¿EL TEA PARTY PUEDE SUSTITUIR AL PARTIDO REPUBLICANO? SÍ, LA PRUEBA: MICHIGAN

PalabraBobNo he visto que los medios de comunicación españoles se hicieran mucho eco de lo que ha sucedido recientemente en Michigan. Tampoco me sorprende puesto que son malas noticias para los progres. Para abreviar, diremos que el Congreso del estado de Michigan ha aprobado la llamada Right to Work Act (Ley del Derecho al Trabajo). Esta ley no es que sea una novedad puesto que ya existe en casi la mitad de los estados de la Unión (véase el mapa más abajo para saber en cuáles concretamente), pero su nombre es engañoso: no es que se trate de una ley que supuestamente reconozca el “derecho a trabajar” de los ciudadanos del estado, sino el derecho de estos a elegir si quieren afiliarse a un sindicato o no cuando obtienen un trabajo.

¿Qué? ¿Cómo? ¿Acaso en Estados Unidos la afiliación sindical es obligatoria? ¡El sueño de nuestros sindicalistas españoles! Pues sí, según el estado de que se trate, un trabajador debe afiliarse obligatoriamente al sindicato y abonar las consabidas cuotas, que se le descuentan automáticamente de su paga para evitar que alguien se haga el loco y no pague. De esta manera, en esos estados los sindicatos gozan de un poder desorbitado gracias a su capacidad económica que muchas veces sirve para decantar unas elecciones a favor del candidato (siempre el demócrata) de su preferencia.

Esto fue así en toda la Unión hasta 1947 cuando la Taft-Hartley Act acabó con ese estado de cosas y permitió que cada estado decidiera si la afiliación sindical sería obligatoria o no. Hoy mismo ya son 24 estados los que permiten elegir. Y gracias a ello, los trabajadores pueden ahorrarse una buena cantidad de dinero de su paga para gastarlo en lo que ellos quieran y no en financiar las posturas políticas preferidas de sus dirigentes sindicales, que muy posiblemente más de uno no las comparta.

Map-of-Right-to-Work-States

Mapa de los estados donde la legislación Right to Work está en vigor (los señalados en rojo). En todos los demás, los sindicatos mandan.

Por supuesto, a los sindicalistas la sola mención de una ley de este tipo les causa sarpullido porque saben que si los trabajadores son dotados de la capacidad de elegir si se afilian o no (¡habrase visto semejante pretensión!), la mayoría elegirá no hacerlo y permanecer independientes. Eso quizás les suponga poder salvar sus puestos de trabajo, puesto que los sindicatos, teniendo el monopolio de la representación de los trabajadores a través de la afiliación obligatoria, se vuelven irrazonables y su única voluntad es la de exprimir a la empresa que sea, sin importarles la situación por la que pueda estar atravesando e incrementando con ello sus gastos de explotación, perjudicando su competitividad y, a la larga, haciéndola inviable. Algo que clama al cielo en un estado como Michigan donde el índice de paro es el sexto más elevado en toda la Unión con un 9,1%. Por algo será que de los diez estados de la Unión con mayores ingresos per cápita, ocho son estados con legislación de este tipo.

Tanto espanta a los progres que los trabajadores estadounidenses tengan esa libertad que hasta el presidente Obama se puso manos a la obra para evitar la aprobación de la ley, declarando el lunes 10 de diciembre en un acto público en Redford (Michigan) que “lo que no deberíamos hacer es intentar quitaros vuestros derechos a negociar mejores salarios y condiciones laborales”. Esto es habitual; la cantinela típica de los sindicalistas, que pretenden que esta legislación arrebata a los trabajadores su derecho a afiliarse a un sindicato y hasta a la negociación colectiva. ¡Mentira!

Así, en Michigan, los sindicatos convocaron manifestaciones (llenas de gente de fuera del estado, traídas ex profeso para hacer bulto) para asustar a los congresistas y forzarles a no apoyar la ley. Y lo han hecho con sus tácticas habituales, no sólo mintiendo a la hora de describir los efectos de la ley, pintándola como un ataque a los trabajadores, sino también pretendiendo bloquear el acceso a los congresistas al Congreso. Y eso sin contar con una larga ristra de incidentes violentos en los que se han complacido en agredir físicamente a los opositores que se han atrevido a hacerles frente. Ya saben, en el mejor-peor estilo de Saúl Alinsky, el ídolo de Obama.

Sin embargo, esta vez han pinchado en hueso. Y el hueso ha sido el gobernador de Michigan, el republicano Rick Snyder. Es cierto que hasta este momento Snyder no tenía muy buena prensa entre los conservadores, que dudaban de que fuera capaz de aguantarles el pulso a los progres (de hecho, ya nos sorprendió planteándoselo el echarlo siquiera). Pero quizás sea el ejemplo de Scott Walker en Wisconsin, que empieza a fructificar entre los gobernadores republicanos, conscientes del nulo liderazgo que pueden esperar para estas cosas por parte del establishment del Partido Republicano. Sea como fuere, Snyder no sólo se ha batido como un jabato, sino que también lo ha hecho con mucha inteligencia. Y ha ganado el pulso.

Rick Snyder

Para empezar, Snyder dejó expresamente fuera del ámbito de la ley a los dos colectivos más poderosos (y que más problemas le podían causar) del estado en lo que se refiere a los trabajadores públicos: la policía y los bomberos. Luego, incluyó partidas presupuestarias en ella que, por ese mismo hecho, la blindan contra un posible intento de los sindicatos de derogarla forzando un referéndum en todo el estado (una posibilidad existente en el procedimiento político del estado). De hecho, eso fue precisamente lo que sucedió el año pasado en Ohio, que aprobó una ley similar para regular la negociación colectiva y a través de un referéndum, los sindicatos lograron derogarla. En Michigan, todavía sería posible que la derogasen si los sindicatos consiguieran la aprobación de una enmienda constitucional que consagrara la afiliación obligatoria, pero eso son palabras mayores y dada la actual correlación de fuerzas entre los que apoyan la ley y los que se oponen, algo muy difícil de lograr. Ya lo intentaron en noviembre, cuando pretendieron introducir una enmienda constitucional que asegurara la negociación colectiva y fracasaron, logrando tan solo el 42% de los votos, lo que además tuvo el efecto secundario de advertir a Snyder que la ocasión estaba madura para quebrarle el espinazo a esa mafia… digo a los sindicatos.

Pero, ¿quién ha llevado todo el peso del apoyo a Snyder? Por supuesto no los blandengues del establishment republicano, que lo último que quieren son altercados en las calles y que un bruto enfurecido les grite “fascistas” a la cara. El apoyo a Snyder ha venido por parte de los conservadores de Michigan (no confundir con los republicanos; las dos cosas ya no son la misma), sobre todo los que están adscritos al movimiento Tea Party, que ha sido el que ha puesto a la gente en la calle para hacer frente (y no es una metáfora) a las hordas sindicalistas. Y la base de la campaña hecha por los teapartiers para convencer a sus conciudadanos de que la Right to Work es una buena ley ha consistido en recordarles la realidad de Michigan, un estado en completa crisis, en oposición a las fantasías sexuales de un puñado de sindicalistas gordos, babosos y ensoberbecidos. Y la gente lo ha comprendido. Ya no es tiempo para que el gobierno estatal gaste un dinero que no tiene y que sólo podría obtener friendo a impuestos a los ciudadanos (¡caramba, si es precisamente lo que está haciendo Rajoy en España!) para satisfacer a unos pocos privilegiados. ¡Se acabó la barra libre! Toca apretarse el cinturón y reducir gastos (y el gobierno también). Justamente el mensaje del movimiento Tea Party desde 2009, ¿verdad? Parece pues que, contra lo que pudiera pensar Mitt Romney, a los republicanos que toman riesgos y demuestran tener “cojones” no les va tan mal, ¿eh?

En conclusión, que el Tea Party está vivo, muy vivo. Más vivo que nunca. Y sigue teniendo ganas de guerra… #war, #war, #war. Como yo, como ustedes, como todos nosotros. Y vamos a repetir lo de Michigan en uno, dos, muchos estados más. Y no necesitamos al GOP para ello. De hecho, no lo necesitamos ya para nada. Total, para lo que sirve. A ver si se muere ya de una vez y deja de molestar. Todos lo agradeceríamos.

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