LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (IX)

LibrosBobEstoy preparando una entrada sobre Ted Cruz, el nuevo senador republicano (y antes teapartier) por Texas. Apenas lleva un mes en el cargo y en verdad que estoy maravillado con este hombre por todo lo que ha hecho hasta ahora, sobre todo su aguerrida defensa de la Segunda Enmienda y la manera como está encabezando la oposición al nombramiento de Chuck Hagel como Secretario de Defensa. Ahora entiendo por qué Sarah Palin se esforzó tanto en lograr su elección como senador: sabía que era un diamante en bruto. Sé que es echarle mucha imaginación al asunto todavía, pero… ¿qué les parecería un ticket Palin-Cruz en 2016? Una mujer para enfrentarse a la Clinton y un hispano para enfrentarse a quien sea que lleve la Clinton entonces de florero. Tentador, ¿eh?

Mientras termino de perfilar esa entrada, les dejo aquí la penúltima entrega de esta serie sobre los clásicos del pensamiento político conservador. En esto ocasión se trata de una obra de Robert Nisbet (1913-1996), uno de los grandes. De nuevo, tratamos el tema de por  qué el hombre moderno se siente tan solo en el mundo y la respuesta de Nisbet es que la culpa la tiene el maldito estado, que ha dejado a ese hombre sin sus comunidades tradicionales y, con ello, sin nada a lo que aferrarse (y por ende, con la única posibilidad de hacerlo con el estado, curiosamente). Por eso precisamente hay tanta gente que contempla al estado como el suministrador de todo lo que necesitan durante su vida. No es que adoren al estado; es que no tienen ningún sitio más adónde acudir.

La verdad es que puedo comprender a esas personas. Yo mismo, si no fuera porque estoy predispuesto genéticamente a la soledad, podría haberme convertido en un estatista furibundo a poco que las cosas en mi vida hubieran sido algo diferentes (y no mucho, no crean). Sin embargo, no ha sido así y aquí me tienen en la resistencia, intentando sublevar a las masas y como ha dicho recientemente un cretino en Estados Unidos refiriéndose a nosotros, los bloguistas y comentaristas conservadores, “escribiendo en el sótano con 75 gatos”. Bueno, yo no tengo gatos y mi casa no tiene sótano y apenas tres habitaciones, pero me adhiero a la legión de ofendidos. Hay que ver cómo les irrita que alguien tenga opinión propia y la voluntad de expresarla, ¿eh? Pues bien, cuanto más les irrite, más me gusta a mí. Y si hace falta, me iré a escribir al garaje de mi finca, que está en el sótano precisamente, y le pediré a mi vecino que me preste el gato mientras tanto. ¿Quién sabe? Igual eso me inspira especialmente.

Robert Nisbet

Robert Nisbet

The Quest for Community

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THE QUEST FOR COMMUNITY

Publicada por Oxford University Press en 1953, The Quest for Community: A Study in the Ethics of Order and Freedom fue la obra maestra del gran sociólogo conservador estadounidense Robert Alexander Nisbet. Mientras que Nisbet mantendría posteriormente que “no lo había escrito particularmente como un libro conservador”, The Quest for Community hizo una contribución histórica tan significativa al renacimiento conservador de la posguerra en Estados Unidos que Nicholas Lemann se vio impelido a concluir en 1991 que “el triunfo del nisbetismo” era “el credo establecido de la política estadounidense a su más alto nivel”.

La tesis central de The Quest for Community figuraría preeminentemente en toda la obra posterior de Nisbet y arrastraba una fuerte influencia de sus “dos mayores héroes intelectuales”, Edmund Burke y Alexis de Tocqueville. En sus páginas, Nisbet argüía que la preocupación de la modernidad por la alienación, el aislamiento y la soledad resulta de la erosión gradual de los lazos que atan tradicionalmente en forma de comunidades intermedias de parentesco, lugar y fe por la creciente ascensión de la nación-estado política occidental. Leviatán habría absorbido las funciones, usurpado las autoridades y cortado los lazos de las asociaciones tradicionales personalizadas en la familia, el pueblo, la parroquia y el gremio. “La búsqueda de la comunidad no se detendrá”, insistía Nisbet, “porque resulta de unas poderosas necesidades de la naturaleza humana –necesidades con un claro sentido de propósito cultural, pertenencia, estatus y comunidad”. La más amarga ironía en todo esto, sostenía Nisbet, era que la moderna búsqueda de la comunidad –en sí misma un resultado de la creciente consolidación y ubicuidad del estado– es a menudo mal dirigida de vuelta al propio estado. Así, a medida que las instituciones tradicionales se erosionan, nuestro anhelo por el sentido de pertenencia que una vez nos proporcionaron se manifiesta en una clara solución política: nominalmente la creciente consolidación del gobierno nacional. Aún así, advertía Nisbet, tal triunfo del lazo político sobre el lazo social sólo conlleva un mayor desgarro del tejido social y de aquí a nuestro exacerbado estado de ansiedad.

Llegado a escena en el mismo año que The Conservative Mind de Russell Kirk, el primer libro de Nisbet inmediatamente encontró el elogio de T. S. Eliot, Kirk, Reinhold Niebuhr y otros, que lo calificaron como una meticulosa crítica del moderno individualismo liberal. Los escritos de Nisbet en general, y este libro en particular, han hecho también una contribución significativa a la moderna discusión comunitaria al centrar la atención en el estado no como garante de la comunidad, sino antes al contrario como el primer contribuyente a su disolución. El hilo que enlaza virtualmente con toda la obra posterior de Nisbet puede encontrarse en la primera página de su prefacio a The Quest for Community. Mientras reconoce la miríada de dislocaciones causadas por los agentes económicos, religiosos y tecnológicos, Nisbet informa a sus lectores de que ha escogido “tratar de las causas políticas de las múltiples alienaciones que se ocultan tras la búsqueda contemporánea de la comunidad”. Ver al estado como una mera relación legal, advierte, “es engañoso”. El verdadero “significado del estado moderno”, insiste, es “inseparable de sus sucesivas penetraciones de las fidelidades humanas económicas, religiosas, familiares y locales y su revolucionaria dislocación de los centros establecidos de función y autoridad”.

Cory Andrews

Secretario judicial y editor de la Florida Law Review entre 2004 y 2005

Seguiremos dando caña, por descontado. Por cierto, finalmente le he pedido el gato al vecino para probar y acabo de descubrir que me dan alergia. Además, lo he tenido que echar a escobazos porque había descubierto la lasaña que tengo para almorzar mañana y pretendía zampársela. Ahora entiendo por qué mi vecino le puso de nombre “Garfield”. Atchús, atchús… ¡Maldito bicho!

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