ADIÓS, GOP, ADIÓS (I)

Estoy muy cabreado. Me siento robado. Y lo peor es que los que me han robado han sido los míos, los que hasta ayer como quien dice consideraba mis compañeros. Me refiero al Partido Republicano, el que de alguna manera me acogió cuando Rajoy me echó del Partido Popular en aquel infame congreso de Valencia (capital de Bulgaria) donde nos dijo a conservadores y liberales que nos largáramos y que nos buscáramos otro partido político porque el Partido Popular ya no lo iba a ser. ¡Y a fe que tenía razón en eso! Ese día fue el de la conversión definitiva del aburrido PP en el apestoso PPSOE, otro partido socialdemócrata más, enemigo de la libertad individual y de las personas como tales.

Pero ahora ha sido el Partido Republicano, el viejo GOP, el otrora partido de Abraham Lincoln, el que me ha hecho la misma jugada. ¡Caramba, uno debería empezar a acostumbrarse ya! Pero no me acostumbro y después de lo que han hecho, trucar las reglas del juego para acabar convertidos en un remedo del PCUS, uno ya sabe lo que tiene que hacer: las maletas. Me largo; otra vez. A partir de este momento dejo de ser un conservador que tiene su casa en el Partido Republicano (o que la tendría, si fuera estadounidense) para convertirme en un conservador desarraigado a la busca de un puente bajo el que cobijarme, pero sin muchas ganas, la verdad sea dicha.

La putada que nos han hecho a todos los conservadores del movimiento Tea Party podría titularse algo así como “La guerra de las reglas”. Verán, algunos ya lo saben, pero otros no. En los Estados Unidos, los dos partidos políticos mayoritarios, el Republicano y el Demócrata, celebran lo que nosotros llamamos “congresos” durante sus convenciones nacionales. Éstas, además de servir para nominar al candidato a la presidencia, sirven también para establecer las reglas internas del partido que estarán vigentes durante los cuatro años siguientes. Pero eso es algo a lo que los medios de comunicación no prestan nunca atención porque no “mola”, suena aburrido y para informar de ello tendrían que preocuparse antes por saber cuáles son esas reglas y qué implican, y a un vago gacetillero mentiroso como los que llenan hoy en día las redacciones de la inmensa mayoría de medios de comunicación del mundo eso es mucho pedirle.

En consecuencia, las reglas que han regido la vida del Partido Republicano durante estos últimos cuatro años fueron las que se propusieron y se aprobaron en 2008, durante la anterior convención nacional. Y ahora en 2012 se han propuesto y se han aprobado las que van a regir hasta la próxima convención nacional, la de 2016. Esto es una cosa que suele hacerse en los primeros días de la convención, antes de la proclamación del candidato a la presidencia, que es la traca final.

¿Y quiénes aprueban esas reglas? Pues los delegados pertenecientes al comité de Programa y Reglas (Platform and Rules) de cada una de las organizaciones estatales del Partido Republicano de todo el país. O sea, unos cuantos del total de delegados del Partido Republicano de Florida, otros tantos del Partido Republicano de Arizona, otros tantos del Partido Republicano de Alaska y así sucesivamente. Estos delegados se reúnen durante la convención, escuchan las propuestas presentadas o las presentan ellos mismos, las discuten, las votan y una vez aprobadas en comité, son elevadas a la convención en pleno para que las apruebe definitivamente. Si eso es así, esas reglas empiezan a regir inmediatamente la vida del partido y hasta la próxima convención nacional no hay manera de cambiarlas.

Generalmente no hay grandes cambios y las reglas casi siempre son las mismas o tienen pequeñas variaciones. La única ocasión en que se despierta el interés de algunos de los medios de comunicación al respecto es cuando se modifica el procedimiento de primarias por lo que eso tiene de importancia para la carrera electoral de dentro de cuatro años. Pero incluso así, muchos estadounidenses se enteran de ello precisamente cuando empieza dicha campaña y van a preguntar y algún oficial de la organización local del partido o algún voluntario de un candidato les explica que las cosas han cambiado.

Y ahora, “la guerra de las reglas”. Todo empezó el lunes 27 de agosto cuando Michelle Malkin, mi eterna bloguista favorita (a pesar de que a veces no comparto alguna de sus opiniones y me enfado mucho con ella, pero siempre es una mera pelea de novios y pronto vuelvo a leerla y a quererla aún más porque sé que es buena, sincera, teapartier leal y peleona), levantó la voz de alarma. En el comité de Programa y Reglas reunido en la convención nacional republicana, los partidarios de Romney habían propuesto la adopción de dos reglas nuevas: la 12 y la 15 (que iba a ser luego renumerada como la 16).  Estas dos reglas, como bien las calificaba Michelle, suponían un robo con alevosía a los militantes republicanos de su poder dentro del partido (“power grab”, lo llamaba ella). La regla 12 pretendía ni más ni menos que autorizar al RNC (Republican National Committee, Comité Nacional Republicano), el máximo órgano de poder del partido entre convenciones, para que cambie a su gusto y cuando quiera cualquier regla aprobada en las convenciones sin tener que consultar con nadie y sin tener que esperar la aprobación de nadie, ni afiliados ni delegados estatales ni dirigentes de las organizaciones del partido en cada estado. Como quiera que el RNC es un comité compuesto por los peces gordos del establishment. Actualmente lo forman 168 miembros, que son dos miembros de cada una de las organizaciones estatales del Partido Republicano, siempre uno varón y otro mujer; los presidentes de dichas organizaciones estatales en los estados que hayan votado mayoritariamente a los republicanos en las elecciones presidenciales precedentes o que tengan mayoría republicana en el Congreso en Washington o que tengan un gobernador republicano, además de su presidente, actualmente Reince Priebus. Con semejante camada, uno no necesita ser muy inteligente (o muy malpensado) para suponer que otorgar un cheque en blanco al dichoso RNC para que haga y deshaga a su antojo durante los cuatro años que quedan hasta la próxima convención significa ni más ni menos que convertir a ese órgano en una copia del infame Politburó del PCUS y al Partido Republicano en un partido de corte soviético, donde todo el poder está en la cima del partido y las bases no tienen más derechos que el de pagar las cuotas mensuales y callarse la boca.

Reince Priebus, el chairman del RNC, advirtiendo a todos los teapartiers: “A callar o a Siberia, camaradas”.

Por otra parte, la regla 16 pretendía que el supuesto nominado a la presidencia tenga el poder de vetar a los miembros de cualquier delegación estatal convocada para acudir a la convención nacional. Esto requiere un poco más de explicación y se la voy a dar. Ya saben que cada cuatro años se celebran en cada estado las primarias presidenciales, tanto las republicanas como las demócratas, y que en estas primarias se reparten los delegados que cada candidato a la presidencia va a llevar a la convención. Por ejemplo, Romney pudo haber obtenido (no es una cifra real, sino la primera que se me ha ocurrido) 30 delegados por Florida; Gingrich, 20; y Santorum, 14. Y así en cada estado. Pues lo que sucede con posterioridad es que si bien las primarias determinan CUÁNTOS delegados van a componer la delegación de cada candidato, son las convenciones estatales, que se celebran siempre con posterioridad a las primarias, las que deciden QUIÉNES van a ser esos delegados que ocupen esos puestos. Así, Romney puede haber ganado el derecho a tener 30 delegados comprometidos a votar por él, pero será la convención estatal de Florida la que decida quiénes van a ser esos 30 delegados. Y dependiendo de quién se trate, puede ser un romneyano más o menos ferviente, que comparta más o menos las propuestas de su candidato y que pueda salirle respondón, sobre todo en cuestiones de programa o de reglas, como vemos que es el caso ahora.

Bien, pues con esa regla 16, si hubiera estado en vigor ahora mismo, Romney habría podido escoger a los miembros de su delegación en cada estado, vetando, por ejemplo, a cualquier delegado sospechoso de ser un teapartier, de ser un firme partidario pro-vida, pro-Segunda enmienda, anti-Obamacare, etc. Eso convierte al Partido Republicano aún más en el PCUS, volviendo del todo irrelevantes las convenciones nacionales, donde no sólo no importa lo que se decida, ya que el RNC puede modificar todas las reglas que le convengan al día siguiente de haberlas promulgado la mayoría de los delegados, sino que encima estos son vetados de antemano para asegurarse de que no se cuele ningún disidente, que imagino que empezarán a decir a partir de ahora.

La cuestión era de lo más peliaguda y Michelle comprendió inmediatamente su importancia vital y rápidamente nos llamó a todos a las armas (Brass knucles, “nudillos de acero”, fue el nombre de su alerta, señalando que tocaba pelear. ¡Ah, Michelle, me sacas de quicio a veces, pero te quiero sólo un poquito, muy poquito menos que a Sarah!).

El objeto de mis desvelos bloguistas: la extremadamente peleona Michelle Malkin. A veces la mataría, pero no puedo dejar de leerla día sí y día también.  Y es que lo nuestro es amor bloguista en estado puro. 

Y hubo pelea en el comité correspondiente y la propia Sarah Palin no pudo dejar de darse por enterada de lo que sucedía y animarnos a todos para seguir peleando porque ella era la segunda contra quien iba dirigida esa regla (la primera es neutralizar de una vez por todas a Ron Paul y los libertarios, que son muy duchos en lograr colar a sus partidarios como miembros de las distintas delegaciones estatales, lo que les proporciona un eco desorbitado en la convención nacional, pero a más largo plazo, el objetivo de todo esto es evitar que en 2016 el movimiento Tea Party pueda presentar una candidatura conservadora alternativa a Romney en las primarias republicanas de ese año encabezada por Sarah Palin, dando por supuesto que Romney gane la presidencia en 2012).

Y aún hay otro objetivo y ese es el de cortar de raíz algo que ya se está produciendo y que el establishment no tiene manera de evitar si no es de esta manera: la famosa OPA hostil que el movimiento Tea Party está ejecutando desde 2010 sobre el Partido Republicano. Ahora que ya ha salido publicado en la prensa, estoy liberado de mi promesa de confidencialidad, pero como bien me advirtió Claire hace tiempo, la estrategia del movimiento Tea Party es a largo plazo, apuntando para 2016 como el momento de lanzarse finalmente a la yugular del establishment. Y esa estrategia es la lógica de todo buen revolucionario: infiltrarse primero en la base de la organización que se quiere dominar, para poco a poco ir copando los puestos superiores y tener siempre la mayoría en cualquier votación. Así, el movimiento Tea Party está haciendo lo posible por dominar las organizaciones locales del Partido Republicano, las de barrio (precinct que se llaman allí) y a partir de allí dominar las de cada condado. Esa táctica ha dado mejores resultados en algunas zonas que en otras, pero es una táctica “de lluvia fina”; o sea, constante. Se necesita tiempo para lograr el éxito y tampoco es necesario dominar el 100% de las organizaciones, sino que basta con hacerse con la mitad de los delegados más uno.

Evidentemente, los del establishment son malos, pero no tontos. Lo saben y como quiera que no pueden anular elecciones locales y demás, han decidido cavar un foso lo más ancho posible a la puerta del castillo y ése foso es la Regla 16, que permitirá hacer una criba de todos los delegados que puedan ser nombrados por cada organización estatal para acudir a la convención nacional, impidiendo así que se cuelen los que a ellos les huelan a teapartier.

Sarah, tal y como ya les he dicho, se dio por enterada de lo que sucedía y publicó una nota en Facebook con instrucciones para todos sus partidarios. Dicha nota decía lo siguiente:

He pasado un gran día hoy en Gilbert, Arizona, en un acto público a favor de Kirk Adams. Es muy importante que prestemos atención a estas campañas electorales de aquí, con Kirk Adams, Jeff Flake y Paul Gosar en Arizona. Tenemos que recordar que estas elecciones no son sólo sobre reemplazar el partido en el poder. Son sobre quién y qué lo reemplaza. Los conservadores populares lo saben. Sin la energía y la sabiduría de los populares, el GOP nunca hubiera alcanzado la histórica victoria electoral de 2010. Es por eso que el controvertido cambio de reglas que se está debatiendo en la convención republicana ahora mismo es tan decepcionante. Es un ataque directo contra los activistas populares por parte del establishment del GOP y debe ser rechazado. Por favor, sigan el enlace al artículo de Michelle Malkin de hoy.

Sarah enlazaba pues con esa entrada del blog de Michelle Malkin que nos sirvió a todos como toque de corneta. La batalla estaba anunciada. Y las primeras noticias que teníamos eran las de unas reuniones del comité de Programa y Reglas más que tensas. Los partidarios de Romney presionaban para que se aprobaran las dichosas reglas lo antes posible y los delegados conservadores presionaban para que se las metieran donde les cupieran. Era posible llegar a un compromiso razonable en la regla 16, pero sobre la regla 12 no había compromiso que valiera: tenía que ser retirada.

Los romneyanos alegaban que no había motivo de preocupación porque la misma regla 12 establecía que se necesitaba una mayoría del 75% en el RNC para que pudiera cambiarse una regla aprobada en la convención, pero como bien señalaban algunos, eso no es ninguna salvaguarda porque el RNC es el Olimpo del establishment y todos sabemos que lo que el presidente del GOP quiere, lo acaba consiguiendo, bien sean por las buenas (prometiendo alguna que otra bicoca) o por las malas (amenazando a alguien que no deja de ser un político profesional y, por tanto, más que bizcochable). Vamos, es como si alguien me dice que a Rajoy cualquier día la ejecutiva del PP le puede llevar la contraria. Eso no se lo cree ni un niño de teta, ja, ja, ja. No, la regla 12 es un cheque en blanco y presto a ser utilizado y no hay más. Punto.

Pretender que el RNC pueda cambiar a su gusto las reglas votadas por la convención significa sencillamente que la convención deja de ser un órgano de control para convertirse en un mero espectáculo circense, pasando todo el poder al Politburó. Algo que ya se empezaba a entrever puesto que la guerra no era tanto la regla 16, sino la regla 12. Y es que ya se podía llegar al acuerdo que quisieras con respecto a la 16 que si la 12 se aprobaba, dicho acuerdo duraría lo que un caramelo a la puerta de un colegio: nada. Al día siguiente, el RNC-Politburó podría revocar dicho acuerdo y quedarse tan fresco.

No, la cosa no era una broma. Seguiré contándoles lo que pasó. Y cuando lo haga, tengan un par de botellas de agua de colonia a mano porque sentirán un pestazo que no podrán con ello; el de la política en su más bajo estilo, al peor estilo de España.

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Una respuesta a ADIÓS, GOP, ADIÓS (I)

  1. Santi dijo:

    Han dado un golpe de estado por la puerta de atrás esos RINOS envalentonados. Una muestra de lo que nos espera con Romney. Tiene toda la pinta de que Romney será el Rajoy norteamericano. En todas partes cuecen habas pero en algunas a calderadas.

    Un saludo, amigo Bob. Esperemos que el Tea Party y Sarah Palin aguanten el envite, van a por ellos. ¡Palin forever!

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