QUE DESAPAREZCA EL GOP DE UNA VEZ, POR FAVOR (IV)

PalabraBobEn la anterior entrada de esta serie vimos cómo Reince Priebus y Cia., los mismos que habían llevado al Partido Republicano a perder unas elecciones presidenciales que estaban chupadas, encargaron un informe (ellos lo llamaron “autopsia”) con el fin de saber qué se había hecho mal para poner remedio. Curiosamente, el informe era el mundo vuelto al revés y todo lo que se había hecho mal, se consideraba que se había hecho bien y hasta se aconsejaba perseverar en el intento. En consecuencia, Priebus sacó pecho, exhibió el dichoso informe y en lugar de dimitir avergonzado (o ser echado a patadas, que era lo más apropiado), se atornilló a su poltrona y decidió, con la aquiescencia de los que realmente mandan en el GOP, Rove y Cía., que si con dos años no había tenido bastante para acabar con el partido, dos más le aseguran que se lo carga.

A Karl Rove ya lo conocemos todos y es curioso cómo a pesar de ello siguen ignorándose muchos hechos, ocultos por la hojarasca de la autopropaganda. Es cierto que George W. Bush, Bush 43, fue presidente gracias a Rove, quien dirigió sus campañas electorales de 2000 y 2004 y desde entonces no deja de dárselas de “arquitecto”. Pero es que eso no es para ufanarse mucho porque la victoria de 2000 por un puñado de votos (y nunca mejor dicho) frente a un candidato demócrata tan flojo como Al Gore no es precisamente una hazaña. Por otro lado, ganar en 2004 frente a un pijo rematado como lo era John Kerry, tras el 11-S y con una guerra en Afganistán en marcha y otra en Irak que se aproximaba a marchas forzadas era como ser Lyndon B. Johnson en 1964 tras el asesinato de J. F. Kennedy y no haber ganado. Sí, victorias… ¿pero republicanas? Con Bush en la Casa Blanca y Rove a cargo de la fontanería, tuvimos el placer (esto último es irónico) de contemplar la presidencia del presidente republicano más demócrata de la historia, decidido partidario del Gran Gobierno. Así, Rove apoyó expresamente la disparatada expansión del gasto fiscal en Medicare, la anti-libertad de expresión legislación sobre la financiación de las campañas electorales McCain-Feingold y los primeros pasos de cara a “premiar” a los inmigrantes ilegales. Rove tiene de conservador lo que yo de liberal; nada de nada. Es simplemente un mercenario al servicio de quien mejor le pague y siempre dispuesto a deshacerse de lo que haga falta (empezando por los principios) si entiende que con ello puede lograr réditos electorales a corto plazo.

Republican ashamed

Y es este cálculo cortoplacista el que arruinó finalmente el segundo mandato de Bush 43, haciéndolo insoportable para los conservadores y sin por ello lograr la simpatía de los liberales. Entonces sí que se pudo comprobar la mano del “arquitecto”, que llevó a Bush a batir todos los records de impopularidad presidencial, teniéndolo estancado en el 30% de popularidad durante casi todos los cuatro años. Sí, claro, logró algunos resultados prácticos a corto plazo… Entre ellos, el de dejarle a McCain, el siguiente candidato republicano, una herencia indefendible por donde quiera que se mirase, poniéndole la victoria a Barack Obama a tiro de piedra. Rove es el infiltrado que cualquier partido desearía tener en el partido rival. Y lo peor de todo es que, a pesar de saber que es un bicho dañino y que más valdría rociarlo bien de DDT y atizarle con algo contundente para más seguridad, ahí sigue el tío, liándola todo lo que puede y asegurándose de que el Partido Republicano no se recupere nunca del estado de coma en el que se halla actualmente.

Rove se cargó 2008 y 2012, sí. Y está manos a la obra para cargarse 2016 también. No hace mucho que saltó a la luz pública su intención de crear un súperPAC llamado “Conservative Victory Project” (sí, sí, encima le pone “conservative”; ¡será cabrón el tipo ese!) con el fin de oponerse durante la temporada de las primarias republicanas a todos aquellos candidatos que no estén aprobados por el establishment del partido; o sea, oponerse a todos los candidatos del movimiento Tea Party. Para ello, cuenta con captar la financiación de los grandes donantes tradicionales del Partido Republicano y con esa inmensa cantidad de dinero a su disposición, hacer la guerra a su propio partido.

De todas formas, eso tiene una parte útil en la que no sé si el “arquitecto” ha pensado. Oficializando finalmente la existencia de dos bandos en el seno del GOP, el establishment y el Tea Party, ha hecho más fácil la catalogación de los diversos candidatos y la delimitación de las líneas del frente. Así, cualquier candidato que sea apoyado por Rove y su cuadrilla será ya para siempre el candidato del establishment, y ya puede él pretender lo que quiera que eso no se lo va a quitar nadie, lo que le impide apelar a la buena voluntad de los teapartiers y rogar su apoyo. Y es que en unos tiempos en los que una gran mayoría de votantes están en contra de todo lo que tenga que ver con el establishment, no sé yo si el apoyo de Rove es una ventaja o un beso envenenado.

La mejor respuesta a las intenciones de Rove la dio, sin  embargo, Newt Gingrich, y lo hizo sin pelos en la lengua, declarando que el nuevo súperPAC sería sin duda “repugnante” para conservadores y republicanos (yo, por mi parte, me comprometo a hablar de cualquier candidato de Rove como del candidato “repugnante”). Y no sólo eso, sino que Gingrich también dijo lo evidente y es que “ninguna persona es lo bastante lista ni tiene el derecho moral de comprar las nominaciones de todo el país”, además de que un “puñado de multimillonarios financiando a un jefe para que escoja candidatos en los 50 estados” es precisamente “lo opuesto de la tradición republicana de libertad y del conservadurismo popular de las pequeñas localidades”. “Este es el sistema de Tammany Hall y de la maquinaria de Chicago”, añadió.

La excusa de Rove para crear este engendro es que de esta manera se evitará de nuevo lo que sucedió en 2010, cuando los republicanos fallaron a la hora de ganar el fácil escaño del Senado de Delaware, y en 2012, cuando les pasó lo mismo con los escaños de Indiana y Missouri. Pero Gingrich tiene razón al señalar que si bien es cierto que Christine O’Donnell fue un fiasco en 2010, los candidatos apoyados por Rove en 2012 perdieron “elecciones asequibles al Senado en Montana, Dakota del Norte, Ohio, Wisconsin, Pensilvania, Virginia y Florida”. Y sigue diciendo: “Así pues, en siete de las nueve elecciones perdidas, el modelo Rove no tiene ninguna justificación basada en el candidato para su fracaso”. Y es cierto; es como ganar un partido por 10 a 1, pero lamentarse por el gol que has encajado y pretender despedir al portero.

Gingrich sigue martilleando en la cocorota de Rove, a ver si le entra algo: “Suministrar una millonada a los asesores con sede en Washington para destruir a los candidatos que no les gustan y nominar a los candidatos que sí les gustan es una invitación a la complicidad, el favoritismo y la corrupción”. Y no deja de sorprenderse de “lo poco que algunos asesores republicanos han aprendido de la derrota de 2012” y “aún más preocupante es lo arrogantes que son los planes que tienen para el futuro”.

Pero todavía hay más, puesto que ese sistema en el que asesores “listos” diseñan la “estrategia, gastan el dinero y piensan” mientras que el candidato sólo se preocupa de conseguir suficiente dinero para pagarles, es una manera “terrible” de hacer las cosas. “Los republicanos necesitan deshacerse del modelo asesor-céntrico y volver a un sistema en el cual los candidatos tienen que pensar y los asesores son consejeros y operarios pero que entienden que es el candidato electo el que tiene que representar a los votantes y tomar las decisiones clave”.

Y como aplicación práctica de todo esto, Gingrich la emprende con Stuart Stevens, el principal asesor de la pasada campaña electoral de Mitt Romney, que anda por ahí clamando que no es cierto que los republicanos tengan un “problema de 140 caracteres” en referencia a su triste actuación en los medios sociales y en el mundo de la tecnología en general durante las pasadas elecciones.  Gingrich declara a propósito de eso que cualquiera que haya leído las historias de Craig Shirley sobre las campañas electorales de Ronald Reagan en 1976 y 1980 (yo sí, por cierto; y las recomiendo vivamente) sabe lo que se necesita para vencer y no es mucho. Basta con un candidato con firmes creencias que sepa por qué se presenta y sepa lo que pretende conseguir. Y aún más, Gingrich declara que el propio Shirley le dijo una vez: “La radio comercial era una nueva tecnología a principios de los años 30 y Reagan se adaptó a ella. Las películas habladas eran una nueva tecnología a finales de los años 30 y Reagan se adaptó a ellas. Las cadenas de televisión eran una nueva tecnología a principios de los años 50 y Reagan se adaptó a ellas. Si Reagan estuviera vivo hoy, estaría tuiteando”.

Esto, además de un reconocimiento a Sarah Palin, la pionera en el Partido Republicano en comprender y aplicar en su beneficio el poder de los medios de comunicación sociales, sobre todo Facebook y Twitter, es además un reproche a su partido, del cual hace la comparación de que en cuestiones tecnológicas, es “un equipo de fútbol de patio de colegio” mientras que el Partido Demócrata “era un equipo profesional jugando la final de la Champions League durante las elecciones de 2012”. Y ahora mismo, los únicos que pueden oponerse a este equipo son los expertos en sabiduría y tecnología del Tea Party, que representan el modelo de partido político del siglo XXI.

En consecuencia, la jugada de Rove declarando oficialmente la guerra a los candidatos del Tea Party y, por ende, a todos los conservadores del Partido Republicano, puede haber provocado la mayor batalla dentro del GOP desde que Ronald Reagan y Jack Kemp desafiaron a los Rockefeller “tonos pastel” del establishment en los años 70.

No sabemos cómo terminará esta batalla, pero el hecho de que el establishment se esté atrincherando nos dice bien a las claras que pretenden luchar hasta el final. Una defensa numantina es muy honrosa, pero no oculta el hecho de que es una derrota. Y además cuesta mucho tiempo llegar hasta el final. Y tiempo es precisamente lo que nos falta. 2014 está a la vuelta de la esquina y 2016 llegará antes de lo que nos esperamos… y Clinton ya nos está esperando allí.

Por mi parte, no creo que el súperPAC de Rove sea una grandísima amenaza, aunque sí es preocupante porque debilita el partido. De hecho, es la constatación clara de que el establishment no tiene ningún plan para enfrentarse al Tea Party y que lo va a hacer con lo único de lo que entiende: dinero. Sin embargo, no es una novedad el hecho de que los candidatos del establishment siempre han dispuesto de mucho más dinero que los candidatos del Tea Party. Y aún así han perdido en la mayoría de las ocasiones. De hecho, los únicos candidatos “repugnantes” (je, je, je, me hacía ilusión usarlo por primera vez… y me gusta) que se han impuesto son aquellos cuyo perfil es menos establishment precisamente y que más esfuerzos han hecho en tender puentes hacia el otro bando. ¿Un ejemplo? Orrin Hatch en Utah. Lleva en la política desde la prehistoria casi y aún así ha logrado ser reelegido recientemente, contando incluso con el apoyo explícito de Sarah Palin. ¿Por qué? Porque no se ha encastillado y ha procurado durante estos últimos años comunicarse con los partidarios del movimiento Tea Party de su estado, quienes han podido hablar con él siempre que lo han deseado y saben que si bien no es uno de los suyos, tampoco es un enemigo declarado.

Es por eso que opino que tal vez Rove nos haga a todos un favor porque nunca habrá sido más fácil etiquetar a los candidatos de lo que lo va a ser este próximo 2014. Lo malo es que dejando clara la existencia de dos bandos, eso es casi como promover una escisión y el surgimiento de un nuevo partido. De esta forma, los “repugnantes” podrían irse al Partido Demócrata una vez que el Partido del Tea Party se constituyera oficialmente, una vez que nos hubiéramos hartado definitivamente de tantas putadas como nos están haciendo esos tipos.

Para finalizar, me gustaría dejarles con las declaraciones de Pat Caddell, un encuestador demócrata, en el último CPAC. De hecho, su intervención fue junto con la de Sarah Palin el bombazo de la edición de este año. Y sí, no me he confundido: es demócrata. Pero no es un malvado y detesta el rumbo socializante que ha tomado su partido desde que Obama lo ha abducido. Digamos que se trata de alguien en la órbita de Joe Liebermann, un demócrata de la vieja escuela; alguien con quien se podía hablar en la seguridad de que lo esencial estaba asegurado con él. Vamos, un tipo que no es anti-americano en absoluto.

Pat Caddell

Caddell estaba invitado a participar en una mesa redonda sobre el tema: “¿Deberíamos pegarles un tiro a todos los asesores? Durante su intervención, que nadie se esperaba que fuera tan vibrante, se dio el caso de que empezó con la sala a medio llenar y a poco que se empezó a correr la voz de lo que estaba saliendo de su boca, terminó con la sala llena a rebosar y gente pretendiendo entrar como fuera. Y no era para menos porque este es el resumen de lo que dijo:

Sobre los asesores

Cuando tienes al jefe de Gabinete del RNC y al director político de la campaña electoral de Romney, y sus dos compañías ganan 150 millones de dólares al final de la campaña electoral por el “fantástico” programa informático de “movilización del voto”… alguna de estas cosas bordean las violaciones de la RICO (la Racketeer Influenced and Corrupt Organizations Act, Ley contra las organizaciones corruptas e influenciadas por los negocios sucios). Es todo un continuo apaño. Creo que entra dentro de las previsiones de la RICO. Están en el negocio de llenarse los bolsillos.

El Partido Republicano está en manos de lo que yo llamo el CLEC (los Consultant, Lobbyst and Establishment Complex, el complejo de los asesores, cabilderos y el establishment) [Cadell describió el CLEC como una red interconectada de personas y organizaciones interesadas en preservar su propio poder más que en ganar elecciones].

Simplemente seguid el dinero. Está todo en los periódicos. El modo cómo funciona es así desde que centralizamos la política en Washington. El comité de campaña de la Cámara y el comité de campaña del Senado, ellos deciden quién debería presentarse. Tú contratas a esas personas de la lista oficial (les dicen a los candidatos) o de otra manera no te daremos dinero. Contratas a mi amigo o nada.

Sobre la falta de coraje del establishment

En mi partido [el Demócrata], nosotros jugamos para ganar. Jugamos a vida o muerte. Su gente juega un juego diferente… Su partido no tiene ningún problema en hacer de los Washington Generals frente a los Harlem Globetrotters [y que siempre pierde y hace el ridículo].

Sobre la campaña electoral de Mitt Romney

Mi pregunta para Romney es: usted gastó 45 millones de dólares [de su propio dinero] en su campaña electoral de 2008 cuando no tenía ninguna oportunidad. ¿Por qué no concedió un préstamo a su campaña electoral en primavera en lugar de dejar que Obama le definiera? ¿Acaso no sabía que el asunto de Bain iba a salir a la luz? Ted Kennedy lo usó contra usted [en 1994].

Por supuesto que estas elecciones se podían haber ganado. Debían haberse ganado. La campaña electoral de Romney fue la peor campaña electoral de mi vida a excepción de noventa minutos [los del primer debate] y gracias a Barack Obama.

Hubo una falta total de estrategia, una falta total de táctica, una masiva falta de mensaje. Pero sobre todo lo que hubo fue una falta total de imaginación.

Stevens [el director de la campaña electoral de Romney] tiene tanto que hacer dirigiendo una campaña electoral como yo brotándome alas y echando a volar por esta habitación.

Sobre el fracaso del GOP a la hora de capitalizar la impopularidad de Obamacare

La mayoría de la gente quería revocar Obamacare, un asunto que el Partido Republicano abandonó.

En el asunto de un gobierno más grande o más pequeño, una tercera parte de la gente que quiere un gobierno más pequeño votó a Obama.

Esta gente [los asesores, el CLEC] está haciendo sus propios negocios. Son parte del establishment de Washington. Esta gente no quiere tener cambios.

Sobre la victoria republicana en 2010

No fue diseñada por el establishment republicano de Washington. Ellos se apropiaron entonces de la victoria y la desperdiciaron.

Finalmente, Caddell predijo que el Partido Republicano, a menos que vuelva a ser el partido anti-establishment, el partido anti-Washington, se extinguirá como el Partido Whig en el siglo XIX.

¿Y yo soy el pájaro de mal agüero? ¡Jo, pero si que el GOP está acabado lo saben hasta los demócratas!

Nos falta una entrada más en esta serie: la de la esperanza.

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