VAMOS A ABRIR UN DEBATE: TERCER PARTIDO, ¿SÍ O NO? (II)

PalabraBobIba a decir que lo prometido es deuda, pero seguro que ya están  más que hartos de oírmelo decir casi cada día, así que no lo digo. Lo que sí voy a hacer es dejarme de introducciones por hoy y pasar directamente a traducirles las dos siguientes entregas de la serie de artículos de Virgil (recuerden que se trata de una serie de cinco y que los dos primeros los publiqué ayer). Y es que estoy seguro de que están más que interesados en saber cómo siguen los razonamientos del autor, sobre todo ahora que empieza a tratar del tema que más nos atañe: el movimiento Tea Party, al que no concede una gran capacidad de influencia en las próximas citas electorales de 2014 y 2016, algo en lo que tanto C. como yo discrepamos profundamente. Pues aquí los tienen.

¿ESTÁ ESTADOS UNIDOS LISTO PARA UN NUEVO TERCER PARTIDO? ¿ES “SIN ETIQUETAS” LO PRÓXIMO POR VENIR?

En las entregas anteriores, nos preguntamos: “¿Está Estados Unidos listo para un nuevo tercer partido?” y luego echamos un vistazo a la historia de los terceros partidos en los EE.UU. Como hemos visto, los terceros partidos surgen cuando los dos partidos existentes no se ocupan de las inquietudes de un grupo nuevo y articulado.

Hoy, por supuesto, hay un montón de insatisfacción general con el status quo. Las encuestas muestran que los estadounidenses piensan que estamos en el “camino equivocado”, en oposición a la “dirección correcta”, por un margen de casi 20 puntos, por lo que existe un gran mercado potencial para el cambio insurgente. La pregunta es, ¿quién puede satisfacer ese mercado? ¿El centro? ¿La derecha? ¿La izquierda? ¿O alguna otra cosa? En esta entrega, vamos a echar un vistazo al centro.

En enero, la National Journal de Ron Fournier publicó un artículo titulado: “Hablando sobre revolución: 6 razones por las cuales el sistema de dos partidos puede quedarse obsoleto“. Aquí está su lista de por qué cree que los EE.UU. están “al borde de una importante realineación política:

1. Los estadounidenses están desconectados y frustrados con la política a diferencia de casi cualquier otro momento en la historia de las encuestas.

2. El país se encuentra en medio de un cambio económico desgarrador de la era industrial a una economía de info-tech. La transición coincide con cambios sociales inquietantes. Las instituciones de la nación, especialmente el gobierno, no se están adaptando.

3. La historia sugiere que los períodos de cambio socioeconómico en EE.UU. conducen a agitación política, incluyendo la transformación de los partidos existentes y el surgimiento de otros nuevos.

4. La tecnología ofrece a los consumidores un poder adquisitivo enorme, que se ha utilizado para democratizar el comercio y otras instituciones. Un ejemplo: en unos pocos años, los estadounidenses ganaron la habilidad de saltarse el álbum de un artista y comprar sólo una o dos canciones favoritas. El negocio de la música ha sido cambiado radicalmente por nosotros, el pueblo. Entonces, ¿por qué se espera que los estadounidenses se conformen con el statu quo en la política?

5. Los partidos se debilitan. Por diversas razones, las estructuras demócrata y republicana ya no tienen el monopolio de la capacidad de reunir dinero, difundir mensajes y organizar activistas.

6. El país se enfrenta a problemas existenciales como el cambio climático, la deuda, la desigualdad de ingresos y la disminución de la movilidad social.

Bueno, esto es un desglose bastante bueno de lo que podríamos llamar circunstancias “pre-revolucionarias”. Sí, muchas personas agraviadas. Además, un montón de nuevos tipos de poder disponible para las personas por si quieren alborotar.

Fournier cita un grupo de centristas descontentos, No Labels [Sin Etiquetas], como un potencial beneficiario de la corriente. Iniciado en 2010, No Labelsse describe a sí mismo como “un movimiento de demócratas, republicanos y todo lo demás que haya entre medio dedicado a la política de resolución de problemas. Estamos unidos detrás de una proposición simple: queremos que nuestro gobierno deje de pelear y empiece a arreglar”.

No Labels está en la tradición de todos los grupos reformistas de altas miras del pasado, desde la Union League hasta la National Civic League y la League of Women Voters y la Common Cause. Esto es, en su mayoría gente de clase media-alta, la mayoría reunidos en torno a temas favoritos como la rendición de cuentas y la transparencia. Sí, estos son la gente del buen gobierno [good-government], también conocido como “goo-goos“.

Sin embargo, los goo-goos vienen de todas partes. La clase política actual, la que los goo-goos están tratando de reformar, los considera, en el mejor de los casos, como unos ingenuos diletantes y, en el peor, como una amenaza a sus “negocios acostumbrados” por parte de unos entrometidos. Mientras tanto, los izquierdistas los consideran como otros burgueses, obstaculizadores del camino del cambio radical que se necesita. Y la vista desde la derecha es que los goo-goos son “tontos útiles”, peones de los sindicatos de empleados públicos y otros incrementadores de impuestos.

Sin embargo, el grupo goo-goo más nuevo, No Labels, que parece haber surgido del antiguo Democratic Leadership Council, ha entrado mínimamente en sintonía con el público a medida que impulsaba su visionario y de pequeño calibre, pero bien intencionado, proceso de reformas para el Congreso y para la Presidencia. Tal vez su mejor elemento de acción y el más conocido sea “si no hay presupuesto, no hay paga”; es decir, si el Congreso no se pone de acuerdo en un presupuesto, entonces a los legisladores no se les paga. Eso suena bien hasta que uno se da cuenta de que es papel mojado; de acuerdo con la Constitución, el Congreso no puede hacer nada que afecte a su propio salario. Entonces, ¿qué es exactamente lo que No Labels espera lograr? A veces, es difícil de decir.

En efecto, podemos observar además que No Labels no se pronuncia sobre las cuestiones más importantes de nuestro tiempo, desde los impuestos hasta el gasto en política exterior. En lugar de meterse en tales controversias, No Label se aferra a su enfoque “kumbaya” de objetivos-mínimo-común-denominador. Hay cosas peores, desde luego, pero también hay cosas más interesantes. Si, como sugiere Fournier, este es un momento pre-revolucionario, No Labels no parece preparado para entonar el “Himno de Batalla de la República”.

Esa es la debilidad de No Labels como una posible plataforma para un tercer partido. Atrae a su parte de gente-en-el-medio-del-camino deseosos de hacer lo correcto, pero no ofrece nada que realmente impulse a la gente a tomar medidas audaces. Tampoco tiene un líder nacional fuerte y esa deficiencia congela sus posibilidades de, bueno, un liderazgo nacional. Y así, No Labels parece destinado a ser más una sociedad de debates que una dura fuerza para el cambio.

Una lección similar es proporcionada por los Americans Elect, una especie de compañero de grupo de No Labels. Después de las elecciones de 2008, personas cercanas al alcalde de la ciudad de Nueva York Mike Bloomberg, un demócrata moderado, donaron decenas de millones de dólares al grupo, que tiene por objetivo, al estilo No Label, poner una cara nueva en la contienda presidencial. Americans Elect incurrió en el considerable gasto de asegurar un lugar para un nominado “AE” en las 50 papeletas estatales, alentado, todo hay que decirlo, por el establishment de la capital. En abril de 2012, por ejemplo, Morton Kondracke, otro demócrata moderado, escribió una pieza para Roll Call en la que despreció a los Demócratas por ser demasiado liberales y a los Republicanos por ser demasiado conservadores antes de concluir: “Realmente hay una necesidad urgente de un alternativa centrista”.

Muchos vieron el esfuerzo como un pretexto para el propio Bloomberg,  pero cuando él se negó a presentarse, la organización se empecinó en seguir adelante con su esfuerzo por la “nominación” sólo para descubrir en mayo de 2012 que no podía encontrar a nadie que fuera capaz de reunir los míseros 10.000 votos necesarios para ganar la primaria online de Americans Elect. Después de eso, el grupo entró en reposo a menos que tal vez Bloomberg o algún otro multimillonario se interese en 2016.

Algo falta en el modelo No Labels/Americans Elect. Y ese algo es celo. Si desea iniciar un tercer partido, debe estar dispuesto a ir a las barricadas. Se necesita un líder como Teddy Roosevelt, quien declaró peleonamente su compromiso con la causa en mitad de la campaña de tercer partido de 1912:

Luchamos de forma honorable por el bien de la humanidad, sin miedo del futuro, sin hacer caso de nuestros destinos individuales, con inquebrantables corazones y ojo avizor; nos encontramos en Armagedón y damos la batalla por el Señor.

Ese es el tipo de pasión que se necesita para montar un tercer partido insurgente y nadie en la clase media-alta parece que la tenga. Y así, esta situación pre-revolucionaria espera a los revolucionarios.

O sea, que los centristas ni chicha ni limoná. Vamos con la siguiente entrega.

¿ESTÁ ESTADOS UNIDOS LISTO PARA UN NUEVO TERCER PARTIDO? LA PASIÓN DE LOS RANDPAULISTAS

En la primera entrega de esta serie, hemos tomado nota de la considerable oposición pública al gran gobierno, así como una hostilidad palpable con el statu quo, lo que sugiere la posibilidad de una nueva efervescencia política, dentro o fuera del sistema de dos partidos. En la segunda parte, nos fijamos en la historia de los movimientos de terceros partidos en los EE.UU., teniendo en cuenta que llegaron a existir para dar voz a los sin voz en todo el espectro político.

Y en la tercera parte, analizamos las perspectivas de un movimiento de tercer partido basado en las voces frustradas del centro contemporáneo y vi que no hay muchas posibilidades de que estos en-mitad-del-camino tiren de un tercer partido.

Ahora, en la cuarta parte, consideramos las perspectivas de un movimiento de tercer partido de un grupo más entusiasta. Y eso es por la derecha, o quizás más precisamente, por la derecha libertaria a lo Tea Party. ¿Es esa una perspectiva real?

Uno que dice “sí” es el reportero de National Journal Ron Fournier. El 14 de febrero, Fournier lanzó este mensaje no-tan-de-San-Valentin en territorio republicano, prediciendo el estruendo de un tercer partido por la derecha:

Dentro de los acogedores enclaves del buen vivir del GOP, acomodados en las mesas para ver y ser visto de los restaurantes de Washington, los líderes republicanos están prediciendo con amargura una apuesta presidencial independiente revienta-partido por parte de un rival del Tea Party como el senador Rand Paul (R- KY) en 2016.

Para ellos, el apocalipsis del GOP se cierne mayor de lo que muchos creen. El duelo de refutaciones del discurso sobre el Estado de la Unión y el asalto de Karl Rove a los candidatos de derecha son meros síntomas de una crisis existencial que está provocando ardor de estómago a los más robustos republicanos.

Entonces, ¿los republicanos corrientes tienen causa justificada para su ardor de estómago? O, para decirlo de otra manera, ¿los duros libertarios y los conservadores constitucionales deberían sentir alegría en sus corazones?

Podemos señalar de inmediato que hay una cierta diferencia entre el Tea Party, y lo que queda de él, y Rand Paul.

El Tea Party tuvo una gran actuación en 2010, pero desde entonces su imagen pública se ha fracturado, junto con las candidaturas de, por ejemplo, los ex representantes Allen West y Joe Walsh, y los no-senadores Todd Akin y Richard Murdock, todos ellos perdedores en las elecciones de 2012.

Hoy, según el encuestador Scott Rasmussen, el número de estadounidenses que se asocian con el Tea Party se ha reducido en dos tercios, mientras que su porcentaje favorable/desfavorable está completamente hundido.

Sin embargo, los sentimientos Tea Party todavía ocupan un lugar preponderante en el Partido Republicano. De hecho, una vaga sospecha a lo Tea Party de intrusión gubernamental parece haber crecido a escala nacional. En 2011, Nate Silver, el adivino sin remordimientos, tenía esto que decir sobre el estado de ánimo nacional:

Ha habido cambios visibles en la opinión pública sobre una serie de cuestiones que van desde la tolerancia creciente a los matrimonios del mismo sexo y la legalización de la marihuana por un lado, y el escepticismo sobre los paquetes de estímulo y la reforma de salud por otro lado que pueden interpretarse como un paso hacia visiones más liberales.

Sin embargo, Silver también incluyó esta advertencia: “Si la gente es tan de mente libertaria en la práctica como creen serlo cuando contestan preguntas de la encuesta, eso ya es otra cosa”.

Como Hamlet de Shakespeare diría si estuviera activo en la política: “Ay, ahí está el problema”. Sí, desde el año 2011, las causas del matrimonio gay y la marihuana legal han hecho grandes progresos, pero, por otro lado, el gobierno está gastando más, no menos.

Así, la complejidad: a la gente no le gusta que le digan lo que tienen qué hacer, pero tampoco les importa ser los beneficiarios de la ayuda del gobierno. Y este es un fenómeno histórico clásico, ya que mientras los estadounidenses son instintivamente suspicaces del “gobierno grande”, un legado de nuestra herencia revolucionaria y jeffersoniana, también son instintivamente partidarios de obtener su parte justa, y, sobre todo, de lo que ven como una parte justa para los demás.

Un ejemplo de ello es el gasto social, especialmente en tiempos difíciles. En agosto de 1935, en medio de la Gran Depresión, el presidente Franklin D. Roosevelt firmó la Ley de Seguridad Social, garantizando a la mayoría de los trabajadores estadounidenses una pensión de vejez. La Seguridad Social ha sido y es la pieza central del New Deal. Sin embargo, curiosamente, cuando FDR firmó la legislación, el encuestador George Gallup hizo esta pregunta: “¿Cree que los gastos efectuados por el Gobierno para el alivio y la recuperación son demasiado pequeños, demasiado grandes o los correctos?”. La respuesta del público llegó con: “demasiado poco”, 9%; “los correctos”, 31%; “demasiado grandes”, 60%.

Así que fue el pulgar hacia abajo por el bienestar y también para el Gran Gobierno. ¿Pero también fue un pulgar hacia abajo para la nueva Ley de la Seguridad Social? No, en absoluto. Ese mismo año, Gallup también preguntó: “¿Está usted a favor de las pensiones de vejez del gobierno para los necesitados?” Y la respuesta fue “sí”, el 89%; “no”, el 11%. Y, desde luego, al año siguiente, 1936, FDR fue reelegido con casi el 61% del voto popular, con 46 de los 48 estados. Una vez más: ¿La gente pensaba que el gobierno era demasiado grande? Sí. Pero, ¿pensaban también que ellos mismos, y la gente como ellos, necesitaban ayuda? La respuesta fue “sí” a eso también.

El mismo pensamiento dividido sobre los gastos del gobierno (los críticos pueden preferir llamarlo esquizofrenia) se aplica en la actualidad. Como vimos en la primera parte, una reciente encuesta de Pew encontró que la mayoría de los estadounidenses ven al gobierno como una amenaza a sus derechos y libertades personales, y casi tres cuartas partes dicen que rara vez o nunca confían en el gobierno federal.

Es ese espíritu, por supuesto, el que ayudó a los republicanos a lograr una gran victoria en 2010.

Sin embargo, mientras que a las personas no les gusta el gobierno federal en su conjunto, algunos programas federales específicos les gustan mucho. Por ejemplo, el mismo Pew Center encontró que la oposición al “cheque sanitario” de Medicare en realidad aumentó de 2011 a 2012.

Entonces, ¿qué pasó con el Tea Party cuando se encontró con Medicare? En primer lugar, el representante republicano Paul Ryan de Wisconsin puso la idea de los cheques de Medicare, lo que él llamó “apoyo prioritario”, en la escena nacional. En segundo lugar, los demócratas machacaron la idea, fuera cual fuera su nombre, enterrándola profundamente. De hecho, por un margen de 18 puntos, los estadounidenses piensan que el mantenimiento de los beneficios de Medicare y la Seguridad Social es más importante que la reducción del déficit presupuestario.

Es ese espíritu, por supuesto, el que ayudó a los demócratas a ganar una gran victoria en 2012.

De hecho, a lo largo de los últimos tres años y medio, el autor ha asistido a varios mítines del Tea Party y notó una falta de conexión entre los oradores en esos mítines, por un lado, y su público, por el otro. Los ponentes fueron, sin falta, altamente ideológicos, completamente inmersos en su interpretación de la Constitución tal y como fue escrita por los Fundadores de los Estados Unidos, así como de la novelista Ayn Rand de Rusia y los economistas de Austria. Sin embargo, su público, por su parte, no eran tanto ideólogos como gente enojada con Washington en general. Es decir, las audiencias eran sinceras, pero les gustaban menos Barack Obama y Nancy Pelosi que la idea básica de un gobierno nacional. De hecho, los eventos del Tea Party estaban llenos de jubilados, la mayoría de ellos, al menos parcialmente dependientes de la Seguridad Social y Medicare.

En 2009-10, esta desconexión entre oradores y público no importaba mucho porque todos los que estaban en los mítines del Tea Party en esos años estaban unidos en el objetivo de derrotar a los demócratas en noviembre de 2010. Sin embargo, esa desconexión se volvió importante en 2011-12, cuando muchos de los fieles del Tea Party se dieron cuenta de que les gustaban los programas de jubilación más o menos que como estaban.

En otras palabras, la gente puede pensar de sí mismos como libertarios en muchos temas, pero no siempre lo son y tampoco votan de esa manera.

Podemos saber eso a ciencia cierta, examinando el voto libertario formal. Desde 1972, el Partido Libertario (PL) ha estado presentando a un candidato presidencial; estos candidatos son invariablemente capaces y razonablemente bien financiados en tanto que candidatos de terceros partidos, y han incluido a dos miembros del Congreso, Ron Paul en 1988 y Bob Barr en 2008. Sin embargo, aun así, el candidato del PL nunca ha recibido más de un 1,06% de los votos y eso fue allá por 1980.

En el año 2012, podemos observar, el candidato del PL Gary Johnson, quien en los años 90 había sido elegido dos veces gobernador de Nuevo México como republicano, ha recibido el 0,99% de los votos. Entonces, ¿por qué Johnson se demostró tan débil en el escenario nacional, obteniendo una votación para el PL tan pequeña? ¿Qué pasa con toda ese “l” pequeña del sentimiento libertario cuando se encuentra con la gran “L” del Partido Libertario? Al parecer, en el momento en que el candidato PL empieza a responder a preguntas sobre todos los elementos de, por ejemplo, el programa electoral PL, desde la total y absoluta legalización de las drogas  al aislacionismo y al “libre mercado bancario”, no mucho apoyo del público se mantiene.

Además, está el sentimiento bien fundado de la derecha de que las candidaturas LP, a todos los niveles, succionan votos de los candidatos republicanos. Según una estimación, los candidatos LP les costaron a los republicanos la victoria en nueve elecciones, sólo en 2012. Tales resultados podrían estar muy bien para algunos, pero muchos más piensan que es una vergüenza el votar al PL y tal vez entregar la victoria a los demócratas.

Ah, dirán algunos, ¿qué pasaría con un republicano de tendencias libertarias, como dicen que es el senador Rand Paul? ¿No podría él hacerlo mejor? Y la respuesta es que sí, como republicano.

En 2010, la mayoría de los expertos pensaban que Paul, que no había sido elegido para nada, perdería las primarias republicanas contra el candidato del partido designado a dedo. Sin embargo, Paul ganó, porque movilizó el apoyo del Partido Libertario y del Tea Party dentro del Partido Republicano. Y muchos de los mismos expertos predijeron que Paul, el político nouveau, seguramente tropezaría en las elecciones generales. Pero ganó en noviembre también porque, una vez más, tenía a todas las facciones de la derecha unidas.

Entonces, ¿podría Paul ir contra la corriente otra vez en un intento presidencial en 2016? En particular, ¿podría funcionar como un “independiente revienta-partido”, como el reportero Fournier dio a entender? No parece probable. Paul no tiene reparos en su deseo de ir a la Casa Blanca, pero no parece dispuesto a repetir la suerte electoral de su padre, quien ganó menos de un 0,5% de los votos yendo en la casilla del PL en 1988; el joven Paul parece haber atado su suerte al Partido Republicano. Como Rand Paul dijo en la edición del 17 de febrero de Fox News Sunday: “No me presentaría a menos que fuera para ganar”. Así que parece descartar una candidatura simbólica de protesta. De hecho, agregó, “Creo que el país está realmente listo para la narrativa que viene, la narrativa republicano-libertaria”.

Las palabras de Paul parecen sugerir que tiene la intención de postularse a la presidencia (si se presenta) como republicano. Así, el de Kentucky ha estado sonando menos libertario y más conservador últimamente. Por ejemplo, aún mantiene importantes diferencias en política exterior con los neoconservadores republicanos, pero se ha unido con ellos en el filibuster contra el nombramiento de Chuck Hagel. Paul nunca será la idea de nadie de un buen neocon, pero tampoco parece querer ser un enemigo declarado. Y eso sugiere que los libertarios y los neoconservadores todavía podría encontrar una manera de fusionarse.

Como hemos visto, los terceros partidos se forman cuando un grupo sin voz quiere voz. Y se desvanecen cuando uno de los dos partidos empieza a hablar con esa voz no reconocida previamente. Hoy, como ya hemos visto, el Tea Party, así como los libertarios, parecen haber sido absorbidos en su mayoría por el Partido Republicano, y eso es probable que continúe durante el tiempo que Rand Paul sea senador republicano. De hecho, Paul está haciendo todo lo posible para nominar y elegir a candidatos afines como republicanos, y sólo como republicanos. El Tea Party nunca ha ido por su cuenta y ahora es probable que nunca lo haga.

 Es posible que algún autoproclamado teapartier se presente como tercer partido en 2016, como, tal vez, el candidato del Partido de la Constitución, que recibió un de minimis 0,09% de la votación presidencial en 2012. Un muy determinado teapartier podía hacerlo mejor que eso en el 16, pero el objetivo sería hacer algún tipo de declaración, no ganar. Y el efecto, si fuera evidente, sería ayudar a los demócratas. Eso es “revienta-partido” de hecho, aunque no mucho más que eso.

Lo mismo es válido para el Partido Libertario. El PL presentará a alguien en el 16 porque siempre lo hace. Sin embargo, ese candidato será muy difícil que rompa ese techo del 1%, en parte porque la historia y el sentido común nos dicen que la mayoría de los votos del PL están hechos de la piel de los republicanos.

Por tanto, podemos concluir, al menos por ahora, que no hay mucho espacio en la derecha para un tercer partido. Mientras Rand Paul y sus apasionados partidarios permanezcan dentro del Partido Republicano, todo estará tranquilo en el frente de la derecha.

Eso deja solamente a otro grupo de votantes descontentos, que vamos a explorar en la quinta y última entrega.

Mañana la última entrega. Y pasado, la mía, ¡rayos y truenos!

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3 respuestas a VAMOS A ABRIR UN DEBATE: TERCER PARTIDO, ¿SÍ O NO? (II)

  1. Santi dijo:

    Mi opinión es que un tercer partido lo tendría difícil, por no decir imposible. Tendría que ocurrir un cataclismo para que tuviera alguna posiblilidad. Además se supone que el tercer partido sería de centro, en medio de los dos partidos, y lo que saldría del Tea Party estaría a la derecha del actual partido republicano. Lo mismo digo de un posible partido fundado por Sarah Palin con apoyo o no del Tea Party. Y esto lo haría aún más difícil. Lo máximo sería aspirar al apoyo de un partido republicano muy debilitado como consecuencia de la división de su electorado. Y ello beneficiaría a los demócratas.

    Lo ideal es que las ideas de Sarah Palin y del Tea Party, un conservadurismo con sentido común, se hagan con el control de un nuevo partido republicano.

    Y lo que pienso para EEUU es lo mismo que para España. ¡Es que son situaciones calcadas, oiga! ¡rayos, truenos y centellas!

    Un saludo a la espera de tu opinión que siempre sienta cátedra, amigo Bob.

  2. Blackice dijo:

    Hay mucho que matizar, aunque coincido básicamente con la opinión de Santi, voy a esperar la siguiente entrega.

    Saludos.

  3. Jacky dijo:

    Aunque me encantaría un tercer partido, de verdad que habría que empezar ayer, pero como Santi dice nada es imposible y menos en America! El Teaparty debe ser la contra parte del LSM y abogar por el conservadorismo y ser la voz independiente fuera de partidos políticos.

    Estoy esperando tu opinión, pero tengo una corazonada de que el discurso de Sarah en CPAC nos va ayudar a sacar más conclusiones en este tema, etc. Sabemos lo genial que es Sarah para discernir estrategias políticas, ella se adelanta al futuro.

    Ella menciono que las puerta están abierta y todavía no he visto que se allá equivocado aunque se que es humana y se puede equivocar, …..pero es muy certera en sus comentarios y su apoyo a candidatos. ¿Puede ser grito de guerra como este? :

    “…que esta nación, bajo Dios, tendrá un nuevo nacimiento de la libertad – y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no perecerá de la tierra.”
    Por Presidente Abraham Lincoln (Discurso de Gettysburg, Pensilvania 19 de noviembre 1863)

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