UTAH YA TIENE SU PROPIO PALINITO

Hey ho, let’s go! (guiño a Gonzalo). Tenemos mucho que hacer hoy. He pasado unos cuantos días enfermo y no podía ni coger el ordenador porque no atinaba con las teclas. No, lo siento, no me he muerto (esto es para mis enemigos, que alguno tengo por aquí, ja, ja, ja); otra vez será. El caso es que ya estoy bien y tengo ganas de volver a dar guerra. Y guerra la tenemos ciertamente. Y como suele ser habitual en nuestras propias trincheras. ¿Se acuerdan de Carly Fiorino, aquella candidata al Senado por California que Sarah Palin apoyó en 2010? Una parte importante del movimiento Tea Party puso el grito en el cielo porque ellos habían escogido a otro candidato, un tal Chuck DeVore, como merecedor de su apoyo y, cuando se enteraron de que Sarah no compartía su misma opinión, le dijeron de todo menos bonita. Vamos, que parecían demócratas de toda la vida. Bien, pues es exactamente lo mismo que ha pasado esta misma semana en Utah, donde Sarah ha hecho lo que ya podríamos calificar como otro “fiorino”, poniendo los pelos de punta a una parte del Tea Party.

Todo empezó el 22 de mayo, el martes de la semana pasada, cuando Sarah Palin hizo una aparición en el programa de Greta Van Susteren en Fox News. Allí anunció su apoyo a Orrin Hatch de cara a las primarias republicanas al Senado en Utah. Luego, el día siguiente, SarahPAC hizo una declaración más formal en su apoyo, al estilo de las que hace en su página personal en Facebook (todavía estoy intentando encontrar un significado al hecho de que anuncie su apoyo a un candidato a través de uno u otro medio y empiezo a pensar que no lo hay). En concreto, esa declaración decía lo siguiente:

El “señor Presupuesto Equilibrado” para Utah
Publicado el 23 de mayo de 2012

Orrin Hatch es parte del 1%. No, no de ese 1% del que han oído hablar. Él es parte del 1% de los políticos nacionales que creo que deberían ser reelegidos. Orrin Hatch es un conservador de toda la vida, cuya dedicación y devoción a la causa conservadora y a su amado y hermoso estado de Utah está más que documentada. Orrin fue un presidente de campaña electoral en el estado de Utah para un novato y fallido candidato a la presidencia considerado como “demasiado conservador” e “inelegible” por los medios de comunicación. Irónicamente, ese candidato era el hombre que restauró nuestro país para ser una “ciudad brillante en una colina” – Ronald Reagan.

Cuando se le preguntó por Orrin Hatch, el presidente Reagan dijo una vez: “Si todos los miembros del Senado fueran como Orrin Hatch, estaríamos discutiendo sobre cómo hacer frente a un superávit federal y es por eso que me gusta pensar en Orrin como en el ‘Sr. Presupuesto Equilibrado’. Los Estados Unidos han sido lo suficientemente fuertes como para disuadir la agresión y mantener la paz en no poca medida gracias a los esfuerzos de Orrin Hatch. Él ha sido un campeón de aquellos que luchan por la libertad”.

Como el presidente Reagan dijo, Orrin es el “Sr. Presupuesto Equilibrado”. Mucho antes de que el asunto del déficit estuviera en la mente de los estadounidenses, Orrin Hatch sabía que nuestro gobierno se enfrentaría a la insolvencia si no manteníamos nuestro presupuesto bajo control. El ha patrocinado o copatrocinado una “Enmienda para un Presupuesto Equilibrado” en 17 ocasiones y ha votado a favor de una “Enmienda para un Presupuesto Equilibrado” al menos otras nueve veces más. Sabemos que va a usar su antigüedad y su influencia para disuadir a los políticos de seguir elevando el techo de la deuda sin un plan para equilibrar el presupuesto y poner fin a estos déficits peligrosamente insostenibles.

Orrin Hatch votó en contra de Obamacare y se ha comprometido a derogarlo. Ahora que hablamso del asunto de Obamacare, que se encuentra actualmente ante la Corte Suprema, tengan en cuenta que el Tribunal Supremo no tendría el aspecto que tiene hoy en día si no fuera por cómo ha luchado Orrin por los candidatos conservadores en el banco -desde Clarence Thomas a John Roberts y Samuel Alito. A diferencia de otros senadores republicanos que se enfrentan a su reelección este año, Orrin votó en contra de los dos nominados del presidente Obama, Kagan y Sotomayor. Y a diferencia de algunos otros, Orrin ha salido al camino para abrazar el movimiento Tea Party.

Durante los últimos dos años, Orrin ha recibido una calificación del 100% por parte de la American Conservative Union. Es incondicionalmente pro-vida –habiendo recibido una calificación del 100% por parte del National Right to Life Committee. La NRA le ha dado una calificación de A+. El Club for Growth lo señaló como uno de los senadores más conservadores de los Estados Unidos y le dio una calificación del 99%.

Me sumo a otros conservadores como Mark Levin, Sean Hannity y líderes del Tea Party como Sal Russo en animar a los votantes de Utah a que devuelvan a Orrin Hatch al Senado de los Estados Unidos. Dado que las palabras de Mark Levin siempre son interesantes de leer, lean lo que ha dicho recientemente le dijo al senador Hatch: “Siento que usted sería… un veterano estadista excelente para un gran número de esos otros chicos jóvenes que voy a estar empujando en estos otros estados”. Yo estoy con Mark. Ha dado en el clavo.

Necesitamos el estilo quasi-reaganesco de liderazgo de conservadores como Orrin y nuestra nueva cosecha de senadores conservadores como Richard Mourdock, Deb Fischer y Ted Cruz puede ser que necesiten algún consejo de amigo para encontrar su camino en el Senado.

Sarah Palin

P.D. Usted puede aprender más acerca de Orrin Hatch visitando su sitio web http://www.orrinhatch.com y siguiéndolo en Facebook y Twitter.

Como ilustración, Sarah ha incluido una foto de Hatch junto con Reagan, lo cual creo que es el único motivo para haber hecho su anuncio en SarahPAC, el permitirle añadir esa foto, la misma que les pongo aquí mismo:

¿Y bien? ¿Cuál es el problema? Hatch es de los buenos, ¿no? Pues hay quien piensa que no. Y, como suele ser habitual, mientras Sarah Palin coincide con lo que piensan estos, Sarah Palin es fantástica. Pero tan pronto como Sarah Palin no coincide con ellos, ésta es una mala persona, una pésima conservadora y está acabada y ya nunca más quiero saber de ella. Eso que muchas veces les he contado sobre gente que no quiere entender que Palin es Palin y que no se vende a nadie. Y este caso en concreto, el de Hatch, lo ilustra más que ningún otro.

Porque, ¿quién es Hatch? Orrin Grant Hatch nació el 22 de marzo de 1934, así que en la actualidad tiene 78 años, que ya son. Nació en Pittsburgh (Pensilvania), pero vive en Salt Lake City (Utah). Abogado de profesión, está casado y tiene seis hijos y no sé yo cuántos nietos, pero seguro que son muchos. Aquí debería mencionar que es mormón, pero como ya saben que a mí me importa un carajo la religión de los políticos y que jamás votaría a uno de ellos meramente por ese motivo, aparte que considero que la religión y la política son como el agua y el aceite y detesto los partidos políticos confesionales, no se lo menciono y tan contentos.

Con esa edad, está claro que Hatch tiene que ser de los senadores más antiguos de la Cámara, llevando en ella desde 1977. Durante todo ese tiempo, Hatch se ha ganado a pulso su reputación, ocupando puestos de tanta responsabilidad como la presidencia del Comité Judicial del Senado, el que se ocupa de aprobar o no los candidatos a juez del Tribunal Supremo hechos por el presidente de los Estados Unidos, cargo que ocupó entre 1993 y 2005, mientras el Partido Republicano tuvo la mayoría en el Senado. Actualmente ocupa el cargo de vicepresidente del Comité Financiero del Senado, puesto que ocupa en atención a que pertenece al partido minoritario y éste siempre nombra al vicepresidente en todos los comités.

Si en noviembre el Partido Republicano lograra la mayoría en el Senado, Hatch sería nombrado presidente pro tempore del Senado, un cargo que ocupa siempre el senador más veterano del partido mayoritario de la Cámara y que supone presidir la Cámara siempre y cuando no se halle el vicepresidente de los Estados Unidos presente, ya que entonces la preside él (pero eso no suele suceder, además Biden prefiere echarse la siesta en el sofá de su despacho).

La historia política de Hatch la pueden encontrar en muchos sitios, así que no les hablaré mucho sobre ella. Lo que sí que me gustaría contarles, y sólo por lo gracioso que resulta, es el hecho de que cuando Hatch se presentó por primera vez a unas elecciones en 1976, su rival era el demócrata Frank Moss, el entonces senador por Utah, quien llevaba ya 18 años en el cargo. Hatch basó su campaña electoral en el hecho, entre otras cosas, de que Moss llevaba demasiado tiempo en el Senado. “¿Qué se hace con un senador que lleva 18 años en el cargo? Se le llama de vuelta a casa”, decía entonces. Poco se imaginaba Hatch que él iba a acabar llevando 36 años en el mismo cargo y con pocas ganas de que sus electores lo llamasen de vuelta a casa, ja, ja, ja.

Orrin Hatch, ya madurito. Seremos compasivos y no le recordaremos sus declaraciones de 1977, ¿eh?

Lo cierto es que Hatch no se quejaba exclusivamente del tiempo de servicio en Washington, D.C. de su rival Moss, sino de que a lo largo de los años hubiera perdido el contacto con sus electores, obnubilado por las luces de la capital federal. No es ese precisamente el principal defecto de Hatch, quien, tal y como bien recuerda Sarah Palin en su nota de apoyo, es uno de los pocos senadores que ha sido capaz de apartarse del camino trillado y salir al encuentro del movimiento Tea Party, asumiendo sus principales reivindicaciones, pero aportándoles también su inmensa experiencia y el conocimiento de cómo se hacen las cosas en Washington, D.C. En consecuencia, bien que se ha ganado el privilegio de ser uno de ese minúsculo 1% de los senadores actualmente en campaña electoral merecedores de la reelección. Geniales palabras que les siegan la hierba bajo los pies a todos los demás, ansiosos más de uno de unas palabras de aliento por parte de Sarah Palin. Pero es que de los 33 escaños a renovar, el 1% da escasamente para uno… y ese uno es Orrin Hatch.

Las primarias republicanas en Utah tendrán lugar el 26 de junio y son las últimas de todas. En 2010, el movimiento Tea Party logró un golpe de efecto desbancando al veterano senador Bob Bennett en las primarias y logrando que su candidato, Mike Lee, se alzara con la victoria. Luego, en noviembre, Lee lograría la victoria también y se convertiría en el junior senator de Utah, siendo Hatch el senior. Ciertamente, esa morrocotuda sorpresa puso sobre aviso a Hatch de lo que podría llegar a ocurrirle a él mismo dos años después si no tomaba nota y raudo y veloz se puso las pilas y empezó a acudir a actos públicos del movimiento Tea Party en Utah, así como a relacionarse estrechamente con los líderes del conservadurismo en el estado, atendiendo sus consultas y compartiendo largas horas de charla con ellos. La cuestión era no dejar que sus detractores le catalogaran como un tipo del establishment sólo porque era viejo y llevaba muchos años en el Senado.

La batalla para Hatch empezó inmediatamente. Se trataba de no cometer el mismo error que habían cometido muchos de sus colegas defenestrados en esas gloriosas primarias de 2010: creían que bastaba con declararse conservadores de toda la vida desde el atril del Senado para que el asunto quedara zanjado. Pues no, Hatch no se quiso limitar a ello y además de declararse conservador y de remitir a la gente a su hoja de servicios en el Senado durante todos estos años, se preocupó de bajar de nuevo a la arena política y volver a ganarse sus galones. Así, Hatch declaró hace un tiempo, refiriéndose al movimiento Tea Party:

Yo vi venir este movimiento antes de que lo hiciera el senador Bennett. Un año antes de las primarias de Bennett, invité a David Kirkham, un líder del Tea Party en Utah y un hombre sobresaliente, a reunirse conmigo en mi oficina. Pasé dos horas y media con él.

¿Mera táctica? ¿Hipocresía rampante? ¿Deseo sincero de entender lo que estaba pasando en las calles de Utah y de todos los Estados Unidos? Que cada cual decida por sí mismo. Desde ese día, Hatch ha mantenido constantes reuniones con cientos de destacados conservadores de Utah. Él mismo ha declarado también que no está de acuerdo con todos los que han pasado por su despacho, pero que la conversación con ellos le permitía suavizar discrepancias y aclarar posturas, incluyendo el principal reproche que se le hace actualmente: sus votos en el Senado en un puñado de asuntos controvertidos.

De vez en cuando, he sido criticado por algunos en el movimiento conservador. Cuando tienen razón, sigo el camino que me muestran. Pero la mayoría de las ocasiones, he sido capaz de razonar por qué he votado en tal sentido o he hecho ciertas cosas.

Entre los líderes conservadores que ha tratado Hatch durante estos dos últimos años, Sarah Palin ha sido una de las más destacadas. Por lo que sabemos, la relación entre ambos es epistolar, con cartas escritas a mano, como en la prehistoria, y llamadas telefónicas. Durante todo este tiempo, Sarah y él han hablado mucho sobre historia, política y las cosas que pasan en sus respectivas familias, creando un estrecho lazo entre ambos. Así, Hatch ha sido siempre uno de los pocos miembros del Partido Republicano en apoyar a Sarah Palin y defenderla de los ataques tanto de uno como de otro lado, mientras que a Sarah Palin no sólo es que le convenza la manera de hacer política de Hatch, sino que tonta sería si se negara a la posibilidad de contar entre sus aliados a una de las personalidades más influyentes en el Senado y en el propio Partido Republicano. Los beneficios son mutuos, pero es que además se aprecian ambos y se respetan.

Ella [por Sarah] y su marido son la pareja más bonita que jamás he conocido. Los dos son personas de altos vuelos y me enfado mucho cuando los medios de comunicación la malinterpretan constantemente.

Por su parte, Sarah declaró recientemente su respeto por la figura de Hatch: “Es un guerrero”. Y así se ha ganado su codiciado apoyo, un apoyo que no es nada extraño puesto que entre las otras figuras públicas que le respaldan se cuentan las de Mark Levin, Sean Hannity, Steve Forbes, el Tea Party Express y… Mitt Romney, jua, jua, jua (a saber qué pinta ése ahí).

Su rival ahora en las primarias es Dan Liljenquist, un antiguo senador estatal que es considerado por algunos como el candidato del Tea Party y que parece tan tonto como para negar el valor del respaldo de Palin, que ya hubiera querido él. Así, su directora de campaña, Holly Richardson, declaró una vez que se supo de éste:

Sarah Palin puede hacer lo que quiera, pero esto no afecta a nuestra campaña. Apoyar a Orrin Hatch es la antítesis de lo que ella dice que representa: romper con la vieja guardia y llevar el cambio a Washington. Pero adivino que son amigos.

Pues sí, Palin y Hatch son amigos. Y el que Hatch sea viejo no quiere decir que sea malo. Y si además ha tenido el valor de salir al encuentro del movimiento Tea Party y preocuparse por saber quiénes son y en qué creen, bien puede merecerse una nueva oportunidad. Aparte de que, como suele pasar, bastante mierda tiene Liljenquist en la camisa como para andar despotricando de Palin y dándoselas de teapartier él. Así, para empezar, el propio Liljenquist jamás se ha etiquetado a sí mismo como un teapartier y su campaña electoral no se basa oficialmente en el hecho de ser el candidato del Tea Party. Así, de nuevo, Holly Richardson, declaró:

Él [por Liljenquist] ha sido etiquetado como el candidato del Tea Party, pero de hecho él es un candidato basado en la realidad. Él siente lo que le dice la realidad: que no tenemos dinero.

¡Hmmm, sospechoso! De hecho, el propio Liljenquist declaró en el Washington Post hace poco más de un año que la burbuja del movimiento Tea Party explotaría antes de que la preocupación por la economía se solucionara, lo cual no es precisamente la manera de hablar de un teapartier, ¿verdad?

Dan Liljenquist y Orrin Hatch. Me gusta la corbata de Hatch; no me gusta la expresión de Lil (para abreviar).  Y no me gustan las cosas que dice éste último. Me recuerda a Chuck DeVore, que de teapartier tenía lo que yo de socialista.

En fin, que el caso es que Liljenquist (jo, cómo cuesta escribir este nombrecito) me despierta más recelos a mí que Hatch, de quien pienso ahora, después de haber investigado su historial político y de conocer las razones de Sarah Palin para apoyarle, que puede ser perfectamente ese puente entre la nueva generación de políticos teapartier (pero de los de verdad, ¿eh?) y la vieja generación de políticos reaganitas, algunos de los cuales todavía están presentes en la vida pública estadounidense. Así pues, mi apoyo para Hatch, el cuarto palinito de esta temporada. Y a quien no le guste, que no le vote y tan contentos, caramba. Si no es tan difícil tampoco.

P.D. Por cierto, se me olvidaba. Les recuerdo que en las elecciones de 2010, Palin apoyó a 22 candidatos en contra de la opinión del movimiento Tea Party. Palin es Palin. Y es indomable. Por eso la admiro tanto. En ella, la idea de libertad es congénita y nada podrá arrebatársela. Tea Party, sí; pero siempre en libertad. Y teniendo mucho cuidado con los huevos de cuclillo.

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2 respuestas a UTAH YA TIENE SU PROPIO PALINITO

  1. Santi dijo:

    Pués que gane Hatch, si así lo quiere Palin. Además, tiene mérito estar al pié del cañón con esa edad, ¡qué caramba!

    Un saludo, Bob. A cuidarse.

  2. Pingback: OTRA PATADA EN EL CULO DE LOS PROGRES, JUA, JUA, JUA | GOING ROGUE, GOING PALIN

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