QUE DESAPAREZCA EL GOP DE UNA VEZ, POR FAVOR (y V)

PalabraBobEn la anterior entrada de esta serie vimos como los mandamases del GOP, tanto los públicamente reconocidos como tales (Reince Priebus y el RNC) como los “clandestinos” (Karl Rove), nada seguros de que bastase con unas modificaciones en los estatutos internos del Partido Republicano para controlar el empuje del movimiento Tea Party, habían decidido que su control tenía que ser más férreo todavía y así, para impedir en lo posible el éxito de los candidatos de esta cuerda, lo mejor era evitar que se presentaran siquiera. En consecuencia, Rove conjuró un súperPAC al que llamó, con poco sentido de la vergüenza, Conservative Victory Project, y anunció que a través de él se dedicaría a luchar a brazo partido… ¿contra los liberales del Partido Demócrata? ¡Quiá! ¡Contra los conservadores del Partido Republicano! Es decir, una auténtica guerra civil: establishment (trolls liberales) contra grassroots (auténticos conservadores). Genial, ¿verdad?

Y luego hay quién me dice que soy un pajarraco de mal agüero y que veo conspiraciones en todas partes y que si también soy de los que creen que Obama es un alienígena del planeta 27 encargado de favorecer una invasión extraterrestre. Respecto a esto último, les diré que no creo que Obama sea un marciano porque ningún marciano podría ser tan malvado como lo es él; es terrícola y bien que lo siento.

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El elefante lleva un letrero que dice: “Al borde del colapso”. La mujer dice: “Genial. Otra institución en quiebra buscando un rescate”.

En cuanto a lo de si veo una conspiración orquestada por los gerifaltes del Partido Republicano en contra de los conservadores, la respuesta es claramente sí. Llámenlo conspiración, llámenlo complot, llámenlo maquinación, llámenlo mera cabronada; pero existir, existe y será eso lo que acabará por liquidar al GOP y enviarlo a mejor vida. Y para los que tengan alguna duda todavía, después de todos los argumentos que les he dado, les dejo con el más reciente: se trata de unas declaraciones hechas el martes pasado por el nuevo jefe de gabinete del RNC, Mike Shields, durante una reunión de la Ripon Society (una panda de ricachones, ya saben; creo que eran 40 en total, además de otros miembros del establishment republicano) celebrada en el lujosísimo Capitol Hill Club en Washington, D.C.

En ellas, el muy canalla se quejó amargamente de que hubiera quien criticase las conclusiones de esa “autopsia” presentada por el propio RNC con el fin de analizar las causas de la derrota electoral de noviembre del año pasado y trazar un nuevo rumbo (directo al hundimiento, por cierto) para el partido en los años venideros. Así, Shields calificó despectivamente a los críticos como de “derecha profesional” (profesional right), incluyendo en el lote además a los miembros del movimiento Tea Party (grassroots supporters), algo que aquí nos recuerda mucho a eso que oímos hace unos años de “derecha extrema”, ¿verdad?

Y aún dijo más el canalla. Así, anunció que ese iba a ser un término que él personalmente iba a utilizar a menudo durante los próximos meses. Lo malo es que rápidamente se encontró con que el término era una birria puesto que, tal y como Craig Shirley (el cronista de las campañas electorales de Ronald Reagan, cuyos libros recomiendo a todos vivamente) preguntó: “¿Derecha profesional? En oposición a qué, ¿a los republicanos no profesionales?”. Y añadió: “Estos ataques al conservadurismo por parte del establishment del GOP son una reminiscencia de aquellos hecho contra Reagan a lo largo de los años 60 y 70 e incluso durante su presidencia”. En definitiva, según Shirley, “un error que perseguirá al RNC, tal y como muchos otros errores ya lo están persiguiendo”.

Por su parte, Shields se ufanó durante la reunión esa del “coraje” demostrado por el RNC al hacer público su propio informe (a muchos suicidas les gusta que la gente lea sus cartas de despedida, ya saben), vanagloriándose de que ni siquiera el Partido Demócrata lo había criticado (lo cual es más que preocupante, creo yo; si tus rivales están de acuerdo contigo, mal andamos), algo que sólo ha hecho, según él, “la derecha profesional”.

Pero lo mejor (peor) de todo esto está aún por llegar puesto que cuando se le preguntó durante la celebración si no le preocupaba el ofender a esta “derecha profesional”, Shields se revolvió y dijo que está totalmente dispuesto y ansioso a expulsar a la “derecha profesional” del GOP. Siguiendo con esta tónica, Shields dijo también que le disgusta que estos tipos no vengan a preguntarles a ellos (al RNC) y que simplemente se dediquen a escampar mentiras y pedirles dinero.  Y explicó que cuando va a casa de sus padres tiene que romperles cartas y decirles que mensajes de correo electrónico deben borrar.

Esto fue el martes. El viernes, el portavoz del RNC, Sean Spicer, intentó calmar la indignación despertada entre todos los conservadores estadounidenses explicando que Shields “tras cuatro años en el NRCC comprobando de primera mano el poderoso efecto que el Tea Party y los conservadores populares tuvieron a la hora de recuperar la mayoría en la Cámara, estaba intentando hacer, aunque algo ladinamente, una clara distinción entre los profesionales de la capital y los miles de sencillos activistas conservadores como su mamá que dedican su tiempo y dinero a que se elija a conservadores”. Sí, ya… Y dos huevos duros también, ¿verdad? Y también dijo que “Mike estaba intentando referirse a los profesionales de la capital cuyo único objetivo es aprovecharse del partido y el movimiento y no comparten el mismo deseo de ganar y poner en marcha políticas conservadoras”. ¡Anda, ahora resulta que el canalla ese estaba hablando de él mismo y de sus compadres y que a quien quiere poner en realidad de patitas en la calle es a sí mismo! Pues bien que nos alegraríamos, oiga. Y mira que es fácil: ¡Shields, dimisión!

Por supuesto, no nos creemos ni una palabra y no lo haríamos ni después de bebernos media docena de cervezas. Una pista para entender de qué pasta está hecho Shields la dio un veterano de décadas de campañas republicanas que, bajo anonimato, informó a todos de que “Shields es un peligro. No tiene brújula interna y su mentor político es el congresista Dave Reichert. Reichert es probablemente el republicano más liberal de la Cámara de Representantes. Nunca ha tenido un trabajo en el sector privado”. No nos extraña en absoluto. Aún al contrario, ya que la elocuencia de Shields en un festejo que él creía privado nos ha permitido saber qué es realmente lo que se cuece dentro del RNC, fuera ya de cualquier fingimiento público que pueda realizar el monigote de Priebus.

Después de esto, creo que ya no puede haber quién dude de la necesidad de que el movimiento Tea Party se organice de una vez como un partido político independiente (otra cosa es que presente sus propios candidatos; pudiendo optar perfectamente por apoyar a los republicanos cuando lo estime oportuno). Ya es bastante difícil tener que combatir contra los demócratas como para encima tener que hacerlo con los tuyos propios. ¡No se puede tener al enemigo en casa, caramba! Que van a por nosotros no tiene discusión posible. De nosotros depende que lo consigan o no. Además, un Partido Republicano reducido al puñado de liberales que pululan actualmente por su interior no duraría unas elecciones siquiera y rápidamente se darían todos de alta en el Partido Demócrata, dejando el campo libre para que el Partido Tea Party ocupara el hueco dejado y, al igual que pasó en su momento con los whig y el entonces naciente Partido Republicano, lograra la presidencia  a las siguientes elecciones.

Y ya para finalizar, es cierto que al terminar mi última entrada quedé en hablarles de la esperanza que subsiste todavía en el Partido Republicano. Bueno, es cierto que escribí esa línea sin tener muy claro cómo la iba a sustanciar y ahora me encuentro con que no puedo hacerlo de ninguna manera porque no veo futuro alguno al GOP. Sí veo miembros del GOP con futuro y, sobre todo, veo como empieza a conformarse el núcleo  de lo que podría ser ese Partido Tea Party en cuatro personas muy concretas: la primera, por supuesto, Sarah Palin, quien hace ya mucho tiempo que veo fuera del Partido Republicano, actuando por su cuenta y siendo una disidente aún no reconocida oficialmente; las otras tres personas son los actuales senadores Ted Cruz de Texas, Mike Lee de Utah y Rand Paul de Kentucky. Es cierto que hay otros nombres por ahí, pero ninguno de ellos se ha significado todavía de la manera cómo lo han hecho estos cuatro y pienso que están un poco a verlas venir, dudando si saltar del barco o esperar todavía  a ver si endereza el rumbo.

De Sarah Palin no hay más que decir; cada día nos da un ejemplo de lo que sería un partido político encabezado por ella. De los otros tres, Cruz, Lee y Paul, su principal valor es la voluntad que están demostrando cada día en el Senado de mantener sus principios por encima de las conveniencias y de dar la batalla a sus rivales liberales, ya sean demócratas o republicanos. Eso les ha llevado a votar en múltiples ocasiones en contra de medidas propuestas por el propio Partido Republicano, como por ejemplo una propuesta de presupuestos presentada por Paul Ryan, que se saldó con una votación el Senado en contra de 40 a 59, con cinco senadores del GOP (entre ellos los tres que ya saben) votando contra ella porque ese presupuesto no contemplaba un recorte real en los gastos, sino simplemente un enlentecimiento del crecimiento del gasto. Principios contra conveniencias pues; votaron no. Y es que si bien es bueno reducir el ritmo del crecimiento del gasto, no es suficiente cuando lo que pretendes es cortar definitivamente el gasto. Y es que en cualquier momento, una nueva votación puede devolver la situación a su punto de partida: un gasto desenfrenado. Para recortar el gasto hay que hacer la elección de qué es lo que se va a eliminar y eliminarlo; simplemente reducir el ritmo de crecimiento lo deja todo en su sitio y al gobierno tan omnipresente como siempre.

Y como esta, otras muchas ocasiones, como cuando se votó una enmienda que buscaba asegurar que Medicare no se convirtiera en un programa de cheques sanitarios, en cuya votación sólo hubo tres noes, los de Cruz, Paul y Lee, y 96 síes, los del resto del Senado, en las que los tres demostraron que están en otra onda distinta a la de sus colegas. Unos colegas, la mayoría de los cuales, podrían acabar fijándose en sus colegas y tomando ejemplo de ellos si sus electores les presionaran lo suficiente como para darse cuenta de que los vientos ya no soplan en la dirección del apaño, sino en la del compromiso.

Ojalá sea así. Dios lo quiera. Pero mientras tanto, pensemos lo peor y desliguémonos de un Partido Republicano que ya no es ni por asomo aquel partido en el que una vez creímos y confiamos.

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