LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (I)

Cine de Bob¡Ya la tenemos aquí! Después de tanto tiempo, por fin he terminado de revisar las mejores películas (conservadoras) de la historia del cine y estas son mis conclusiones: treinta películas que creo que ciertamente son las más representativas de eso que podríamos llamar el “lado conservador” de Hollywood. Algo que, contra lo que muchos podrían pensar, existe, pero cuyos habitantes se guardan muy mucho de salir a la luz pública acosados como se encuentran por un “lado liberal” que les puede y que a poco que pilla a solas a uno de ellos, le mete la cabeza en el retrete. Una lástima porque en ese “lado conservador” de Hollywood viven muchas personas y son todos gente muy valiosa. El añorado Andrew Breitbart se empeñó en liberarlos de su opresión para poder así llevar la batalla cultural al corazón mismo del sistema, pero salvo algunos casos demasiado encumbrados como para boicotearlos (Clint Eastwood, Sylvester Stallone, Bruce Willis, etc), es casi imposible para un profesional del cine el declararse públicamente conservador y no tener que pensar en buscarse inmediatamente otro trabajo, casi seguramente anunciando los pedidos en un McDonald’s.

Dicho esto, vamos con la lista. Pero antes que nada, una cuestión de procedimiento, ¿qué demonios es eso de una película “conservadora”? Recuerden que ya les avancé tiempo atrás mis dudas al respecto. ¿Es animal, vegetal o mineral? ¿Un mito como el de Gilgamesh, Osiris o las juergas de Baco? ¿Una leyenda urbana como la de los cocodrilos de las alcantarillas, la muerte fingida de Elvis o los 100 años de honradez de los socialistas españoles? ¿Quién lo sabe?

Pues bien, yo lo sé. Después de mucho devanarme los sesos, finalmente he llegado a una definición de película conservadora que me satisface lo bastante como para ponerla en práctica con ustedes, que serán mis conejillos de indias, je, je, je. Miren, para mí, una película es “conservadora” cuando en su argumento plantea una o varias situaciones a las que el o los protagonistas responden actuando de una manera que nosotros, conservadores concienzudos, aprobaríamos plenamente. O sea, que si en una película aparecen una pareja de novios del instituto que se precipitan y el chico deja embarazada a la chica, si los protagonistas, después de dar la noticia a sus respectivos padres y tras la consabida escena llena de gritos y algún tortazo, la aparición del gilipollas del tío progre que rápidamente se ofrece a recomendar una clínica abortista que él conoce bien porque es amigo del director y hasta les harán un descuento, deciden mandarlos a todos a la mierda, casarse, tener al niño y darle un hogar, ésa ES una película conservadora. Pero si los protagonistas se dejan influenciar por el qué dirán de los padres, el tío progre que les suelta un rollo sobre la irresponsabilidad que supone traer un niño a este mundo con Putin rondando suelto, la imposibilidad de realizarse personalmente, satisfacer sus propios egoísmos y gozar de la aprobación de sus amistades comunistas millonarios todos ellos, ésa NO ES un película conservadora. Y punto.

O sea, que las películas que les voy a recomendar todas ellas podrían haber tenido otro final a poco que el o los protagonistas (más bien el o los guionistas, que los actores sólo sirven para poner la cara; sin guión, son incapaces de decir media docena de palabras seguidas que valgan la pena o no sean una cabronada directamente; vean si no a Alec Baldwin) se hubieran inclinado hacia el otro punto de vista perfectamente posible, el liberal. Por eso, la mayoría de ellas son modernas, incluso muy recientes. Y es que no hace tantos años que actuar en tu vida diaria de acuerdo con el punto de vista conservador era lo esperado, no una opción mal vista y hasta con peor prensa, como sucede hoy en día. Ese es el motivo por el cual no he incluido en mi lista algunas películas estupendas, pero cuyo argumento transcurre en un tiempo en el que no había otra respuesta posible a las cuitas de los protagonistas que apretar los dientes, mascullar una maldición y seguir adelante; otra cosa hubiera sido inimaginable. ¿Un ejemplo? Zulú (1964). ¿O es que alguien se imagina a los soldados del ejército británico haciendo algo que no fuera lo que hicieron: resistir, pasarlas canutas y vencer? ¿O caer en el campo de batalla gloriosamente, como fue el caso de Kartum (1966)? Yo no.

Sea como sea, estas treinta películas no son todas las que hay ya que me reservo veinte más para otra ocasión o por si acaso me las piden entusiasmados por lo bien que se lo pasan ahora en sus noches de cine en familia en casa. ¡Ah, una advertencia! No están ordenadas por el grado de satisfacción que producen, ¿eh? Quiero decir que ni la primera película de la primera entrada es la película más conservadora de la historia del cine ni la última película de la última entrada la menos conservadora. Como que tampoco sabría cómo hacer una lista en ese sentido, me he limitado a escoger al azar diez de las treinta fichas escritas que he usado como documentación y relacionarlas por fecha de estreno. Nada más. Para aquellos de mis lectores que no son españoles, incluyo el título en inglés de la película por si acaso prefieren verla en su versión original.

Comenzamos pues. Se enciende el proyector, la pantalla se ilumina y ruge el león de la Metro, sale el pico de Paramount, la estatua de Columbia o suena la fanfarria de la Fox. Y la primera película es…

CABALLERO SIN ESPADA (1939)

Titulada en inglés MR. SMITH GOES TO WASHINGTON y en Hispanoamérica EL SEÑOR SMITH VA A WASHINGTON

Mr_Smith_Goes_to_Washington

¿De qué trata? La muerte en accidente de un senador estadounidense amenaza con trastocar todos los planes de una cuadrilla de cabilderos con un buen negocio entre manos. Para evitar el fracaso de sus planes, nombran como sustituto del difunto a un abogado sin experiencia política, Jefferson Smith, al que creen lo bastante inocente como para no darse cuenta de sus tejemanejes. Sin embargo, Smith no es tan inocente y tras pagar la novatada, descubre el verdadero motivo por el que está en Washington. Entonces se planta ante todos y sin importarle que el mundo entero parezca estar en su contra, decide que una causa perdida es justamente la mejor causa por la que luchar.

¿Por qué es recomendable? Cuando uno se llama Jefferson en honor a Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos, y se apellida Smith, como el más común de los estadounidenses, está claro que se está llamado a grandes cosas. Sólo que no serán hazañas individuales, en beneficio propio, sino colectivas, de las que redundan en beneficio de todos.

Que la política da asco, lo sabemos todos. Sin embargo, no podemos prescindir de ella si queremos que nuestro sistema de convivencia continúe funcionando. Es muy fácil volverle la espalda, pero eso no soluciona el problema como cuando algún político, nuestro representante quizás, se descarría y confunde el mandato de sus votantes con el suyo propio. Smith no tenía ningún interés en ser senador y era feliz limitándose a ser monitor de los boy scouts de su ciudad, pero un buen día se le presentó la ocasión de servir a los demás y, consciente de que esa era una gran responsabilidad, pero también un gran honor, la aceptó.

Luego, cuando se vio inmerso en el día a día del mundo de la política, descubrió el gran secreto que algunos ignoran y otros fingen ignorar: lo fácil que es dejarse corromper. Incluso los mejores entre nosotros, como el colega senador de Smith, Joe Paine, pueden caer en la tentación. Smith también se ve enfrentado a esa tentación, pero él, a diferencia de Paine, tiene claro que debe resistirla y luchar contra ella con todas sus fuerzas. No obtiene ayuda de nadie, ni siquiera de los medios de comunicación, ellos mismos tan corrompidos como esos políticos a los que tanto desprecian dándoselas de virtuosos y fingiendo escandalizarse por su comportamiento. Tan solo su secretaria, Clarissa Saunders, le apoya a pesar de que no puede dejar de adivinar, como buena conocedora que es de los entresijos del sistema político estadounidense, cómo va a acabar todo. Y eso es todo: él, su secretaria y sus propios valores morales, firmemente arraigados en su interior e inviolables y que son, en definitiva, el último valladar contra el que no podrán nunca las embestidas de aquellos empeñados en quebrar su determinación.

Aun así, todo empeora para Smith, que se ve sometido al más injusto de los oprobios cuando acaba enredado en la tela de araña de los embustes de sus rivales. Su causa parece perdida y cualquiera comprendería que ha llegado la hora de la retirada. Pero no Smith; para él, la retirada no es una opción porque no es justa. La justicia tiene que abrirse camino siempre y si el camino es duro y pedregoso, se recorre, pero uno no se rinde. Nunca un filibustering en el Senado ha sido más dramáticamente recreado que en esta película. Ciertamente no es más que una medida desesperada, pero también es un grito a pleno pulmón que busca resonar en la conciencia de los estadounidenses de bien. No siempre lo logra y Smith no tiene éxito en su titánico empeño, avasallado ante el inmenso poder de los que le odian y le temen al mismo tiempo. Pero, para sorpresa de todos, sí tiene éxito en cambio cuando apela a la conciencia de una única persona, la única capaz de desmontar todo el tinglado con una sola palabra, el senador Paine. Es entonces uno comprende que no es que el movimiento Tea Party naciera en 2008, sino que lleva existiendo desde el primer día del nacimiento de los Estados Unidos. El Tea Party son sus ciudadanos libres queriendo seguir siendo libres para siempre y dispuestos a defender esa libertad a toda costa. Incluso a través de un simple ciudadano apellidado Smith.

ROCKY III (1982)

Rocky_III

Recomendables también ROCKY (1976) y ROCKY II (1979)

¿De qué trata? Tras Rocky II, en la que el protagonista lograba el título mundial de los pesos pesados, Rocky III presenta a un Rocky Balboa que, tras diez combates en defensa de su título en los que ha resultado vencedor, se ha acomodado y de alguna manera ha perdido esa “mirada de tigre” que le hacía sobreponerse a todas las adversidades. La repentina aparición de un rival verdaderamente decidido a derrotarle lleva a Rocky a descubrir algunas verdades que le hacen dudar sobre si merece o no ser el campeón. Según cómo acabe encajándolas, Rocky será capaz de volver a creer en sí mismo o no. Y es que esta vez no está en juego meramente un título, sino toda su vida.

¿Por qué es recomendable? No niego la importancia de la saga Rocky; la dureza de la vida de un boxeador profesional es tal que el público inmediatamente siente simpatía hacia él a poco que no se trate de una bestia y ese no es el caso de Rocky Balboa. Lo que sí discuto es su extensión; las tres últimas películas eran innecesarias aunque Rocky IV se podía entender y yo mismo disfruté viendo a Rocky apalizar al soviético Iván Drago.

Con Rocky, la primera de la saga, Stallone reflejó lo que eran los Estados Unidos de finales de los años 70; los del Watergate, la mediocre media presidencia de Gerald Ford y la desastrosa presidencia completa de Jimmy Carter: un país desesperanzado dispuesto a abandonar su fe en su propio excepcionalismo  y aceptar ser un segundón en el concierto de las naciones, igual que Rocky asumía que Apollo Creed le iba a vapulear y su única aspiración era la de resistir hasta el último asalto, lo que provocó que subiera al ring ya derrotado, pero derrotado por sí mismo, no por su rival. Reminiscencias del reciente final de una Guerra de Vietnam en la que las tropas estadounidenses ganaron todas las batallas, pero los políticos y, sobre todo, los medios de comunicación perdieron la guerra.

Todo esto cambió en Rocky II, que refleja el surgimiento de un nuevo estado de ánimo en los Estados Unidos impulsado por todos aquellos que se negaban a dejarse vencer. Rocky ha asumido su derrota, cierto, pero en su interior intuye que podría haber ganado y cuando Apollo comete el error de forzarle a pelear de nuevo, ahora ya no se conforma con aguantar de pie hasta el final; ahora quiere el título y lo va a conseguir porque él, al igual que los Estados Unidos, ya no está dispuesto a ser el perdedor otra vez.

Las dos películas anteriores son magníficas y cualquiera de ellas valdría para ejemplificar lo que es una película conservadora; con ciertos reparos hacia la primera porque su mensaje implícito de que “ser el segundo también está bien” no es el que más me entusiasma. Sin embargo, a la hora de recomendar una sola película de la saga, mi elección es Rocky III, la del combate contra Clubber Lang, que es una de las mejores películas conservadoras que uno se pueda imaginar y el más perfecto reflejo de lo que iban a ser los años de Reagan en la presidencia, cuando ya no habría “malestar” en la nación, sino, al contrario, un nuevo estado de ánimo animando a cada hombre y mujer estadounidense a luchar por hacer realidad sus sueños.

Ya no es sólo por la descripción del personaje de Rocky en sus horas felices, la misma persona afable de siempre, comprensivo incluso con el pelmazo de su cuñado y que sigue enamorado de su esposa Adrian, sino también por la representación de la amenaza que supone la repentina irrupción en sus vidas de Clubber, un brutal negro de Chicago (¡oído al parche… de Chicago!) posiblemente miembro de los Black Panther de la época. Es para conjurar esa amenaza que Rocky acaba aceptando la ayuda de su antiguo rival, Apollo en una alianza que es todo un símbolo: un blanco y un negro, ambos integrados en la vida estadounidense, contra un negro lleno de odio. Aquí no hay esas líneas raciales tan del gusto de Obama: blancos contra negros, sino que blancos y negros podían estar del mismo bando y de hecho lo estaban contra los perturbadores de la paz social. Qué gran mensaje, ¿verdad?

LOS CAZAFANTASMAS (1984)

Titulada en inglés GHOSTBUSTERS

Ghostbusters

¿De qué trata? Una plaga de fantasmas azota Nueva York y ante la incapacidad de las autoridades para hacerle frente, tres científicos,  Peter, Ray y Egon, se ponen manos a la obra y son ellos los que por sus propios medios logran ponerle fin. Sin embargo, las autoridades no están dispuestas a quedar ante todos como una panda de inútiles y deciden enviarles un inspector medioambiental que entorpezca su labor.  Este, cegado por su odio por todos aquellos que logran zafarse de los tentáculos de la administración, acaba provocando el mayor desastre posible al resucitar a un viejo dios malvado que amenaza con destruir el mundo a menos que los cazafantasmas logren evitarlo y pronto.

¿Por qué es recomendable? Concebida durante los primeros años de la presidencia de Ronald Reagan, esta hilarante película contiene un mensaje tan conservador en su interior que pocos se han percatado de él: que el sector público es un desastre y que casi todos los problemas, si no todos, son resueltos mejor y más eficazmente por el sector privado. ¿Neoliberal? No, sensato simplemente.

Cuando el ayuntamiento no puede con la plaga de fantasmas que azota la ciudad, son los cazafantasmas los que logran hacerlo. No sólo eso; también demuestran que no son unos chalados como los habían tildado cuando los expulsaron de sus puestos docentes en la Universidad de Columbia. De hecho, para ser unos chalados han resultado más listos que los listos oficiales al crear un negocio de la nada y satisfacer una necesidad pública.

Sin embargo, no es tan fácil que la administración reconozca su fracaso y, para fastidiar, les manda a un inspector medioambiental, Walter Peck, la vívida representación de aquello que dijo Reagan acerca del peligro de aquellos que vienen en nombre del gobierno y pretenden que lo hacen para “ayudar”. La verdad es que Peck no viene a ayudar a nadie como no sea a sí mismo. Así, ignora por completo el hecho de que si Nueva York sigue en pie es gracias a los cazafantasmas, desprecia su valía como profesionales y muestra tal animadversión hacia ellos que uno no puede dejar de pensar que lo suyo es algo personal.

La clave está en el hecho de que Peck es un antiguo hippie, el grupo social más resentido en aquellos años de pujanza de los valores conservadores, como lo demuestra su postura en contra de la energía nuclear. Incapaces de asumir ningún rol positivo después de que su favorito el demócrata George McGovern se la pegara estrepitosamente en las elecciones presidenciales de 1972 ante Nixon, los hippies para la fecha de estreno de la película, estaban fuera de sí. Por aquel entonces, en 1984, McGovern ya estaba más que olvidado, pero las sucesivas presidencias de Nixon, Ford, Carter (que pese a ser demócrata, no era en absoluto uno de ellos) habían minado los fundamentos de su movimiento y la alternativa que se les planteaba era si seguir llevando barbas y la ropa sucia y acabar convertidos en unos viejos piojosos que venden marihuana para poder pagarse una entrada a un concierto de Bob Dylan o afeitarse, darse una ducha y convertirse en yuppies, lo que al fin y al cabo hicieron casi todos.

Peck acaba llevando su particular cruzada post hippie tan lejos que, como suele suceder, provoca un desastre mayor que el que supuestamente pretendía evitar. El contenedor de fantasmas, por más que estuviera alimentado por energía nuclear, no era un peligro y su apagado no sólo no resuelve nada sino que causa la huida de todos los fantasmas y es la clave para que el mayor de todos ellos tenga la oportunidad de hacer acto de presencia y destruir el mundo. Y entonces ¿qué hace la administración ahora que teme que puedan quedarse todos sin empleo porque con el mundo destruido, quién va a votarles? Pues lo que hace siempre que mete la pata: disimular. Así, dejan libres a los cazafantasmas, que se equipan, enchufan de nuevo el contenedor y tratan de arreglar el desaguisado.

Lo de siempre, vamos. Y mira que es que es triste que a estas alturas de la vida la gente siga sin comprender que el gobierno, cualquier gobierno, es un amo y no un sirviente y que si nos da algo, es porque antes nos lo ha quitado.

TODO EN UN DÍA (1986)

Titulada en inglés FERRIS BUELLER’S DAY OFF y en Hispanoamérica UN EXPERTO EN DIVERSIÓN

Ferris_Buellers_Day_Off

¿De qué trata? Todos hemos tenido un día en el que no nos apetecía en absoluto ir al instituto. A Ferris también y por eso, tras convencer a sus padres de que está enfermo y lograr que lo dejen solo en casa, llama inmediatamente a su mejor amigo, Cameron, y entre los dos se las apañan para sacar a Sloane, la novia de Ferris, del instituto. Una vez juntos, los tres se marchan a pasar el día en Chicago en el Ferrari 250 GT California de 1961 del padre de Cameron, divirtiéndose sin parar y sin hacer daño a nadie. Sólo la amargada hermana de Ferris y el director del instituto intuyen lo que realmente está sucediendo y se afanan por pillar a los tres amigos con las manos en la masa. ¿Lo lograrán?

¿Por qué es recomendable? Todos hemos tenido un día tonto en que no nos apetecía nada ir al instituto y hubiéramos preferido hacer novillos y largarnos por ahí a dar una vuelta. Para la mayoría de nosotros, todo quedó en un deseo que siempre hemos lamentado no haber cumplido, pero algunos fueron más audaces y lo hicieron realidad. Como Ferris Bueller.

Rodada en los 80, lo que acabará resultando en una década memorable para el cine, la aventura de Bueller puede considerarse sin lugar a dudas como la película más subversivamente conservadora que haya salido jamás de Hollywood. Y la más divertida también. Y la más demoledora. ¿O cómo puede calificarse una película en la que antes de cinco minutos su protagonista ya ha dejado bien claro que él no es socialista y nunca lo será? ¿Gloriosa? Eso es poco.

Las comedias de adolescentes suelen tener un común denominador: las hormonas revueltas. Según los guionistas de Hollywood, un joven de 17 años sólo piensa en el sexo. No sé qué decir; yo también tuve 17 años y ciertamente tenía algún pensamiento al respecto, pero me preocupaban más otras cosas tan tontas como los deberes de Matemáticas, ir al cine los viernes con los amigos y nuestro partido de fútbol de los sábados por la mañana. Lo malo es que esta tendencia a igualar adolescencia con estupidez y priapismo ha empeorado y ahora mismo es inútil ir a ver cualquier película con esa temática porque todas son así, que es como los quieren los que manejan estas cuestiones.

Pero si Bueller ya tuvo tiempo en sus primeros cinco minutos en pantalla de dejar claro que él no es un mero mono sediento de lujuria, sino un adolescente en trance de convertirse en un adulto de provecho, está claro que el resto de la película no puede ser una bobada al uso. Es cierto que Bueller engaña a sus padres y al director de su colegio para poder irse él, su novia y su mejor amigo simplemente a recorrer Chicago, pero eso no deja de ser una gamberrada inofensiva. Más interesante es que una vez que los tres pierden el temor a ser sorprendidos por sus respectivos padres, no se les ocurre ni por asomo el dedicar su recién lograda libertad a beber, fumar, delinquir, consumir drogas o tener sexo. Todo lo contrario, los tres juntos hablan de muchas cosas, viven un montón de aventuras y se ríen sin parar. Es todo tan sano, divertido y edificante que, incluso cuando se burlan de algún adulto, este, por lo general, se lo merece.

No aparece explícitamente en la película, pero el que Bueller y su novia pasen tanto tiempo juntos y a ninguno de los dos se les ocurra ni por asomo el acostarse juntos me mueve a pensar que los dos están de acuerdo en la abstinencia, lo que es un punto añadido a la hora de recomendarles encarecidamente esta película y hasta sugerirles que la vean junto a sus hijos, ya sean adolescentes o no, aunque haya que atarlos al sofá.

Tampoco es que crea que vaya a ser necesario recurrir a esos extremos, pero estaría bien que nuestros hijos, que tan atontados están ya por la (in)cultura dominante en nuestros días, tuvieran un ejemplo de que ser joven y estúpido no es obligatorio y que bien se puede ser joven y sensato. Bueller no es el más guapo del colegio ni el más deportista, pero es popular entre sus compañeros, tiene amigos, una novia y la cabeza que le sirve para algo más que llevar el pelo. ¿Qué más queríamos nosotros para nuestros hijos?

FORREST GUMP (1994)

Forrest_Gump

¿De qué trata? Forrest Gump es un sureño estadounidense que nació con una cierta deficiencia intelectual, lo que hacía presagiar que su vida no iba a ser precisamente excepcional. Pero, contra todos los pronósticos, sí lo fue. Desde pequeño, Gump supo sobreponerse a sus limitaciones y aprovechar todas y cada una de las oportunidades que le dio la vida, marcando la diferencia no sólo para él sino también para muchas de las personas con las que se relacionó. Desde la presidencia de J. F. Kennedy hasta la dimisión de R. Nixon, la vida de Gump es la vida de una parte de los Estados Unidos, la que se negó a dejarse seducir por los cantos de sirena de la contracultura y el movimiento hippie.

¿Por qué es recomendable? Que a los izquierdistas no les gustan los discapacitados no hay quien lo niegue. Sólo hay que ver el interés que ponen en promocionar el aborto de los bebés no nacidos que ya se sabe afectados con síndrome de Down. ¡Y la cara que les queda cuando conocen personalmente a uno! Y quién dice síndrome de Down, dice cualquier otra discapacidad que, si bien no permite a quien la padece vivir una vida igual a la de las demás personas, no por eso la convierte automáticamente en indigna de ser vivida. De hecho, en no pocas ocasiones, esas vidas son mucho más plenas incluso.

Forrest Gump tampoco podía caerles bien, por supuesto. No sólo es un estadounidense nacido en un estado del Sur (o sea, sólidamente republicano) que comparte todos los valores y creencias de sus compatriotas de esa parte del país, sino que encima tiene una discapacidad intelectual que, si bien le hace menos listo que los demás, no por eso le convierte en un tonto. Claro que para la izquierda, cualquiera que no comparta sus propias creencias no puede ser “normal” y en alguna ocasión han insinuado que Gump es de derechas porque es tonto. No lo han dicho claramente porque queda feo, pero pensarlo, lo piensan.

Por suerte, a Gump le importa un bledo lo que puedan pensar de él. Tonto es el que hace tonterías y punto. Y él no hace ninguna tontería. A lo largo de toda la segunda mitad del siglo XX, Gump se las apaña para ser un personaje relevante en la historia de su país. Y si bien es cierto que eso lo logra sin pretenderlo, el caso es que su vida es una que muchos firmaríamos ahora mismo haber vivido. Influye en Elvis Presley, se gradúa en la Universidad de Alabama y es miembro de su equipo universitario de fútbol americano, conoce al presidente Kennedy, etc. Más adelante incluso será un pequeño empresario de éxito.

Por descontado, Gump también participa en la Guerra de Vietnam y no se cuestiona si su país tiene razón o no al entrar en guerra; mucho menos se plantea siquiera el evadir su deber. Así, gracias a Gump, que tendrá una inteligencia inferior a la de una persona normal (pero ¿qué es la normalidad?), pero mantiene intacto su sistema de valores y creencias, muchos buenos soldados salvan la vida en Vietnam y pueden regresar a sus hogares.

Una trayectoria totalmente distinta es la que sigue su antigua amiga Jenny Curran, que lejos de adherirse a las creencias de sus mayores, abraza el movimiento contracultural hippie y se embarca entusiasmada en él. El resultado años después es desolador: convertida en una piltrafa, Curran ha experimentado todas y cada una de las desgracias que se abatieron sobre los jóvenes estadounidenses que creyeron durante esos años que la realidad podía evitarse simplemente consumiendo drogas y viviendo al revés. El reencuentro años después entre Gump y Curran es revelador de cómo Estados Unidos pretendió suicidarse durante esas décadas estúpidas de los sesenta y los setenta.

Gump y Curran deciden reanudar su amistad y aunque ella rechaza entonces su propuesta de matrimonio, con el tiempo la acabará aceptando, siquiera para que su hijo en común tenga la oportunidad de vivir una vida tan satisfactoria como la de su padre y pueda evitar un desastre como lo ha sido la suya propia. Tal vez entonces comprendiera incluso que paradójicamente todos los sueños de los jóvenes que como ella quisieron “cambiar el mundo”, quien verdaderamente los ha hecho realidad ha sido Gump. ¿A alguien le puede extrañar pues que los izquierdistas odien esta película?

COMO DIOS (2003)

Titulada en inglés BRUCE ALMIGHTY y en Hispanoamérica TODOPODEROSO

Bruce_Almighty

¿De qué trata? Como todos, cuando a Bruce no le van bien las cosas, le echa la culpa a Dios. Eso es lo fácil. Sin embargo, en esta ocasión Dios se da por enterado, hace acto de presencia y le ofrece a Bruce el ocupar su lugar a ver si es capaz de hacerlo mejor que Él. Bruce acepta el trato y, como era de esperar, tan pronto como se ve dotado con todos los poderes divinos actúa egoístamente, satisfaciendo sus propios deseos; sólo después empieza a prestar atención a los de los demás, más que nada para que dejen de darle la lata. Al final, trastorna de tal manera las vidas de todo el mundo que no puede dejar de darse cuenta de lo difícil que es ser Dios. ¿Podrá arreglar todo lo que ha estropeado?

¿Por qué es recomendable? La sabiduría puede surgir donde menos se la espera; por ejemplo, en una película protagonizada por Jim Carrey, lo que ya es. Sin embargo, que él sea un actor tan histriónico no quiere decir mucho en realidad porque lo que de verdad importa en una película es el guion. Todos podemos obviar una actuación exagerada si la historia la admite y en este caso, así lo hace. Tanto como para que no nos perdamos una buena (y divertida) película por mera antipatía hacia su protagonista.

La cuestión de por qué Dios actúa (o deja de actuar) así en el mundo es uno de los caballos de batalla del ateísmo militante, empeñados todos en darle lecciones a Dios sobre cómo debe actuar. Muchos pretenden que han dejado de creer porque no pueden asumir un Dios que permite la existencia del Mal en el mundo. Por supuesto, esto es una majadería que un creyente puede rebatir en menos de cinco minutos, recordándole al ateo indignado la existencia de algo que se llama el libre albedrío. Pero claro, eso al ateo no le gusta porque está en contra de que la gente pueda elegir; él sólo contempla la obligación para los demás. Hay que hacer lo que él diga y a callar. Afortunadamente no pueden ser Dios, pero ya es bastante malo que se consuelen siendo el Gran Ingeniero Social. Así les ha ido a tantos países que creyeron en sus promesas de tener la clave para crear el Cielo en la Tierra (y se encontraron con el Infierno, en cambio).

Bruce Nolan no es un ateo, pero sí un idiota que se cree que puede hacerlo mejor que Dios y todo porque tiene un berrinche monumental al ver que no le salen las cosas como él quiere. Evidentemente, la culpa no es suya sino que tiene que ser de otro y se la echa a Dios. Sorprendentemente, esta vez Dios no se limita a dejarlo que se cueza en su propia salsa, sino que pacta con él cederle sus poderes a ver si lo hace mejor. Sólo pone dos limitaciones: no puede contárselo a nadie y no puede forzar el libre albedrío.

De pronto, Nolan ve su futuro de color de rosa y no se priva de empezar su divinidad satisfaciendo sus propios deseos egoístas. Lo malo viene cuando descubre que también tiene que hacerse cargo de los deseos (oraciones) del resto del mundo. Eso ya es otra cosa. Y aunque las oraciones que le llegan son sólo las de su ciudad de Buffalo (Nueva York), Bruce no es capaz de hacerse cargo de ellas, así que opta por el sistema ateo-indignado de divinidad y concede todo lo que se le pide. El resultado es un caos tal que incluso un idiota como él acaba comprendiendo una par de cosas acerca del ser humano; especialmente que no se puede jugar a ser Dios.

Con Nolan, Dios ha querido darnos una lección a todos y ciertamente la hemos entendido. Por supuesto, los ateos consideran que todo esto no es más que una mamarrachada que simplifica groseramente sus argumentos en contra de la existencia de Dios. Pero es que se trata de todo lo contrario; no los simplifica, sino que los expresa fielmente y por más que sea una comedia bastante disparatada, acierta plenamente al juzgar lo que pasaría si dejáramos a esos tipos estar al mando del mundo. Convendría no perder de vista la moraleja de esta película porque es mejor aprenderla riéndose a carcajadas con Carrey que llorando desconsoladamente, como han hecho los millones que han sufrido el “paraíso comunista”.

EN BUSCA DE LA FELICIDAD (2006)

Titulada en inglés THE PURSUIT OF HAPPYNESS

The_Pursuit_of_Happyness

¿De qué trata? La vida se le ha puesto muy cuesta arriba a Chris. Arruinado por un mal negocio y abandonado por su esposa, y debiendo hacerse cargo de su hijo pequeño, no sabe qué hacer. Un encuentro fortuito en un taxi le permite tener una oportunidad, pero no es la solución a sus problemas sino más bien la promesa de una solución. Si Chris quiere hacerla realidad, deberá antes sudar la gota gorda. Eso es justamente lo que hace y luchando por evitar que alguno de sus compañeros de trabajo se dé cuenta de su situación de desamparo, Chris se sacrifica lo indecible para superar los muchos obstáculos que le surgen por el camino, confiando ciegamente en sus posibilidades.

¿Por qué es recomendable?La pobreza es un estado de ánimo. Uno puede estar arruinado, pero no ser pobre. Lo malo es que se ha escrito tanto sobre la santidad que envuelve a la pobreza que algunos se han empeñado en que lo seamos todos y así meternos en el Cielo aunque sea con calzador.

Chris Gardner está arruinado, pero no es pobre. Y no lo es porque se niega a dejarse vencer por las circunstancias. Las cosas pueden irle mal, incluso muy mal, pero se necesitará mucho más que eso para doblegar su espíritu. Así pues, con su hijo Christopher al lado, intenta empezar de nuevo su vida. Por supuesto, todos los comienzos son difíciles. No hay caminos fáciles ni atajos cómodos. Y aunque Gardner sabe que ha tocado fondo, también sabe que a partir de ese momento las cosas sólo pueden mejorar. Pero hay que perseverar. No dejarse dominar por el desaliento. Y ser muy consciente de que un nuevo comienzo es también la oportunidad de aprender nuevas habilidades y aprovechar nuevas oportunidades.

¿Una oportunidad de trabajar en la Bolsa? Es cierto que Gardner no lo ha hecho antes y desconoce ese mundillo, pero también lo es que tiene dos manos y una cabeza y puede aprender lo que sea necesario. Él no va a esperar sentado sobre sus pulgares, rumiando lo injusta que es la vida y lo mal que le ha tratado. Porque Gardner ya sabe que la vida es injusta con todos aquellos que se niegan a hacerle frente y que aparecen en el escenario del mundo derrotados de antemano, suplicando compasión antes de que termine la obra, incapaces de escribir su propio libreto. Por tanto, si hay que aprender de valores, cotizaciones e índices bursátiles, se aprende y punto.

Es sintomático que la historia real que inspiró esta película tuviera lugar en 1981, justo al comienzo del primer mandato de Ronald Reagan. Ahora muchos se ríen de los años 80, siquiera por su extravagante moda, pero la verdad es que los 80 fueron la última década buena que tuvimos. Una década en la que todo era posible. ¿Que hubo abusos? Sí, ¿y qué? ¿Cuándo ha estado el mundo libre de pecado? Pero también es cierto que nunca ha habido tanta gente que lograra sus sueños como entonces.

Uno debería comprender que la riqueza no es mala. No está maldita en ninguna parte y cuando Jesús dijo aquello de que es más fácil pasar un camello por el ojo de una agujaque entrar un rico en el reino de Dios no se refería a todos los ricos, sino a un rico en particular que era con el que hablaba y que le había demostrado que amaba sus riquezas por encima de todo. Todos usamos generalizaciones así para referirnos a alguien en concreto (por ejemplo, ¡todos los franceses son iguales!) y sabemos perfectamente que estamos exagerando.

Ser rico, si tu riqueza la has ganado honradamente y no te hace perder de vista que el amor a Dios y a tu prójimo deben ser las principales prioridades de tu vida, es una bendición y ya está bien de que tanto ateo ignorante pretenda darnos lecciones de humanidad cuando no son capaces de comprender una historia tan sencilla como parábola de Jesús. Por suerte, Gardner no está para tonterías. Tiene un hijo del que cuidar y al cual dar un futuro y para eso necesita trabajar, dando lo mejor de sí mismo y no perdiendo nunca la fe. Y no lamentarse como una plañidera porque es pobre. Porque él no es pobre; simplemente no tiene dinero, que no es lo mismo.

LÍO EMBARAZOSO (2007)

Titulada en inglés KNOCKED UP y en Hispanoamérica LIGERAMENTE EMBARAZADA

Knocked_up

¿De qué trata? Ben, un vago, y Alison, una triunfadora, se convierten en pareja de cama por una sola noche y ella acaba quedándose embarazada. Cuando él se entera, comprende que tiene que tomar una decisión. A ella le pasa lo mismo y contra la opinión de todos los que les sugieren que un aborto es la solución fácil al problema, ambos deciden que no lo es en absoluto y que el bebé tiene derecho a nacer. Ahora, ¿serán capaces ellos dos de ser los padres que sin duda se merece ese niño por venir? ¿Dos personas tan dispares? Sin embargo, nada es imposible cuando se quiere con todo el corazón, tal y como ellos dos se demuestran a sí mismos y al resto del mundo.

¿Por qué es recomendable? Uno puede ser un vago sinvergüenza; nadie es perfecto. Incluso se podría aceptar un “derecho” que tendríamos todos a vivir nuestra vida como mejor nos parezca. Pero sólo mientras el perjudicado no sea nadie más que uno mismo. Tan pronto como esa postura afecte a otras personas, como podría ser una futura esposa embarazada, desaparece de inmediato ese “derecho” a no pegar golpe y predomina en su lugar el deber de asumir la responsabilidad por nuestras acciones. Ahora que tantos jóvenes se niegan a crecer y convertirse en adultos, que una película aborde esta cuestión y no los disculpe, sino que los critique, es muy reconfortante.

A Ben Stone la vida le parece un juego: no tiene trabajo, pero vive tan ricamente gracias a la indemnización por un ridículo pleito que ganó al ayuntamiento de su ciudad hace años, lo que le permite vivir con sus amigotes, consumir drogas y malgastar su talento creando una página web pornográfica. Que un tipo como él acabe acostándose con la responsable y trabajadora Alison Scott sólo se explica como consecuencia del consumo excesivo de alcohol y la equivocada creencia de que el sexo es una mera diversión. De ese error se da cuenta ella tan pronto como despierta de su borrachera; algo lógico ya que de los dos, ella es la única que vive en el mundo real mientras que Ben sigue encantado por haber encontrado a toda una princesa en esa vida de cuento pornográfico que es la suya.

De aquellos polvos vienen estos lodos, que diría un clásico. Y nunca mejor dicho. Alison se queda embarazada y el que Ben sea el padre le parece injusto. Pese a todo, se lo comunica y llega entonces el momento de que aparezcan en escena los familiares y amigos de ambos, cada uno con su propia manera de ver las cosas. Como no podía ser menos, rápidamente se plantea la opción del aborto, recomendada sobre todo por la madre de Alison que, contra lo que pudiera pensarse no es una madre cariñosa preocupada por el bienestar de su hija, sino una bruja fría e insensible. En cambio, el afable padre de Ben recibe con entusiasmo la noticia y anima a su hijo a cambiar de vida y convertirse en un hombre por fin.

A los partidarios del aborto les habría gustado que la película fuera una larga exposición de todos los motivos que hay para no querer tener un bebé cuando se está embarazada. Sin duda, es una manera de calmar su conciencia, abrumándola con datos supuestamente razonables; una manera de embotar la mente y esconder así el hecho de que un aborto no “desembaraza” a nadie, sino que convierte a una mujer en madre igualmente, pero ahora de un hijo muerto. Por suerte para nosotros, ni Ben ni Alison tienen tiempo en esta película para tonterías y la cuestión se zanja en una sola escena: el bebé es suyo y juntos lo tendrán. Punto. ¡Mamá, ya puedes irte a tu casa!

Aclarada la cuestión principal, queda ahora por ver si Alison y Ben logran que su relación juntos funcione, algo sobre lo que hay muchas dudas puesto que no es sólo que sean muy diferentes, sino que además cronológicamente están en estadios diferentes: Alison es una mujer y ahora va a ser madre; Ben no es más que un crío que va a ser padre. ¿Será capaz de dejar la vida fácil que ha llevado hasta ahora y bregar con todo lo que supone formar una familia? La respuesta la da Ben en la película. Y es una respuesta que nos llena a todos de esperanza.

EL CABALLERO OSCURO (2008)

Titulada en inglés THE DARK KNIGHT y en Hispanoamérica BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE

The_Dark_Knight

Recomendables también BATMAN COMIENZA (2005) –  BATMAN BEGINS (inglés) –  BATMAN INICIA (Hispanoamérica) y EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE (2012) – THE DARK NIGHT RISES (inglés) – BATMAN: EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE

¿De qué trata? Tras la aparición de Batman narrada en Batman comienza, este se enfrenta a uno de sus peores rivales, The Joker. Siendo como es un delincuente extremadamente cruel, The Joker no tiene reparos en recurrir al terror más descarnado para crear el caos en la ciudad de Gotham con el fin de apoderarse de ella. Las fuerzas del orden son incapaces de poner fin a esa orgía de destrucción y la única esperanza que queda es Batman, que se niega a darse por vencido. Consciente de ello, The Joker tienta a Batman a dejarse llevar por el Mal, pero este elude siempre sus trampas, lo que hace temer a su rival que sea verdad eso de que ciertamente hay hombres a los que no se puede corromper a ningún precio.

¿Por qué es recomendable?No se cede ante los terroristas. Esta es la primera regla de cualquier sociedad sana y fuerte. En consecuencia, cuando unos terroristas amenazan y la sociedad se niega a ceder ante ellos, todo lo que suceda después será culpa de los primeros y no de quienes han cumplido con su deber negándose a vivir de ahora en adelante con una pistola apuntando a nuestra cabeza. José Antonio Ortega Lara, él mismo víctima de los terroristas, así lo entendió incluso en las horas más negras de su aterrador secuestro: “Matadme porque estoy seguro de que este gobierno no cederá”, les decía a sus secuestradores. Y el gobierno no cedió. Claro que eran otros tiempos. Y otro gobierno.

No tenía intención de incluir la serie de películas sobre Batman dirigidas por Christopher Nolan en esta lista porque considero que las películas de superhéroes se apartan de lo que quiero transmitir a mis lectores que es una película “conservadora”. Y es que un superhéroe, cualquier superhéroe, por definición, es conservador, puesto que defiende el sistema establecido contra quienes lo amenazan. No existe ningún superhéroe “revolucionario” empeñado en cambiarlo todo de arriba abajo y si existiera sería ridículo ciertamente.

Sin embargo, Batman no es un superhéroe realmente porque él mismo no tiene más poderes que los que le proporcionan su traje y sus artilugios. Eso hace que nunca deje de ser un ser humano con todo lo que eso implica de tener momentos de duda, igual que nosotros. En esas circunstancias, ¿cómo afronta Batman el desafío de un terrorista, el mayor de todos quizás, que amenaza con destruir su ciudad y le somete a un ultimátum? Es lógico que Batman sienta que la vida de los inocentes debe ser lo primero, pero él no es un simple ser humano más. No puede limitarse a sus sentimientos normales y corrientes. Debe razonar y hacerlo pensando no en lo que va a suceder dentro de cinco minutos si no accede a las pretensiones de los terroristas, sino en lo que sucederá mañana, pasado mañana y el mes siguiente si finalmente accede. Ya no se trata de él, sino de la Justicia, que no puede estar sometida a la voluntad de un malvado.

Viendo esta serie completa, se aprenden varias cosas: la primera, que ya la hemos mencionado, es que no se cede ante los terroristas. La segunda, que la decisión adecuada es muchas veces también la menos fácil de tomar. La tercera, que el hombre es débil y la tentación fuerte. Del bien al mal sólo hay un pequeño paso y en ocasiones ese paso lo damos de manera inadvertida. El Demonio está siempre al acecho y es muy capaz de disimular sus intenciones de llevarnos a la perdición haciéndonos creer que en cambio lo que estamos haciendo es salvar a nuestros congéneres. Tomarse la justicia por nuestra propia mano puede calmar nuestra ira en un primer momento, pero nunca es la solución. La justicia puede ser imperfecta y hacernos sentir desolados en ocasiones, pero es lo más parecido a eso que tenemos y saltárnosla en un caso implica consentir en saltárnosla siempre.  ¿La Ley del Talión? Ojo por ojo y el mundo acabará ciego, que dijo apropiadamente Gandhi. ¿En serio queremos que sea eso lo que aprendan nuestros hijos?

Batman tampoco está de acuerdo y por más que sufra cruelmente por las consecuencias de las decisiones que se ve obligado a tomar, no lo lamenta. Lo asume y al igual que nuestro propio héroe, Ortega Lara, respira hondo, ruega a Dios que le ayude y se aferra a la vida, pero no cede. Y al final vence.

GRAN TORINO (2008)

Gran_Torino

¿De qué trata? Para Walt, un jubilado de Detroit, el mundo ha cambiado demasiado. Su barrio también ha cambiado y donde antes todo eran blancos anglosajones, ahora son inmigrantes: negros, latinos y asiáticos. Walt los detesta a todos y sobre todo a sus vecinos asiáticos. Pero cuando las pandillas del barrio fuerzan al hijo de este vecino a robar su preciado Ford Gran Torino de 1972 y Walt lo evita, librando de paso al chico de las garras de los pandilleros, eso obliga a ambas partes a entablar relación. A regañadientes al principio, pero por voluntad propia después, Walt y sus vecinos empiezan a conocerse y descubren que lo que de verdad los une es mucho más que lo que les separa.

¿Por qué es recomendable? El miedo a lo desconocido es natural en el ser humano y el miedo a tener miedo, aún más. En consecuencia, cuando nos enfrentamos al desafío de tratar con algo que desconocemos y comprendemos que nos asusta, es lógico reaccionar desairadamente. Si eso que desconocemos es otro ser humano de una etnia diferente a la nuestra y con su propia cultura, la reacción se etiqueta como “racista”. No es mi intención justificar el racismo, que no tiene justificación, pero sí plantearlo en sus justos términos. Y estos son que el ser humano es gregario por naturaleza; se adhiere a los propios y desconfía de los ajenos. Eso ha sido siempre así y seguirá siéndolo. Además, salvo casos muy perversos, el racismo es superable muy fácilmente. Basta con que esas dos personas se acerquen sinceramente la una a la otra y se ofrezcan la mano.

Ahora que Walt Kowalski es mayor y acaba de enviudar, la vida se vuelve muy dura para él. Sintiéndose cada vez más alejado de sus hijos, su barrio de toda la vida también ha cambiado y lo que antes era un vecindario blanco, ahora se ha convertido en una mezcolanza de razas diferentes, con predominio de los asiáticos, lo que no ayuda precisamente a Walt, un veterano de la Guerra de Corea.

Que Kowalski es racista, no lo niega nadie. Pero es que no es racista únicamente con sus detestados vecinos asiáticos; también lo es con su mejor amigo, de origen irlandés, y con su barbero, de origen italiano, que aceptan su manera de ser sin más complicaciones. Así, su mala relación con sus vecinos no es una excepción en su modo de vida; al contrario, es una confirmación. Sin embargo, el racismo no es exclusivo; no define únicamente la mala relación de un blanco hacia otra raza. Es universal y no hay raza que no lo contenga en sus genes, al igual que no hay persona que no sienta un principio de temor hacia otros que no son como él.

Con el tiempo, Kowalski acaba dándose cuenta de que su racismo tiene un reflejo en el modo como sus vecinos asiáticos interactúan con otras etnias, incluida la suya. De nuevo, no es cuestión meramente de que un blanco desprecie a un asiático, sino de que una etnia con su propio sistema de valores que se ve compartiendo un espacio común con otra etnia diferente reacciona acentuando lo que le separa de ella por puro miedo a perder su identidad sin ser capaz en cambio de asumir la alternativa. El resultado en esas circunstancias no puede ser otro que abierta hostilidad, exageración de las virtudes propias y la humillación de las ajenas, que ya ni siquiera son virtudes, sino defectos.

Al final, la única manera de que tanto Kowalski como sus vecinos superen sus prejuicios es la necesidad. La existencia de una amenaza exterior común que asusta a ambos aún más que el tener que hablar el uno con el otro, o entrar en la casa del otro (y recibirlo) o participar de sus costumbres sociales (y enseñárselas). Dos hombres diferentes pueden acabar siendo amigos cuando encuentran un terreno común sobre el que afirmar esa amistad. Pero tienen que encontrarlo primero y cuando lo hacen, se dan cuenta entonces de la futilidad de su antigua rivalidad porque, al fin y al cabo, la raza no significa nada. Lo que cuenta a la hora de la verdad es el carácter y cuando dos buenas personas se conocen, se comprenden y pierden el miedo, no hay nada que el uno no esté dispuesto a hacer por el otro.

Esto es todo por hoy, amigos. Confío en que les haya gustado. Dentro de tres o cuatro semanas, la segunda parte de esta lista. Diez películas más. ¡Palabra de Palin!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sobre películas y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a LA PERFECTA VIDEOTECA CONSERVADORA (I)

  1. Jeany dijo:

    “Tome posibilidades que sólo América proporciona.
    La oportunidad de trabajar duro y esperar ser
    recompensados ​​por su ética de trabajo ”
    _________Sarah Palin.__________

    http://whnt.com/2014/05/21/sarah-palin-gives-commencement-speech-at-new-hope-graduation/

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s