LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (VI)

LibrosBobSanti me va a matar, seguro. Hace tropecientos días que me preguntó por la edición en español de nuestro último libro recomendado, God and Man at Yale, y todavía no le he respondido. Lo siento, amigo. A veces me despisto. Pero que conste que no se me había olvidado, ¿eh? Que bien que tenía tu pregunta anotada y al fin voy a poder responderte. Lo malo es que mi respuesta va a ser fastidiosa: no he podido encontrar ninguna edición en español de ese libro. Los enlaces a Amazon que pongo en cada entrada de este tipo ya van siempre dirigidos a la edición en español de la obra de que se trate, si es que existe y si no, a la inglesa. De todas formas, si algún otro lector tiene información sobre alguna edición antigua, seguramente descatalogada, pero que se pueda encontrar en alguna libreria de viejo, que nos lo diga, por favor. Inútil será volver a ofrecerme a cualquier editor que pueda estar leyéndome para traducir la obra gratuitamente; ya lo he hecho varias veces y aún estoy esperando ofertas. En fin, que esto es lo que hay. Si es lo que yo digo: que triste es ser conservador en España… Con lo bien que se debe de vivir siendo progre: no tienes que pensar, no tienes que esforzarte, te dicen lo que tienes que creer y encima sales en la tele. Por eso, creo que la obra que les presento hoy es más que oportuna: Witness [Testigo] de Whittaker Chambers (1901-1961), una obra que en más de una clasificación de los mejores libros sobre el conservadurismo ocupa el primer puesto. Y justificadamente además.

whittaker-chambers-340x264

Whittaker Chambers

Witness

Pulse sobre la portada del libro para acceder a su página web en Amazon y adquirirlo.

WITNESS

A un nivel, la autobiografía de Whittaker Chambers, Witness, es mucho más que simplemente un detallado recuento de la odisea espiritual desde una difícil infancia en Long Island hasta la comprometida, creyente y activa pertenencia al Partido Comunista, y –finalmente– la profunda fe religiosa y el completo rechazo del comunismo. El libro también explica por qué la gente escogió abandonar la democracia occidental por el comunismo durante los años 20 y 30, proporciona una recopilación de la actividad comunista dentro y alrededor del gobierno estadounidense que iba mucho más allá de los que muchos estaban dispuestos a creer, y ofrece un análisis filosófico de la crisis espiritual del siglo XX, una crisis que Chambers creía que fue compendiada por el conflicto entre el mundo comunista y Occidente. Este tema pareció provocar las mayores reacciones por parte de muchos de sus lectores.

Publicado por primera vez en 1952, Witness llegó pisándole los talones a las audiencias de McCarthy y al notorio caso Hiss en el que Chambers fue el principal acusador y el testigo contra Alger Hiss, un alto cargo del Departamento de Estado. El libro inmediatamente caló en el corriente debate político sobre si Hiss era en realidad un comunista culpable de traición y espionaje, y también en el debate sobre el propio comunismo, lo que era y cómo había que tratarlo. Ya existía un corpus de lo que un crítico llamó “la literatura del contra-comunismo”, que incluía obras de Arthur Koestler (El cero y el infinito, 1940), Ignazio Silone, André Malraux y James Burnham. El libro de Chambers, sin embargo, tuvo un mayor impacto que las obras de estos autores por varias razones.

Primero, Chambers ya era bien conocido como el intruso en la alta sociedad y el gobierno que había acusado al “no-intruso” Hiss de traición, un cargo que muchos rehusaron creer a pesar de las pruebas que Chambers detallaba en su libro. Segundo, Chambers daba detalles acerca del Partido Comunista en Estados Unidos, sus células, su aparato, sus espías y sus actividades clandestinas, y nombraba a altos cargos del gobierno que, como Hiss, eran comunistas o simpatizantes comunistas. En unos tiempos en que muchos creían que la amenaza comunista sobre Estados Unidos estaba grandemente exagerada, Chambers proporcionaba detallados apuntes de la a veces inefectiva y a veces efectiva labor de los comunistas para minar a Occidente. Tercero, y más controvertido, Chambers atacaba el liberalismo arguyendo que era, en efecto, una forma simple del comunismo, o una etapa en el camino hacia él, y que los liberales eran intelectualmente incapaces de comprender los peligros del comunismo. Sus ataques al New Deal fueron particularmente notados por aquellos que argüían que el New Deal mostraba precisamente la fortaleza de las sociedades capitalistas occidentales, que habían demostrado con ello que podían reformarse desde dentro sobre la base de la moderación y el pragmatismo.

Cuarto, Chambers analizaba severamente la situación humana en términos del bien contra el mal, el comunismo contra la creencia en Dios, o lo que él llamó “las dos irreconciliables fes de nuestro tiempo –comunismo y libertad”. Vio el mundo en términos de esta categórica oposición, por lo cual fue acusado de ser un absolutista que meramente se había convertido de un extremo al otro, insistiendo rígidamente en una absoluta fe religiosa antes que tomar una postura más moderada basada en valores humanos y no religiosos. (Chambers se había convertido en un cuáquero no dogmático). El punto de vista de Chambers desafió tanto a aquellos que creían que el impulso básico del comunismo era, aunque infortunadamente pervertido, un bien que podía ser perseguido a través de varias políticas socialistas y colectivistas, y aquellos que creían que los cimientos de la libertad y las instituciones occidentales eran inherentemente seculares e incluso ateos –que la moral, una sociedad bondadosa y bien ordenada y la felicidad humana podían ser alcanzadas a través de estrategias y políticas seculares. Chambers, por otra parte, conectó directamente la verdadera libertad con Dios y el alma anhelante de Dios, estableciendo que “sin el alma no hay justificación para la libertad”. Para Chambers, esto significaba que “cualquier ruptura sincera con el comunismo es una experiencia religiosa”.

Quinto, Chambers era, en el tiempo en que abandonó el comunismo, tan pesimista sobre la eventual caída de Occidente como un comunista ferviente lo hubiera sido optimista. Muchos de aquellos que se volvieron comunistas creían en el inevitable triunfo de lo que ellos veían como los humanitarios ideales comunistas sobre el decadente y corrupto mundo burgués. Preferían estar en el lado vencedor. Chambers, tras ver la verdadera naturaleza antihumanitaria del comunismo que emergió con particular claridad en los años 30, llegó a la conclusión de que el comunismo era esencialmente malvado y que él no podía servir por más tiempo a semejante causa, aunque creyera que estaba “abandonando el mundo vencedor por el perdedor”. Mientras escribía Witness en los primeros años 50, Chambers todavía creía que ésta era una afirmación correcta.

Fundamentalmente, el libro de Chambers es la autobiografía intensamente escrita de un alma, un alma forcejeando en la oscuridad para encontrar la luz. Algunos han comparado Witness con las Confesiones de San Agustín. Chambers puso toda la intención en su título: había servido como testigo contra Hiss ante el tribunal, pero aún más importante, estaba sirviendo como testigo en un sentido religioso –un testigo y un mártir por la verdad. Esta última misión dio a su libro mucho más impacto del que hubiera tenido como una mera descripción de los sucesos externos de su vida. A pesar de ocasionales omisiones, inexactitudes y defectos, Witness fue una enorme contribución al contraataque conservador contra el comunismo y el socialismo, reforzando la creencia de que el comunismo era de hecho un peligro significativo y arguyendo que una fundamental debilidad espiritual minaba todo el poder de Occidente para resistirse a él.

Michael Henry

Catedrático de Filosofía en St. John’s University

Y es que al fin y al cabo, todos nosotros, los bloguistas conservadores, lo que estamos haciendo es precisamente lo mismo que Chambers: dar testimonio. Dejar constancia también de que en estos tiempos, hubo quien se resistió a la mendacidad dominante. Quizás más adelante, nuestros hijos logren librarse de ella y conquistar su libertad. Y ojalá sea la última vez que haga falta hacerlo porque en el mundo ya no haya que temer nunca más que alguien pretenda esclavizarnos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sobre libros y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (VI)

  1. Santi dijo:

    Gracias, Bob, por tu contestación. Estás en todo. Siento que mi inglés sea pésimo. Una pena que muchos de estos libros tan interesantes para los conservadores no estén traducidos.

    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s