CARTA ABIERTA A SARAH PALIN

Querida Sarah:

Ésta es una carta de disculpas. Si la fueras a recibir, imagino que te sorprendería. Tu correspondencia no debe de incluir muchas cartas de este tipo últimamente. Me temo que una gran parte de ellas pueden clasificarse dentro de uno de estos tres epígrafes: incrédulas, decepcionadas o indignadas.

No pretendo afectar una mayor sensibilidad que el resto de la gente. El día en que me enteré de que habías tomado la decisión de no presentarte a las primarias republicanas de 2012 fue un mal día para mí. Estaba consultando las últimas noticias sobre ti (ya sabes que soy uno de tus bloguistas, quizás el menos dotado de todos ellos para esta tarea, pero trato de compensar mis deficiencias con entusiasmo y perseverancia) y nada más conectarme a mi página favorita, la de Conservatives4Palin, me apareció eso… y no me lo pude creer. Sencillamente me quedé pasmado. Durante varios minutos no pude dar crédito a mis ojos. Pero al final reaccioné y mi estupor inicial dio paso a una frenética actividad intentando tontamente encontrar algún sitio donde me confirmaran que no era cierto y que se trataba todo de la broma de un hacker, una noticia falsa lanzada por la CBS, un chiste del Saturday Night Live que algún bobo se había tomado en serio, etc. Cualquier cosa menos que era verdad. Pero fue inútil porque lo era.

Estaba hundido. Todavía no sé cómo logré garabatear cuatro líneas para mis lectores (pase lo que pase, mi obligación para con ellos estará siempre en primer lugar) para que supieran lo que había pasado, pero lo hice y acto seguido apagué el ordenador y dejé que me esa tristeza que se estaba apoderando de mi alma desde hacía un rato fluyera por fin. No me avergüenza confesar que lloré. Tampoco pretendo que lloré desconsoladamente, pero sí que unas lágrimas corrieron por mis mejillas mientras pensaba que todo estaba perdido: para ti, para Estados Unidos y para la libertad que unos pocos amamos tanto y que otros muchos odian encarnizadamente.

Soy un hombre impulsivo, Sarah. Lo sé. También soy géminis. Y aunque no creo en absoluto en las predicciones sobre el futuro, sí que creo en las descripciones de su carácter porque he comprobado sobradamente que aciertan mucho más que se equivocan. Los géminis razonan por sus sentimientos. Y mis sentimientos en aquel momento eran de dolor primero… y de rabia después. Si esta carta te la hubiera escrito entonces, no hubiera sido una carta de disculpas, sino de reproche. En aquellos momentos se agolpaban en mi cabeza muchas ideas que luego con el paso de los días he comprendido que eran injustas. Ideas sobre ganar tomar el pelo a la gente, ganar mucho dinero, vivir la vida fácil, un rancho en la soleada Arizona, una hamaca y un futuro dedicado a la tarea de “supervisor de nubes”.

Fui injusto entonces y es por eso que te ruego que me perdones, Sarah. Me dejé llevar por el dolor que sentía en ese momento. La única excusa que tengo es que conozco ese defecto mío y cuando temo estar a punto de caer en él, siempre trato de contar hasta cien antes de hacer o decir algo de lo que luego pueda arrepentirme. En este caso, no he llegado hasta cien hasta el día de hoy. Y es ahora, con la cabeza fría y el corazón latiendo a su ritmo normal, que creo que puedo decirte por fin lo que pienso de todo lo que ha sucedido durante esta semana pasada sin miedo a meter la pata.

“La libertad más difícil de ganar no es la de tomar nuestras propias decisiones, sino la de respetar las decisiones de los demás”, esto no creo que sea una cita de nadie porque acabo de darle forma yo ahora mismo. Sarah, tú has tomado una decisión y lo último que deberíamos olvidar todos los que te apoyamos es que estás en tu perfecto derecho de hacerlo, tanto si esa decisión coincide con nuestros deseos como si no. Tú no eres propiedad nuestra; tú te debes, tal y como tú misma nos has recordado, a Dios, a tu familia y a Estados Unidos por este orden y nadie tiene el derecho a cuestionar los motivos que te han llevado a renunciar a presentarte como candidata a las primarias republicanas.

Cuando decidí empezar a escribir un blog sobre ti, tú no me lo pediste. La decisión fue mía. Nunca nadie me prometió que te ibas a presentar como candidata en 2012 y no tengo ningún papel firmado por ti en que diga algo semejante. Fue mi propia voluntad la que me llevó a ello y nada más. Tú no tienes ninguna obligación conmigo y tampoco tienes que darme explicaciones. Ni siquiera tienes que pedirme perdón como lo has hecho. ¡Hasta ahí podríamos llegar! Que yo, un apasionado defensor de la libertad de todos a tomar sus propias decisiones, le negase ese derecho a alguien… Escribo porque me gusta y porque creo en lo que escribo y, sobre todo, porque gracias a ello puedo entrar en contacto con algunas maravillosas personas que creen lo mismo que yo y que me hacen sentir menos solo en este mundo cruel y egoísta. Pero al igual que nadie puede obligarme a seguir escribiendo si algún día decido que ya no voy a hacerlo más, yo debería ser el primero en no pretender que “tienes una obligación conmigo por los muchos años que llevo apoyándote”. No, no la tienes. Y el que pretenda que sí, mejor que revise su concepto de la libertad porque sin duda no es el mismo que el tuyo y el mío.

No sé qué te va a deparar el futuro, Sarah. Ojalá que no sean más que buenas noticias. No tengo ni idea de si tus intenciones ahora son las de fundar un tercer partido y presentarte a las elecciones presidenciales como independiente, presentarte a las elecciones al Senado de 2014, ya sea por Alaska o por Arizona, confiar en que un republicano gane las elecciones presidenciales y pueda ofrecerte un puesto en su gabinete, tener un programa propio en la televisión, escribir más libros, dar más conferencias, etc. No lo sé. ¿Y sabes qué? Ya no me importa porque he desistido de pretender “saber” cuáles son tus intenciones. ¡Eres tan imprevisible! Eres tan distinta a todo el resto del mundo. Y no es un reproche, sino la constatación de un hecho. Con esta ya van dos veces que haces que mi corazón dé un vuelco: la primera fue cuando dimitiste como gobernadora de Alaska; la otra, la semana pasada. Y sí, reconozco que el día de tu dimisión también me dio un ataque de desesperación y pensé que habían podido contigo y que estabas acabada. ¡Y mira luego la que armaste! Y ahora soy el primero en reconocer tu genialidad entonces. ¿Por qué no iba a ser igual ahora? Una cosa es cierta: tú eres la única que tiene una visión conjunta de todo el panorama mientras que los demás nos limitamos a meros detalles. Tú ves el bosque y los demás nos complacemos en nuestros respectivos árboles. Si crees que ésa es la mejor decisión que puedes tomar y que es la única que te permitirá seguir influyendo de manera decisiva en el mundo de la política de tu país, no tengo ningún motivo razonable para dudar de ello fuera de mis propios deseos. Pero es que eso no es un motivo razonable.

Imagino que en tu decisión han pesado varias cosas además de tu familia: un Partido Republicano francamente hostil a ti y a los ideales que defiendes (algunos no se dan cuenta de que si bien una campaña electoral para unas primarias es cosa de cada candidato, una campaña electoral a la presidencia es cosa de cada partido y que hasta Ronald Reagan tuvo que consentir que el aparato del GOP le “enchufara” a George H.W. Bush como vicepresidente); un movimiento Tea Party que podría correr el riesgo de caer en el caudillismo si pusiera todas sus esperanzas en ti y no en sí mismo, lo que a la larga le llevaría a su desaparición; unos medios de comunicación que aún tienen demasiado poder sobre la gran mayoría de la población estadounidense porque, reconozcámoslo, el 90% de tus compatriotas jamás van a leer un blog como Conservatives4Palin, por ejemplo, etc. Son cuestiones que no deben menospreciarse si uno pretende lanzarse al ruedo del modo como todos pretendíamos que te lanzaras tú. Y ésa es una lección que todos debemos tener muy presente: no debemos limitarnos a nuestro pequeño círculo palinista, donde todo parece posible, sino que debemos palpar lo más frecuentemente posible el mundo exterior, el que no sabe nada de Sarah Palin, sabe poco o todo lo que sabe, lo sabe mal.

Sarah, soy un pesado. Ya lo sé. Bastantes cosas tienes que hacer como para perder el tiempo leyendo esta lamentable sarta de disparates. Suerte que no te la voy a mandar nunca. Pero aunque no lo haga, vuelvo a pedirte perdón por mi ira pasada. Sé que me lo concederás porque, aunque no nos conozcamos personalmente, somos amigos. ¿Y acaso dos amigos no son aquellos que pueden discutir por lo que sea un día y al día siguiente encontrarse de nuevo, uno lamentar el haber dicho tantas tonterías ayer, el otro decirle que ya no se acuerda de ninguna de ellas y pedirle en cambio que no se olvide de que Todd quiere hacer una barbacoa el domingo siguiente y que había prometido venir? Sí, eso es la amistad. Y eso es lo que siento yo por ti y por toda tu familia: mucha, muchísima amistad con quien tanto me ha dado y tan poco me ha pedido. Por eso, puedes estar tranquila porque no faltaré a la barbacoa. Y no, no se me olvidará traer media docena de botellas de ese vino de La Rioja que tanto le gusta a tu padre. E incluso puede que consiga que aprendas a pronunciarlo y dejes de decir: “La Ri-ou-ja”, ja, ja, ja.

Vayas donde vayas, estaré a tu lado, Sarah. Yo y muchos más como yo. Porque sigues siendo la misma Sarah Palin cuyo mensaje me cautivó un día de principios de septiembre de 2008. Y eso no ha cambiado. Sigues siendo la misma y lo sé, pero no puedo dar ninguna razón de por qué lo sé. Y es que tú y yo sabemos que el corazón tiene razones que la cabeza no entiende.

Con todo mi corazón,

Bob Moosecon

P.D. Da un buen discurso en Seúl, Sarah. Tengo que traducirlo para mis lectores.

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2 respuestas a CARTA ABIERTA A SARAH PALIN

  1. AuH2O 4 President dijo:

    …Y olé…

  2. Santi dijo:

    Bob, parece casi una carta de amor; amor platónico, se entiende. Muy bien, amigo, confiemos en ella, que sus razones incontestables tendrá. Seguro tiene informaciones que nosotros ni de lejos atisbamos. Y tal vez nos lo diga, o no.

    Puede ser el famoso paso atrás… para tomar impulso y llegar más lejos en el futuro. A veces es necesario ese paso atrás, la vida es así.

    Veamos ahora lo que puede llegar a hacer desde un segundo plano -de momento- en la política. Seguro que Sarah va a dar mucha guerra en el partido republicano con toda la libertad del mundo, sin ataduras ni concidionamientos. Sus ideas conservadoras con sentido común y el movimiento del Tea Party están más vivos que nunca. Noticias sobre su segura incansable e influyente actividad política no van a faltar.

    Y esperamos que aquí estés tú para contárnoslas, Bob.

    Un cordial saludo palinista. ¡Palin… FOREVER!

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