LA TRAVESÍA DEL DESIERTO DE SARAH PALIN (I)

Tenemos algo pendiente todavía. Y eso es saber qué pasó con Sarah una vez que hubo dimitido de la AOGCC. La verdad es que su situación no era fácil, no. Había dimitido del primer cargo político importante que conseguía en su vida y no sólo eso, sino que lo había hecho tras enfrentarse a su propio partido, el Republicano. Bueno, a su partido y al gobierno de Alaska, puesto que eran esos mismos sinvergüenzas los que ocupaban el poder entonces. Recordemos que a principios de los años 2000, el cuarteto que lo manejaba todo, absolutamente todo, en la política alasqueña era el constituido por Randy Ruedrich, el presidente del Partido Republicano de Alaska; Frank Murkowski, el antiguo senador en Washington y a partir de 2004 gobernador del estado; Ted Stevens, el otro senador en Washington; y Don Young, el congresista en Washington. Con la simpatía de esos cuatro, todo era posible para una joven promesa de la política en Alaska, pero con su antipatía, no tenía nada, absolutamente nada que hacer.

Y eso es lo que pensaban todos una vez que Sarah hubo dimitido y pudo explicar la verdad de lo sucedido en los periódicos: que había cometido un “suicidio político”. Señalar a los corruptos en un estado corrupto nunca ha sido muy aconsejable para la salud de alguien. Vamos, que era algo como si un negro denunciaba a un policía blanco por brutalidad en la Alabama de los años 40, cuando se encontraba que hasta su propio abogado era del Ku-Klux-Klan.

El manual del perfecto zoquete progre tiene prevista esta situación, la de alguien llamando la atención sobre esta parte de la biografía de Sarah, y propone contrarrestarla alegando que Sarah era muy cuca ya entonces y que su dimisión fue un paso calculado para parecer buena y así poder presentarse como candidata a gobernadora dos años después. Esto es ridículo y tal y como decía Rebecca Mansour en su comentario de esta historia, decir eso es «como decir que un bombero entró en un edificio en llamas para rescatar a un niño porque sabía que si lo hacía le darían una medalla. El bombero no podía saber si sobreviviría o no al fuego y Sarah Palin no tenía ni idea de si sobreviviría o no a su “delación”».

Y es cierto porque si echamos un vistazo a cuál era la situación inmediata de Sarah una vez que abandonó la AOGCC, lo que salta a la vista es que muy pocos lo hubieran hecho por más que les asqueara la situación, algo que sin duda es con lo que contaban los gerifaltes del Partido Republicano para tenerla quietecita y calladita. Así, tomemos en cuenta que los Palin acababan de construir el nuevo hogar de la familia con lo que eso supone de gasto. En aquel momento, era Sarah quien aportaba el mayor ingreso a la economía familiar que, tras el nacimiento de Piper en 2001, se componía ya de cuatro hijos. De pronto se quedaban a expensas únicamente del salario de Todd y de sus ganancias en el negocio familiar de pesca de salmón. Además, si ella dimitía, estaba claro que iba a convertirse en una indeseable dentro de su propio partido y eso le garantizaba únicamente que no pudiera volver a ocupar un cargo público nunca más. Incluso es muy probable que no lo fuera a encontrar tampoco en el sector privado, ya que Alaska es un estado poco poblado y todos se conocen allí y no hace falta ser muy inteligente para comprender que disgustar a los poderosos no es precisamente la mejor carta de presentación para una entrevista de trabajo.

Pero, ¿cree acaso alguien que todo eso arredró a Sarah? Ni por un instante. Bien sabía ella que eso de que Dios proveerá es cierto cuando tu fe es lo suficientemente firme. Y la suya lo era. Y una pregunta que se hace Mansour: «Si pueden imaginarse a Barack Obama haciendo eso, tienen ustedes una imaginación prodigiosa».

Me encanta esta foto. ¿Recuerdan aquélla que les publiqué hace unos días de Sarah jovencita zampándose el bocata antes de ponerse a trabajar con las redes? Ésta es de unos años más tarde. Aquí ya se había comido el bocata y las redes ya estaban recogidas. Era la vuelta a casa. ¿A qué da gusto verla tan sucia y seguramente maloliente? Ella sí que sabe lo que es trabajar con sus propias manos. Y me imagino que domina el cuchillo mejor que un indio navajo.

Sarah dimitió de su cargo en la AOGCC a principios de 2004. Acto seguido, una vez que se hubo librado de toda esa pesadilla y hubo explicado públicamente lo que pasó, empezó a considerar cuál debía ser su siguiente paso. Lo que se le ocurrió fue anunciar sus intenciones de presentar su candidatura como senadora en Washington, disputándoles el puesto ni más ni menos que a Lisa Murkowski, la hija del gobernador Murkowski, que había sido nombrada dos años antes para sustituir en el cargo precisamente a su padre y que ahora se enfrentaba a sus primeras elecciones como tal. Es muy posible que de haberse presentado Sarah hubiera ganado puesto que Murkowski no era la persona más popular de Alaska, pero fu su hijo mayor, Track, quien la disuadió lamentándose de que si la elegían, ¿quién iba a ser la mamá de su equipo de hockey y les iba a acompañar por todo el estado para cuidar de ellos y ayudarles en todo? Track tenía entonces 14 años y Sarah pensó que una mujer puede ser ciertamente todo lo que se proponga, pero no todo al mismo tiempo y que en aquel momento debía dar prioridad a su papel como madre. En consecuencia, desistió de presentar su candidatura y en su lugar anunció su respaldo a Mike Miller, el otro candidato republicano, que lamentablemente no logró hacerse con la nominación.

Lo divertido de todo esto estriba en que Sarah había salido tan favorecida públicamente después de todo lo que había pasado en la AOGCC que los directores de la campaña de Murkowski, pocas semanas antes de que se celebraran las elecciones en las que competía contra el demócrata Tony Knowles, grabaron un falso mensaje telefónico de apoyo de Sarah y empezaron a distribuirlo por ahí para ayudar a Murkowski. El mensaje consistía en una presentación en la que una voz parecida a la de Sarah decía: “Hola, soy Sarah” y acto seguido les urgía a votar por Murkowski. Dichas llamadas estaban pagadas por el National Republican Senatorial Committee.

Cuando uno es un sinvergüenza, lo es para todo. Sarah se enteró pronto y empezó a escribir mensajes de correo electrónico a todo el mundo advirtiéndoles de que no es ella quien les llamaba por teléfono. De hecho, un periodista le ofreció una grabación de la llamada de marras y ella misma reconoció que sonaba muy parecida a su voz: «Suena chillona e irritantemente nasal, así que no me extraña que la gente piense que es la mía. ¡Argh!» Ja, ja, ja).

Ahí quedó la cosa. Pero dos meses después de las elecciones al Senado, que ganó la niña de papá Murkowski, Sarah fue invitada por el senador demócrata Eric Croft a unirse a él en la presentación de una demanda ética contra el fiscal general de Alaska, Gregg Renkes, el brazo derecho del gobernador Murkowski. El motivo de ello fue el papel jugado por Renkes en la negociación de un acuerdo comercial de exportación de carbón a Taiwán que beneficiaba a una empresa de la cual era accionista y en la cual utilizó su cargo para presionar a favor, tal y como acabó descubriendo la prensa. Hubo un nuevo escándalo y el Partido Republicano (la cuadrilla de Ruedrich, resumiendo) se escandalizó no de lo que había hecho Renkes, sino de que Sarah estuviera ayudando a los demócratas en ese asunto, yendo contra uno de los suyos, contra un compañero, contra uno de la famiglia… ¡Eso no se hace! ¡Ah, cría cuervos y te sacarán los ojos!

Sarah con los nativos alasqueños, preparándose para ser manteada. No he podido averiguar de qué va la cosa, pero parece que es buena cosa. Y aquí la tienen, más feliz que un ocho y con un vestido camisero que como se lo ponga estando en la Casa Blanca, ya la tenemos liada. Se pondrá de moda y la verdad es que no favorece mucho, no.

El caso se hizo más y más grande a medida que se investigaba y Murkowski trató de atajarlo con una reprimenda pública a Renkes y declarando todo el asunto zanjado. Tururú, el caso siguió en las portadas de los periódicos y ni siquiera Murkowski logró ocultarlo. El resultado fue que en febrero de 2005, Renkes se vio forzado a dimitir y Sarah comprendió que para su próximo cumpleaños pocas felicitaciones iba a recibir de sus compañeros de partido. Y si recibía algún regalo, mejor echarle un vistazo antes de abrirlo y si hacía tic-tac, tic-tac, devolverlo al remitente.

Mientras tanto, Sarah aprovechaba cualquier ocasión para mantenerse visible: ya fuera apareciendo como invitada en algunos programas de televisión de su estado, haciendo algún anuncio para una empresa de construcción o para el servicio de bomberos estatal, apareciendo en alguna página web local como parte de una campaña de protesta por ciertos comentarios despectivos hechos por el senador republicano Ben Stevens. De hecho, fue entonces cuando conoció el proyecto de lo que más adelante iba a ser el gasoducto desde North Slope, a través de sus patrocinadores, y prometió apoyarlo si algún día tenía la ocasión.

En la primavera de 2005, Sarah apareció en los anuncios de algunos republicanos embarcados ya en las primarias para la futura campaña electoral de 2006. Y eso cuando ella no tenía todavía decidido qué hacer en 2006: si presentarse a las elecciones como vicegobernadora, como ya había intentado una vez, o hacerlo directamente como gobernadora, esto último planteándose incluso el hacerlo como independiente.

Finalmente se decidió a hacerlo por el puesto de gobernadora y anunció su candidatura en octubre de 2005, cuando el propio gobernador Murkowski aún dudaba si presentarse de nuevo o no. Cuando hizo su anuncio, declaró que era consciente de que había un sector de su propio partido que quería verla “crucificada”. Sin embargo, su historial la precedía y en verano de 2006 ya era la clara vencedora en todas las encuestas. Era la hora del juego sucio y así la campaña de Murkowski sacó a la luz unos mensajes de correo electrónico de Sarah cuando era todavía alcaldesa de Wasilla en los que hacía arreglos para su entonces campaña electoral a vicegobernadora y usaba los servicios de su ayudante para escribir cartas de agradecimiento a los donantes de fondos económicos para su campaña electoral.  Ruedrich proporcionó algunos mensajes más que había recibido él mismo procedentes también de su despacho como alcaldesa y la tachó de “hipócrita”.

Sarah no escurrió el bulto y se defendió alegando que las acusaciones eran exageradas y que no tenían en absoluto comparación con las barbaridades que había cometido el propio Ruedrich en la AOGCC, además reconoció que no había hecho bien en esa ocasión y pidió perdón, confesando que sólo había sucedido en esos pocos meses y que bien demostró en la AOGCC que conocía sobradamente sus limitaciones a la hora de ocuparse de asuntos personales durante su horario de oficina. Muy certeramente también, Sarah se preguntó si todo eso no sería una medida desesperada de última hora por parte de sus rivales, que seguían estando por detrás de ella en las encuestas.

¿Conocen la expresión: “salirle a uno el tiro por la culata”? Los estadounidenses son igual de gráficos y hablan de “pegarse un tiro en el pie”. El caso es que a cada ataque de esos que sufría Sarah, más apoyo recibía ésta y más dinero lograba recaudar.

Esta foto es de ya gobernadora y aquí el vestido es más mono. Achuchando al personal, ya ven (y bebiendo Pepsi, ¿te enteras Coca-Cola? Si me hubieras puesto un anuncio, no la habría publicado). Pero ¿a qué resulta creíble que lo hace de corazón? ¿Se imaginan a Romney haciendo lo mismo? Ja, ja, ja. Pobrecito, la cara que pondría.

Por fin, la noche de las primarias, Sarah barrió a sus rivales logrando el 50,59% de los votos, quedando John Binkley, el siguiente candidato, en segundo lugar con el 29,84% y Frank Murkowski, el actual gobernador, en un tercer y ridículo lugar con sólo el 19,09%. Evidentemente, los gerifaltes del Partido Republicano estaban encantados de la vida con los resultados y aún más cuando la misma noche de la celebración, Sarah pronunció su discurso de agradecimiento y en él incluyó una petición a Randy Ruedrich para que dimitiera de la presidencia del Partido Republicano de Alaska (he leído chafardeos diciendo que al oír eso, Ruedrich se atragantó con la gamba que se estaba comiendo y casi se ahogó… ¡Lástima de ocasión perdida!) y aún hizo otro amigo al pedir al senador en Washington, Ben Stevens, que dimitiera ahora que se conocía que estaba siendo investigado en el Senado por ciertos chanchullos muy a la alasqueña. «No hay quién pueda con ella», imagino que pensaron. Y era cierto.

Llegados a este punto, muchos se preguntan por qué Sarah no abandonó sencillamente el Partido Republicano y se fue al Demócrata o se hizo independiente y se presentó por su cuenta. La explicación es muy simple: ella sigue creyendo que el Partido Republicano es su partido y que sus ideales son aquellos justamente en los que ella cree. Ella no tiene ningún problema con el partido, sino con algunos de sus dirigentes y no va a abandonarlo por eso. Si acaso, que se vayan ellos. Pero no se fueron y aún se las ingeniaron para ponerle más palos en las ruedas. Pero eso lo veremos en la próxima entrada: ¿cómo Sarah logró ser elegida gobernadora contra todo pronóstico y teniendo la oposición de sus rivales demócratas, un rival independiente y su propio partido?

Si es  lo que yo les digo, Sarah Palin será en 2012 la primera presidenta independiente de los Estados Unidos, ni republicana ni demócrata. Palinista, nada más. Y entonces el Partido Republicano tendrá que sacar la escoba de una vez por todas.

P.D (para AuH2O): Amigo mío, me ha encantado leer tu comentario. Muchas gracias por tus alabanzas. Eso de imprimir los posts y leerlos en cualquier parte tiene precedentes puesto que lo hacía yo con los de Rillot, que los leía disimuladamente hasta en alguna plúmbea reunión de mi trabajo. Me siento honrado.

Con respecto a la errata, sí, tienes razón, Bachmann declaró que antes de presentarse a las elecciones ella y su marido “ayunaron” (con N) durante tres días para asegurarse de que era esa la voluntad de Dios y que sólo una vez que estuvieron convencidos, ella presentó su candidatura. Lamento el error, que ya he corregido.

Por lo demás, decirte que espero ansioso a septiembre a ver qué estás maquinando y, por fin, felicitarte porque tu novia tiene que quererte mucho para estar dispuesta a leerse America is Ready! sólo porque tú le insistas. Ojalá le guste y desde aquí le envío saludos y os deseo que seáis muy felices el resto de vuestra vida. ¡Snif! ¡Qué envidia! Nunca una mujer ha tenido semejante detalle conmigo, ja, ja, ja. A mí me plantan directamente por pesado.

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Una respuesta a LA TRAVESÍA DEL DESIERTO DE SARAH PALIN (I)

  1. Santi dijo:

    ¡Qué buenas fotos estás poniendo, Bob!

    Y si Sarah tuvo la valentía de presentarse a las elecciones para gobernadora contra viento y marea, y la valía para ganarlas en esos momentos difíciles, ¿por qué no presentarse ahora a la nominación presidencial? ¡Claro que sí lo hará! ¡Palin 2012!

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