PERO BUENO… EL JUEZ ROBERTS ES UN CABRITO, ¿SÍ O NO? (y IV)

Hoy toca dar fin a esta pequeña e irritante serie sobre la sentencia del Tribunal Supremo sobre Obamacare… ¡gracias a Dios! Y decidir finalmente si Roberts es un cabrito o no. La verdad es que no tenemos mucho en el lado de la defensa, pero aún así algo hay. Así pues, vamos a sacar algunas conclusiones de todo este jaleo (¡ah, por cierto, que no se me olvide: la madre que parió a Rajoy. Hay que ver lo malo que nos ha salido el bicho ese. Parece socialista. No sé porqué Rubalcaba no le nombra miembro honorario del PSOE).

¿Qué supone la sentencia para Obama?

Ya sabemos que los progres son inasequibles al desaliento… y a cualquier razonamiento lógico por lo que llevan desde el día en que se hizo pública la sentencia tirando cohetes y haciendo pedorretas a los conservadores que conocen. Es cierto que la sentencia sobre Obamacare, siendo como es favorable a las posturas defendidas por el gobierno, es una victoria para Obama que ahora por fin puede desarrollar esa ley en toda su plenitud sin más que hacer unas pequeñas modificaciones en su articulado que no implican ningún menoscabo de sus efectos. Hasta aquí tienen razón en sentirse satisfechos.

Los comentaristas conservadores, al menos algunos de los más conocidos, se han empeñado en sacar petróleo diciendo que la sentencia es favorable a ellos porque el juez Roberts pone coto de una vez por todas a la expansión del gobierno federal basada en la Cláusula del Comercio. Sin embargo, lo que no dicen es que si bien es cierto eso, también lo es que el mismo Roberts ofrece un argumento de recambio a los progres para continuar con esa misma expansión y que convierte en papel mojado todo lo dicho anteriormente: pretender que se trata de un impuesto, lo cual basta para dar por bueno Obamacare. Si Roberts hubiera escrito la misma sentencia, pero se hubiera limitado a declarar inconstitucional Obamacare por abusar de la Cláusula del Comercio, entonces habría estado de acuerdo con sus otros colegas conservadores y la sentencia del Tribunal Supremo hubiera sido la que tenía que ser. Pero al no limitarse a eso, sino dar el innecesario paso de retorcer y retorcer la ley para encontrar un subterfugio que permitiera validarla, pasándose por el forro de la toga la lógica que llevaba inexorablemente a su revocación, Roberts ha demostrado que no es la persona adecuada para el puesto que ocupa, estando como está más preocupado en satisfacer al Poder Ejecutivo que en ponerle límites.

Yo también soy un comentarista conservador (aunque malo de solemnidad) y no veo ningún motivo de alegría en la sentencia y sí de profunda tristeza. Es una mala sentencia y jurídicamente bochornosa, digna de un juez de esos tan gustosos de “mancharse la toga con el polvo del camino”. E incluso la pequeña satisfacción de ver como el Tribunal Supremo pone coto al uso de la Cláusula de Comercio, aunque sea porque no hay manera humana de encajarla para penalizar la inactividad de los ciudadanos al no comprar un seguro médico, queda aguada cuando nos enteramos que existen otras sentencias del mismo Tribunal Supremo que avalan ese abuso de poder por parte del gobierno federal (por ejemplo, Raich v. Gonzalez) y que no han sido revocadas ni están en peligro de serlo. O sea, que menos consuelos de tontos porque no hay motivo para ello. La próxima vez que le convenga al gobierno federal acogerse a la Cláusula del Comercio para justificar un desmán, el Tribunal Supremo echará mano del precedente que más le convenga y meterá debajo de la alfombra NFIB v. Sebelius. Con ella, Roberts ha pretendido comprar tranquilidad para el Tribunal Supremo en un año electoral a costa de sacrificar la Constitución.

Por cierto, cabe recordar que algunos de los jueces conservadores son personas de una edad bastante avanzada (Scalia y Kennedy tienen ya 76 años; Ginsburg, que es progre perdida la pobre, tiene 79 años) lo que, llegado el caso de una reelección de Obama, podría llegar a permitirle el nominar hasta a tres nuevos miembros. Evidentemente se trataría de gente joven y de confianza que ocuparían el puesto pro lo menos durante los próximos treinta años, lo que permitiría un Tribunal Supremo sólidamente liberal para toda la próxima generación que rápidamente podrá revocar su sentencia actual si es que es lo que desean los que mandan y no tener así que argumentar recurriendo al poder del Congreso para poner impuestos.

Lo único bueno que podemos ver en todo este berenjenal es que de pronto Obamacare ha dejado de ser una reforma sanitaria para convertirse en un impuesto. Y un impuesto asfixiante justo cuando en la campaña electoral de 2008 Obama se llenó la boca prometiendo que no habría aumentos de impuestos para la clase media. Algo así como George H.W. Bush en 1992, repitiendo eso de Read my lips: no new taxes! Y luego hubo new taxes para dar y tomar. Declarando que las penalizaciones de Obamacare son en realidad un impuesto y que este impuesto recaerá fundamentalmente sobre la clase media, Roberts ha salvado la ley ahora para tal vez cargársela más tarde puesto que ha puesto definitivamente sobre aviso a todos los estadounidenses, por más que Obamacare no vaya a aplicarse en toda su extensión hasta 2014, que será cuando empezará a multarse a la gente por no tener seguro médico (y no es casualidad esa fecha; Obama la escogió precisamente para que no le perjudicara durante el año de su reelección). Sabiendo como sabemos lo genéticamente predispuestos que están todavía los estadounidenses a revolverse contra los que los tasan abusivamente (ya sean los británicos o George H.W. Bush), uno tiene cierta confianza en que la sentencia del Tribunal Supremo, como bien dijo Sarah Palin, sea el revulsivo que haga movilizarse a la desanimada tropa conservadora y decidirse a echar a Obama de la Casa Blanca, aunque sea para poner a Romney en su lugar (¡buaaa!). Pero es que si no, recuerden lo que les he dicho sobre la renovación del Tribunal Supremo. Hay mucho en juego, amigos; mucho más de lo que parece. El movimiento Tea Party surgió en 2009 como respuesta precisamente a Obamacare. Ahora es el momento de demostrar nuestro poder y sacar a Obama de la Casa Blanca. Luego ya ajustaremos cuentas con Romney, pero lo primero es lo primero: ¡OBAMA SE TIENE QUE IR!

Ojalá sea verdad. Romney dice ante un puente que representa Obamacare aún en construcción: “No te preocupes; voy a volar este invento”.

Y Romney, ¿qué? ¿Le favorece esto o no?

Teniendo en cuenta que Obamacare no es más que Romneycare revisado y corregido, bonita figura va a hacer Romney cagándose en la madre que parió a Obamacare cuando tiene otro hijo tan malo como él en la familia. Sin embargo, al mismo tiempo es precisamente Obamacare la que puede ser su mejor baza para ganar estas elecciones, algo que no descarto ya SIEMPRE Y CUANDO ROMNEY LE ECHE UN POCO DE COJONES DE UNA VEZ POR TODAS Y DEJE DE PARECER UNA MAGDALENA.

Obamacare no es una ley popular entre los estadounidenses y por mucho que los progres lo pretendan, después de la sentencia del Tribunal Supremo lo es aún menos. El primer sondeo de opinión llevado a cabo por Gallup inmediatamente después de conocerse la sentencia mostraba un empate (46%-46%) entre los que estaban de acuerdo con la sentencia y los que no. Pero cuando pasaban a la siguiente pregunta, la de qué hacer ahora, dejaba de haber un empate al contestar el 65% de los demócratas que la ley debería aplicarse de una vez por todas mientras que el 85% de los republicanos se decantaban por revocar Obamacare y sustituirlo. O sea, que hay más republicanos que detestan Obamacare que demócratas que la defienden. Interesante de cara a la movilización del electorado en una próxima campaña electoral, ¿verdad?

Incluso el Tribunal Supremo se ha visto tocado por este asunto, puesto que al domingo siguiente de la sentencia, otra encuesta de Rasmussen revelaba que los republicanos habían pasado de considerar en un 42% que el Tribunal Supremo hacía un buen trabajo a hacerlo sólo el 20% mientras que los que creían que estaba haciendo un mal trabajo crecían del 14% al 43%. ¡Más madera, es la guerra!

Es cierto que Romney no puede cambiar el hecho de que él implantara Romneycare en Massachusetts, pero también es cierto que la única posibilidad existente en este mundo (en el otro, ya veremos) de revocar Obamacare es precisamente que Romney gane las elecciones. Y eso a pesar de todo lo mal que nos caiga y de que no nos fiemos de él ni un pelo, pero es eso o Obama un segundo mandato y entonces sí que nos íbamos a enterar de lo que es bueno.

Lo que sería interesante y tal vez definitivo es que Romney tuviera una alternativa a mano porque, ahora mismo, los republicanos no tienen nada que ofrecer al respecto. Es cierto que algunos conservadores en particular han mencionado aspectos sueltos que convendría incluir en una posible reforma de la atención sanitaria hecha por un futuro presidente republicano; entre ellos, Sarah Palin. Sin embargo, el Partido Republicano en sí no tiene una postura decidida y un plan alternativo que estamparle en los morros a Obama en los próximos debates televisados. El único que ha presentado algo parecido a un verdadero plan de reforma (todos los estadounidenses están de acuerdo en que la atención sanitaria es inviable tal y como funciona ahora mismo y que hay que cambiar el sistema) es Paul Ryan, el niño prodigio de los números en el GOP, congresista por Wisconsin por más señas. Tal vez pudiera ser eso lo que le diera un empuje definitivo para ser el compañero de ticket de Romney, puesto que los mentideros republicanos están hablando de que Ryan está dentro de los cuatro candidatos finales al puesto, entre los que incluyen a Tim Pawlenty, Rob Portman y Bobby Jindal (aunque también se habla de Kelly Ayotte y Bob McDonnell e incluso de Marco Rubio).

Teniendo en cuenta la actitud pilatesca del Tribunal Supremo diciendo que ellos se lavan las manos y que si no nos gusta Obamacare, votemos por representantes que lo revoquen porque ellos no quieren meterse en problemas, Ryan sería una buena elección y garantizaría de alguna manera que Romney se tomara en serio eso que dijo de que la revocación de Obamacare sería lo primero que haría al llegar a la Casa Blanca:

Lo que el Tribunal Supremo no ha hecho en este último día de sesiones, lo haré yo en mi primer día si soy elegido presidente de los Estados Unidos.

Lo bueno de eso es que no basta con revocar, sino que hay que reemplazar también y Ryan es quien más cerca está de tener algo que ofrecer a cambio, basado en números sólidos y estando presto para defenderlo ante quien haga falta (¿Biden?).

Tal vez tenga razón Roberts cuando pretende que no es el Tribunal Supremo quien debe corregir los yerros de nuestros legisladores libremente elegidos, sino nosotros mismos, eligiendo a otros si no estamos de acuerdo con su proceder. Sin embargo, el Tribunal Supremo no puede alegar eso para negarse a hacer su trabajo y dictaminar que una ley inconstitucional es inconstitucional sólo porque mantener esa postura es impopular. Un tribunal está para aplicar la ley en todas las situaciones, sin importarle las consecuencias: hágase justicia y que se abran los cielos, dice el dicho. Es cierto que podemos optar por cambiar a nuestros legisladores si estos hacen leyes inconstitucionales, pero también es cierto que el Tribunal Supremo está precisamente para dictaminar la inconstitucionalidad de una ley si es que lo es y evitar así su aplicación mientras esperamos a pasarle cuentas al cabrón de nuestro representante en Washington. Si no, no sé yo para qué están ahí esos tipos.

En fin, que teniendo en su zurrón Obamacare, muy emasculado hay que ser para perder las elecciones ante un Obama que no remonta y a quien los estadounidenses no le perdonan desde 2009 que haya puesto por delante sus afanes por cambiar la sociedad antes que arreglar la economía, convirtiendo su presidencia en una más ideológica (y encima socialista) que práctica y más liberal que pragmática. La elección del republicano Scott Brown como senador en el masivamente demócrata Massachusetts debería haberle servido como toque de atención, pero no lo hizo, demostrando que es un progre de primera de esos que no deja que la realidad le estropee el día. Mejor, a ver si cuando despierta se encuentra en Pennsylvania Avenue, mirando la Casa Blanca desde la calle, agarrado a las rejas del jardín y con el guardia de la puerta diciéndole que se largue de una vez o le da con la porra.

Conclusión: se mire por donde se mire, Roberts es un cabrito.

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2 respuestas a PERO BUENO… EL JUEZ ROBERTS ES UN CABRITO, ¿SÍ O NO? (y IV)

  1. educantabro dijo:

    Hola Bob.

    Gracias por estas 4 extraordinarias entradas sobre la sentencia del Obamacare y el juez Roberts y por toda la luz que sobre el asunto das. Se entiende todo con perfecta claridad y sencillez, ¡Igualico que la información que sobre el asunto hemos podido obtener en los panfletos informativos españoles de todo pelaje y condición, sobre el glorioso triunfo obamitico¡ A si que de nuevo muchas gracias por un magnifico trabajo. (Le permito subirse la categoría de comentarista conservador “malo de solemnidad” a “malo progresando adecuadamente” Je,Je.)

    Y siendo cierto que me gusta la postura de Roberts al decir que somos los ciudadanos los que debemos determinar con la censura de nuestra elección, si las leyes de nuestro gobierno son inicuas y convenientes, y no los tribunales, no es menos cierto, que él tiene la obligación de determinar si la ley, independientemente de si es mala o buena, oportuna o no, se encuentra dentro del marco constitucional, y de no ser así cargársela sin contemplaciones ni medias tintas monjiles. Y NO LO HA HECHO SABIENDO QUE NO ES CONSTITUCIONAL. Se ha dedicado a hacer política por otros medios, -como muy bien enseñados nos tienen en España nuestros propios jueces – , y a chalanear con el poder imperante de turno, por lo que me veo en la obligación de llevarte la contraria y determinar que Roberts no es un cabrito, no. –Pausa y respiro hondo – ES UN CABRO……?¡%$…….….AZO con todas las de la ley, igual que sus amiguitos estatalistas que comparten su sentencia en el tribunal.
    Eso si, digo esto con todos los respetos y genuflexiones que sus distinguidos puestos me merecen.

    Por lo demás, con la entrada atrasada al 2014 y todo el poder mediático a favor, no creo que el hecho de considerar el obamacare como un impuesto, haga mucho daño a Obama, más cuando el que lo tiene que hacer (Romney) esta lastrado desde su origen con el mismo defecto (el Romneycare) , y hasta la fecha no se caracteriza por su especial mordiente, sino mas bien por el “cambio tranquilo” que tanto le gusta a su gemelo español Rajao-Rajoy.

    Sin embargo, con las ultimas medidas tomadas por nuestro excelso presidente patrio, creo que las oportunidades de Romney para alcanzar la Casa Blanca van aumentar enormemente, y vamos a poder ver como las figuras de Romney y Rajoy pueden estar mas ligadas de lo que parece a simple vista. Así, si Rajoy consigue hundir España en la hecatombe total, sin solución aparente que no implique un plazo de décadas y que España en un proceso de domino arrastre a la UE y especialmente a Alemania a una gran recesiòn que por fuerza de la globalización acabe por dañar la economía y el empleo en los EE.UU. de Obama, puede que este, sirva en bandeja el triunfo a Romney , no por merecimiento, sino por la ley del mal menor, y podremos ver a Mariano colocando los pies sobre la mesa del despacho oval cuando Romney le invite para darle las gracias por haber sido su mejor ayuda electoral. El tiempo lo dirá.

    Un saludo.

    NOTA: Lo único malo de irse 20 días de vacaciones es que no le podré seguir amigo Bob, y menos a donde voy a una tienda de camping en medio de las montañas de Heidi . Haber si aprovecho y me abro una cuenta al pasar por Ginebra por lo que pueda pasar en España. (Aunque lo más importe que es el dinero, creo que no lo tengo.)

  2. Santi dijo:

    Muy buena entrada, amigo Bob. Estoy de acuerdo en un 99%. Parece que pasaremos del acontecimiento planetario Obama-ZP al Romney-Rajoy, y ,sinceramente, no parece muy claro cual es mejor. Corren malos tiempos para la lírica.

    No te preocupes, Bob, yo te seguiré sea verano o invierno, llueva o truene, nos intervengan del todo o lo que sea. ¡Palin forever!

    Un saludo.

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