EL BIDEBATE: SI SEGUIMOS ASÍ, ROMNEY ACABARÁ PARECIENDO WASHINGTON

Miren, estoy indignado; sencillamente. Después de ver el bidebate en diferido durante la hora de la comida y un ratito más (sí, ya sé que es una chorrada de nombre éste, pero a mí me hace gracia eso de combinar “bi” por ser el segundo debate de la serie de tres previstos y “debate”), estoy que no me aguanto. ¡Mi reino por un lanzallamas! Cuando uno ya se pensaba que habíamos alcanzado todas las cotas de ignominia en lo que se refiere al partidismo de los medios de comunicación de masas, viene una tal Candy Crowley, la “moderadora” del debate, y establece un nuevo record mundial. Y lo malo es que a este respecto, los records se suceden uno tras otro, así que esperen al tridebate del lunes que viene y veremos algo que aún dejará en mantillas a lo vivido anoche.

Por cierto, mi indignación es doble. Libertad Digital ofrece hoy la noticia de lo que sucedió en el debate de la misma manera que lo podría haber hecho El País. Una porquería. Yo no sé lo que les pasa a estos tipos, pero no dejo de recordar aquellos tiempos en que publicaban mis artículos en Semanario Atlántico una semana sí y otra también (por supuesto, sin pedir permiso ni pagar ni un euro por ello) y yo pensaba que tenían unos cojones como un toro por ceder un espacio a un rebelde conservador como yo. Ahora, parece que quieren borrar todo recuerdo de ello volviéndose obamabots porque si la información de agencias que ofrecieron cuando el vicedebate era lamentable y sesgada, la que ofrece hoy Bárbara Ayuso para ilustrar el bidebate entra de lleno en la hagiografía obamita. Quien les ha visto y quién les ve.

En consecuencia, hoy tenemos contracrónica. Por primera vez, voy a escribir mi entrada buscando expresamente el replicar a un artículo de Libertad Digital. No tenía previsto hacerlo hoy, pero ante la perspectiva de que algunos de ustedes pueda sentir que es cierto lo que dice Ayuso y que todas las posibilidades de Romney se hayan ido por el desagüe del fregadero de la cocina, me ha movido a ejercer mi derecho a tocar los huevos al rojerío, que ya ha logrado infiltrarse hasta en Libertad Digital.

Empezamos. Lo primero que tengo que decir es que a diferencia del primer debate, que fue un debate clásico, este segundo se desarrolló según el formato de townhall meeting (reunión en el ayuntamiento). No es que fuera realmente una reunión allí realmente, sino que el público consistió en 82 personas residentes en el lugar del debate, Hempstead (Nueva York), no registradas como votantes de ningún partido (lo que se considera “independientes”) y que, de acuerdo con quien las seleccionó, la empresa de sondeos de opinión Gallup Organization, eran representativas de una amplia variedad de condiciones políticas y socio-económicas, además de variar racialmente.

Las preguntas a responder por los dos candidatos iban pues a ser hechas por estas 82 personas, cada una de las cuales rellenó dos tarjetas conteniendo la misma pregunta, una para la moderadora, la rata Crowley y otra que se quedaban ellos. Cuando fueran a hacer su pregunta, quien fuera leería su tarjeta y si la pregunta coincidía perfectamente con la copia que tenía la sanguijuela Crowley, ésta era admitida; si no, se rechazaba, se cortaba el micrófono al improvisador y alguna colleja seguramente se llevaría también cuando las cámaras dejaran de enfocarle. Pero como quiera que el debate estaba previsto que no durara más de 90 minutos, estaba claro que no iban a poder hacerse las 82 preguntas. De hecho, fueron 11 las preguntas que contestaron entre los dos candidatos.

El problema de este formato es que el escorpión Crowley tenía la potestad de decidir de antemano qué preguntas iban a ser hechas y en qué orden, lo cual le quitaba toda la gracia al asunto. La excusa dada por los organizadores era evitar así que alguno de los candidatos pudiera ser sorprendido con la guardia baja. Pues vaya, qué bien, ¿no? Y algunos se ríen cuando piden que Obama pueda usar el teleprompter en sus debates, como si fuera una broma. De broma nada; totalmente en serio.

La consecuencia de todo ello es que el moderador se convierte entonces en el dueño de un teatro de títeres y puede manejar a su antojo toda la función, seleccionando las preguntas que más le convengan a su favorito, las más perjudiciales para su rival, repartiendo tiempos y derechos de réplica a su gusto y aún más. Y sí, ciertamente eso fue lo que vimos todos anoche: un burdo remedo de una función de títeres en la que Obama era el bueno y Romney el malo al que apaleaban con el beneplácito de los espectadores. Pero aún así, Romney estuvo hecho un valiente y salió más que airoso de la prueba, sin más que un pequeño cardenal que ni siquiera es un cardenal y que hoy todos los bloguistas conservadores estamos esforzándonos por curar, hasta el punto de que la propia gusano Crowley ha tenido que reconocer que es cierto y que Romney tenía razón. ¡Aleluya, ha visto la luz! Tal vez aún haya esperanzas para semejante mal bicho.

Otro problema con dicho formato es el de la composición de la audiencia. Déjense de tonterías demoscópicas y demás memeces dignas de Arriola; en un estado tan azul (demócrata) como Nueva York, ¿alguien se cree que el público no va a ser mayoritariamente demócrata? De hecho, tal y como lo describió uno de los comentaristas a los que he leído, la supuesta “independencia” política del público estribaba en que dudaban si votar al Partido Demócrata o  a algún otro partido más izquierdista. Y bien que se retrataron todos ellos en cierto momento del debate que ya les contaré. El caso es que si había algún republicano entre ellos, buen cuidado tuvieron de no escoger su pregunta para que saliera en antena. Pero no se preocupen porque seguro que no lo había.

De esta manera, con un público entregado a Obama, una moderadora entregada a Obama y un formato de debate favorable a Obama, el resultado era lo de menos porque las crónicas de los medios de comunicación de masas ya estaban escritas de antemano: Obama recupera la iniciativa, atiza a Romney, lo hace llorar, lo vapulea, Obama brilla como en sus mejores tiempos, ¡nuestro chico ha vuelto!, las elecciones ya se han acabado y no hace falta ir a votar siquiera. O sea, la bazofia que ha escrito Ayuso y que Libertad Digital nos ha endilgado a todos. Por cierto, por si acaso, los periodistas presentes en el debate tenían cerveza gratis durante toda la noche por gentileza de la organización. Sería por si acaso no se les ocurría qué escribir, digo yo.

Entremos ahora en el debate en sí. Empecemos por el final. El resultado verdadero es el siguiente: a Romney se le vio fuerte, confiado en sí mismo, con ideas y voluntad de llevarlas a cabo; a Obama se le vio irritado, a la defensiva, chulo y a momentos hasta ridículo. Eso lo vi yo. Y otros muchos. Pero Ayuso no sé qué debía estar viendo, pero el debate seguro que no. De eso puedo dar fe.

Ya hemos dicho que se realizaron un total de once preguntas durante todo el debate. Romney contestó efectivamente a todas las que le tocaron. Obama no lo hizo y, en cambio, se dedicó a hacer aspavientos y a marear la perdiz con el fin de disimular su incapacidad para responder (con el beneplácito de la piojo Crowley). Resumidas, las preguntas fueron las siguientes y así las contestaron los candidatos:

  1. PARA ROMNEY. Una sobre cómo solucionar las dificultades que tienen actualmente los estudiantes universitarios para encontrar trabajo tan pronto como acaban sus estudios. La respuesta de Romney fue brillante y bien le valió puntos a su favor a pesar de que la pregunta estaba trucada de izquierdismo, pues no es tarea de un presidente crear puestos de trabajo, sino crear las condiciones para que la economía prospere, que es lo que a su vez crea puestos de trabajo.
  2. PARA OBAMA. Una sobre la imposibilidad de la administración Obama de reducir los precios de la gasolina. Obama mareó la perdiz, discutió con Romney, que le reprochó su cerrazón a explorar en busca de nuevos yacimientos en los Estados Unidos y acabó asegurando que la causa de la recesión fue precisamente el bajo precio de la gasolina durante los años de la presidencia de Bush. Manda huevos.
  3. PARA ROMNEY. Una sobre las reducciones de deducciones en el IRPF que propone en su programa electoral y que quien pregunta cree que perjudicarán la economía de la clase media estadounidense. De nuevo, Romney respondió brillantemente y evitó el campo minado que era esta pregunta, una que el propio Obama aplaudió cuando su sicario la hizo.
  4. PARA OBAMA. Una sobre cómo resolver las diferencias de salarios entre hombres y mujeres. Ésta es una tontería que se repite una y otra vez y que es más falsa que un billete de tres dólares o la honradez de un político español. Sólo sirvió para que Obama se luciera como “justiciero de las mujeres”.
  5. PARA ROMNEY. Una sobre cuál es la diferencia entre él y George W. Bush. Acojonante. Estupefaciente. Para mear y no echar ni gota. Y el tío la hizo en serio… ¿Y por qué no preguntó por los parecidos más que razonables entre Obama y Carter, ya que Obama es el actual presidente? Para apagar la tele directamente e irse a dormir.
  6. PARA OBAMA. Una sobre por qué ha subido tanto el coste de la vida durante estos últimos cuatro años. La pregunta más obvia de toda la campaña electoral y precisamente por eso la más previsible y la más preparada por Obama, que tiene un repertorio larguísimo de gente a la que echar la culpa de todo lo que va mal en los Estados Unidos, empezando por George W. Bush, siguiendo por Sarah Palin y terminando con José María Aznar.
  7. PARA ROMNEY. Una sobre qué pretende hacer Romney con los inmigrantes ilegales. Una pregunta cuya secreta intención es favorecer a Obama entre los votantes hispanos, a los que ya ha prometido una amnistía a pesar de que no tiene el poder para ello. Pero es lo mismo. Curiosamente, nadie le preguntó a Obama por su incapacidad para defender las fronteras de la inmigración ilegal.
  8. PARA OBAMA. Una sobre lo que pasó realmente en Libia y por qué se ignoraron los avisos de falta de seguridad en la embajada. ¡INDIGNANTE! No es sólo que Obama no respondiera finalmente a la pregunta, sino que encima la bruja Crowley salió en su ayuda con toda la cara y no le dio una patada en los testículos a Romney para que dejara de hablar por el canto de un duro, pero seguro que lo pensó. Hablaremos más sobre ello.
  9. PARA OBAMA. Una sobre las medidas tomadas para evitar la venta de rifles de asalto en las armerías. Sólo al memo preguntador le preocupaba eso. De nuevo, otra oportunidad para que Obama se luciera y, de paso, atizar a todos los defensores de la Segunda Enmienda.
  10. PARA ROMNEY. Una sobre las medidas a tomar para evitar que las empresas estadounidenses trasladen su actividad al extranjero con lo que eso implica de pérdida de puestos de trabajo nacionales. Como quiera que la izquierda ha colgado a Romney el sambenito de favorecer eso, el outsourcing que se llama, una nueva pregunta trucada para perjudicarlo claramente.
  11. PARA ROMNEY. Una sobre cuál cree él que es la falsedad más evidente sobre él que tienen los estadounidenses. La única que puede considerarse neutral y hasta interesante en todo este mierdadebate.

En resumen, once preguntas. Seis (3, 4, 5, 7, 9 y 10) claramente anti-Romney. Tres (2, 6 y 8) claramente anti-Obama. Dos (1 y 11) neutrales, pero con la 1 inclinada hacia Obama. Buen balance, ¿eh? Y las preguntas anti-Obama eran balas de fogueo, mientras que las anti-Romney eran munición lobera, de la que hace pupa. PUES AÚN ASÍ ROMNEY RESPONDIÓ A TODAS LAS QUE LE TOCARON Y LO HIZO BASTANTE BIEN Y EN ALGUNOS CASOS MUY BIEN, MIENTRAS QUE OBAMA SE CALLÓ EN LAS SUYAS O DIJO SIMPLEZAS. Y ésa es la verdad, la diga Agamenón o su porquero.

De hecho, las encuestas al final del debate, aunque daban como ganador a Obama (es que ya estaban escritas desde el día anterior, ¿saben?) tenían más chicha a poco que uno hurgara dentro de ellas. Así, en la de la CNN, que daba a Obama vencedor por un 46% contra el 39% de Romney, incluía entre sus apartados a Romney como ganador en economía (58-40%), sanidad (49-46%), impuestos (51-44%), déficit (49-36%) y liderazgo (49-46%). Entre sus conclusiones, el 25% de los votantes habían decidido cambiar el sentido de su voto hacia Obama, pero como otro 25% había decidido hacer lo mismo hacia Romney, todo quedaba igual y Obama no había logrado recuperar el terreno perdido, que era su objetivo.

Por su parte, la CBS daba a Obama ganador por un 37% contra el 30% de Romney, pero en la cuestión económica Romney batía a Obama por un escalofriante 65-34%. Y en estos tiempos en que es la economía, estúpido, lo que ocupa la mente de todos, no es precisamente un buen augurio para los demócratas, ¿verdad?

Y se me olvidaba (es que estoy escribiendo a vuelapluma… o mejor a vuelateclado). Lo de Libia. Fue el gran momento bochornoso de la noche. Todo sucedió en la octava pregunta, cuando le preguntaron a Obama por lo que pasó allí. Tras darle vueltas y más vueltas, Obama finalmente dijo que él se responsabilizaba de todo (“the buck stops with me”) y aún reprochó a Romney que hubiera politizado todo el asunto. Romney replicó que ese asunto fue la culminación de toda una política exterior fracasada por su parte y le reprochó a su vez que no hubiera calificado lo sucedido como un “acto terrorista”. Fue entonces cuando la sapo Crowley saltó a la palestra sin más reparos y se alineó con Obama señalándole a Romney que no era cierto lo que él decía y que Obama sí que había llamado al ataque “un acto terrorista”. Pero es que no fue así porque lo que él hizo fue relacionar el ataque a la embajada con una manifestación espontánea de repulsa a aquel famoso video de YouTube. Para que vean lo que son las cosas, la audiencia, los 82 tipejos esos, aplaudieron a rabiar la infame intervención de la supuesta “moderadora”. Romney se sintió confundido y dudó un poco, pero se recuperó y cuestionó la afirmación de la serpiente Crowley, pero el daño ya estaba hecho y fue él el que se quedó tocado. Por cierto, que Obama siguió sin contestar a la pregunta y la “moderadora” pasó rápidamente a la siguiente.

Para los que quieran más detalles, aquí está la transcripción del momento:

ROMNEY: Creo interesante que el presidente dijera algo que… que es que al día siguiente del ataque él fue al Rose Garden y dijo que eso era un acto de terrorismo.

OBAMA: Eso es lo que dije.

ROMNEY: Usted dijo en el Rose Garden al día siguiente del ataque que era un acto de terrorismo. No era una manifestación espontánea, ¿es eso lo que usted está diciendo?

OBAMA: Por favor, siga, gobernador.

ROMNEY: Quiero que quede constancia clara de ello porque le costó 14 días al presidente hasta que por fin dijo que el ataque de Bengasi era un acto de terrorismo.

OBAMA: Lea la transcripción.

CROWLEY: Sí… sí… sí… que lo hizo, señor. Así que, déjeme… déjeme llamarlo un acto de terrorismo.

OBAMA: ¿Puedes decirlo un poco más alto, Candy?

CROWLEY: Él… él lo llamó efectivamente un acto de terrorismo. También es que tardó… también es que tardó unas dos semanas o así en tener una idea de que había una revuelta allí hasta que esta cinta salió a la luz. Usted tiene razón en eso.

ROMNEY: Esta… la administración… la administración indicó que fue la reacción a un video y que fue una reacción espontánea.

Y para los que no se conformen aún, aquí está la declaración de Obama en el Rose Garden:

Ningún acto terrorista amilanará la resolución de esta gran nación, alterará su carácter o eclipsará la luz de los valores por los que nos regimos.

Sí que aparecen las palabras “acto terrorista”, pero el contexto es el de una declaración lamentando la acción de unos manifestantes espontáneos protestando por un video aparecido en YouTube y no un ataque terrorista deliberado, tal y como ahora sabemos que es y la administración Obama supo desde el primer momento. Desde ese día, nadie en toda la administración Obama volvió a usar esas palabras y cuatro días después, Susan Rice dijo expresamente que NO era un acto terrorista.

En fin, que Romney ganó en general, sobre todo en cuestiones económicas y que lo hizo contra Obama, la “moderadora” y el “imparcial” público, lo cual tiene su mérito. Además, resultó más positivo en general mientras que Obama se dedicó exclusivamente a atacar a su rival. Lo malo fue la pifia de Libia, donde Romney podría haber hecho sangrar a Obama, pero para eso ya estaba la bulldog Crowley. Y si no, ¿para qué la querían?

Mierda, a este paso me acabará gustando Romney.

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5 respuestas a EL BIDEBATE: SI SEGUIMOS ASÍ, ROMNEY ACABARÁ PARECIENDO WASHINGTON

  1. Blackice dijo:

    Hi friend, con respecto a LD totalmente de acuerdo, han perdido frescura, rebeldía…idealismo.

  2. Fer dijo:

    Lo de Libertad Digital cada día me gusta menos. J Losantos empeñado en crear una republica como sea. No tiene ni idea de la politica americana y parece que el peor enemigo de España es la derecha. (qué derecha?). Luis Herrero sin comentarios. Un rojo en la corte del rey Auturo. O debería decir- un progre muy pero que muy de centro – ni el mismo lo sabe. Y Cesar Vidal – caramba con ese hombre – con la cabeza que tiene, que se sabe la lista de los reyes godos de memoria (en varios idiomas, claro – incluidas varias lenguas muertas) – y no tiene criterio !. Las cronicas que hace desde America parecen las de un becario del psoe… se deshace el hombre en alabanzas a Obama !!! Bien que alguna vez hace criticass acertadamente, pero desconcierta su capacidad para ensalzar lo imposibe. Cómo le gustan algunos socialitas españoles impresentables… No se entera de lo fundamental – o es otra cosa. Claro que todo el mundo tiene que vivir y mas los que están en el candelabro. Magnifico tranpolin para vender libros. Y mas y mas libros. Joder que maquina. Eso si – nunca falta uno de los soyos en el programa. Que lo pasen a la televenta y ahorramos tiempo.

    Es cierto, los ultimos refugios de libertad – no digital sino real – son los blogs – blogs como éste.
    En LD no tienes sitio. Tu tienes “mojo” y ellos (que empezaron teniendolo) ahora lo que tienen es un negocio que mantener.

    Que lastima Bob, nuestra Sarah se habría comido a Barry en los dos debates como un oso se zampa un salmon.

    Gracias Bob por exponer con claridad (el primero que lo hace) las claves del debate.

    Saludos.

  3. Santi dijo:

    Pues tu indignación puede ser no doble, sino triple, amigo Bob, sólo con oir las crónicas americanas (¿o mejor diríamos crónicas marcianas?) con que nos martiriza César Vidal en esRadio. Como bien ha dicho antes Fer. César Vidal se nos ha vuelto obamita también, ¡qué desvarío! Según él en el debate Obama ha estado muy bien y se merece un 8,5 (en fondo y forma) y Romney pasable con un 6,5. Parece ser que Obama le parece maravilloso… ¡a alguien que se supone que es de derechas!

    Ya me decepcionó mucho en su enfrentamiento con Pio Moa, a quién consiguió echar. Puede que tenga una cultura enciclopédica y acierte en ciertos asuntos, pero se le va la olla en muchos otros. Pero mientras que sea el amigo del alma y compañero de fatigas de FJL parece ser que todo vale. FJL también mete la pata en muchos asuntos, por más liberal que sea o se declare.

    Tienes razón en que Libertad Digital ha bajado mucho. Lo sigo leyendo por inercia liberal, pero ya no es lo que era.

    Un saludo, amigo Bob. A subrir toca con esta tropa.

  4. manu (lonlywalker) dijo:

    muy de acuerdo con uds sobre LD ha sido mi queja en estos tiempos y su cambio en especial como trata las noticias sobre USA q antes era para mi desde este lado del charco un refugio de tanta progesia en los medios hispanos y angloparlante ….ahora lo q veo es una flojera para estos temas y solo veo un acomodo sigo leyéndolos y escuchándolos aunque me sorprende desagradablemente las sandeces que dice Vidal y tan buen opinion le tenia que hasta esfuerzo hacia para conseguir algún libro de el en este país tan difícil pero deje molestarme de hacerlo con sus artículos sobre el Cristianismo y España …saludos sinceros

  5. Blackice dijo:

    Parece que ser el grupo GEES, tiene una opinión más en la línea de este blog.

    http://www.libertaddigital.com/opinion/gees/el-reto-de-romney-66020/

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