ORGULLOSO DE ESCRIBIR UN BLOG SOBRE EL TEA PARTY (I)

Soy un teapartier. Siquiera honorario, ya que no puedo serlo en la práctica. El movimiento Tea Party es algo tan genuinamente estadounidense que dudo seriamente que pueda reproducirse en cualquier otro país, ya que se trata de la expresión espontánea y popular de un sentimiento del que carecemos desde hace mucho, mucho tiempo en Europa: la voluntad de ser libres para tomar nuestras propias decisiones y la intención de querer seguir siéndolo. O sea, abajo el estado, cualquier estado; arriba las personas, cualquier persona.

No he visto mucha información por ahí referida al movimiento Tea Party; me refiero en español. Imagino que soy uno de los pocos bloguistas en español que se identifica abiertamente con sus ideales. Igual soy el único, que ya sabemos que en España, luchar por la libertad es una lucha perdida de antemano (pero en la que algunos nos empeñamos tozudamente una y otra vez). Por si acaso, y ahora que finalmente he mandado a la mierda al GOP y ya no pienso perder el tiempo con él, he decidido que hay que redoblar esfuerzos y dar a conocer más a mis paisanos lo que es realmente el movimiento Tea Party y cuáles son sus ideales. Siquiera para dejar testimonio; siempre puede haber alguien que busque la verdad y conviene que tenga una oportunidad al menos de encontrarla.

Para ello, voy a hacerles un amplio resumen de la obra que mejor sintetiza en mi opinión cuáles son esos ideales: The Tea Party. Three Principles (pueden adquirirla aquí) de Elizabeth Price Foley, una catedrática de Derecho Constitucional en la Facultad de Derecho de la Universidad Internacional de Florida.

The Tea Party es un breve libro de apenas 238 páginas dedicado por su autora a “los intrépidos miembros del movimiento Tea Party estadounidense, con admiración y respeto”, que ilustra a la perfección eso de que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Está editado por Cambridge University Press y se publicó este mismo año. A mí me llamó la atención durante uno de mis habituales rastreos por Amazon de obras referidas al movimiento Tea Party y no mucho después mi amiga C. me confirmó que es una obra imprescindible para cualquier teapartier y que si no la leía antes de diez días, nuestra amistad peligraba, ¡glups!

Dicho y hecho, la adquirí esa misma noche y tan pronto como la recibí, la leí. Me duró una noche, una tranquila noche de sábado, cuando aún hacía algo de frío y estaba tan bien en mi sillón orejero con un vaso de buen whisky de Tennessee al alcance de la mano. La leí y tan pronto como empecé a hacerlo, montones de ideas sueltas que tenía en la cabeza fueron encajando unas con otras con tal sencillez que no pude dejar de sorprenderme. Y cuando terminé, ya avanzada la madrugada, descubrí de pronto que ya no era simplemente un teapartier, sino que ahora además sabía por qué lo era. Había encontrado la obra que necesitaba para responder a mis preguntas y dotar a mi fe en el movimiento Tea Party de un fundamento lógico que me permitiera defender mis ideales, ahora sí, con total seguridad y sin peligro de caer en trampas saduceas, que decía aquél. Y es que hasta entonces yo parecía un teapartier; pero a partir de mi lectura de The Tea Party, ya no lo parecía solamente, sino que lo era.

Mi primera intención era la de hacerles una reseña, pero las reseñas están bien cuando pretendes que tus lectores adquieran el libro y lo lean por su cuenta. En esta España nuestra, poca gente va a comprar el libro, siquiera porque está escrito en inglés y no todo el mundo lo domina suficientemente como para leerlo con aprovechamiento (repito mi ofrecimiento a cualquier editor con tendencias suicidas de hacer la traducción gratis). Así pues, voy a dejarme de reseñas y haré lo mismo que ya hice en su momento con Going Rogue, la autobiografía de Sarah Palin: un minucioso resumen de cada capítulo. Confío en que así mis lectores puedan convertirse de alguna manera en lectores (o medio lectores) de The Tea Party. No es demasiado trabajo porque se trata de pocas páginas y seis capítulos (Prefacio, Génesis, Gobierno limitado, Soberanía nacional, Originalismo constitucional y Mirando adelante), así que bien lo puedo emprender.

Y dicho esto, me callo y dejo que hable Elizabeth Price Foley. O más bien, que el movimiento Tea Party hable a través de ella.

THE TEA PARTY. THREE PRINCIPLES.

Elizabeth Price Foley

 Prefacio

Autora ya de varios libros, Foley reconoce que éste ha sido su mayor desafío. Sobre todo porque la mera mención de la frase “Tea Party” ya supone un desafío en sí mismo. Un desafío de “quiérelo u ódialo”; sin lugar para la indiferencia. Algo que la autora ha experimentado sobradamente durante la redacción del libro, en que la simple mención de estar escribiendo un libro “sobre el Tea Party” provocaba una embarazosa pausa en la conversación, tras la cual su interlocutor no podía dejar de expresar un comentario admirativo o despectivo sobre el movimiento.

A diferencia de otros libros sobre el tema, escritos por reconocidos detractores del movimiento, la autora reconoce su admiración y respeto por él, una admiración y un respeto concebidos durante todo el tiempo que ha tardado en redactar su obra y eso a pesar que considerarse a sí misma como una libertaria, sin lazo alguno con el Partido Demócrata o el Republicano. Tal y como dice ella misma: “Soy bastante conservadora en algunas cuestiones, bastante liberal en otras”, habiendo llegado a esta postura después de muchos años militando en el Partido Demócrata, defendiendo ardientemente posturas liberales tales como la sanidad universal, la expansión de Medicare y Medicaid, y la mayor regulación de la actividad de las compañías de seguros, alimentarias, farmacéuticas y cosméticas.

El punto de partida de su cambio de opinión política tal vez pueda encontrarse en los años en que, tras haberse licenciado en Derecho, empezó a trabajar como asesora política de diferentes representantes demócratas en el Congreso. Echando la vista atrás, Foley se da cuenta ahora de lo poco que sabía entonces sobre el sistema de gobierno de los Estados Unidos, a pesar de que su educación en Leyes y su trabajo deberían hacer suponer todo lo contrario. Y lo poco que sabía también sobre la Constitución. Y lo que es peor, lo poco que le importaba. Entonces ella pensaba, como muchos liberales bien educados que aún lo siguen pensando, que la noción de que el gobierno federal, especialmente el Congreso, no pueda hacer algo porque la Constitución no le otorgue ese poder es una cosa de risa, cuando no una idea que bordeaba el fascismo.

Para sorpresa mía, Foley reconoce que la mayoría de los estadounidenses saben muy poco acerca de su propia Constitución, incluso los que tienen una educación universitaria. Ni siquiera los abogados en ejercicio saben mucho sobre ella, ya que se limitan a memorizar los casos relevantes que les toca estudiar en su momento y no se detienen a pensar mucho en ellos. Y eso es un problema cuando conocer y comprender la Constitución es importante porque cuando se hace, se entiende hasta qué punto los Padres Fundadores estudiaron y comprendieron las entresijos de la filosofía política y de la ciencia del gobierno y la esperanza que tenían de que sus compatriotas presentes y futuros hicieran lo mismo que ellos para evitar así las disputas sobre “pequeñeces” y se centraran en lo que realmente importa: preservar la Constitución, su significado y sus principios fundamentales.

Lo malo es que no ha sucedido eso e incluso mucha gente piensa que el Derecho Constitucional es sinónimo de política, lo que provoca que la Constitución se interprete a través de sus propios intereses particulares y que quien no esté de acuerdo con esa interpretación sea sólo porque pertenece al partido político rival, incapaces de entender que el desacuerdo sobre la Constitución puede estar basado en principios y no en cuestiones políticas.

Por eso, Foley reconoce que enseñar Derecho Constitucional no es precisamente fácil en los Estados Unidos de hoy en día y que cuando en 2009 el movimiento Tea Party salió a escena, pensó que podía ser una gran oportunidad para que sus compatriotas empezaran a interesarse de verdad por lo que dice la Constitución. Y de alguna manera así ha sido porque la mayoría de las cuestiones políticas planteadas por el movimiento Tea Party están totalmente basadas en la interpretación de la Constitución.

Pero cuidado porque la autora reconoce que no hay una manera correcta y otra errónea de interpretar ésta, sino que lo que hay son opiniones sobre la mejor manera de hacerlo. Foley se adhiere a la llamada “escuela originalista”, que entiende que la mejor manera de interpretarla es haciendo honor a su significado original y que si el resultado de ello no es del agrado de los estadounidenses, existe un mecanismo en la propia Constitución para su enmienda en el Artículo V. Y ese mecanismo es lo que permite que la Constitución tenga un significado estable a lo largo de los tiempos, pero que a la vez esté sometida a control y revisión, si es el caso, por las distintas generaciones de “Nosotros, el Pueblo” (We the People).

Ser originalista no significa ser conservador, radical o de derechas. Ni siquiera permite adivinar la postura de la autora sobre distintas cuestiones como pueden ser el derecho al aborto, la guerra en Irak o Afganistán, la sanidad universal o el suicidio asistido. El originalismo es solamente un método interpretativo para leer adecuadamente un texto vago y complejo, y como tal es neutral. Su opuesto, la “escuela del constitucionalismo vivo” es otro método interpretativo igual y la autora no lo cuestiona, pero sí opina, al igual que el movimiento Tea Party, que es un método inferior.

Hablando ya de los miembros del movimiento Tea Party, Foley alaba el deseo de la mayoría de ellos de aprender, honrar y preservar la Constitución por más que casi ninguno de ellos haya acudido a una facultad de Derecho. Un deseo que les ha llevado a tener un conocimiento de la Constitución muy superior al del estadounidense medio, incluyendo a los que tienen estudios superiores y a muchos abogados. Su hambre de saber más sobre la Constitución es lo que les ha ganado el respeto de la autora y a partir de ahí que ésta se haya sentido movida a escribir este libro.

El libro no es un libro de ciencia política. Su objetivo es examinar la postura del movimiento Tea Party en una serie de cuestiones políticas actuales, haciéndolo a través de la lente de tres principios constitucionales. Así, Foley nos promete explicarnos cuáles son esos principios, qué significan y por qué es tan importante preservarlos, aunque parezcan innecesarios. Y para evitar divagar, la autora se compromete a centrarse exclusivamente en los principios y no bajar a la arena política, saltándose aquellas cuestiones, como la orden de ejecución de Osama bin Laden dada por el presidente Obama, que no han supuesto una crítica por parte del movimiento.

El resultado de todo ello es el desmontaje de una falsa descripción del movimiento Tea Party que, tal y como reconoce la autora, no es en absoluto un conjunto de activistas motivados por cuestiones políticas, el odio al presidente Obama o el racismo. De hecho, su verdadera esencia es la de un conjunto de activistas motivados por el conocimiento profundo de los principios constitucionales y su voluntad de preservarlos.

Tres son los principios constitucionales en los que se va a centrar la autora, pero estos no son los únicos, aunque sí los más importantes y los que dan su unidad al movimiento. Tal y como ella misma dice:

El Tea Party es un vasto, disperso, movimiento popular. No tiene un líder central, organización o incluso comité de organización. Son pequeñas secciones esparcidas por todo el país, con una rudimentaria coordinación a través de los medios de comunicación sociales, Internet y grupos locales de activistas. Pero aún en esta aparente desorganización, eso no significa que no haya un movimiento Tea Party identificable o coherente. Tal y como resalto en el libro, es exacto decir que no existe un partido Tea Party, pero sí que existe un movimiento Tea Party.

El movimiento Tea Party no parece estar muy dispuesto a formar un tercer partido, habiendo preferido en cambio el infiltrarse en ambos partidos políticos, con más éxito en el Partido Republicano, presionando para que ambos adopten los principios que son más queridos para el movimiento. Y con eso basta, ya que si bien muchos objetan que no hay un partido Tea Party unificado y que eso es lo que impedirá su éxito, no es cierto porque si bien no hay un partido, sí que hay un conjunto claro de principios que son los que aglutinan al movimiento y cuya plasmación en la vida política estadounidense será, en definitiva, lo que determinará el éxito del movimiento.

El movimiento Tea Party no es una criatura del Partido Republicano ni de alguna otra organización conservadora o libertaria que lo dirige en la sombra. Más bien al contrario, ya que ha rechazado en muchas ocasiones a candidatos republicanos, prefiriendo en su lugar a otros candidatos menos conocidos, pero identificados estrechamente con sus posturas. Una actitud que se ha convertido en habitual para el movimiento. Que el Partido Republicano sea el que más se haya favorecido hasta ahora de su apoyo, quiere decir que es el Partido Republicano el que más se ha orientado o está orientándose hacia sus postulados, no al contrario.

FIN

P.D. Hasta aquí mi resumen del prefacio. Confío en no haber resultado pesado. Y confío también en haber despertado su interés. Si es así, díganmelo, por favor. Recuerden que soy un bloguista en horas bajas y unas palmaditas en la espalda siempre hacen su efecto.

 P.P.D: ¿Alguien me puede explicar qué le ha pasado a Esperanza Aguirre para que decida presentar su dimisión? Cuando me he enterado, me ha pasado por la cabeza aquel día en que dimitió Sarah Palin como gobernadora de Alaska. ¿Creen que podemos estar en las mismas?

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Una respuesta a ORGULLOSO DE ESCRIBIR UN BLOG SOBRE EL TEA PARTY (I)

  1. Santi dijo:

    Es buena cualquier labor divulgadora sobre el Tea Party y ese libro me parece estupendo. Hay mucha desinformación interesada y no digamos en España.

    Y ahora a comentar la noticia bomba de hoy. Esperanza Aguirre nos ha dejado a los liberales estupefactos, en estado de shock, con su dimisión. Nos ha dejado huérfanos, destrozados. El único político que merecía la pena, el único decente y con principios liberal-conservadores, va y se marcha. Es descorazonador. No sé qué decir.

    Pensando un poco creo que lo que ha ocurrido es que se marcha cansada y decepcionada de su propio partido. Ha visto que no tiene nada que hacer en este PP de Rajoy, de este miserable Rajoy sin principios que, ahora sí, está echando del partido a liberales y conservadores. Esto y que ha visto que la deriva del partido, de su partido, está haciendo y hará cosas que nos helarán la sangre. Y no quiere ser partícipe de tamaña ignomínia perpetrada por un partido que se autoproclama de centro derecha.

    Puede que ahora dé la batalla desde fuera, esperemos que sea así. Está por ver si dimite también como presidenta del partido en Madrid. Pobre España que maltrata y margina a sus mejores políticos. Así nos va.

    Respecto a su sucesor en la Comunidad de Madrid, Ignacio González, es una completa incógnita. Puede que siga los pasos de Aguirre o puede que salga rana y nos decepcione. Démosle un voto de confianza, aunque le falta el carisma y la fuerza de la presidenta.

    Y sí, amigo Bob, veo muchas semejanzas con lo que le ha ocurrido a Sarah Palin. Es que es calcado. Aunque nos falta ver el desenlace de ambas historias paralelas.

    Un saludo, amigo Bob, en estos malos momentos. Estoy desmoralizado.

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