos. Aquí tendremos atisbos de lo que esa felicidad puede llegar a ser en su momento, pero nunca serán muchos ni muy duraderos. Un niño debe vivir su infancia gozando del amor de sus padres, teniendo sus necesidades vitales cubiertas y conociendo el valor de conceptos tales como la honradez, la sinceridad y la buena voluntad hacia los demás. Un niño feliz no es aquel que se ve libre de esfuerzos; de lo que debe verse libre es de privaciones, pero no de sacrificios. Aunque sean sacrificios que, para nosotros, adultos, pueden resultar tan poco “sacrificados” como rogarle a su padrastro que le enseñe a jugar al béisbol y no coger una pelota ni por casualidad. Es cierto que Scotty se siente frustrado por su incapacidad, pero también lo es que cuando finalmente logra coger una, su éxito le llena de satisfacción precisamente por lo mucho que le ha costado. Y entonces seguro que se sintió feliz.

Los veranos de los niños deberían estar llenos de juegos, risas y osadas aventuras en el solar del barrio. Ya no lo están, lamentablemente; demasiados juegos electrónicos, pocas ganas de correr tras una pelota y mucho aislamiento en forma de redes sociales. Yo mismo creo que fui de los últimos niños que dispuso de un solar para quedar con sus amigos. Ahora hay un edificio en él y cuando paso por delante, no puedo dejar de recordar esos tiempos. Y recordando al niño que fui, me acuerdo de mis padres también y me esfuerzo en ser el adulto del que ellos estarían orgullosos. Como Scotty llegará a serlo también.

AIR FORCE ONE (1997)

Titulada en Hispanoamérica AVIÓN PRESIDENCIAL

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¿De qué trata? ¿Un nuevo orden mundial? Cuando tropas de Estados Unidos y Rusia actúan conjuntamente contra el dictador de Kazajistán Ivan Radek, culpable del asesinato de cientos de miles de sus conciudadanos, y lo capturan todo parece augurar una nueva época. Sin embargo, tras la celebración en Moscú del éxito, el avión presidencial, el Air Force One, es secuestrado por partidarios del depuesto dictador. Si los Estados Unidos no quieren ver muertos al presidente James Marshall y su familia, sólo tienen un camino: forzar la liberación de Radek. Pero Marshall no es un presidente cualquiera; veterano de guerra y héroe nacional, sabe bien cuál es su obligación y antes que aceptar huir del avión y ponerse a salvo a costa de todos los demás, decide quedarse, animar a su vicepresidenta a no ceder al chantaje y luchar contra los terroristas de la única manera que se puede luchar contra ellos: con un arma en las manos y apuntando a la cabeza.

¿Por qué es recomendable? No corren buenos tiempos para el patriotismo. La que fuera la “generación más grande” de la historia de los Estados Unidos, la que combatió en la II Guerra Mundial, ya es casi un recuerdo del pasado (otra cosa es si ésa fue realmente la “generación más grande”, ya que algunos opinamos que la que combatió en la Guerra de la Independencia goza de más derechos a ese título) y aunque sus descendientes siguen siendo en su mayor parte unos estadounidenses cabales, la decadencia moral empieza a notarse en sus representantes políticos; sobre todo en los más encumbrados, como el presidente.

Obama jamás debería haber llegado a la Casa Blanca. Es indigno del cargo y ha dado ya tantos motivos para ser destituido de su cargo que algún día los historiadores del futuro hablarán de unos Estados Unidos corrompidos hasta la médula. La consecuencia de ello es que ver Air Force One ahora deja en el espectador una sensación similar a la que experimentamos cuando vemos una película sobre la II Guerra Mundial: “¡Caramba, qué peli más vieja!”. ¿Vieja? ¡Pero si sólo tiene 15 años! Y, sin embargo, resulta absolutamente irreal vista con los ojos de hoy en día.

Ya no es sólo que James Marshall, el presidente de los Estados Unidos en la película, sea un veterano de guerra, sino que además es un hombre honrado, muy consciente del cargo que ocupa y de las obligaciones que ese cargo le impone. Entre otras, las de pensar en su país antes que en sí mismo. Marshall debía de ser un niño cuando John F. Kennedy tomó posesión de la presidencia y seguro que le vio y oyó en la televisión cuando pronunció aquellas palabras de “no te preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregúntate qué puedes hacer tú por tu país” y se las tomó al pie de la letra. Y es que Kennedy podía ser muchas cosas, pero era un patriota y como miembro él mismo de esa “generación más grande”, seguro que antes hubiera preferido morir que ver a su país derrotado.

Así, cuando Marshall se ve sometido a chantaje por un grupo de terroristas que se han introducido en su avión gracias a la ayuda de un traidor, Marshall no lo duda: los Estados Unidos no pueden ser coaccionados. Y si el precio a pagar es tener que jugársela, pues nos la jugamos. En consecuencia, nada de huir. Y mucho menos de diálogo, buena voluntad, llamar a la ONU, decir que me avergüenzo de ser estadounidense, pedir perdón por serlo y demás mamarrachadas tan del gusto de la actual administración. En su lugar, una pistola y date la vuelta para que pueda dispararte en los huevos, so desgraciado.

Hay una vez en la vida de todo hombre en que tiene que decidir si es un hombre o un ratón. A Marshall le llega en el momento más inesperado, cuando se creía el hombre más protegido del mundo, el que menos probabilidades tenía de verse amenazado. Y, sin embargo, se encontró con él, lo asumió y reaccionó de la única manera que podía hacerlo, con honor, pensando: “Soy estadounidense, soy un hombre libre. Mis padres y mis abuelos lo fueron y mis hijos y mis nietos también lo serán. ¿Y tú quieres arrebatarme esa libertad por la que mis antepasados dieron su vida? ¡Jamás!”. Pero es que la libertad cuesta; no es gratis, tal y como nos recordó Ronald Reagan. Y tal y como Marshall seguro que recordó también cuando tomó su decisión de hacer honor a su juramento, justo antes de disparar el primer tiro.

EL MILAGRO (2004)

Titulada en inglés MIRACLE

Miracle

¿De qué trata? En 1980, los Juegos Olímpicos de Invierno se celebraron en Estados Unidos, en la localidad neoyorquina de Lake Placid. En aquellos años, la Unión Soviética era todavía el mayor rival del mundo libre y sus equipos deportivos disfrutaban demostrando la superioridad del sistema socialista aplastando a sus rivales. Especialmente avasallador era el equipo soviético de hockey sobre hielo, tal vez el más potente jamás reunido en la historia de este deporte. Todos lo temían y todos daban por hecho que ellos serían los ganadores de la medalla de oro. ¿Todos? No todos. Para Herb Brooks, recién nombrado entrenador del equipo estadounidense, eso no tenía por qué ser así y no lo sería mientras él pudiera evitarlo. Tomando en sus manos lo que en principio no era más que un puñado de jugadores engreídos y bravucones, Brooks los convirtió primero en un equipo para luego hacer realidad lo que verdaderamente sólo puede considerarse como un “milagro sobre hielo”: vencer a la URSS.

¿Por qué es recomendable? Dicen que los milagros no existen. Pero eso lo dicen los que no creerían en uno aunque lo vieran. Por definición, un milagro es algo inexplicable y los que se empeñan en buscar y rebuscar cualquier explicación con tal de convertir el vino en agua, no son precisamente los más indicados para dar lecciones sobre la materia.

Un milagro puede ser Lázaro resucitando de entre los muertos (los aguafiestas dirán que sólo estaba durmiendo fuerte y que alguien en su familia tenía demasiadas ganas de heredar), pero también puede ser un encuentro imprevisto con quien, tiempo más tarde, acaba convirtiéndose en tu cónyuge. No es necesario que desafíe las leyes de la Física o que los médicos no puedan entender qué ha sucedido; basta con que Dios haya tomado parte decisivamente en ello. Y eso muchas veces lo puede hacer sin estruendo, sigilosamente, simplemente poniendo a la persona adecuada en el lugar oportuno y dejando que la naturaleza siga su curso.

Milagro fue que Herb Brooks fuera nombrado seleccionador nacional de hockey sobre hielo justo antes de los Juegos Olímpicos de Invierno de 1980; milagro fue que tuviera claro qué tenía que hacer si quería tener opciones de ganar la medalla de oro y milagro fue que los mandamases de la federación le respaldaran en los malos momentos que surgieron cuando lo más fácil hubiera sido echarlo y poner a otro seleccionador más complaciente. Que la suma de todos esos pequeños milagros diera como resultado el milagro mucho mayor de vencer a la URSS en semifinales y ganar luego la medalla de oro es casi lógico.

Otra cosa que se dice también es que Dios ayuda a los que se ayudan a sí mismos. Eso quiere decir que uno tiene todo el derecho del mundo a esperar un milagro en su vida, pero también que Dios tiene todo el derecho del mundo a no hacerlo. Los milagros no se pueden forzar y quedarse sentado a la espera de uno es una receta segura para el fracaso. En 1980, todos sabían que haría falta un milagro para vencer a la URSS en un partido de hockey sobre hielo, y Brooks el primero, pero eso no era excusa para limitarse a saltar a la pista y confiar en que Dios metería todos los puntos por el equipo estadounidense y pararía todos los tiros del equipo soviético. Se necesitaba un milagro, sí; pero también se necesitaba crear las circunstancias adecuadas para que se produjera.

Como el genio, un milagro consiste en un 1 % de inspiración y un 99 % de trabajo duro. Brooks hizo que sus muchachos pusieran el 99 % necesario para la fórmula; confiado en que Dios pondría el 1 % restante. Para ello, Brooks reunió primero un equipo, luego peleó por convertirlo en un equipo y finalmente les convenció de que ellos eran el equipo. Pero le costó mucho conseguirlo y hubo ocasiones en que todos pensaron si no sería mejor desistir. Otro pequeño milagro más pudo darse cuando a pesar de todo, se negaron a rendirse. Por supuesto, nadie puede saber lo que habría sucedido si alguna de esas cosas que se hicieron no se hubieran hecho. Y nadie lo sabrá nunca, salvo Dios. Pero quizás algún día, cuando Brooks y los miembros de ese equipo irrepetible vayan a jugar a hockey sobre hielo a la Casa del Padre, Él se lo cuente. Y entonces todos se sorprenderán primero, se reirán después y al final lo verán tan claro que sabrán que no podía ser de otra manera.

Igual que los trucos de magia cuando te los cuentan.

LOS INCREÍBLES (2004)

Titulada en inglés THE INCREDIBLES

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¿De qué trata? ¡Asómbrense! ¡Los superhéroes tienen que ocultarse de la gente normal porque estos ya no los quieren! Esta locura empezó cuando Mr. Increíble impidió a un suicida que se matara. El muy desagradecido lo demandó por las lesiones que le produjo involuntariamente al rescatarlo y eso desató una oleada de demandas judiciales por parte de otros ciudadanos, lo que obligó al gobierno a prohibirles usar sus poderes. Sin embargo, algunos no se resignan como Mr. Increíble, que a pesar de su nueva identidad, sigue ejerciendo clandestinamente como superhéroe junto con su viejo colega Frozono, procurando siempre que su esposa, Elastigirl, y sus hijos Violet, Dash y Jack-Jack, no se enteren. Pero que no existan los superhéroes no implica que no exista el Mal y cuando el malvado Síndrome amenaza con apoderarse del mundo, se acabaron las  tonterías: los superhéroes hacen falta y Mr. Increíble y su familia no dudan en acudir a la llamada como en los viejos tiempos.

¿Por qué es recomendable? A todos nos gustaría ser los más altos, los más guapos y los más inteligentes. Pero no puede ser; siempre hay quien es más alto, más guapo y más inteligente. A veces, incluso las tres cosas a la vez. Y eso, reconozcámoslo, da mucha rabia. Entonces uno reacciona pensando que la vida es injusta y que todo tendría que estar equitativamente repartido. O sea, que si no puedes ser el que más, que todos sean igual de menos que tú. ¿Y eso es justicia? Según los resentidos, sí; “distributiva” que la llaman.

Un superhéroe es alguien que destaca del resto. Tiene algún poder que los demás no tenemos y lo aprovecha. Cuando lo utiliza para el bien es un superhéroe; cuando lo utiliza para el mal es un supervillano. Y si no tiene más poder que su infinita voluntad de joder al prójimo, entonces es un progre.

Un mundo poblado por multitud de superhéroes debería ser una bendición, pero a Mr. Increíble le cayó la gorda el día en que decidió evitar el suicidio de un desesperado. Ciertamente lo evitó, pero a costa de abrir la caja de los truenos; había gente que odiaba que los ayudaran y vieron entonces la ocasión propicia para culpar de sus desgracias a los superhéroes, aunque no tuvieran la menor culpa. El resultado fue el sueño húmedo de todo progre: la igualación de la sociedad a machetazo limpio. ¡Zas-zas! Todos al mismo nivel a partir de ahora. Ni superhéroes ni supervillanos; superjorobados por imperativo legal.

Un villano se rebelaría contra esa situación; es lo que hizo Síndrome. Un superhéroe agacharía la cabeza y trataría de amoldarse a la situación, ya que si eso es lo que quiere la sociedad a la que defiende, ¿quién es él para contradecirles? Mr. Increíble y su esposa, Elastigirl, así lo hicieron. Guardaron sus trajes, olvidaron sus poderes y forzaron a sus hijos a olvidarlos también. Era una situación imposible; no por pretender que no tienes ningún talento, dejas de tenerlo. Al contrario, es peor porque la persona que reprime sus capacidades se siente cada día más frustrado y acaba necesitando una vía de escape. Y como que la sociedad no se la consiente, tendrá que ser ajena a ella; ilegal pues. ¿Quizás el crimen?

Los niños no nacen iguales; los hay que nacen con un talento especial y los hay que no. Que la igualdad ante la ley sea un objetivo muy deseable no quiere decir que la igualdad en todas las circunstancias lo sea también. “Igualdad” es una de esas palabras divinizadas por nuestra sociedad y que con su mera mención justifica cualquier barbaridad. Igual que “progreso”, que con tanto progresar a nadie se le ha ocurrido preguntarse hacia donde progresamos. ¿Y si es hacia un precipicio? Una cosa es que la ley trate a todos por igual, pero otra muy distinta es que el inteligente tenga que disimular su inteligencia sólo porque el tonto se siente incómodo; o el rápido, o el fuerte o el habilidoso. Todos tenemos virtudes en nuestro interior que explotar; son un don de Dios, Él nos las ha dado y lo injusto es rechazarlas. Una inteligencia prodigiosa puede acabar descubriendo una cura contra una enfermedad que salve a muchas personas que, a buen seguro, no tendrán empacho en reconocer que ellos nunca podrían haberlo hecho y que tanto les da con tal de que esa otra persona sí que haya podido.

Pretender que todos somos especiales es lo mismo que reconocer que ninguno lo es. Un triste consuelo para los que sí son especiales y una mentira perjudicial para quienes no lo son.

ENTRENADOR CARTER (2005)

Titulada en inglés COACH CARTER

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¿De qué trata? Ken Carter fue uno de los mejores jugadores del equipo de baloncesto de su instituto, los Oilers de Richmond (Virginia). Cuando años más tarde regresa allí, pero ahora en la condición de entrenador del equipo, se encuentra con un equipo plagado de niñatos malcriados a los que sólo les preocupa el baloncesto, pero no sus estudios. Consciente de que el resultado práctico de esa desidia será que la mayoría de ellos acaben delinquiendo en el futuro, Carter se pone firme y deja claro que quien no obtenga una nota media de 6 en sus estudios, no jugará. Es una postura que nadie entiende o no quieren entender, pero Carter no habla de boquilla y la mantiene aunque eso le lleve a no jugar más partidos. Entonces todo estalla y Carter se ve forzado a dimitir ante la desautorización de la dirección del colegio. Pero ¿y sus jugadores? ¿Qué opinan ellos? ¿Están ellos también de acuerdo en que se vaya o finalmente habrán aprendido algo de lo que Carter quería inculcarles?

¿Por qué es recomendable? Viendo películas estadounidenses sobre jóvenes, uno puede acabar pensando que van al instituto sólo para jugar a algún deporte; baloncesto, por ejemplo. Que en los institutos no se estudia o que si eres la estrella del equipo, te aprueban todas las asignaturas por la cara. Nada más lejos de la realidad. En los institutos se estudia. Y mucho. Y también se practican deportes. Pero un instituto es un centro docente y eso es prioritario. Lo que pasa es que una película es una película y si ésta trata sobre un equipo estudiantil de baloncesto, pues hay que centrarse en sus partidos (por ejemplo, Hossiers) y lo de los estudios se da por supuesto.

Sin embargo, a veces aparece alguna película que no está tan dispuesta a dar nada por sentado y no se salta esa parte. Como “Coach Carter”, por ejemplo. En ella, se cuenta la historia de un equipo de baloncesto estudiantil y su relación con su entrenador, pero también con el resto del claustro de profesores y lo problemático que puede ser el combinar estudios y buen rendimiento académico con deporte y buenos resultados deportivos.

Ken Carter es el entrenador. Y los Oilers de Richmond su equipo. Carter es nuevo en el instituto como profesor, pero no es nuevo realmente, puesto que se graduó allí. Ahora le toca ser él quien imparta la enseñanza y Carter resulta tener las ideas magníficamente claras: al instituto se viene a labrarse un futuro en primer lugar; y luego, a jugar al baloncesto. Y así, convencido de estar en lo cierto, impone a sus jugadores la obligación de sacar buenas notas como condición sine qua non para jugar en su equipo.

Todos hemos conocido a un compañero de escuela que era bueno en algún deporte, tanto que estábamos convencidos de que llegaría a profesional de ese deporte. Yo lo conocí; en baloncesto. Pero lo que muchos no podemos imaginarnos es que ese tan bueno en nuestro colegio, a escala provincial es solamente medio bueno; a escala regional, mediocre; y a escala nacional, no vale ni para fregar la cancha. A mi estrella colegial le sucedió lo mismo. Quiso ser profesional, pero no logró más que jugar un par de años en un equipo de tercera división y luego, lo echaron porque los tenían más buenos que él. Suerte que su padre era notario…

Carter sabe eso y sabe que de sus estrellas de ahora, posiblemente ninguno llegue a la NBA. Y cuando eso suceda, ¿qué? Si lo han apostado todo a un futuro como jugadores profesionales y ese futuro se frustra, ¿de qué van a vivir luego? Sin haberse graduado, la mayoría de ellos acabará en un empleo de mala muerte o directamente ejerciendo la delincuencia. Pero si además de jugar al baloncesto, se gradúan, podrán ir a la Universidad, obtener una licenciatura y, si no llegan a la NBA, al menos tendrán una oportunidad como médicos, abogados, ingenieros, etc. Sus vidas no habrán sido un fracaso y podrán recordar con alegría esos tiempos en que cada mate suyo en la cancha del instituto era ovacionado por los espectadores en lugar de recordarlos con amargura y deseando romperle la cara al primer desgraciado que tenga la mala suerte de cruzarse con él.

La vida da muchas vueltas y aquel que en el colegio era el rey, igual de adulto ya no es más que un pesado que no para de contar siempre la misma historia lacrimosa. Hay que prevenir eso. Y recordar una cosa: nadie se arrepiente nunca de haber estudiado; pero sí de no haberlo hecho cuando se tuvo la oportunidad.

AMAZING GRACE (2006)

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¿De qué trata? El británico William Wilberforce (1759-1833) vivió su vida en una época apasionante, la que va de finales del siglo XVIII a comienzos del siglo XIX. En su vejez, nada sería igual a lo que fue en su juventud. Y ello se debió, en gran parte, a su propio esfuerzo. Abanderado de la lucha por la abolición de la esclavitud, Wilberforce fue el más denodado luchador por lograr que su país, Gran Bretaña, fuera el primero en terminar con esa lacra, convencido como lo estaba que si lo lograban, el resto del mundo les secundaría. No fue fácil y más que lograr la abolición directamente, Wilberforce tuvo que optar por una política de pequeños pasos que le llevaran a su objetivo final. Porque si bien es cierto que Europa y América son culpables de haber hecho un gran negocio de la esclavitud, también son responsables de haber acabado con ella; Gran Bretaña primero prohibiendo el comercio de esclavos y los Estados Unidos después, llegando incluso a una guerra por ello.

¿Por qué es recomendable? Si tuviéramos que creer a los progres, todos los males del mundo son causa de los conservadores mientras que las pocas bendiciones con las que contamos son obra suya. Entre esos males, un lugar prominente lo ocupan desde siempre el racismo y la esclavitud. En Estados Unidos, acusar a alguien de racista es la manera más rápida de desacreditarlo. Que luego no sea verdad, eso no importa; lo importante es callarlo y convertirlo en un apestado antes de que gane el debate. ¿Y es que qué se puede pensar de unos tipos que niegan a Sarah Palin su condición de mujer sólo porque no comparte la ideología al respecto predominante, o que niegan a Tim Scott su condición de negro y a Ted Cruz su condición de hispano por la misma razón?

Por eso, cuando uno se pone a buscar en la Historia (la de verdad, no la manipulada) se encuentra con joyas como que el Partido Demócrata era el partido de los esclavistas sureños y que el Partido Republicano se fundó precisamente para acabar con otro partido, el Whig, que era incapaz de declararse abiertamente abolicionista. Además, sería el Partido Demócrata, una vez terminada la Guerra de Secesión, el que haría suya la causa de los derrotados e implantaría y defendería la segregación racial y las leyes Jim Crow. ¡Toma castaña! ¿Pero no habíamos quedado en que los progres son bueeenos y los conservadores son maaalos?

Pero si seguimos buscando, las joyas son ya del tamaño de pelotas de béisbol. Los primeros en alzar su voz contra la esclavitud y el tráfico de esclavos fueron los que hoy serían calificados como “derecha religiosa”; o sea, los creyentes. Fueron ellos los que empezaron a hacer campaña a favor de la abolición de la esclavitud en los Estados Unidos, los que crearon la red del Ferrocarril Subterráneo y los que, pura y llanamente, se jugaban la vida por sacar a cuantos más negros mejor de los estados del Sur y llevarlos al Norte, tan lejos incluso como a Canadá.

Y aún antes todavía, fueron los conservadores de Gran Bretaña los que empujaron a este país a que fuera el primero en declarar prohibido el tráfico de esclavos, un paso decisivo en el camino de la futura prohibición de la esclavitud. De los principales adalides de esta gesta, William Wilberforce es el que más crédito merece. Y cuando uno ve esta película y descubre que Wilberforce no era progre, ni de izquierdas y ni siquiera simpatizaba con esos revolucionarios franceses que pronto iban a guillotinar a medio país en nombre de una libertad que sólo les servía como excusa para matar y robar, pues no puede por menos que quedarse muy pensativo. Tanto que si no está definitivamente perdido para la causa de la verdad, igual le da por leer ciertos libros que todas sus amistades le dirían que no debe leer.

Algunos reaccionan entonces y se libran de esa miseria intelectual y recuperan la virtud de pensar por sí mismos. Otros, por el contrario, se demuestran inmunes y se limitan a dejar aparte el libro y no volverlo a abrir nunca más. Como mucho, harán una referencia jocosa estando con sus amigos en el sentido de que han estado hojeando “un libro facha” y que se han reído mucho, pero cuando se queden solos sabrán que no es risa lo que les dio en realidad ese libro, sino miedo. Miedo a la verdad, miedo a no tener razón, miedo a que la razón la tengan los otros. Y sólo por eso, películas como esta merecen ser estrenadas cada semana de nuestras vidas.

A PRUEBA DE FUEGO (2008)

Titulada en inglés FIREPROOF

Fireproof

¿De qué trata? Catherine y Caleb Holt llevan ya años casados, pero su matrimonio no funciona bien. Ambos tienen opiniones divergentes sobre cómo debería ser su vida en común y llega un momento en que esas diferencias les parecen tan insalvables que solo pueden pensar en divorciarse. No es una decisión agradable para ninguno de los dos, ya que plantearla siquiera viene a ser lo mismo que confesar que todos esos años juntos no han servido para nada. Sin embargo, a veces hace falta el temor de perderlo todo para salvar algo y Caleb, medio convencido por su padre, accede a probar el Love Dare, un recurso cristiano que busca ayudar a quienes lo siguen a superar los malos momentos en el matrimonio. A desgana al principio, poco a poco Caleb encuentra el sentido a sus esfuerzos y comprende que si quiere a Catherine, debe cambiar su comportamiento con ella, pero también que ella debe tener pruebas de esa voluntad suya de cambiar porque solamente así, de común acuerdo, podrán salvar su matrimonio.

¿Por qué es recomendable? ¿Qué es lo más difícil en esta vida? Ser un buen padre. ¿Qué es lo segundo? Ser un buen marido. El amor es hermoso, pero también es difícil. Exige un compromiso inquebrantable y uno que no basta con una vez, sino que debe renovarse cada día, superando escollos que sólo cuando se tiene la firme voluntad de franquear, pueden dejarse atrás.

El capitán de bomberos Holt y su esposa Catherine sintieron una vez ese amor y ambos asumieron ese compromiso. Pero los años pasan. Ya no es lo mismo y tanto él como ella han llegado por desgracia a un momento decisivo en su vida en común. ¿Quién de los dos ha fallado? Posiblemente él más que ella. Pero quizás ella también lo haya hecho. De todas formas, ¿importa mucho eso ahora? ¿No sería mejor que en lugar de buscar culpables se pusieran en cambio manos a la obra para salvar su matrimonio?

Cuando uno se casa, debe tener muy presente que se casa no sólo con esa persona, sino también con su familia, amigos y demás circunstancias de su vida. Uno no puede pretender que su compromiso es limitado, circunscrito sólo a él o ella. Nadie es una isla en sí mismo, como bien dijo Donne, y todos tenemos responsabilidades con otros que nos importan o que tal vez dependan de nosotros, como la madre de Catherine. Lo menos que puedes esperar de la persona con quien compartes tu vida es que te apoye en esas circunstancias. Y si no lo hace, está fallando a su compromiso y debería ser consciente de ello, reconocerlo  y poner remedio.

Sin embargo, esta sociedad nuestra tan estúpidamente rápida a la hora de consumir y tirar lo que sea, incluso un compromiso matrimonial, no da pie a que una pareja en problemas pueda reflexionar tranquilamente sobre la nueva (y desagradable) situación en que se ven inmersos. Incapaz de aconsejar sensatez a los contrayentes antes de casarse, se conforma con facilitar lo más posible el tirar a la basura lo que no es un producto de consumo, sino una decisión con muchas consecuencias (sobre todo si hay hijos de por medio) y que no debería haberse tomado nunca a la ligera. Uno puede cambiar de teléfono móvil cada mes si así lo desea, pero considerar que el matrimonio es algo de hoy me caso, mañana me divorcio, demuestra la incapacidad de quien así piensa para asumir sus responsabilidades y ser merecedor de la confianza de otra persona.

El divorcio no es una solución, sino la confirmación por escrito de un grave fracaso vital. Pero Catherine y Caleb están tan enfadados el uno con el otro que piensan que es el único medio de lograr salir del círculo cerrado en el que se hallan. Craso error; romper definitivamente la comunicación no es la mejor manera de resolver un problema de incomunicación. De la misma manera que colgar el teléfono no es el modo de oír mejor una conversación llena de ruidos e interferencias. A menos que sea para volver a llamar enseguida. Por suerte, Caleb tiene a un padre que ha pasado por la misma situación. Un padre que supo colgar y volver a llamar y que es consciente de lo mucho que cuesta volver a marcar el número, pero ahora ya no para gritar y reprochar sino para escuchar. Y aunque Caleb no lo sabía al principio, cuando accedió a probar a su vez, encontró por fin el camino correcto para resolver acertadamente su problema con Catherine, pudiendo abandonar ese otro camino para no resolverlo nunca, que era el que había tomado antes.

LA FUERZA DEL HONOR (2011)

Titulada en inglés COURAGEOUS y en Hispanoamérica VALIENTES

Courageous

¿De qué trata? Cuatro padres, los cuatro ayudantes del sheriff de Albany, una población de Georgia, hacen todos los esfuerzos necesarios por mantener el respeto y el amor de sus hijos, a quienes quieren con toda su alma. Pero no es tan fácil y cada uno de ellos se encuentra con grandes obstáculos por el camino que muy fácilmente podrían dar al traste con esa voluntad suya. En algún caso, la causa es mera incomunicación; en otro, las drogas; en otro, la muerte incluso. Pero sean cuales sean las circunstancias que les tocan vivir a cada uno de ellos, todos sacan fuerzas de flaqueza convencidos de que es ahora cuando sus hijos más les necesitan. Y para demostrar a todos su compromiso con los que son sangre de su sangre, los cuatro se juramentan formalmente para honrar a Dios en cada momento de su vida, sobre todo en la familiar, sabedores de que sólo de esta manera lograran tener las fuerzas necesarias para derribar cualquier muro que amenace con separarlos de sus hijos.

¿Por qué es recomendable? Todo niño tiene padre y madre. Y es su derecho el gozar del amor de ambos. Si, por circunstancias de la vida, carece de uno de ellos, eso es una desgracia y no creo que nadie pueda cuestionarlo. Por eso estoy en contra de las familias monoparentales concebidas así desde el principio. A la paternidad o maternidad sólo se debería poder llegar pasando previamente por el matrimonio. Un niño no es un animal doméstico y si alguien quiere tener un hijo en solitario, me parece que debería preguntarse por qué la satisfacción de sus propios deseos egoístas debe prevalecer sobre el bienestar de un niño.

Los proabortistas insisten mucho en que es “derecho” exclusivo de la madre el decidir si quiere abortar a su hijo o no. A mí me parece que eso será en el infierno, pero aquí no. Primero porque no consiento que nadie se arrogue el derecho a matar a un ser inocente; segundo porque consiento aún menos que la madre se arrogue el derecho a decidir ella sola, sin contar con el padre. ¿Y si éste quiere al niño y está dispuesto a criarlo? ¿Damos más peso a la voluntad de la madre de matarlo que a la del padre de darle la vida? Evidentemente el camino del aborto es un camino sin justificación posible.

La paternidad es un don divino. Y todos sabemos lo importante que es la figura paterna en la vida de un niño o de una niña. Otra cosa es que la persona encargada de ser padre esté a la altura, pero eso ya es harina de otro costal. La cuestión es que padre y madre tienen cada uno su rol en la familia y es de la eficaz combinación de ambos que resulta un hijo que algún día será un adulto de provecho.

Los cuatro padres de esta película se ven cada uno enfrentados a una situación diferente dentro del mundo de la paternidad. Y cada uno responde e ella como mejor sabe. La paternidad no es fácil. De hecho, ya he comentado antes que creo que la paternidad es lo más difícil del mundo. Y curiosamente, en estos tiempos llenos de legalismos, ser padre es lo único que todavía uno puede ser sin necesidad de obtener ningún permiso previo.

Con todo esto, no pretendo disminuir el valor de la maternidad, pero sí hacen hincapié en el de la paternidad, que creo algo oscurecido, además de hacer hincapié en un argumento que muchas veces creo que se obvia en el debate sobre el aborto: el papel del padre de la criatura. No es que si el padre estuviera también de acuerdo en abortar, la decisión de la madre fuera más válida para mí, pero el que él no conozca la situación o simplemente no esté de acuerdo la hace aún más injusta.

A mí me hubiera gustado casarme y tener hijos. A mi edad, eso ya es difícil y casi lo descarto por completo, pero eso no impide que esta película me haya llegado muy dentro porque no he podido dejar de sentirme identificado con esos cuatro padres. Sobre todo porque en todos los casos me he preguntado qué habría hecho yo de haber sido alguno de ellos. La respuesta nunca es fácil y al menos en una ocasión me ha decepcionado porque me imaginaba diferente, pero bien está recibir un toque de advertencia antes de meter la pata. Hay muchas cosas de uno mismo que se pueden corregir con esfuerzo y voluntad. Y con coraje. El mismo coraje de estos padres haciendo lo más difícil de la vida: ser padres.

OCTOBER BABY (2011)

October_Baby

¿De qué trata? Hannah Lawson tiene 19 años y acaba de entrar en la Universidad. Sin embargo, no es feliz, ya que no se siente querida por sus padres. A raíz de una crisis de ansiedad, Hannah descubre que no es la hija biológica de sus padres, sino que fue adoptada e incluso que es la superviviente de un intento de aborto. Aún más angustiada que antes, Hannah comprende que necesita saber quién es su verdadera madre y por qué quiso matarla. Acompañada por Jason Bradley, su mejor amigo, Hannah viaja a Mobile (Alabama), su lugar de nacimiento, para descubrir a esa persona. No le resulta fácil, pero finalmente logra descubrir quién es y dónde vive. Pero, ¿cómo se le habla a la madre que te quiso matar? ¿Cómo se le habla a la hija a la que quisiste matar? La respuesta no es sencilla y así lo descubre Hannah. Pero aún más complicado para ella, ¿se puede perdonar cuando solo se odia? ¿A quién puedes recurrir cuando ya no confías en nadie?

¿Por qué es recomendable? Un método para provocar el aborto consiste en inyectar una solución salina en el feto. Eso le provoca quemaduras tan graves que el resultado es la muerte del bebé. Dentro del vientre de la madre. Una prueba más de que el aborto es un asesinato sin más y que no existe eso que algunos se empeñan en llamar “interrupción voluntaria del embarazo”; al menos mientras una muerte por arma de fuego no sea llamada “interrupción involuntaria del ciclo vital”, que todo se andará.

Sin embargo, por muy malvado que sea el ser humano, el ansia de vida es siempre más fuertesy algunos bebés logran sobrevivir y nacer. Entonces se les considera un “aborto frustrado” y los médicos, incluso los asesinos como los que practican abortos, están obligados a salvarles la vida. Por cierto, en los tiempos de Obama como senador por Illinois, se discutió en el Senado una ley que iba a obligar a los médicos a hacer justamente lo contrario; negarles la asistencia médica y dejarlos morir. Obama fue de los pocos en votar a favor.

Cuando Hanna Lawson se entera de que ella era la superviviente de un “aborto frustrado”, todo su mundo se desmorona. Los que ella creía sus padres biológicos eran en realidad sus padres adoptivos y su verdadera madre había intentado matarla sin conocerla siquiera. Nadie en su sano juicio puede justificar tal crueldad, pero Hanna siente entonces que pese a todo tiene que conocer a su “madre”, por llamarla de algún modo. No sabe si eso servirá para calmar la tempestad que ahora mismo azota su alma, pero al menos tiene que intentarlo, por más que sus padres adoptivos traten de disuadirla.

El aborto es el mal en estado puro y tal vez precisamente por eso los progres lo hayan escogido como su bandera. El asesinato de un bebé en el vientre de su madre es la mayor aberración posible y contradice cualquier noción de humanidad que uno pueda tener. Luego nos vienen con sus campañas en defensa de las focas, las ballenas y los gorilas, pero alguien capaz de justificar la muerte de un bebé por nacer está incapacitado de raíz para abogar por la vida de nadie, aunque claro, ellos no lo ven así.

La lucha contra esa bestialidad no es fácil y el dinero está del lado de los abortistas, que saben utilizarlo. Es cierto que ellos no se consideran pro aborto, sino pro elección, pero eso no es más que otra trampa saducea porque los que nos consideramos en cambio pro vida no le negamos a nadie su derecho a elegir, ya sea quedarse el bebé, entregarlo a sus abuelos o darlo en adopción a otra pareja, siempre y cuando esa elección no sea la de quitarle la vida. La muerte no es la solución para el problema causado por un embarazo no deseado y si alguien cree que sí, que se prepare para cuando sea viejo y un médico sonriente le sugiera que lo mejor sería que se tomara una pastilla y así dejaría de ser una carga para su familia y para la Seguridad Social.

Hanna logra dar finalmente con esa mujer que le llevó en su vientre y hablar con ella. La entrevista entre ambas mujeres es el punto culminante de la película y no voy a estropeárselo, por supuesto. Si acaso, parafraseando a San Pablo, a quien ya he citado una vez hoy, decirles solamente que si bien es la verdad lo que nos hace libres, es el perdón lo que nos hace fuertes. El corazón de Hanna rebosa ahora de odio. ¿Podrá perdonar?  ¿A quien quiso su muerte?

Y hasta aquí esta segunda entrega. Habrá una tercera, pero más adelante. Dejen que me reponga de tanta tele, je, je, je.

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Una respuesta a LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (II)

  1. Satur dijo:

    Excelente selección y aún más excelentes comentarios sobre las películas. Ya las tengo anotadas para ir buscando las que me faltan por ver. Muchas gracias.

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