LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (I)

LibrosBobFrente al desolador analfabetismo funcional progre, incapaz de superar la etapa de los tebeos de Tintín Mortadelo y Filemón y por ello se refugia en los titulares de El País, que le resultan igualmente satisfactorios al modo de chuparse un dedo, llorar para que venga mamá o tirarse un pedo y ver cómo se ríen los adultos, nosotros, conservadores, no nos conformamos. Nosotros leemos libros, reflexionamos sobre los libros que leemos y sacamos nuestras propias conclusiones, que a veces no son las mismas que las del autor de que se trate. Es por eso que a la hora de crear una biblioteca sobre Política es inútil pretender hacerlo con obras escritas por izquierdistas. La Izquierda es ágrafa, no porque quiera, sino porque no puede. Escribir un libro implica tener algo que decir y ¿quién ha conocido a un izquierdista con algo que decir que no fueran unos cuantos lemas bobalicones que ladra una y otra vez a lo Cayo Lara? Pues eso… Afortunadamente, al otro lado de la calle, en la Derecha, no pasa lo mismo y no sólo es que existan obras de calidad, sino que abundan. Pero no aparecen en las páginas de Cultura de los periódicos (algo lógico, por otra parte, puesto que en esas páginas, escritas también por analfabetos funcionales progres, sólo aparece la basura con la que pretenden terminar su trabajo de demolición del ser humano).

Como quiera que siempre he querido que este blog contuviera entradas de este tipo, voy a ofrecerles mi muy particular selección de las mejores obras del pensamiento político conservador, procurando en lo posible que sean obras publicadas en español (aunque eso va a ser difícil). Las reseñas, ya se lo adelanto, no van a ser mías, sino que proceden de la enciclopedia American Conservatism, que recientemente me ha dejado Santa Claus en el calcetín (je, je, je, uno ha sido bueno este año, a Santa no se le pasa ni una y mis calcetines son de lana muy gruesa y aguantan lo que les echen dentro). El caso es que ya llevaba un tiempo pretendiendo hacer reseñas de algunas de estas obras, pero sigo yendo mal de tiempo (aunque mi madre va mejorando y parece que se recuperará bastante bien, gracias a Dios y a las oraciones de todos ustedes) y después de haber leído las que incluye la enciclopedia, que son todas excelentes, he decidido desistir de mi pretensión y dejar que sean autores que saben verdaderamente de lo que hablan quienes nos ilustren a todos, a ustedes y a mí.

La primera es la de una de mis obras preferidas, quizás una de las tres que más me han influido en mi vida. Se trata de un pequeño libro titulado Ideas Have Consequences (Las ideas tienen consecuencias) de Richard M. Weaver (1910-1963). Existe una versión reciente en español publicada por la editorial Ciudadela que es la que poseo yo y que no puedo por menos que recomendar encarecidamente. Y es que uno no puede dárselas de conservador-conservador hasta haber leído este libro (y otros cuantos más, pero sobre todo éste). Si no lo ha hecho, desengáñese, usted es sólo aspirante a conservador, pero nada más. Aún tiene que hacer más méritos: empiece comiendo más verduras, viendo menos la tele y leyendo más a menudo Going Rogue, Going Palin.

Richard M. Weaver

Richard M. Weaver

Las ideas tienen consecuencias

Pulse sobre la imagen para acceder a su página en Amazon y adquirirlo.

LAS IDEAS TIENEN CONSECUENCIAS

Publicado por primera vez en 1948 por Richard M. Weaver, entonces profesor de Inglés en la Universidad de Chicago, Las ideas tienen consecuencias documenta el despliegue de consecuencias sociales, políticas, religiosas y culturales concurrentes con el rechazo de la filosofía cristianizada del “realismo lógico” –que hizo grande a Occidente– en favor del “nominalismo”.

El análisis de Weaver parte del punto de vista de la tradicional filosofía cristiana que sostiene que hay verdades permanentes cognoscibles por la mente humana que existen independientemente de la voluntad del hombre y a las cuales el hombre debe fidelidad. Lo mejor de la cultura occidental deriva de la síntesis medieval del pensamiento griego, principalmente Platón y Aristóteles, comprendido y asimilado dentro del contexto de una robusta fe cristiana. El hombre vive para perseguir la Bondad final, que es absoluta y eterna y que trasciende el mundo material. Hay una jerarquía de bondades que llevan hasta esta Bondad final y hasta ahora el objetivo de una sociedad cristiana era el de organizarse para ayudar a los individuos de todas clases a participar y acercarse más a esa Bondad, hasta el mismo Dios. Los roles sociales implicaban modos de actuación que tenían significado espiritual. Era posible distinguir el bien del mal y era función de la política pública el animar uno y desanimar el otro, aunque a causa del pecado original no había expectativas de que el cielo pudiera ser creado en la tierra.

De acuerdo con Weaver, el locus de la corrupción reside finalmente en la propia naturaleza del nominalismo, el cual, al negar la realidad de los universales, niega todo lo que trascienda la experiencia humana. Con el advenimiento del nominalismo no hay nada más elevado para que lo alcance el hombre, no hay una verdad final que lo guíe. En consecuencia, el mundo material, tal y como es experimentado y comprendido por los sentimientos y nociones subjetivos del hombre, es todo lo que hay. El hombre puede comprenderse a sí mismo más completamente estudiando y manipulando lo que necesita para ser una Naturaleza autosuficiente.

La victoria del nominalismo significó que la sabiduría acabó siendo vista ya no como una fuente de verdad, sino de poder. La ciencia y la tecnología se convirtieron entonces en los medios para una vida mejor en cuyo contexto el concepto de “bueno” fue entendido cada vez más en términos materiales únicamente. Gradualmente, arguyó Weaver, el consumir acabó siendo el principal propósito en la vida y el hombre un mero apetito, mientras que la razón, en lugar de limitar y dirigir la pasión, se convertía en su servidora.

Dado el triunfo de la idea nominalista, escribió Weaver, era natural que la democracia y el concepto de igualdad crecieran en importancia. Previamente, la jerarquía social y un sentido de fraternidad dominaron las nociones occidentales sobre cómo debía vivirse la vida. Pero con el triunfo del nominalismo, el concepto de lugar en la sociedad y el desempeño de deberes sociales cedieron el paso a la visión de la absoluta igualdad con un énfasis concomitante en los derechos individuales. El foco del hombre se giró entrópicamente hacia dentro y se centró en el ego.

El nominalismo erosionó el valor del trabajo también. Sin elevados ideales, el trabajo ya no era más una noble actividad en la cual el ideal abstracto se encarnaba en lo concreto y lo particular. El trabajo ya no era una devoción, o una expresión de honor, sino el sufrido moler de una actividad meramente utilitaria. Incluso el arte se enfocó de manera creciente sobre lo material antes que sobre lo espiritual.

Propagado por los medios de comunicación de masas, todas estas fuerzas conspiraron para crear el efecto del “niño mimado”. Al hombre se le enseñó que lo merece todo; que nada debería estar fuera de su alcance a la hora de satisfacer sus placeres. La destreza para soportar el pesar de la disciplina, que conduce a la madurez, se perdió. La sociedad se fragmentó en egos voraces que buscaban cada uno solaz en las gratificaciones materiales debido a su falta de significación.

Weaver ofrece tres soluciones al dilema. La primera es la restauración de la propiedad privada correctamente entendida. No la propiedad abstracta del moderno capitalismo financiero, sino la personal, la ampliamente distribuida posesión de propiedad cuya responsabilidad enseña importantes lecciones de virtud y por tanto contribuye al desarrollo del carácter. La segunda es la restauración del respeto por las palabras como cosas reales, un respeto por el lenguaje que se perdió con el ascenso del Occamismo. La tercera es la restauración de la virtud de la piedad, incluyendo la piedad hacia la naturaleza, las otras personas y el pasado. Si no podemos encontrar una vía de salida imaginativa de los problemas causados por el nominalismo, Weaver advertía, sufriremos sus consecuencias.

El libro de Weaver desafía la visión secular dominante del período posterior a la II Guerra Mundial. Cuestiona los más preciados artículos del materialismo: que el hombre es inherentemente bueno, que lo más reciente es lo mejor, que el progreso en ciencia, tecnología y democracia rendirá un modo de vida superior cada vez más. Todavía permanece como uno de los verdaderos clásicos del criticismo cultural conservador.

Ralph E. Ancil

Antiguo presidente del Roepke Institute y profesor asociado de Negocios, Contabilidad y Gerencia en Geneva College.

Seguiremos reseñando. Nos quedan muchos libros todavía. Afortunadamente en la Derecha se piensa y se escribe. Y la mayoría de lo que se escribe, vale la pena leerlo. No como en la Izquierda, que cualquiera de sus libros sólo sirve para quemarlo en la chimenea a falta de leña. Y aún así, no calienta.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sobre libros y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a LA PERFECTA BIBLIOTECA CONSERVADORA: LOS CLÁSICOS (I)

  1. Santi dijo:

    No lo conocía, amigo Bob. Y suena bien. Sería un buen regalo de Reyes Magos.

    Un saludo.

    P.D. No te metas con Tintín, que soy tintinófilo. Hergé era un católico conservador y eso se trasluce en sus libros de comic, que no tebeos.

  2. Manu dijo:

    Feliz Navidad a ti y a todos desde Venezuela ya copie todos los post tuyos que por las fechas y el trabajo no me ha dado tiempo pero ya me actualizo …muy buena esto de Los clásicos y ya con tiempo buscare este autor es interesante …saludos a todos Feliz año nuevo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s