EL GOP TIENE LOS DÍAS CONTADOS… Y AÚN SON DEMASIADOS

PalabraBobNo, no exagero. Creo que todos podemos dar ya por difunto al Partido Republicano estadounidense. Es cierto que aún no está muerto, pero sí que ya no hay quien pueda disimular que padece severamente de Alzheimer; una triste enfermedad que causa en quien la sufre la pérdida de todos sus recuerdos y hasta el control de sí mismo. Justo lo que todos estamos viendo en nuestro viejo partido: el olvido de quién es, el antaño orgulloso partido de Ronald Reagan, y la incapacidad de poner remedio a su degeneración, empeñado en que es una versión escuálida del Partido Demócrata.

Sin embargo, no es realmente una mala noticia porque su muerte no dejará un vacío en la política estadounidense. Desde 2009, el movimiento Tea Party se está preparando eficazmente para ocupar su lugar. Durante los dos primeros años, 2009 y 2010, su principal tarea consistió en darse a conocer a todo el país, pasando rápidamente a jugársela en las elecciones del midterm de 2010 con una primera tanda de políticos-ciudadanos. Algunos nos salieron ranas, pero la mayoría lo hicieron espléndidamente. Los dos años siguientes, 2011 y 2012, la tarea consistió ya no en llamar la atención, sino en afinar nuestro modus operandi, eliminando esas ingenuidades inevitables en toda organización de nuevo cuño, aprendiendo a elegir la opción más conveniente en cada momento (que no siempre es la mejor).

La desgracia del Partido Republicano es que ya no es un partido político, sino un negocio. El de miles y miles de asesores que necesitan de candidatos y elecciones para ganarse la vida. Y tanto les da si su candidato gana o pierde porque ellos cobrarán por sus servicios igualmente, lo cual provoca que entre esos candidatos y sus votantes se cree una barrera infranqueable porque ya no son los principios lo que cuentan, sino lo que más le conviene al establishment. En consecuencia, los votantes desconfían de sus candidatos, que ven que no son los suyos, sino los de una elite que los escoge a su conveniencia.

La cumbre de esa conspiración de asesores empeñada en arrebatar al pueblo estadounidense su mejor y más representativo partido político la constituye la pareja formada por Karl Rove y Edward Gillespie. Al primero, antigua mano derecha de George W. Bush, ya lo conocemos de sobras. El segundo lo es menos, pero basta con decir que ha sido el principal asesor de la reciente campaña electoral de Mitt Romney. Y como quiera que siempre hay un roto para un descosido, los dos son socios en American Crossroads, una organización del tipo “Súper PAC”, cuyo objetivo es recaudar dinero para el Partido Republicano, lo que les proporciona un desorbitado poder en su interior.

Rove y Gillespie

Karl Rove (izquierda) y Ed Gillespie (derecha), los dos de traje gris. Lo peor que le podía pasar al Partido Republicano, un par de termitas royendo las vigas del techo.

No tengan ninguna duda de que esta pareja es la que dirige realmente el Partido Republicano, ya que Reince Priebus, el chairman del Comité Nacional Republicano, no deja de ser una marioneta en sus manos y por eso no tengo ninguna duda de que renovará su cargo como tal el próximo mes de enero. Priebus no era nadie cuando Rove y Gillespie movieron los hilos para su elección y no va a ser él quien se rebele contra sus amos.

Es por ello que quien está medianamente advertido de lo que sucede decide largarse de allí lo antes posible. Este es el caso de Jim DeMint, el senador por Carolina del Sur. Un conservador de primera desde mucho antes de los tiempos del movimiento Tea Party que nunca ha dado un disgusto a sus votantes defendiendo posturas inasumibles por estos. DeMint ha anunciado su pronta renuncia a su escaño en el Senado para dirigir The Heritage Foundation, uno de los más importantes think tanks conservadores. Lo bueno del caso es que tal y como ha declarado recientemente, su primer objetivo allí será el de analizar la reciente campaña electoral republicana. Es cierto que el propio Partido Republicano ya ha expuesto su voluntad de hacer eso mismo y hasta ha nombrado a un comité de cinco miembros a tal efecto, pero pocas dudas hay de que su análisis será bastante complaciente consigo mismos y nada crítico (a menos que encuentren la manera de echarle la culpa a Sarah Palin):

Ya veremos lo que hacen [en referencia a la auditoria emprendida por el propio Partido Republicano], pero nosotros vamos a hacer eso mismo en Heritage y no vamos a limitarnos a un análisis de otras encuestas. Vamos a salir a la calle y hacer nuestra propia investigación. Sé que no puedes preguntar simplemente a la gente sobre lo que piensan, que hay que darles pistas. Algo así como qué piensa de la palabra “conservador”. Puedes preguntarles si se califican a sí mismos como conservadores o no. El 40% se califican como conservadores, pero no sabes nada sobre lo que el restante 60% piensan sobre ello. Tal vez no les guste la palabra, pero igual resulta que son conservadores.

Jim DeMint

Jim DeMint, conservador-conservador. Cuando él ha abandonado su escaño en el Senado es que no ve ningún futuro para el GOP y se dispone a trabajar para preparar su sustitución.

DeMint no espera grandes resultados de la auditoría republicana, algo lógico para cualquiera que haya seguido la pasada campaña electoral:

Puedo ver, viendo la manera cómo se ha gestionado políticamente [la pasada campaña electoral] por parte republicana, lo aficionados que son comparados incluso con lo que yo mismo estaba haciendo en marketing hace quince años, antes de venir al Congreso.

¿La culpa de todo ello? Para DeMint está más que clara:

Bueno, creo que tendemos a poner a políticos en puestos que deberían ocupar directores generales que sepan cómo funcionan las cosas. Cuando estás gestionando una gran organización no es el momento de ejercicios de retórica con la base. Es el momento de rodearse de buenos profesionales con buena información. Y hay algunos grupos por ahí fuera que están empezando a hacer eso… la profesionalidad está fuera.

Evidentemente, DeMint se refiere a The Heritage Foundation, pero también a otras organizaciones como todas las que constituyen el movimiento Tea Party, que es donde la gente, los conservadores, está realmente poniendo su tiempo, su dinero y su esfuerzo para crear una nueva infraestructura que pueda llenar el vacío que se producirá cuando el Partido Republicano se colapse. Y lo haga en un momento, sin que llegue a notarse su ausencia. “No habéis visto nada todavía”, es el mensaje que Todd Cefaratti, el presidente de TheTeaParty.net lanzó hace unos días, refiriéndose tanto a los republicanos como a los demócratas. “Esto es sólo el principio. Si creéis que el Tea Party está muerto, no habéis visto nada todavía”.

Por mi parte, estoy de acuerdo. Creo que el segundo mandato de Obama va a ser catastrófico para Estados Unidos, pero creo también que la contestación que va a provocar va a ser casi revolucionaria. Ya no es sólo que el gobierno federal gaste demasiado; es que ahora además de gastar demasiado, impone demasiado su voluntad y va a cobrar demasiados impuestos. Y no todos los estadounidenses están dispuestos a transigir con ello. Y si el Partido Republicano se ve forzado por sus líderes a ceder ante el presidente Obama, lo de 1776 puede acabar pareciendo un juego de niños comparado con la que se va a armar.

El Partido Republicano está en plena decadencia, asúmanlo. Por el contrario, el movimiento Tea Party está acercándose a su apogeo. La organización, la gente y el dinero están empezando a fluir al lugar correcto, abandonando el pantano en que se ha convertido el GOP. Sólo falta el empujón definitivo. La enorme decepción en mucha gente por el estrepitoso fracaso de Mitt Romney ha supuesto un punto de inflexión, pero no ha sido suficiente. ¿Quizás un candidato nacional teapartier? No me extrañaría. Imagínense a Sarah Palin anunciando su candidatura como presidente en 2016… ¡como independiente! Sería un bombazo. Sería genial. Sería el sueño de una vida. Y lo mejor de todo, podría ser. Ojalá lo sea.

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