ORGULLOSO DE ESCRIBIR UN BLOG SOBRE EL TEA PARTY (y VI)

Y por fin terminamos de resumir The Tea Party. Three Principles de Elizabeth Price Foley. Ésta es la última entrega. Constato que apenas nadie ha seguido esta serie. Bueno, eso son gajes del oficio (de bloguista), ya se sabe. Uno no siempre puede ser interesante. Es cierto que estuve tentado de suspenderla, pero como quiera que tengo el convencimiento de que era importante, como mínimo, dejar constancia de la existencia de dicha obra y traducir algunos de sus contenidos, descarté finalmente la idea y me decidí a continuar hasta el final, aburriéndoles todo lo que fuera menester. Y es que si bien hoy esta obra no le ha interesado a casi nadie, nunca se sabe si algún día alguien sí que se interesará y buscará información sobre ella en nuestro idioma (ya que una edición en español no la encontrará jamás de los jamases). En ese caso, me alegraría que la encontrase y que fuera de confianza y no una manipulada por cualquier juntaletras izquierdista pretendiendo que entre esta obra y Mein Kampf no hay apenas diferencias.

Así pues, la carga final. Tras el prefacio, el primer capítulo, el segundo, el tercero y el cuarto, vamos ya con el quinto capítulo: “Mirando adelante”, que incluye las conclusiones de la autora.

El Tea Party no es un partido político en sentido clásico y eso es un desafío para quien quiera que pretenda describirlo. En realidad, de lo que se trata es de un anti partido, un conglomerado de personas individuales agrupadas por unos ciertos principios comunes que desafían a los partidos políticos existentes a que los adopten. El movimiento no tiene una estructura formal y centralizada de toma de decisiones que imponga sus opiniones al resto de miembros. Cada grupo local desarrolla sus propias prioridades y se limita a influir en las elecciones locales. Sin embargo, es no quiere decir que no tenga unos principios claros. Los tiene y son, principalmente, los tres que la autora ha descrito en este libro: gobierno limitado, soberanía nacional y originalismo constitucional, y sobre ellos el movimiento define cuál va a ser su postura con respecto a los asuntos cotidianos. Y son precisamente esos principios los que definen el movimiento y no un lema, una sede central o un comité de dirección.

El futuro del movimiento se determinará por el hecho de que la mayoría de los estadounidenses, sobre todo los políticamente independientes, asuman dichos principios como esenciales. Los resultados de las elecciones del midterm de 2010 ya demostraron su eco, pero serán las elecciones de 2012, tanto las presidenciales como las legislativas, la prueba definitiva.

De cualquier forma, el movimiento Tea Party ha abierto la senda de lo que puede ser el futuro de los movimientos políticos estadounidenses de carácter popular. Precisamente, su desorganizada estructura y su voluntad de permanecer ajeno a la maquinaria política de los dos grandes partidos es lo que le da su mayor fortaleza a largo plazo, por más que los medios de comunicación se obsesionen con cuestiones como quién es su líder, por qué hay tantas organizaciones sueltas, cómo sobrevivirá sin una estructura central, etc. Para ellos, éstas son debilidades, pero cuando el objetivo del movimiento es realmente más influir en los dos grandes partidos que crear un tercero, esas debilidades no lo son en absoluto. Para el Tea Party, la voluntad es seguir siendo un movimiento y no convertirse en un partido.

Siguiendo a Ori Brafman y Rod Beckstrom, dos autores especializados en marketing, que han escrito un libro titulado The Starfish and the Spider: The Unstoppable Power of Leaderless Organizations (La estrella de mar y la araña: el poder imparable de las organizaciones sin líder), el Tea Party es ciertamente una estrella de mar. Las arañas son organizaciones tradicionales, centralizadas con una cabeza poderosa e identificable; aplasta la cabeza y debilitas toda la organización. En cambio, las estrellas de mar son organizaciones sin una cabeza determinada y en consecuencia menos vulnerables a un ataque; corta una parte de la estrella de mar y el organismo no sólo continuará viviendo sino que además la porción mutilada puede volver a crecer.

El Tea Party es exactamente eso, una estrella de mar. Sin organización central, sus numerosos grupos locales actúan igual que las patas de una estrella de mar, apuntando en diferentes direcciones, pero trabajando el concierto y yendo siempre hacia delante. Aunque hay muchas organizaciones sueltas compitiendo unas con otras, ninguna ha surgido como dominante y los propios miembros del movimiento parecen tener poco interés en promover a un líder único.

También es único el Tea Party por su abierta mentalidad hacia Internet, una mentalidad en la que cualquiera puede contribuir y nadie domina o dicta los contenidos, similar a la Wikipedia. De esta manera, bien se puede asimilar el modo de funcionamiento del Tea Party al de la organización izquierdista MoveOn.org e incluso al de al-Qaeda, en el sentido de de organizaciones que no se ciñen a un liderazgo central pero que, en cambio, representan una voluntad colectiva.

El Tea Party se basa sobre todo en Facebook, Twitter, el correo electrónico y los blogs para diseminar información y coordinar esfuerzos, algo que hace innecesaria esa organización central típica de un partido político o un sindicato. También le permite adaptarse rápidamente a cualquier cambio, lo que es su principal característica y su principal éxito también.

A diferencia de los partidos políticos tradicionales, con poco margen de movimiento y que se resienten fuertemente cuando un líder se ve atacado, el Tea Party es bastante ajeno a dicho tipo de ataque. Podría llegar a serlo si en 2012 se volcara en un candidato presidencial, lo que le acercaría a una estructura de tipo araña y podría volverlo más vulnerable. Y es que si dicho candidato dijera algo que fuera contradictorio con las opiniones del Tea Party, queda la duda de cómo reaccionaría el movimiento: ¿protegiendo a toda costa a su candidato o uniéndose a los críticos y condenando sus declaraciones? De cualquier forma, lo que sí es seguro es que daría prioridad a los principios sobre la lealtad a cualquier candidato.

De eso ya hemos tenido pruebas sobradas en las elecciones de 2010, cuando el movimiento apoyó a candidatos de su propia elección frente a los más “seguros” republicanos, triunfando algunos y fracasando otros. De hecho, esa fidelidad a los principios se mantiene contra viento y marea, aunque la derrota parezca segura.

Esa voluntad de poner los principios por encima de cualquier otra cuestión es lo que da tanto poder al movimiento con respecto a los dos grandes partidos. De esa manera, obliga a los candidatos tradicionales a adoptar una postura propia con respecto a dichos principios si no quieren perder el apoyo de una formidable bolsa de votantes que no se sienten en absoluto obligados a votar sólo porque un candidato sea el oficial republicano o demócrata. Y de esta manera, también recuerdan a dichos candidatos que ellos son los representantes de sus votantes, que son sus jefes, y no al revés. Justamente lo que los organizadores del Chicago Tea Party le dijeron a Michael Steele, entonces el presidente del Partido Republicano, cuando pidió hablar en un acto público organizado por ellos y los organizadores le respondieron que no porque “ésta es una oportunidad de que sean los estadounidenses los que hablen, y de que los dirigentes del Partido Republicano escuchen, y no al revés”.

Ciertamente, los principios del Tea Party se identifican más con los votantes conservadores que con los liberales. Es por ello que sus candidatos suelen presentarse dentro del Partido Republicano y no como independientes. Eso no significa que el Tea Party sea una sucursal del Partido Republicano. El cálculo que hay para ello es que el Tea Party puede ser más efectivo en implementar sus principios reformando desde dentro los partidos políticos existentes que compitiendo con ellos. Y como quiera que esos principios son más conservadores que liberales, el partido de su elección para infiltrar es el Republicano lógicamente y no el Demócrata. Así, tal y como declararon Dick Armey y Matt Kibbe en agosto de 2010, “el movimiento Tea Party no está buscando una asociación con el Partido Republicano, sino la toma hostil de su control”.

Y las encuestas refuerzan dicha opinión. En mayo de 2011 una encuesta de Pew Research Center revelaba que el 72% de los estadounidenses que se declaraban “incondicionalmente conservador” y el 44% de los libertarios apoyan el Tea Party. Por su parte, el 57% de los “republicanos tradicionales” (vulgo RINO) no tienen una opinión definida sobre el Tea Party. Y que el 67% de los “sólidamente liberal” están en desacuerdo con el Tea Party.

Pero los principios defendidos por el Tea Party son claramente económicos y constitucionales, no sociales. De hecho, el Tea Party rechaza entrar en guerra por cuestiones como el matrimonio homosexual o el aborto. En esos casos, la postura del Tea Party es más bien ambivalente o incluso de tibio apoyo. De nuevo una encuesta, la de junio de 2010 del Wall Street Journal y NBC News encontró que sólo el 2% de los autoidentificados teapartiers consideraban las cuestiones sociales como una prioridad. Y es que la inmensa mayoría de estos entran dentro de lo que podría definirse como “moderados” en cuestiones sociales. Una nueva encuesta de abril de 2010 del New York Times y CBS News revelaba que el 57% de los teapartiers piensan que las parejas homosexuales deberían tener permitido casarse legalmente, ya fuera como matrimonio (16%) o como algún tipo de unión civil (41%). También el 65% apoyan la legalidad del aborto, con un 20% que creen que debería ser libre y un 45% que creen que debería ser accesible, pero bajo estrictos límites. Estadísticamente, hay menos de un 10% de diferencia entre el apoyo de los teapartiers y de los no teapartiers a ambas cuestiones. Si el Tea Party se interesa en cuestiones sociales es porque implican algún aspecto del gobierno limitado o del originalismo constitucional.

El agnosticismo del Tea Party en cuestiones sociales resulta más claro leyendo el Contract from America, un documento típico del Tea Party, que fue concebido por un abogado miembro del movimiento y que se redactó pidiendo al resto de miembros del movimiento su opinión sobre cuáles deberían ser las cuestiones más importantes a las que debería enfrentarse el nuevo Congreso elegido en noviembre de 2010. De una lista inicial de 20 cuestiones, se pasó a otra de 10 que, de mayor a menor apoyo, son las siguientes: proteger la Constitución, rechazar el cap-and-trade, exigir presupuestos equilibrados, reforma de los impuestos, responsabilidad fiscal y gobierno limitado, rechazar Obamacare, explotar los recursos energéticos nacionales, acabar con las subvenciones y acabar con las subidas de impuestos. Ni una sola de las cuestiones mencionadas es social. Y todas ellas se refieren a los tres principios constitucionales descritos por la autora.

Otra pretensión de los oponentes del Tea Party es que el movimiento no es más que un caballo de Troya de los cristianos evangélicos, cuyo último objetivo es prohibir los abortos, detener el matrimonio homosexual, además de albergar tendencias racistas (por eso atacan al presidente Obama). Sin embargo, eso no es así. Una encuesta de Pew Research Center de febrero de 2011 revela que el 57% de los teapartiers no comparten los postulados del movimiento evangélico conservador, ya sea porque los rechazan directamente (11%) o porque no los conocen o no opinan sobre ellos (46%). Y encima, se obvia el hecho de que meramente por estar de acuerdo con dicho movimiento cristiano no por ello se está automáticamente en contra del aborto o del matrimonio homosexual.

La verdad es que el Tea Party es un enorme paraguas que acoge a una gran cantidad de estadounidenses de todo el espectro político, incluyendo entre un 5 y un 10% de los que se definen a sí mismos como demócratas. La mayoría se considera conservador, pero lo son económicamente principalmente. Las cuestiones sociales no son prioritarias para ellos, resultado pues en un movimiento fiscalmente conservador y socialmente moderado. Como quiera que la mayoría de los estadounidenses bien podrían describirse a sí mismos de esta manera, he ahí la razón por la que los progresistas han invertido tanto tiempo y tanto esfuerzo en desacreditarlos como un montón de racistas, antihomosexuales, xenófobos y radicales sexistas que pretenden dar marcha atrás al reloj hasta 1789.

Y es que la gran amenaza es que el movimiento Tea Party tiene la capacidad de captar aún mayor apoyo de los estadounidenses. Estos creen en su mayoría en un gobierno limitado, el excepcionalismo estadounidense, la interpretación original de la Constitución y la defensa de la soberanía nacional. Ellos quieren que su gobierno les facilite seguridad, libertad de empresa, responsabilidad individual y libertad. No quieren a un estado niñera que les asista desde la cuna hasta la tumba.

Las elecciones de 2012 serán determinantes para el futuro del movimiento. Muchos estadounidenses están convencidos de que el Tea Party jugará un papel aún mayor que en 2010.

P.D. Mañana, como regalo, la opinión de Elizabeth Price Foley sobre la sentencia del Tribunal Supremo sobre Obamacare. Ya les dije que la encontraría. Y la he encontrado.

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Una respuesta a ORGULLOSO DE ESCRIBIR UN BLOG SOBRE EL TEA PARTY (y VI)

  1. renegm dijo:

    Muchas gracias por la serie. Tengo todos tus blogs en el google reader y leo los post desde allí y comento muy poco. Y mirando las aventuras del 25S comprendo que te sientas solo. España es un sitio de obamabots y no de teapartiers.

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