¿Y SI McCAIN HUBIERA SIDO MENOS LISTO Y…?

¿…no hubiera escogido a Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia? ¿Y si hubiera escogido a cualquier otro? ¿Y si hubiera logrado colar a Liebermann, por ejemplo, que es lo que quería? ¿Qué hubiera supuesto eso para Sarah Palin? ¿Hubiera sido mejor para ella? ¿Peor? ¿Indiferente? Sí, ya sé que todo esto no son más que tonterías porque los hechos son los que son y es inútil pretender reescribir el pasado. Sin embargo, mientras escribía la entrada anterior, esa misma pregunta saltó en mi mente por casualidad y desde entonces no hago más que darle vueltas. ¡Jo, qué ganas de complicarse la vida!

No soy yo un entusiasta de eso que se ha venido en llamar la “historia contrafactual”, la historia de los ¿y si…? O sea, ¿y si Franco hubiera perdido la Guerra Civil? ¿Y si los alemanes hubieran vencido en Stalingrado? ¿Y si JFK no hubiera sido asesinado? Para mí, son preguntas sin respuesta porque hay demasiadas variables en juego, muchas de ellas insospechadas, y las relaciones entre unas y otras son prácticamente imposibles de establecer. Algo así como los bizantinismos de hace siglos (“¿cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler?”). Ganas de discutir por discutir. Sólo que en muchas ocasiones, estas elucubraciones se utilizan arteramente para criticar el pasado pretendiendo que el presente sería mejor a poco que hubiera sucedido tal cosa, pero sin más pruebas que la pretensión del autor de que a tal acción habría correspondido indudablemente tal reacción. ¡Bah, majaderías! Un ejercicio intelectual de tal calibre sólo Dios puede realizarlo y no nosotros.

De todas formas, tampoco soy un aguafiestas y como mero divertimento no creo que tenga nada de malo, siempre y cuando se realice honradamente, sin manipulaciones interesadas y sin más pretensión que la de poner a prueba nuestros conocimientos históricos. Vamos, como el sesudo matemático que se solaza de vez en cuando practicando trucos con su calculadora para sorpresa de sus amigos.

Así pues, ¿qué hubiera podido pasar, a mi entender, si John McCain no hubiera escogido a Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia en agosto de 2008? ¿O si Sarah Palin no hubiera aceptado la oferta? Tal y como yo lo veo, lo primero es echar un vistazo a los datos que sabemos ciertos. En agosto de 2008, Sarah Palin era la gobernadora del estado de Alaska, estando en su primer mandato puesto que había sido elegida en 2006 y había tomado posesión en enero de 2007. Llevaba apenas dos años en el cargo, pero era una gobernadora extremadamente popular, con unos índices de popularidad que llegaban a estar por encima del 80%, todo un hito. Ciertamente, Alaska no es California y su entonces gobernadora no era tan conocida como Arnold Schwarzenegger, pero ya empezaba a despertar el interés de los más avispados. De hecho, muchos supieron de ella por primera vez gracias a un artículo de ese año en The Weekly Standard donde se relataba su peripecia para llegar al despacho de gobernadora, enfrentándose con la mitad de su propio partido, el Republicano, debiendo gobernar con sólo el apoyo de la otra mitad, pero también con el entusiasta apoyo del Partido Demócrata, admirados por su ejemplo de bipartidismo avant la lettre.

Sarah Palin era una política conservadora y sus posturas personales en muchos asuntos tendían hacia ese punto de vista, pero también era una política muy pragmática y que respetaba demasiado la Constitución de Alaska como para forzarla. Así, decisiones suyas en torno a cuestiones sociales (el derecho al aborto, por ejemplo) podían no ser del agrado de muchos de nosotros, pero eran impecablemente legales y, una vez miradas sin pasión, muy razonables. En este sentido, no tengo ninguna duda de que McCain la escogió sabiendo que se trataba del tipo de candidata que movilizaría desde el primer momento a los conservadores, que tanto dudaban de él mismo, pero que al mismo tiempo podría secundar su intención de ser un maverick, un candidato libre de ataduras con su propio partido y bien dispuesto a llegar a acuerdos con el otro, porque ella misma había demostrado hasta la saciedad en la propia Alaska que eso era posible y hasta eficaz.

Luego las cosas no salieron como se pensaba porque McCain tuvo la mala pata de toparse con el candidato demócrata más falso, mentiroso y traidor de la historia de Estados Unidos (vamos, que a su lado FDR era una monjita de la caridad) y los demócratas no se pararon en barras a la hora de manipular la verdad con tal de dejar a Sarah Palin a la altura del betún. Pero ésa es otra historia y una bien irritante que ya estoy harto de contar.

Imaginémonos pues que McCain decide finalmente que Sarah Palin no es la candidata que necesita y escoge a otra persona; poco importa ahora a quién. Imaginémonos que esa famosa llamada que Sarah Palin recibió mientras recorría la Feria de Alaska no se produjo. Imaginémonos que agosto es un mes perfectamente normal para ella y que se limita a ver las elecciones por la tele y no a vivirlas en su propia carne. ¿Qué hubiera podido pasar en los años siguientes?

Yo creo que da lo mismo quien fuera el candidato a la vicepresidencia que llevara McCain en su candidatura porque éste hubiera perdido las elecciones igualmente. De hecho, creo que sin Sarah Palin McCain hubiera hecho el más espantoso de los ridículos y posiblemente no habría llegado siquiera a los 100 votos electorales. Un auténtico landslide, que dicen allí. Obama (¡maldita sea su estampa!) sería presidente y McCain quizás habría sido más ridiculizado de lo que ya fue por haber permitido que los demócratas se tomaran la venganza por las dos espectaculares victorias de Reagan en 1980 y 1984 (y, si me apuran, 1988). A lo mejor, una vergüenza semejante le habría llevado a no presentarse a la reelección como senador en 2010, convencido de que no le iba a votar ni el perro.

Por su parte, Sarah Palin habría seguido siendo la gobernadora de Alaska al menos hasta las elecciones de 2010. No tengo motivos para pensar que no hubiera podido seguir contando con la colaboración de los demócratas alasqueños a la hora de gobernar el estado, satisfechos con su manera de enfocar las cuestiones políticas, buscando siempre el acuerdo, aunque manteniendo ella firmes las riendas y sabiendo bien adónde quería llegar. En ese caso, Sarah no se habría visto sometida al linchamiento público al que fue sometida durante la campaña electoral, no habría sido tildada de tonta, loca, fanática y demás mentiras que se vertieron sobre ella y tampoco habrían habido “Palin smears”, “ethics complaints”, “FOIA” ni nada parecido y ella no se hubiera visto obligada a dimitir en 2009. En consecuencia, creo que se habría presentado a la reelección en 2010 y la habría ganado y ahora mismo estaría a la mitad de su segundo mandato.

Con Obama en la Casa Roja, digo Blanca, el movimiento Tea Party hubiera surgido igualmente porque no es algo que dependiera de ella en ninguna manera. Habría habido contestación popular a la nueva administración y Sarah Palin, que ya tuvo el valor en 2009 de rechazar los millones de dólares del “plan de estímulo”, de haber seguido en el cargo, habría ganado una amplia popularidad a escala nacional por eso precisamente. Sin duda, dado el estado de estupor en el que se vio sumido el Partido Republicano tras las elecciones de 2008, agravado con toda seguridad por una derrota mucho más contundente en las urnas, los gobernadores republicanos habrían sido los únicos capaces de asumir la tarea de oposición a Obama. Y aquí Sarah Palin se habría revelado como una de las voces más contundentes en este sentido. Imagino que también habríamos podido contar con Rick Scott en Texas y Bobby Jindal en Luisiana (aunque éste último me parece bastante flojo), pero la solidez intelectual de Sarah Palin, su compromiso con la verdad y su valor a la hora de llamar al pan, pan y al vino, vino, la habría situado en primera línea de esa oposición “gobernativa” a Obama.

El resultado de todo ello es que el movimiento Tea Party habría caído igualmente enamorado de ella, escogiéndola como su estandarte y repitiendo la historia que ya conocemos. Es aquí donde empiezo a ver problemas para ella en Alaska puesto que su asunción de una postura crítica con la administración Obama sin duda acabaría provocando el fin de su entente cordiale con los demócratas alasqueños. En ese caso, teniendo en cuenta que la mitad del Partido Republicano de Alaska la odiaba a muerte, no sé yo si la reelección de Sarah Palin como gobernadora habría ido acompañada de una limpieza en las filas de los congresistas y senadores estatales republicanos, pero teniendo en cuenta que el aparato del Partido Republicano allí arriba seguía estando dominado en 2010 por sus enemigos, creo que no. Tal vez con el apoyo y el ejemplo de una Sarah Palin haciendo su propia campaña electoral de reelección, el Tea Party habría logrado la nominación de suficientes candidatos propios como para que el nuevo Congreso fuera mayoritariamente favorable a ella, pero tal vez no. En ese caso, ¿se avendrían los demócratas a volver a colaborar con ella o preferirían la oposición, haciendo hincapié entre los electores en que con una gobernadora en guerra con su propio partido resultaba imposible gobernar y que debía elegirse a un gobernador demócrata para evitar el bloqueo? Igual resultaba que Sarah se veía obligada a dimitir igualmente, forzada por la hostilidad de una mayoría republicana en el Congreso de Alaska que se oponía sistemáticamente a su gobernadora del mismo partido y la oposición de una minoría demócrata que ya no estaba por la labor de sostenerla.

Mi opinión es que Sarah Palin habría logrado la colaboración de los demócratas, interesados en mostrarse razonables para aprovecharse siquiera en una mínima parte de los indudables éxitos en la gestión de la gobernadora, pero que esa colaboración sería muy costosa puesto que a medida que Sarah iba aumentado la presión de su oposición a Obama, los demócratas se irían torciendo. El caso es que no estoy seguro de que no hubiéramos tenido que ver a Sarah Palin dimitiendo como gobernadora, harta de la constante obstrucción de su acción de gobierno por parte del Congreso. De cualquier manera, no creo que eso se hubiera producido antes de 2012 o, tal vez, poco después de 2012, justo después de cumplidos 6 años en el cargo.

Con dimisión o sin dimisión, ¿y si Sarah Palin hubiera decidido tomar parte en las primarias republicanas? Podría haberlo hecho perfectamente y con más aspiraciones de éxito que la mitad de los que se presentaron finalmente. Además, sin la presión de los medios de comunicación, que no tendrían mayor motivo para atacarla que a cualquiera de los otros candidatos, una candidatura suya hubiera sido muy bien recibida por los conservadores. El caso es que 2012 era un buen año para presentarse, con un Obama más débil que nunca y con la crecientes certeza entre muchos de que su reelección sería una catástrofe sin paliativos. Es cierto que, a pesar de todo, en ese momento Sarah Palin sería poco conocida nacionalmente, pero al menos contaría con la ventaja de ser ella quien controlara su campaña electoral desde el primer momento. Una campaña electoral se hubiera basado sin duda en el éxito de sus 6 años como gobernadora de Alaska, precisamente el gran (y criminal) fallo de la campaña electoral de McCain, que fue incapaz de exhibir ese historial para presentar a la nueva candidata a la vicepresidencia ante el pueblo estadounidenses, dejando el campo libre a los medios de comunicación, ansiosos sólo de tirar basura sobre quien rápidamente intuyeron que era la carta ganadora de McCain.

Sarah Palin como candidata en las primarias de 2012 hubiera despertado el mismo entusiasmo que despertó en 2008. Aún mayor porque desde el primer momento hubiéramos tenido a una Sarah que daba discursos, concedía entrevistas, hablaba con la prensa, acudía a los actos públicos, hablaba con la gente por la calle, etc., y todo ello con sus propias palabras y defendiendo sus propias posturas y no las de otro. Justamente lo que nos negaron los cretinos que dirigieron la campaña electoral de McCain. No tengo dudas de que Palin hubiera barrido desde el principio a todos los demás candidatos, especialmente porque ya no habría habido duda sobre a quién iba a dar su apoyo el movimiento Tea Party. Imagino pues las primarias republicanas de 2012 como una pelea entre Romney y Palin, quizás con Gingrich de pasada, incapaz todavía de entender que está demodé. Eso no quita para que las primarias siguieran estando tan trucadas como lo estuvieron realmente, con todo el peso del establishment favoreciendo a Romney. Pero ¿cuántas veces en 2010 y en 2012 hemos tenido a un candidato ajeno al establishment enfrentado a otro apoyado enfurecidamente por éste y, a pesar de todo su dinero y todos sus golpes bajos, ha sido el primero quien ha logrado la victoria? Es posible que hubiera pasado lo mismo con Palin porque Romney, el candidato incapaz de ganar a nadie, no le hubiera aguantado el asalto a Palin ni con cien, mil, un millón de anuncios negativos en la televisión repitiéndose a cada hora.

¡Vamos, que igual sí que hubiéramos podido tener unas elecciones presidenciales entre Palin y Obama! Y aunque todos los medios de comunicación hubieran ido a favor de Obama, el que Romney, con toda su estupidez e inutilidad encima, haya perdido la presidencia por tan sólo 330.000 votos en cuatro estados clave me dice que alguien como Sarah Palin, cien veces más inteligente, eficaz y valiente que Romney, no hubiera podido dejar de enviar a Obama a Chicago a ver la tele en el salón de su casa y no en el Despacho Oval.

Conclusión: que si antes estaba agradecido a McCain por habernos dado a Sarah Palin, ahora he decidido que muy posiblemente hubiera sido mejor que no lo hubiera hecho. Y es que sólo de pensar que ahora mismo pudiéramos estar hablando de Sarah Palin como de la primera mujer presidente de Estados Unidos me pone de los nervios. ¡Ay, ay, ay, que no dormiré esta noche pensando en lo que pudo ser y no ha sido! ¿Ven como esto de los “y si…” no sirve para nada? Para comerse el coco como mucho. Olvidémoslo pues.

Pero lo peor de todo aún no se lo he dicho. Y es que si McCain no hubiera escogido a Sarah Palin como su candidata a la vicepresidencia en 2008… ¡“Conservador en Alaska” y luego “Derecho de revolución” y luego “Going Rogue, Going Palin” no habrían existido jamás! ¡Uf, respiro, por fin un buen motivo para no lamentarse por ello! ¡Gracias, McCain!

P.D. Les recuerdo que hay una dirección de correo electrónico para comunicarse privadamente conmigo, si la quieren utilizar. Está arriba a la derecha y si alguien quiere contribuir con algún escrito a GRGP, estaré encantado de publicarlo. Las reseñas de libros liberal-conservadores serán especialmente agradecidas.

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