¿A QUÉ SABEN UNAS PRIMARIAS REPUBLICANAS? (I)

Depende del año, por supuesto. Las de las presidenciales de 2008 nos supieron amargas a todos con la victoria de John McCain. Las primarias del midterm de 2010 tuvieron en cambio sabor a té, un buen té. Y éstas que vienen, las de las presidenciales de 2012, ya veremos qué sabor acaban teniendo, pero promete y lo que sí es seguro es que se trata de un sabor que algunos afortunados ya han saboreado: el de las primarias republicanas de 2006 en Alaska. Vamos a ver qué sucedió ese año y luego compararemos unas con otras. Y es que la Historia está llena de enseñanzas (suerte que los izquierdistas la desprecian porque si encima de malos fueran listos, esto sería el acabóse, ja, ja, ja).

En 2006,  hacía dos años desde que Palin había dimitido como comisionada de la Alaska Oil and Gas Conservation Commission (AOGCC). Después de su negativa a dejarse corromper y de su osadía al denunciarlo, Palin se había convertido en la oveja negra del establishment político alasqueño, tanto del republicano como del demócrata. Por eso, que se decidiera a presentarse como candidata a gobernadora por su partido, el Republicano, fue algo que muchos vieron como una muestra de desesperación, casi como el doble o nada de una jugadora que ya había perdido hasta la camisa. Sin embargo, su apuesta no tenía nada de desesperada, al menos en el sentido de que la desesperada lo fuera ella, porque era bien al contrario. Quienes estaban más que desesperados eran la inmensa mayoría de los habitantes de Alaska, hartos ya de que su estado fuera el más corrupto de la Unión y de que su capital, Juneau, hubiera llegado a tales extremos que dejaba en chiquitas a Chicago (un lugar, por cierto, donde cierto individuo llamado Barack Obama se sentía como pez en el agua nadando en sus aguas estancadas).

Así, animada por muchos de sus conciudadanos, Palin anunció el día 18 de octubre de 2005, precisamente el Alaska Day, su candidatura ante nada más que una cincuentena de personas (amigos, familiares y los pocos periodistas que habían considerado que valía la pena acudir a su llamada) reunidas en el salón de su casa de Wasilla. Pero aquel día tenía algo más de especial: era el decimoquinto cumpleaños de Bristol, así que además de anuncio hubo también tarta.

En aquella ocasión, a diferencia de lo que está sucediendo ahora, Palin fue la primera republicana en saltar a la palestra. Lo hizo porque no quería que pareciera que tenía miedo si Murkowski, el entonces gobernador, se decidía finalmente a optar a la reelección; lo que sucedería si esperaba el disciplinado “esperen tras la línea” que estaban observando todos los demás republicanos, obsequiosos con el gran capo de la política alasqueña. Palin se iba a presentar como candidata, lo hiciera Murkowski o no, y por ello lo hizo antes que nadie. Además, como que tenía claro que el establishment republicano y la maquinaria del partido no iban a respaldarla de ninguna manera y aún intentarían perjudicarla, poco le importó si respetaba o no las reglas de cortesía que rigen en la famiglia.

Las primarias republicanas aquel año en Alaska fueron cosa de tres: Frank Murkowski, el entonces gobernador, que finalmente se había decidido y buscaba la reelección después de su primer mandato; John Binkley, un empresario de éxito que había sido ya senador estatal y que pretendía volver al mundo de la política y que se convirtió en el aspirante; y Sarah Palin, el coco, la abominable monstruo de las nieves y la hija de Frankenstein todo en uno para la (como diría ella ahora) “clase política permanente” de Alaska.

Estaba claro que Murkowski y Binkley (éste tiene nombre de fantasma del Pacman, ¿verdad?) iban a disfrutar de todo el dinero que quisieran y del apoyo del establishment, diferenciándose únicamente en qué camarilla sería la que apoyaría a cada uno, pero siendo los dos completamente de fiar para los que regían los destinos de Alaska en esos tiempos. En cuanto a Palin, ésta no contaba apenas con dinero, algo habitual en ella, pero esta vez tenía algo más que un bolsillo vacío: el apoyo desinteresado de muchos alasqueños, un programa electoral que hacía hincapié en la necesidad de “change” (cambio) en Alaska y un historial como concejal, alcaldesa y comisionada que hacía honor a su promesa de cambiar las cosas si era elegida. De hecho, Palin andaba tan corta de fondos que no pudo permitirse viajar en avión ni una sola vez durante toda la campaña electoral y cuando quería desplazarse por el estado tenía que hacerlo en su coche particular (su legendario Volkswagen Jetta negro), muchas veces llevándose a las todavía pequeñas Piper y Willow con ella y viajando de noche y con buen o mal tiempo.

No debió de parecerles tan mal a sus paisanos de Alaska porque pronto empezó a irle bien. Palin pudo rodearse rápidamente de un grupo de colaboradores, voluntarios todos ellos y para la mayoría de los cuales era la primera vez que se veían inmersos en una campaña electoral, y que más tarde constituirían el núcleo de su administración una vez que fue nombrada gobernadora de Alaska. Su campaña electoral dejó de lado las grandes ciudades, que eran las únicas que visitaban sus empingorotados rivales, y se volcó en las pequeñas localidades del estado, hablando cara a cara con todos los vecinos que podía, escuchando sus quejas y diciéndoles la verdad de lo que se proponía hacer si la elegían gobernadora. A lo largo de todos esos meses que duró su campaña electoral, apenas le quedó alguna localidad que recorrer y casi no dejó a un alasqueño sin saludar, estrechar su mano, hablar con él…

Pero además de sus viajes por todo el estado, Palin también tuvo que ocuparse de docenas de debates, entrevistas y otros actos en los que participaba junto con los otros dos candidatos. Cerca ya del momento de la votación, en agosto, Palin se había convertido en la gran sorpresa al no sólo no haberse hundido en las encuestas sino ir incluso muy cerca de los otros dos favoritos, Murkowski y Blinkey. Fue entonces cuando Palin hizo su gran jugada maestra, esa que tiempo más adelante llevó a su rival demócrata en las elecciones, Tony Knowles, a reconocer que Sarah es “un gato viejo muy listo”.

Todo sucedió durante un debate televisado con los otros dos candidatos. Las encuestas estaban muy igualadas y Palin sabía perfectamente que los otros dos seguían despreciándola y considerándola como un intruso en su fiesta. Los dos eran unos políticos al uso y llevaban toda la campaña electoral atizándose el uno al otro sin preocuparse demasiado por ella, revelando así que lo suyo era una cuestión personal porque diferencias políticas entre ellos, lo que se dice diferencias políticas, no había ninguna; la basura huele igual de mal en todas partes. Así pues, Palin les dejó hablar durante el debate todo lo que quisieron. En cierto momento, Murkowski hizo un comentario deplorando la poca educación académica de Blinkey, lo cual no era cierto, pero que irritó lo bastante a éste como para que sacara a relucir ese avión privado que el gobernador acababa de comprarse contra la opinión de todo el mundo en el estado. Murkowski se mosqueó y a partir de entonces todo se convirtió en una riña de gallos a ver quien tenía los espolones más afilados.

Todas estas fotos pertenecen a la época de Sarah Palin como gobernadora, pero bien pueden imaginárselas hechas durante su campaña electoral por la nominación republicana y poca diferencia habría.

El moderador del debate estaba desesperado. No había manera de tratar con seriedad ni un solo tema de los previstos. Todo era un continuo: “¡Y tú más!”. Por fin parecieron tranquilizarse un poco, tal vez porque al otro ya no le quedaban más familiares a los que insultar, pero fue un espejismo porque de nuevo volvieron a enzarzarse aprovechando una pregunta sobre la producción de petróleo en Alaska. Fue entonces cuando Palin, que había permanecido acertadamente aparte de todo esto, vio la ocasión que había estado esperando toda la noche y simplemente se inclinó hacia delante para captar la atención de los telespectadores, miró a sus dos rivales y les dijo: “¡Vamos, chicos! Estoy segura de que los alasqueños se merecen una charla mejor que ésta”. Seguidamente les reconvino suavemente, casi como lo haría una madre, logrando serenar los ánimos y una vez que los tuvo separados, se puso a hablar sobre el asunto sobre el cual había preguntado el moderador, dejando a los dos en una situación que recordaba a dos mocosos maleducados disputando por unos cromos que acababan de ser debidamente regañados por su mamá. Por supuesto, Palin ganó el debate por goleada al demostrarse la única candidata “seria” de los tres que concurrían, situándose ella sola en un nivel aparte que sus dos rivales jamás podrían alcanzar por más que lo pretendieran. Y así fue. Juego, set y partido… digo debate, campaña electoral y primarias para Palin. Estos fueron los resultados de estas últimas:

  1. Sarah Palin: 51.433 votos (50,59%)
  2. John Binkley: 30.349 votos (29,84%)
  3. Frank Murkowski: 19.412 votos (19%)

En la próxima entrada, veremos por qué digo que las primarias de 2012 tienen el mismo sabor que las de 2006 en Alaska. ¡Ah, qué buena cosecha la de ese año!

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3 respuestas a ¿A QUÉ SABEN UNAS PRIMARIAS REPUBLICANAS? (I)

  1. rojobilbao dijo:

    ¡Gran entrada!

    Seguiremos esperando el anuncio.

  2. Santi dijo:

    Está más que claro que Sarah ya tiene experiencia en primarias, y además ¡en ganar primarias! Solventando todas las dificultades -dinero, aparato del partido, etc.- con inteligencia y cercanía a los votantes, junto con su evidente atracción personal a la gente. Y si ya lo ha hecho una vez, ¿por qué no otra vez ahora que tiene mucha más experiencia política?

    Un saludo, Bob. Sigue con tus pistas que nos llevarán al anuncio ansiado. ¡Palin 2012!

  3. AuH2O 4 President dijo:

    http://www.elmundo.es/america/2011/09/14/estados_unidos/1316030597.html

    Ya empezamos con los ataques rastreros de “supuestos” vecinos…me temo que el miedo les atenaza, lo malo es que esto no se si está pergeñado por los radicales de izquierda o está tramado por el propio establishment republicano.
    De cualquier forma, si eso es cierto, sucedió hace mucho tiempo y no tiene por que influir lo más mínimo en su gestión y éxito como Alcaldesa, Gobernadora y futura Presidenta de los EE.UU.. Los tres últimos Presidentes norteamericanos (incluyendo a Obama), han reconocido haber fumado marihuana (y algún otro haber sido alcoholico reconocido) y no ha pasado absolutamente nada.
    Bueno ahora si que ha empoezado la cuenta atrás, el viernes se supone que es el gran día, estoy como si esperase las notas de Selectividad, ¡¡¡ Que nervios!!!.
    Un fuerte abrazo Bob.

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