A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO (COMO DEBE SER)

Si hiciéramos una lista de cuáles son los estados más corruptos y detestables políticamente hablando de los Estados Unidos, no hay duda de que Illinois (¡ah, Chicago!) sería el primero, pero es que el segundo sería muy probablemente Alaska. De hecho, la corrupción en este último es tan grande que sólo durante los dos años y medio de mandato de Sarah Palin como gobernadora se le pudo poner coto, aunque sólo fuera dentro del gobierno estatal, puesto que a escala legislativa y judicial siguió igual. Basta recordar el modo como el establishment de los dos partidos, Demócrata y Republicano, unieron sus fuerzas con el fin de acorralar a Palin y obligarla a agachar la cabeza. No lo consiguieron porque Palin no es de las que se sienta obedientemente y se calla, pero sí lograron que no tuviera otra opción que dimitir de su cargo como gobernadora incapaz de superar el bloqueo al que las dos grandes mafias…, digo partidos, habían sometido a su gobierno.

Una pieza clave en este confuso entramado de intereses creados ha sido el desde hace muchos años presidente del Partido Republicano de Alaska, Randy Ruedrich. A los más fieles de entre ustedes les sonará el nombre de Ruedrich. No es extraño puesto que tuve la ocasión de relatarles en este mismo blog la historia de su querella con Palin, cuando ambos servían como comisionados en la Alaska Oil and Gas Conservation Commission (AOGCC), allá en 2004, y Palin se vio obligada a plantarle cara (ver “EL DÍA EN QUE SARAH PALIN FUE TENTADA… Y DIJO: “¡DEMONIOS, NO!”). Desde ese día, Palin fue declarada persona non grata en el Partido Republicano de Alaska y tuvo que buscarse la vida por su cuenta, algo que demostró saber hacer maravillosamente bien dos años después, en 2006, al ganar claramente las elecciones a gobernador de Alaska, una hazaña que incluyó la derrota del hasta entonces gobernador, Frank Murkowski, en las primarias republicanas. Y todo ello contra la hostilidad no sólo del Partido Demócrata, que se da siempre por supuesta, sino también de su propio partido, el Republicano, que intentó todo lo posible para evitar su victoria.

En los anales del palinismo está aquel momento, recién lograda la victoria en las primarias republicanas, cuando Palin subió al estrado del hotel donde se había reunido todo el aparato del Partido Republicano de Alaska para conocer el desenlace de las primarias y ni corta ni perezosa le pidió a Ruedrich que dimitiera como presidente del partido a la vista de las continuas acusaciones de corrupción, alguna hecha por ella misma, que le rodeaban. Por supuesto, Ruedrich no dimitió y siguió presidiendo el partido tan ufano, avalado por sus correligionarios, todos tan bribones como él y tan ansiosos de deshacerse de Palin lo antes posible.

Bien, pues la hora de ajustar cuentas siempre llega. Más tarde o más temprano, pero siempre llega. Y para Ruedrich llegó el sábado pasado, 28 de abril. Durante ese fin de semana se celebró la convención anual del Partido Republicano de Alaska en Anchorage y ya el viernes anterior un rumor había cobrado fuerza: Ruedrich no se iba a presentar a la reelección. En palabras de Amanda Coyne del Alaska Dispatch News (ADN), el principal periódico de Alaska y el más adecuado para envolver pescado podrido dado su inveterada tendencia izquierdista:

Durante años, Ruedrich ha sido capaz de mantener un estricto control de su partido, sobreviviendo a intentos de golpe de estado, así como a la animosidad de la antigua gobernadora Sarah Palin y sus teapartinescos partidarios. El GOP de Alaska se ha fracturado en facciones, entre los libertarios y los partidarios de las grandes empresas, tal vez aún más que los republicanos de otros estados. Pero durante las décadas en que ha dirigido al GOP, Ruedrich ha logrado mantenerlas unidas, asegurándose de que el estado continúe siendo de un rojo brillante en el mapa electoral.

Que Coyne es una izquierdista, no hay duda. Que es una mentirosa, también. Ya me dirá ella de qué “rojo brillante en el mapa electoral” puede ser un estado cuyos dos senadores en Washington, uno es demócrata (Mark Begich) y el otro es alguien que se presentó a las elecciones después de haber perdido las primarias republicanas y contra el candidato del Partido Republicano, Joe Miller (Linda Murkowski). Y eso no es todo puesto que el Senado de Alaska, la cámara más importante, de veinte escaños, está dividida a partes iguales entre demócratas (10 senadores) y republicanos (10 senadores) y la actual mayoría es la formada por esos diez senadores demócratas y 6 asquerosos y repulsivos senadores RINOpublicanos que votan de acuerdo al son que tocan los primeros. ¿En serio “rojo brillante”, Coyne? ¡Vete al oculista ya, so cegata!

Volviendo al caso que nos ocupa, finalmente el rumor resultó ser cierto y Ruedrich declinó presentar su candidatura. No sé porqué pero otro rumor que corría por ahí hablaba de una conspiración urdida por el sector libertario del partido, los seguidores de Ron Paul, muy activos siempre en Alaska con el fin de evitar su reelección. El único motivo que había para hablar de ello era un mensaje de correo electrónico supuestamente enviado por un partidario de Paul en el que delineaba la estrategia a seguir para tomar el control del Partido Republicano de Alaska. Un mensaje muy extraño puesto que quien lo remitió lo hizo a todos los medios de comunicación de Alaska, pero ni a uno solo de los delegados que iban a acudir a la convención. De hecho, muchos dan por seguro que fue un truco del propio Ruedrich con el fin de alborotar y forzar una mayoría anti-Paul, pero no le salió bien y tal vez por eso acabó decidiendo no presentarse a la reelección.

Randy Ruedrich, el anti-palinista número 1. Pues muy bien; ya ha caído. ¡Anda y que te zurzan, mal bicho!

El viernes antes de la votación, el 27 de abril, era el turno de que Linda Murkowski, la republicana que se presentó a las elecciones al Senado contra su propio partido, forrada de dólares procedentes de las grandes compañías petroleras y apoyada a muerte por el establishment del partido, que no podía soportar que Joe Miller, el candidato del Tea Party respaldado encima por Sarah Palin, se hubiera hecho con las primarias, pronunciara un discurso. Murkowski es ciertamente la hija de Frank, el anterior gobernador de Alaska al que Palin dio una patada en el culo, y el vivo ejemplo de cómo las elites del establishment, tanto las de uno como otro partido, se cooptan entre ellas y tratan de mantener el coto cerrado, no sea que se les cuele uno que se crea de verdad sus propias palabras, como Palin, y decida sacar la escoba. Así pues, Murkowski tomó la palabra e inmediatamente fue abucheada por los asistentes, lo que causó sensación. Inmediatamente se echó la culpa del abucheo a una conspiración urdida entre los partidarios de Paul y los partidarios de Miller, una conspiración que casi se calificó de criminal como si uno no pudiera ponerse de acuerdo con quien quiera para abuchear a quien le dé la gana. Inmediatamente también, los dedos acusatorios de los medios de comunicación apuntaron a Miller como el cerebro de la trama por más que éste ni siquiera se hallaba en la sala en el momento del suceso. Pero como quiera que abuchear a Palin es meritorio y digno casi de una medalla, pero abuchear a “uno de los nuestros” no lo es, pronto se empezó a retratar a Miller como un retorcido y siniestro aprendiz de brujo que estaba emponzoñando la hasta entonces feliz vida de los republicanos de Alaska, corrompiendo de paso a los algo locos, pero bonachones, partidarios de Paul. De nuevo, como dice Coyne en el ADN:

Los partidarios de Paul y de Miller tienen más en común de lo que parece a primera vista: su desconfianza del gobierno federal, su enfoque en la deuda nacional y su persecución de la libertad individual. Tienen menos en común cuando se trata de cuestiones sociales o internacionales, pero eso queda para otro momento ante el verdadero objetivo de ambas facciones: tomar el control del Partido Republicano, tanto local como nacionalmente.

Joe Miller, el candidato del Tea Party en Alaska. Si se fijan bien, un aire a Chuck Norris sí que lo tiene, ¿verdad?

Murkowski salió de la sala hecha una furia (y eso que nadie le gritó: “fea”), pero lo peor vino al día siguiente cuando en la votación por el nuevo presidente del Partido Republicano, los candidatos del establishment, Judy Eledge (la favorita) y Bruce Schulte, fueron derrotados por el candidato alternativo, Russ Millette, de 66 años, partidario de Ron Paul. Ni siquiera el cargo de vicepresidente fue para el establishment, que tuvo que ver también como iba a parar a otra partidaria de Paul, Debbie Holland-Brown. Como dijo el cesante Ruedrich tras conocer los resultados: “Siempre hay alguien seguro de que el mundo sería un lugar mejor si ellos estuvieran al mando”. ¡Fastídiate, Ruedrich!

Russ Millette, el nuevo presidente del Partido Republicano de Alaska. Hombre, un poco a Santa Claus sí que se parece, ¿verdad? Ojalá nos salga buen tipo… Y poco dado a meter la mano en la caja.

Lo que había pasado es que los partidarios de Paul y los de Miller habían hecho causa común y acordado un candidato común, que resultaría ser Millette. De esta manera, su fuerza combinada pudo imponerse a los delegados del establishment y provocar un auténtico terremoto en la organización estatal del Partido Republicano más necesitada de un soplo de aire fresco. Como dijo el propio Millette, una vez proclamado vencedor: “Ellos [por el establishment] intentaron todas las maniobras que pudieron, pero Dios ha prevalecido”. Amén.

Millette es ciertamente un personaje poco conocido en Alaska, un estado al que no vino a vivir hasta 1975, que dejó a mediados de los años 90 y al que regresó en 2005. Antiguo profesor, su interés por la política viene de lejos, al menos desde 1964 en que fue voluntario en la campaña del candidato republicano a la presidencia Barry Goldwater (¡excelente!). Sus primeras declaraciones como nuevo presidente del Partido Republicano de Alaska fueron en la línea de que el partido debía abrirse y optar decididamente por la transparencia en todas sus actuaciones, así como el gobierno (recordemos que el actual gobernador, Sean Parnell, el antiguo vicegobernador de Palin, ha salido rana y el bicho, antiguo demócrata y cabildero, está demostrando con creces que Palin no hay más que una y Parnell le vino impuesto), además del hecho de que necesitan elegir a verdaderos conservadores para los cargos públicos.

Es cierto que Millette es más libertario que conservador, pero en los tiempos que corren, esta alianza entre unos y otros me parece un estupendo ejemplo de cómo deberían actuar los conservadores de todos los demás estados para empezar lo que debería ser la principal misión ahora: tomar definitivamente el control del Partido Republicano y devolverlo a la senda correcta, la del conservadurismo, echando a patadas si es necesario a esos bichos dañinos que son los RINO. Seguro que en el Partido Demócrata estarán encantados de ofrecerles acomodo. El primer paso está dado; Alaska ya tiene un ejemplo que ofrecer a “los 48 de abajo”. ¡Todos contra el establishment! Veremos si cunde el ejemplo.

Millette no tomará posesión de su nuevo cargo como presidente hasta enero del año que viene y mientras tanto será el director financiero del partido, responsabilidad que asumirá inmediatamente y que ha motivado que los partidarios de Ruedrich transfirieran ipso facto el mismo sábado los 100.000 dólares que son los fondos del partido en la actualidad de las cuentas del partido estatal a las de la organización local de Juneau, controlada por ellos. Preguntado por el hecho, Millette declaró que ya se ocuparán del asunto más adelante, pero seguro que no le hizo la más mínima gracia. Y es que a un leopardo no se le pueden borrar las manchas. Ni a un chorizo lograr que tenga las manos quietas.

Y no, no tengo ni idea de si Sarah Palin ha jugado algún papel en toda esta trama. Pero no creo que le haya desagradado su desenlace. Y si ha jugado ese papel, ¡bien por ella! Ojalá logre que su retaguardia, el Partido Republicano de su estado, deje de ser su peor enemigo. Todos nos beneficiaremos de ello.

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Una respuesta a A DIOS ROGANDO Y CON EL MAZO DANDO (COMO DEBE SER)

  1. Santi dijo:

    En todas partes cuecen habas… Espero, por el bien de Alaska que las cosas se encaucen allí en el conservadurismo con sentido común (made in Palin, je, je ,je).

    Un saludo, amigo Bob. Sigue atizando con el mazo a los progres de ambos hemisferios.

    P.D. Haz alguna entrada sobre lo que ocurre por aquí, en nuestra vieja y arruinada España.

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