LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (II)

LibrosBobA la espera de tener alguna noticia más de Sarah Palin, o siquiera un tuit suyo deseándonos un feliz año nuevo –peor no lo puede ser; sea como sea que salga, seguro que 2013 mejorará al 2012–, seguimos añadiendo ejemplares a nuestra perfecta biblioteca conservadora. El que hoy les traigo es una reciente adquisición mía, The Conservative Mind de Russell Kirk (1918-1994) y reconozco que aún no he podido leerlo, pero que está el primero en mi pila de libros que “tengo que leer como sea, aunque tenga que hacerlo en el trabajo y encerrado en los servicios”. Lamentablemente no existe una traducción al español, o al menos no he sabido encontrarla. Yo tengo la séptima edición en inglés. Sin embargo, sí que existen tres obras de Kirk en nuestro idioma y al final de la reseña se las incluyo, para que puedan disfrutar siquiera de una porción del enorme talento de este hombre, que es definitivamente un gran hombre.

Russell Kirk

Russell Kirk

The Conservative Mind

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THE CONSERVATIVE MIND

En The Conservative Mind, una historia germinal de las ideas conservadoras, Russell Kirk definió y examinó una tradición intelectual conservadora que comenzó con Edmund Burke. Muchos consideran que el libro jugó un papel histórico en el revival de las ideas conservadoras en la América posterior a la guerra. Originalmente titulado The Conservatives’ Rout [La huida de los conservadores] (porque Kirk consideraba que la historia del conservadurismo era la de una triste serie de retiradas), el manuscrito original fue presentado como la disertación de Kirk para el grado de Doctor of Human Letters por la St. Andrews University. The Conservative Mind tuvo un espectacular impacto en tres fases en el tono y la dirección de un movimiento conservador que forcejeaba por nacer en los años 50. Primero, cuando las corrientes ideológicas dominantes del momento habían casi extinguido a las voces responsables del conservadurismo intelectual, la articulación por parte de Kirk de la tradición de los principios conservadores robusteció a un desesperanzado conservadurismo a la deriva y escasamente consciente de su propia existencia. Las ideas entonces en boga en los círculos intelectuales eran de una decidida orientación liberal o socialista. Como el historiador George Nash ha notado, el libro de Kirk, “catalizó espectacularmente la emergencia del movimiento intelectual conservador” que en aquel tiempo consistía en “como mucho, dispersas voces de protesta, profundamente pesimistas acerca del futuro de su país”.

En este “profundo ensayo de definición” Kirk descubrió una tradición, vapuleada y a veces puesta en fuga por sus adversarios pero todavía vibrante, impulsada desde Burke y que se extendió a lo largo de las generaciones, enlazando a escritores, poetas y estadistas. Entre esos pertenecientes a esta tradición en Gran Bretaña estaban Coleridge, Disraeli, el cardenal Newman, James Fitzjames Stephen, W. E. H. Lecky y T. S. Eliot; en América, sus exponentes incluían a John Adams, John Randolph, John Calhoun, Orestes Brownson, Henry y Brooks Adams, Irving Babbitt y Paul Elmer More. A partir de un cuerpo de ideas íntimamente relacionadas y que se apoyan mutuamente comunes a estos hombres de instintos conservadores, Kirk fue capaz de destilar la esencia de la postura conservadora.

Segundo, cuando el grueso de los intelectuales oficiales estaban listos para descartar el conservadurismo como una ideología permanentemente desacreditada, el redescubrimiento de Kirk y la articulación de una tradición intelectual conservadora viable en el mundo angloparlante restauró la credibilidad a un cuerpo de ideas descartadas una vez con demasiada ligereza como los meros balidos de Babbitts burgueses. Al definir y aplicar sus principios a los desafíos modernos, fortificó y fortaleció la postura conservadora. Demostró de una manera convincente que el conservadurismo es una parte integral de la tradición política occidental.

Finalmente, Kirk escribió una historia de las ideas conservadoras; el primer historiador en intentar semejante tarea. Pero su intento fue más que histórico; era didáctico y polémico. El racionalismo de los philosophes, el idealismo romántico de los rousseanianos, el benthamismo, el positivismo, el marxismo, el darwinismo social, el pragmatismo y el socialismo estaban entre las ideologías que condenó como adversas para el orden social del mundo posterior a 1789. De ellas surgió la creencia en la perfectibilidad del hombre, el entusiasmo por la nivelación social y económica, el impulso por la innovación concomitante con el desprecio de la tradición, la negación del poder de la Providencia en la historia y el rechazo a lo que Eliot llamó “las cosas permanentes”, aquellas que implican normas morales que hacen posible la existencia social civilizada. Contra los proponentes de innovaciones radicales, Kirk defendía entusiásticamente la tradición, los viejos valores y las normas prescriptivas.

El libro tuvo un impacto inmediato. A sugerencia de Whittaker Chambers, la revista Time dedicó su entera sección literaria a The Conservative Mind. Otras numerosas revistas y periódicos, incluyendo el New York Times, publicaron reseñas alabando o al menos expresando respeto por el libro. Como el editor del libro, Henry Regnery, notó, tras la aparición del volumen de Kirk “uno podía llamarse a sí mismo un conservador sin tener que disculparse”.

A través de no menos de siete ediciones durante la vida de Kirk, The Conservative Mind cambió sutilmente a lo largo de los años para reflejar nuevos énfasis en el propio pensamiento de Kirk. El subtítulo original “De Burke a Santayana” se reemplazó por “De Burke a Eliot”, reflejando la creciente apreciación de Kirk por la obra de Eliot y especialmente el deseo del poeta de robustecer la preocupación y la comprensión de esos bienes de la vida humana que están vinculados a la religión y las instituciones e interacciones de la vida social y cultural. La preocupación del libro por la ley natural y la importancia de los derechos de propiedad también se hizo más explícita con el tiempo, aunque cada uno de ellos había estado presente desde la primera edición. Aún en catálogo, The Conservative Mind permanece como una obra de crucial importancia para entender el patrimonio conservador y la naturaleza de la sociedad y la visión moral que busca conservar.

W. Wesley McDonald

Profesor de Ciencias Políticas en Elizabethtown College.

Ciertamente estoy ansioso por terminar el libro de Andrew Breitbart sólo por empezar éste. Y como lo prometido es deuda, aquí tienen los tres libros de Kirk que sí podrán encontrar fácilmente en España: Edmund Burke. Redescubriendo a un genioQué significa ser conservador (en 15 lecciones) y Un programa para conservadores. Los tres son perfectamente recomendables y valen cada euro que cuestan y aún salen baratos, pero si pueden, háganse con The Conservative Mind. Eso es subir un par de niveles de una sola vez.

Edmund Burke de Russel Kirk

Qué significa ser conservador de Russell Kirk

Un programa para conservadores de Kirk

Hagan sitio en su biblioteca, que aún nos faltan muchos más.

P.D. He actualizado la pestaña de “Mundo Palin” para incluir los enlaces correspondientes al blog de Bristol Palin y la página web de Chuck Heath, Jr. A mí me gusta leerlos y estoy seguro de que ustedes también disfrutarán haciéndolo.

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