Y SI NO GANA ROMNEY, ¿QUÉ?

He estado unos días enfermo. No ha sido nada grave, pero me ha impedido darle a la tecla tal y como a mí me gusta. Cosas de la edad… Por otra parte, la manera tal y como se está desarrollando la campaña electoral estadounidense no me ha ayudado a recuperarme antes, no. Cuando no estaba disgustado por lo que estaba sucediendo, estaba indignado; y cuando no estaba indignado, estaba furioso. Y es que no puedo soportarlo. Ya saben que no llevo mucho tiempo en esto del comentario político, pero por lo que he podido leer por ahí, escrito por gente que sí tiene esa experiencia, ésta es la peor campaña electoral republicana que se recuerda. Una tan mala que casi convierte en aceptable a la desastrosa de McCain en 2008.

Vamos a ver. ¿Recuerdan mi postura? La dejé clara hace un tiempo: si yo fuera estadounidense y pudiera votar en las próximas elecciones de noviembre, votaría por el Partido Republicano. Es cierto que detesto a Mitt Romney y lo considero un tonto, un mentiroso y un falso, pero como quiera que a Barack Obama lo detesto aún más y a ése lo considero no tonto, sino malo; no mentiroso, sino perverso; y no falso, sino un auténtico traidor, la elección para mí está clara: el tonto antes que el malo. Siquiera por cuestiones de supervivencia. Con el tonto, aún podemos contar con un poco más de tiempo antes de deshacernos de él, pero con el malo no tendremos más tiempo antes de que sea él quien se deshaga de nosotros.

Así pues, yo votaría por Romney, pero llevándome mi propia bolsa para vomitar al colegio electoral y procurando tener una buena cantidad de manzanilla en casa para la vuelta (no hay nada menor para los estómagos revueltos, créanme, y si es con anís, mejor). El que Paul Ryan sea el candidato a la vicepresidencia, ayuda a pasar las náuseas, ciertamente. De esa manera me bastaría con decirle a mi esposa (si no me caso con una tejana, no sé cómo conseguiré la nacionalidad) que me diera la papeleta con el nombre de Romney tapado y dejando a la vista el de Ryan y todo sería más sencillo y no tendría que echar las tripas en plena cabina, sino que podría contenerme hasta salir del colegio (y tal vez vomitar en el jardín de mi vecino RINO, je, je, je).

Sin embargo, ni siquiera así va a ser posible. Durante estas dos últimas semanas hemos tenido una noticia tras otra, referida a la candidatura republicana, que no invitan precisamente a la esperanza. Ya no es sólo el “golpe de partido” que se produjo durante la convención nacional republicana y que les conté en mi última entrada y que tan enfurecido me tiene aún hoy, sino otras cosas, como por ejemplo las recientes declaraciones de Romney declarando que de “revocar y sustituir” Obamacare, tal y como prometió durante su discurso de aceptación en esa misma convención, nada de nada; que algunas partes de Obamacare son buenas y que piensa mantenerlas. ¡Si será cabrón!

Luego, tenemos también el caso de Ryan, que de conservador fetén ha pasado a convertirse en conservador diluido y a punto de disolverse. A ver, es cierto que el candidato a la presidencia es Romney y que el papel a jugar por su candidato a la vicepresidencia no es el de criada respondona, sino de fiel escudero. Y es lógico. Y en 2008, ese papel lo jugó lealmente Sarah, nuestra Sarah, Palin, respaldando en todo momento las opiniones políticas de John McCain. Los que crean que no fue así, que lean Going Rogue (me ahorro citar las páginas concretas) y verán cómo ella misma es la primera en entenderlo así y en quejarse poco antes de que tuviera lugar el debate con Joe Biden de que los asesores electorales de McCain no le explicaran cuáles eran esas opiniones para que ella pudiera defenderlas, si acaso matizándolas convenientemente para que los electores vieran que no era un mero eco de McCain, sino que tenía sus propias opiniones, pero que los dos estaban remando en la misma barca y que no iba a ser ella quien empezara a zarandearla. Algo lógico si quieres llegar a la porción del electorado a la que McCain no le parecía alguien digno de confianza (los conservadores; los RINO amaban a McCain), pero que a cambio sí que confiaban en Sarah Palin porque la sabíamos una de los nuestros, y demostrar de paso que era algo más que una cara bonita y que, llegado el caso, tenía ideas propias, voluntad de defenderlas y disposición para convertirlas en realidad. O sea, que podría convertirse en presidente si era necesario.

Ya en 2008, con Sarah Palin actuando lealmente, los mandamases de la campaña electoral republicana se quejaron de ella y la acusaron de ir por su cuenta (“going rogue” que se dice por ahí). En 2012 parece que están más que dispuestos a que eso no vuelva a suceder y, por lo que he visto de Ryan, sencillamente da pena verlo en esa situación. Parece una media nena, secundando todas las bobadas de Romney y sin ser capaz de dar un puñetazo en la mesa y dejar claro que él también tiene algo que decir. Resultado: su popularidad entre los conservadores está decayendo, muchos empiezan a temerse que será un vicepresidente blandiblú y que lo mejor que se podrá hacer con él es mandarle revistas de sudokus para tenga algo que hacer durante los cuatro años de la presidencia Romney, que no de la vicepresidencia Ryan, que ésta última, sencillamente, no existirá. O sea, que lo que más me temía, que Ryan fuera una “Operación Palin II”, se está cumpliendo exactamente. Ryan es únicamente la triste excusa que se nos ofrece a los conservadores para votar por Romney, pero absolutamente nada más.

Vale, todo esto si gana Romney… pero ¿y si pierde? Miren, no se engañen. Estas elecciones no son unas elecciones entre Obama o Romney, sino un plebiscito sobre Obama. Lo que se va a votar en noviembre no es si seguirán gobernando los demócratas o pasarán a hacerlo los republicanos, sino si continuará Obama como presidente o no. Y ya está. ¿Romney? ¿Quién es ése? ¿Es un comediante? ¿Da risa? ¿A qué hora dan su programa?

En noviembre, si gana Obama, habrá ganado él; y si gana Romney, habrá perdido Obama. Pero Romney no tiene ninguna posibilidad, ni una, de ganar por él mismo. Cero. Menos que cero. Un número imaginario tal vez, pero negativo. Romney no es nada y, como mucho, sólo va a ser la persona equivocada en el lugar erróneo y en el momento más inoportuno. Romney es Rajoy; el tipo al que había que votar para echar a Rodríguez Zapatero, nada más; pero no el tipo al que queríamos de presidente porque confiáramos en él y nos creyéramos sus promesas.

Precisamente llevo un par de semanas comentando todo esto con mi amiga teapartier C. Ella también salió muy entristecida de todo lo que había pasado en la convención nacional republicana, pero como quiera que ella sí que es estadounidense y sí que se juega algo en noviembre, seguía aferrándose a un clavo ardiendo, el de Ryan, para pensar que éste sería capaz de inclinar a Romney hacia los postulados conservadores y así lograr la unión de todo el Partido Republicano.

Bueno, pues sus últimos mensajes son tan deprimentes como lo pudo ser aquella entrada mía el día que Sarah Palin anunció que no se presentaba como candidata a las  primarias republicanas. En lugar de forzar a Romney hacia el conservadurismo, Romney está forzando a Ryan hacia el RINOpublicanismo, dejándonos a todos con esa sensación de ser no sólo cornudos, sino haber sido también apaleados. Las declaraciones que ya les he mencionado de Romney hablando de mantener “parcialmente” (mañana será totalmente) Obamacare han hecho mucho daño. Los conservadores, el movimiento Tea Party está empezando a preguntarse si realmente no sería mejor mandarlo todo a la mierda, pasar de Romney y, tal y como nos ha recordado Sarah Palin hace poco en una carta enviada a través de SarahPAC, concentrarnos en recuperar el Senado, que es lo que realmente importa.

El caso es que con un presidente en la Casa Blanca que, sea cual sea, será nuestro enemigo, una mayoría conservadora en el Senado es lo único que nos queda y lo único que puede librarnos del desastre total. Y en eso es precisamente en lo que está poniendo todo su énfasis Sarah Palin, en asegurarse de que hacemos todo lo posible para lograr esa mayoría. De hecho, todavía tengo que leer una sola nota suya en Facebook o en SarahPAC urgiendo a votar por Romney porque crea en él, pero estoy harto de leerlas urgiendo a votar a los candidatos conservadores al Senado. La más reciente es de hace pocos días y en ella anuncia una campaña propia, Take Back the Senate, con ese objetivo. Y sí, ciertamente, ése es el único objetivo que deberíamos tener en mente: mantener la mayoría en la Cámara de Representantes, obtenerla en el Senado y prepararnos para cuatro años de lucha contra un presidente demócrata, ya sea demócrata pelado (Romney) o cuasi-socialista (Obama).

Lo divertido (más bien penoso) de toda esta situación es que mientras Romney y su cuadrilla siguen dándonos a los conservadores hasta en el cielo de la boca, ellos mismos se están empezando a cubrir las espaldas sugiriendo que si Romney no logra la victoria, la culpa será de los conservadores que son unos tibios. Vamos, lo mismo que le sucedió a Sarah Palin en 2008, a quien los estúpidos asesores de McCain cargaron con todas las culpas en un vano intento de quitárselas ellos de encima. No sé yo si le están preparando la misma jugarreta a Ryan, pero por si acaso convendría que fuera tomando nota, aunque yo creo que esta vez la culpa será colectiva: ¡todos los conservadores SOIS culpables, so fachas! Vamos, hombre, si a estas alturas y con la que está cayendo en Estados Unidos y en Oriente Medio y Obama sigue aventajando a Romney en las encuestas, la culpa no es nuestra, ¡sino de unos asesores electorales incapaces de gestionar una candidatura al repollo más gordo del condado y un candidato incapaz de convencer a sus vecinos para que le dejen ser presidente de la escalera, demonios!

En esta tesitura, yo, que me abstuve en las pasadas elecciones generales aquí en España porque no creía ni una palabra de lo que me estaba prometiendo Rajoy y entonces sólo tenía la duda de si votar a “tonto” (Rubalcaba) o a “más tonto todavía” (Rajoy), decidí que tururú y que me iba a pasear al parque en lugar de ir al colegio electoral. Y es que estaba convencido de que ganara quien ganase de entre los dos tontainas esos, su política iba a ser la misma: robarme a mí, enriquecerse ellos y colocar bien a la familia y a los amigos. Punto. El tiempo me ha dado la razón; Rajoy está haciendo exactamente la misma política que haría Rubalcaba caso de estar en el poder: subir los impuestos a los pobres, favorecer a los ricos y meterse en la cama con la ETA. Si acaso, Rubalcaba haría eso con el aplauso de los sindicatos y Rajoy lo está haciendo con sus lágrimas (de cocodrilo). Y si Obama fuera simplemente tonto como Romney y no maligno como lo es, ahora mismo aconsejaría la abstención en las elecciones de noviembre. Pero es que Obama es tan malo que no dejaría yo que acariciara siquiera a un hijo mío. Y es por eso que, de nuevo, caso de poder votar yo allí, lo haría por el tonto de Romney, pero sólo porque con su victoria ganaríamos todos tiempo a la espera de que pudiéramos lograr un candidato conservador decente y que supiera lo que significa la expresión “decir la verdad” de una vez por todas.

Eso era cuando tenía la opinión de que Romney podía ganar, aunque fuera a regañadientes. Una victoria “a lo mariano”, porque no hay otra opción y muy a nuestro pesar. Pero empiezo a perder esa confianza. Nunca he visto a un candidato más dispuesto a lograr la victoria de su rival que Romney. Ni siquiera McCain, que mira que se esforzó porque ganara Obama, aunque a él se le puede excusar porque ya estaba un poco mayor entonces y su capacidad para escoger colaboradores se demostró sobradamente afectada por la edad (la selección de Sarah Palin fue la excepción que confirma la regla; para una vez que acertó, mil que la cagó). Ahora mismo creo que Romney acabará perdiendo siquiera porque es incapaz de proporcionar una alternativa sólida a Obama. Y si ya en 2008 los estadounidenses prefirieron lo que les pareció un candidato más serio en Obama, especialmente a partir de que McCain se convirtiera en McVeleta con ocasión de la crisis financiera y tirara todas sus posibilidades en apenas cinco días que lo demostraron sin ideas, sin criterio y sin idoneidad, más harán en 2012, eligiendo entre Obama y un Romney a quien nadie todavía entre sus votantes naturales, los conservadores, sabe por qué motivo debería votarle que no sea el lamentable ABO (Anybody But Obama, cualquiera antes que Obama).

Y si Romney pierde, ¿qué? Pues hasta mi amiga C. ha empezado a plantearse la pregunta y, tras el “golpe de partido” de la convención, que nos promete un control estaliniano de éste y el fin de cualquier posibilidad por parte de las bases de hacer oír su opinión y lograr que sea tenida en cuenta, es posible que la única opción que tengamos a partir de entonces sea la creación de un tercer partido en los Estados Unidos, un partido verdaderamente conservador, que fuerce la desaparición del Partido Republicano, muerto por consunción. Lo mismo que sucedió en su momento con el Partido Whig, que de tanto nadar y guardar la ropa con respecto al tema de la esclavitud, acabó pereciendo tan pronto como un grupo de disidentes crearon el entonces novísimo Partido Republicano, firmemente opuesto a la esclavitud y nada dispuesto a pasteleos RINOinfames.

Por mi parte, ya saben que he abandonado (metafóricamente) el GOP. Después de que Rajoy me echara del PP, ahora Romney me echa del GOP. ¡Hay que joderse! Desde la anterior entrada, soy un conservador independiente, huérfano de partido político que no de movimiento, ya que sigo siendo orgulloso miembro del Tea Party. Miren, a lo largo de mi vida me he encontrado en suficientes situaciones como para acreditar que es cierto eso de “no hay mal que por bien no venga”. De hecho, mis mejores golpes de suerte me han venido a raíz de un gran desastre que creía que me iba a hundir. Es una constante en mi vida. Por eso, voy a jugármela y, caso de ser yo un profeta y poder decidir el futuro, el que decidiría sería éste: Obama vence en las elecciones y es reelegido por una amplia mayoría, mayor aún que la de 2008; el movimiento Tea Party logra que resulten elegidos una gran parte de sus candidatos tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, donde el Partido Republicano logra la mayoría, pero ésta depende del Tea Party; a consecuencia de ello, Obama se ve tan coartado para aplicar su política que su segundo mandato se convierte en un suplicio para él, no logrando aprobar ni una sola ley y ni un solo nombramiento en el Tribunal Supremo; tras dos años de guerra incesante entre los RINO y el movimiento Tea Party en el seno del Partido Republicano, los RINO en el Congreso acaban traicionando a sus electores y se alían con la minoría demócrata (al mejor estilo de la Alaska de Sarah Palin como gobernadora) para garantizar a Obama una triste mayoría; nada dispuestos a transigir, el movimiento Tea Party abandona el GOP y crea un tercer partido que, en las elecciones del midterm de 2014 barre al GOP; en 2016, este tercer partido nomina a Sarah Palin como su candidata a la presidencia y el GOP se hunde de tal manera en las encuestas que pronto todas las RINOratas empiezan a saltar por la borda y solicitan su ingreso en el nuevo partido, donde por supuesto son rechazados con una buena ración de raticida; y, por fin, en 2016 tenemos un partido verdaderamente conservador que gana las elecciones por aplastamiento y provoca que el GOP se disuelva ignominiosamente, siendo llorado por… absolutamente nadie.

No, el GOP no tiene un futuro nada brillante por delante. Creo que ha entrado en un período terminal y que Romney será el primer candidato a la presidencia de su período de decadencia, así como McCain fue el último de su período de esplendor. Y todo por culpa del dichoso “golpe de partido” del mes pasado, que ha dejado a los teapartiers sin motivos para continuar en él.

En fin, a todo cerdo le llega su San Martín, ¿no? Y a los rinocerontes, ¿qué les llega? ¿Allan Quatermain? (éste no es santo, me temo). Aunque dado que su símbolo es un elefante, ¿no les llegará antes el Rey?

Qué vida más perra, ¿verdad? A ver si Sarah nos da una alegría pronto, que falta nos hace, ¡ay!

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Una respuesta a Y SI NO GANA ROMNEY, ¿QUÉ?

  1. Santi dijo:

    Veo, amigo Bob, una ligera incongruencia en tu postura actual de voto “virtual” al candidato Romney y de no voto “de ninguna manera” en las anteriores elecciones españolas a Rajoy. Si malo malísimo es Obama no era mejor Zapatero. Y Romney y Rajoy parecen también cortados por el mismo patrón. En fín, te comento en tu siguiente entrada la sorprendente noticia de la más candente y decepcinanete actualidad.

    Un saludo.

    P.D. Me alegro de tu recuparación de esa enfermedad, Bob. Cuídate.

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