LAS DEBILIDADES DE MICHELE BACHMANN COMO CANDIDATA

Nada más lejos de mi intención que alguien piense que detesto a Michele Bachmnann. Eso sería cierto en el caso de Mitt Romney, que tanto me recuerda a nuestro Rajoy, pero no en el de Bachmann, una mujer que me gusta como política conservadora siempre dispuesta a decir lo que muchos no se atreven. Sin embargo, eso no obsta para que reconozca que como candidata a la presidencia de los Estados Unidos, Bachmann no tendría nada que hacer frente a Obama. De hecho, no tiene nada que hacer ni siquiera como candidata a la nominación republicana.

Cuando me enteré de que planeaba lanzar su candidatura, la verdad es que me sorprendí. Imagino que todo estriba en que se creyó la historia esa de que Sarah no iba a presentarse como candidata y pensó que era su ocasión, siendo como es mujer, conservadora y teapartier, para recoger todo ese apoyo popular que sin Sarah quedaba huérfano de candidata. Pues si pensó eso, mal aconsejada estaba porque tratándose de alguien como ella que conoce personalmente a Sarah, ha podido seguir de cerca su andadura durante estos dos últimos años y conoce lo que se cuece realmente en las cocinas de la política estadounidense debería haber comprendido que Sarah ya lleva todo ese tiempo siendo candidata a la presidencia en 2012. Lo único que pasa es que se niega a jugar con las reglas de los demás, las de sus rivales por la nominación y de los medios de comunicación, y está decidida a hacerlo con las suyas propias. Y la primera de esas reglas dice: “No les darás ni una satisfacción a los sesgados medios de comunicación”. Y bien cierto es porque no se la ha dado aún, como tampoco les dio siquiera el itinerario de su One Nation Tour (¡ah, qué divertido fue eso!).

Ya conocen mi opinión: Bachmann no llegará a Iowa. El único motivo por el que “está de moda” es la manía de los medios de comunicación de conseguir como sea un rival para Romney, que es el gran favorito “oficial” a día de hoy. Un papel de colocado lo habían jugado antes que ella Gingrich, Pawlenty, Cain… y ahora le toca a Bachmann, al menos hasta que algunos decidan que Huntsman también se merece cuatro titulares alabando su figura. No, si a este paso hasta Sharkey acabará gozando de esa consideración, ja, ja, ja. Cosas de los medios de comunicación, que saben perfectamente que la lucha es exclusivamente entre Romney y Palin, pero que se niegan a reconocerlo. Algunos porque creen que repitiendo la letanía “Palin no se presentará, Palin no se presentará, Palin no se presentará” conseguirán que no se haga realidad su peor pesadilla: Palin se presenta, Palin gana la nominación republicana antes de mayo y Palin gana a Obama; otros porque entienden que pasarse un año entero hablando de Palin vs. Romney es un aburrimiento y prefieren aprovechar ahora que aún hay dudas para promocionar a otros candidatos y así “divertirse” hasta que llegue lo inevitable, como aquellos niños que se imaginan pensando al comienzo del verano que en otoño prohibirán las escuelas, pero llega septiembre y se dan cuenta que no las han prohibido y toca volver a clase de nuevo.

Sarah y Michele en Minnesota durante la pasada campaña electoral. Un  momento de gloria para Bachmann, pero gracias a Sarah.

Lo que sabemos de Bachmann

Eso, ¿qué sabemos realmente de Michele Bachmann? Pues tampoco es que sea demasiado. Haciendo un resumen, les puedo contar que su nombre completo es Michele Marie Bachmann (su apellido de soltera es Amble) y que nació el 6 de abril de 1956 en Waterloo (Iowa), aunque sus padres se trasladaron a Minnesota cuando ella era joven. Más tarde, sus padres se divorciaron y su padre, David, se mudó a California mientras que su madre, Jean, que fue con quien se quedó ella lógicamente, permaneció en Minnesota. Años más tarde, su madre volvió a casarse, un matrimonio éste sí tan feliz que acabó resultando en que al final Michele acabaría teniendo ocho hermanos más.

Michele se graduó en el instituto en 1974 y poco después de graduarse se fue por un tiempo a Israel donde trabajó en un kibutz (¡bien por ella!). A su vuelta a los Estados Unidos, empezó la carrera de Filosofía y Letras en la Winona State University, licenciándose en 1978. Ese mismo año se casó con uno de sus compañeros de clase, Marchus Bachmann. En 1979, empezó a estudiar Derecho en la O. W. Coburn School of Law, donde se licenció en 1986, y cursó posteriormente estudios de especialización en Derecho Tributario en la William & Mary School of Law en 1988. Fue ese año cuando el matrimonio se trasladó a vivir a Stillwater (Minnesota), una pequeña población muy cerca de St. Paul.

Su único empleo como abogada lo tuvo en la administración pública, concretamente en el Internal Revenue Service (IRS), la Agencia Tributaria estadounidense, donde estuvo desde 1988 hasta 1993. Ese año, Michele dejó su empleo para ocuparse a tiempo completo de su familia, que pronto iba a verse ampliada con otro hijo que añadir a los tres que ya tenía, teniendo aún otro más unos años después (en total, son dos niños y tres niñas).

Es de destacar que además de sus cinco hijos naturales, los Bachmann han procurado acogida en su hogar durante el período que va desde 1992 a 2000 a otros 23 niños más, todos ellos chicas adolescentes, la última de las cuales llegó a su hogar en 1998. En principio, se trataba de proporcionar un acogimiento de corta duración para chicas con problemas alimenticios que participaban en un programa de recuperación de su enfermedad dirigido por la Universidad de Minnesota. Debido a ello, el hogar de los Bachmann gozó de la consideración legal de “hogar de tratamiento” y ellos recibieron un reembolso diario por parte del estado de los gastos efectuados por cada chica que acogían. Algunas chicas permanecían allí unos pocos meses y otras más de un año.

Ella y su marido, Marcus, que es doctor en Psicología Clínica por la Union Graduate School, poseen una clínica privada en Stillwater que atiende a sus pacientes siguiendo un enfoque cristiano en sus tratamientos, aunque es él quien la dirige diariamente. Además, la familia Bachmann posee también una granja familiar en Waumandee (Wisconsin), aunque desde el fallecimiento de su suegro en 2009, la granja está arrendada a un granjero vecino que explota en ella una vaquería.

Bachmann entró pronto en política. Sus padres eran demócratas y ella misma empezó siéndolo también, aunque se hizo republicana en 1978, durante su último año como estudiante en la Winona State University. Tal y como ella misma declaró en su momento, el motivo fue la lectura de la novela de Gore Vidal Burr: “Se mofaba de los Padres Fundadores y simplemente pensé, sólo recuerdo que leía el libro, lo puse en mi regazo, miré por la ventana y pensé: “¿Sabes qué? No creo que soy demócrata. Debo ser republicana”.

Sin embargo, mientras aún era demócrata, tanto ella como su entonces prometido, Marcus, conocieron la obra de la activista pro-vida Francis Schaeffer, especialmente su documental de 1976 How Should We Then Live? (¿Cómo deberíamos vivir entonces?) y decidieron hacerse activistas ellos también. En 1976, los Bachmann apoyaron la candidatura de Jimmy Carter a la presidencia y hasta colaboraron en su campaña electoral, pero dejaron de apoyarle tan pronto como éste se instaló en la Casa Blanca y se demostró como un feroz liberal, especialmente por su apoyo a la legalidad del aborto, una cuestión en la que los Bachmann han sido siempre muy claros, además de por su pésima gestión de la economía estadounidense. En 1980, los dos apoyaron a Ronald Reagan y colaboraron en su campaña electoral.

Durante los siguientes años, especialmente a partir de los años 90, Bachmann se convirtió en una conocida activista pro-vida en su estado de Minnesota. Su primera intentona de ser elegida para un cargo público se produjo en 1999 cuando intentó ser elegida miembro de la junta escolar de Stillwater, pero no lo logró. Fue al año siguiente, en 2000, cuando Bachmann logró la nominación republicana y la elección posterior como senadora estatal por el 56º distrito de Minnesota, escaño que revalidó dos años después, en 2002. Durante su estancia en el cargo, Bachmann fue una clara abanderada de las causas sociales, oponiéndose firmemente tanto a la legalidad del aborto como a la legalización del matrimonio homosexual. De hecho, en 2003, Bachmann y la representante estatal, Mary Liz  Holberg, propusieron una enmienda a la Constitución de Minnesota que prohibiera los matrimonios homosexuales, pero no logró sacarla adelante y aunque en 2005 repitió el intento, volvió a fracasar.

En 2006, Bachmann se presentó como candidata a la Cámara de Representantes por la 6ª circunscripción electoral de Minnesota, siendo elegida con el 50% de los votos, aunque el hecho de que declarara que se presentaba a las elecciones porque así se lo había hecho entender Dios y que para asegurarse, ella y su marido habían ayunado durante tres días, empezó su fama de estar un poco chiflada. De cualquier forma, ganó las elecciones y eso le valió el ser la primera mujer republicana en ser elegida para el cargo. En 2008 revalidó su escaño con el 46% de los votos, y en 2010 lo hizo con el 52%.

De nuevo otra foto de Sarah y Michele en el mismo acto. Sí, Bachmann sí, pero para según qué cosas. Y una de ellas no es precisamente la de presidenta de los Estados Unidos.

Lo que no sabemos de Bachmann

Hasta aquí lo que cualquiera sabe sobre ella. Sin embargo, existen otras cosas que no se saben tanto, pero que están ahí para cualquiera que se preocupe por buscarlas. Es cierto que no se trata de secretos ni mucho menos, pero sí de cuestiones que no son conocidas por muchos de nosotros, conservadores, que sólo empezamos a saber realmente de ella a partir de 2009, gracias a su intervención en la Cámara de Representantes poniendo los puntos sobre las íes con respecto a Obamacare y enlazando con la que pocos días después sería aquella famosa primera nota de Sarah Palin en Facebook sobre la cuestión.

Por ejemplo, es cierto que Bachmann pretende ser una conservadora fiscal de primera, clamando contra el despilfarro del gobierno federal, habiéndose opuesto en su momento al rescate bancario, al hipotecario y al de las empresas de automóviles. Sin embargo, su antiguo historial en el senado estatal de Minnesota revela que fue una senadora que entre 2001 y 2006 propuso la aprobación de más de 60 millones de dólares en earmarks, sobre todo para la construcción de carreteras. Es cierto que esas carreteras existen y que son útiles y que de alguna manera había que conseguir el dinero necesario para su construcción, tal y como  defendió su jefe de prensa, Doug Sachtleben. Pero es que el argumento que utilizó Sachtleben para su defensa, diciendo en esencia que los earmarks están muy bien cuando se aprueban a escala estatal, pero que están muy mal cuando se aprueban a escala federal porque a nadie le gusta que el dinero de sus impuestos vaya a otro estado y que es contra esto último a lo que se opone ella, recuerda demasiado el argumento favorito de Romney para defender su maldito Romneycare: que estuvo muy bien porque se aprobó a escala estatal, mientras que Obamacare está muy mal porque se ha aprobado a escala federal. El mismo argumento para hacernos tragar que el pulpo es un animal de compañía y que inhabilita de raíz a Bachmann para atacar a Romney e incluso a Obama en una futura campaña electoral. Lo cual es una lástima porque, tal y como ya vimos en su momento, Obamacare es el gran punto débil de Obama.

Y si aún se tratara de sólo eso… Pero es que en los cinco años que lleva en la Cámara de Representantes, Bachmann no se ha aplicado el cuento a sí misma puesto que ya lleva más de 3,7 millones de dólares en earmarks aprobados. De hecho, cuando los republicanos intentaron recientemente conseguir una moratoria sobre earmarks, Bachmann hizo presión para que se excluyeran de ella los proyectos destinados a carreteras. Sí, suena feo. Y es una grave debilidad por parte suya que tan pronto como se ponga en marcha de verdad la campaña electoral, saldrá a la luz pública. Y no les digo nada si esa campaña electoral fuera a la presidencia de los Estados Unidos contra un maestro del juego sucio político como lo es Obama.

Pero hay más cosas: la granja familiar de los Bachmann. Que por cierto aún permanece inscrita en los registros estatales como propiedad de su suegro, fallecido en 2009. La granja acredita haber recibido entre 1995 y 2009 algo más de 250.000 dólares en subsidios federales, habiendo recibido Bachmann entre 15.000 y 50.000 dólares de ingresos procedentes de ella. Nada malo si la ley se ha cumplido escrupulosamente, pero un evidente peligro para cualquiera que opte a un cargo público y más si lo hace como conservadora fiscal. Además, la clínica que dirige su marido ha recibido también casi 30.000 dólares en fondos estatales desde 2007, alegando ellos que todo ese dinero se destina a la formación profesional del personal. De nuevo, repito, nada malo si tenía derecho a recibir esas subvenciones, pero es algo que no queda bien en una conservadora fiscal.

Más peliaguda es la cuestión de una carta que escribió la propia Bachmann en 2007 solicitando el perdón presidencial (indulto) para un convicto de tráfico de drogas y de blanqueo de dinero llamado Frank Vennes que había donado dinero a su campaña electoral de 2006 y aún donaría más dinero a la de 2008, hasta un total de 27.600 dólares. En 2008, Vennes fue encausado de nuevo por estafa. Fue entonces cuando Bachmann escribió una segunda carta lamentando haberse dejado engañar por las promesas de redención de Vennes, lo cual bien puede ser verdad (aunque entonces habría que concluir que es una inocentona de tomo y lomo), pero deja de nuevo un mal sabor de boca. Si yo fuera demócrata, entre una cosa y otra, ahora mismo estaría oliendo un filón de oro puro con el que tener a Bachmann en la picota por los próximos veinticuatro meses.

Por otra parte, su efectividad en la Cámara de Representantes es muy magra. Desde 2007, y tal y como pudimos ver todos en el debate de Nueva Hampshire, Bachmann no ha hecho más que votar porque pocas leyes ha impulsado. Que lleven su nombre, sólo dos: una para reconocer el 150º aniversario del estado de Minnesota –sólo faltaría que se le hubiera pasado la efeméride– y otra para honrar a las agencias de acogida de menores. En cuanto a resoluciones, tres. Y si alguien alega que actualmente tiene en marcha otra importante, la Healthcare Fiscal Accountability Act, esta tiene 91 redactores en total, siendo ella una más. Es cierto que hasta el año pasado, su partido, el Republicano, estaba en minoría y pocas leyes podía pensar en presentar y aprobar, pero también es cierto que cuando uno aspira a ser el próximo presidente de los Estados Unidos, tiene que jugarse el bigote (es una frase hecha, ¿eh?) algo más a menudo. Es por ello que opino que lo de presentarse ha sido un impulso repentino suyo, poco meditado y nada planeado (algo por lo que es famosa esta mujer) y que acabará en agua de borrajas tan pronto como la cosa empiece a volverse seria y las facturas a acumularse y vea que no tiene un dólar para pagarlas.

Es cierto que ella fue la creadora y la actual presidenta de ese Tea Party Caucus en el Congresola Cámara de Representantes cuya idea lanzó Rand Paul mientras hacía campaña electoral. Sin embargo, bastantes congresistas y una gran mayoría de los senadores apoyados en su momento por el Tea Party se han negado a integrarse en él, temiendo que se trate nada más que de un intento suyo de hacerse publicidad a costa de todo el movimiento. De todas formas, tampoco es muy preocupante porque Bachmann no está jugando ningún papel destacado en él, ocupada como está en viajar una y otra vez a Iowa.

Otra cuestión que tiene su aquél es la dificultad que demuestra Bachmann en conservar a su personal. De hecho, es un chiste habitual en los pasillos de la Cámara de Representantes lo poco que dura nadie a su servicio. Bachmann lleva cinco años en el Congreso y ya va por su quinto jefe de gabinete, lo cual algo querrá decir porque eso no es normal. Incluso uno de ellos dimitió a los cinco meses justos de empezar a trabajar con ella. Su actual jefe de gabinete, Andy Parrish, dice que es lógico puesto que Bachmann trabaja quince horas diarias y eso es un ritmo que pocos pueden aguantar. Además, según él, trabajar con Bachmann te catapulta  a puestos más altos, sugiriendo que nada más que unos meses con ella basta para que cualquier compañía se pelee por contar con sus servicios, lo cual a mí me parece una idea bastante peregrina.

Sarah Palin y el Tea Party. ¿Puede Bachmann reunir esta multitud sólo con su presencia? No, sencillamente no. De nuevo, sólo hay una posible rival para Romney en estas primarias y ésa es Sarah y sólo hay una posible rival para Obama en estas próximas elecciones y ésa es también Sarah. Bachmann sería un regalo para cualquiera de los dos.

Bachmann y Palin, vidas nada paralelas

En un mundo perfecto, esta entrada nunca hubiera tenido que ser escrita porque Bachmann sencillamente no se hubiera presentado a las elecciones. Pero no vivimos en un mundo perfecto, Bachmann se ha presentado y a mí me toca ahora ofrecerles mis conclusiones después de lo que hemos visto.

Ya lo he dicho más de una vez, lo he repetido y lo vuelvo a repetir: no tengo nada contra Bachmann, pero su candidatura a la presidencia de los Estados Unidos es un brindis al sol y no va a prosperar; ni siquiera llegará a Iowa, lo creo de verdad. Y es que las debilidades de Michele Bachmann como candidata son insuperables: y ya no se trata sólo de esas historias sobre earmarks, subvenciones, una carta de indulto que causa mucha desazón en quien la lee, etc. Es cierto que algunas de esas historias podrán ser bien justificadas en el sentido de que se ha actuado conforme a la ley y no hay nada reprochable en su conducta, pero cuando uno se presenta a unas elecciones como el caballero andante del movimiento Tea Party, bueno… los teapartiers esperamos que no exista nada de eso en el curriculum de nuestro candidato. Y es que Bachmann, lamentablemente para ella, no deja de ser otra política más del establishment y esas historias sobre ella lo demuestran. Lo único que la diferencia de los demás es que siendo como es una elitista, decidió en su momento jugar la carta populista, aprovechando que su historial como conservadora social no se lo podía negar nadie (pero es que conservadores sociales han existido siempre y no se los ha inventado el Tea Party). Bien, es una opción perfectamente válida para cualquier político republicano: así como los hay que han decidido alejarse lo más posible del Tea Party (Romney, por ejemplo), otros han decidido subirse a su carro y tratar de medrar a su costa. Y ése es el caso de Bachmann, a quien se le vio el plumero cuando tuvo la desvergüenza de ofrecer su propia Tea Party Response (Respuesta del Tea Party) (!) a través de la CNN como réplica al Discurso del Estado de la Unión de Obama, en abierta disputa con la respuesta oficial del Partido Republicano que este año se encargó de ofrecer Paul Ryan. Imagino que a John Boehmer, el nuevo líder de la mayoría republicana en el Congreso le debió de sentar como un tiro el invento de su subordinada. Pero, ¿quién le ha dicho a esta mujer que puede hablar en nombre de todo el movimiento Tea Party? ¿Acaso quiere meter el genio en la botella? ¿Alguien se imagina a Sarah presentándose como la líder del Tea Party? Pues no, y buen cuidado ha tenido ella siempre de no hacerlo.

Aún más. Y lo digo en mi libro, America is Ready! (un poco de publicidad no hace daño a nadie), Sarah Palin era una teapartier cuando el Tea Party todavía no existía y a nadie se le había ocurrido siquiera. Todos sabemos que los republicanos nunca han destacado por el grado de movilización de sus votantes. Eso es algo que la izquierda, con su pasión por el activismo político, domina desde siempre, pero la derecha, con su renuencia natural a alborotar, sobre todo en la vía pública, rechaza instintivamente. ¿Cuándo empezó a cambiar eso? Justamente durante las elecciones presidenciales de 2008, cuando McCain y el calvo sin pelo y sin ideas que dirigía su campaña electoral tuvieron que tragarse la píldora de que fuera Sarah, la candidata a la vicepresidencia, quien llenara una y otra vez en sus rallies mientras que McCain, el candidato a la presidencia, hacía el ridículo una y otra vez, no logrando llegar ni a la mitad del aforo que se tratara.

Aquello fue lógico. Y queda perfectamente plasmado en esa frase tantas veces escuchada después de las elecciones: “Yo voté a Palin, no a McCain”. Y le votaron porque a diferencia de McCain, Sarah era lo que todos esos votantes estaban esperando: una conservadora auténtica y con todas las virtudes necesarias para convertirse en su líder, a cuyo llamado acudieron todos los conservadores en tromba. Mucho se ha hablado sobre las multitudes que congregaba Obama en 2008, pero poco sobre las que congregaba Sarah. Y las sigue congregando. Las elecciones del midterm de 2010 fueron la prueba de que tanto su respaldo como su mera presencia mueven multitudes. El Tea Party sabe perfectamente que su adalid es ella y sólo ella y aunque puedan sentir simpatía por Bachmann, reconocen que las diferencias entre ellas son abismales. La prueba son las “enormes” audiencias de fervorosos teapartiers que suelen reunir candidatos como Bachmann, Pawlenty o Cain, que difícilmente llegan a los pocos centenares de personas. Nada que ver con los que puede reunir Sarah sin esfuerzo. Y si Bachmann pudo llenar un auditorio con más de 10.000 personas durante su campaña de 2010 fue gracias a la presencia de Sarah, no a que tuviera a Tim “Pobre hombre” Pawlenty como invitado.

Esto por lo que se refiere a su postura actual. En cuanto a su historial, ya hemos visto que está llena de posibles sorpresas. Y aún no las conocemos todas. ¿Tiene Sarah algo parecido en su propio historial? Después de tres años en los que la izquierda y los medios de comunicación la han investigado obsesivamente, con el microscopio, más que a ninguna otra persona en la historia política de los Estados Unidos, bien podemos estar ya seguros de que no. Ni siquiera el asunto de los e-mails ha podido afectarla como no sea para confirmar que es una persona que hace lo que dice y dice lo que piensa. Y ésa es otra diferencia seria entre ella y Bachmann.

Sarah tiene un historial eminentemente ejecutivo: concejal, alcaldesa, comisionada, gobernadora… Es cierto que uno puede despreciarlo y pretender que nada de eso igual a lo de ser “organizador comunitario” en Chicago, pero lo tiene y los problemas a los que se enfrentó en su momento y las medidas que tomó para ello están ahí para cualquiera que quiera estudiarlos… o irse al cine a ver The Undefeated. Incluso después de su dimisión como gobernadora, cuando ya no ha tenido más responsabilidades ejecutivas, su papel como punta de lanza en la oposición a la administración Obama y como principal valedora de tantos candidatos finalmente victoriosos en las elecciones del midterm de 2010 son un nuevo punto a su favor.

Bachmann no tiene la más mínima experiencia ejecutiva, poca legislativa y algunos asuntos feos en su historial que podrían ser más a poco que uno se ponga a hurgar decididamente en él (así, por ejemplo, corre por ahí el rumor de que es una manirrota, algo que sólo una verdadera experiencia ejecutiva podría revelar y que ella no tiene, pero Sarah sí). Además, mientras que Sarah es sin duda la voz más influyente en el panorama político estadounidense actual, Bachmann siempre ha sido un miembro poco estimado de su propio partido, incluso entre sus propios colegas republicanos. Es por ello que no es de extrañar que lo único que tenga para hacer frente en un debate a sus rivales sea su historial de votaciones. ¿Y qué tiene Sarah en cambio? Hechos, muchos hechos. Y un historial impoluto que respalda sus palabras desde que aprendió a decir “mamá”.

Bachmann está intentando montarse en la ola del Tea Party, lo cual es muy razonable, sobre todo para ella que nunca ha sido un miembro muy relevante de su propio partido, pero no deja de ser mero oportunismo. Y para ello ha pensado que lo mejor es imitar a Sarah Palin, moviéndose como ella, hablando como ella, diciendo las mismas cosas que podría decir ella (Pollinsider cree que le ha copiado incluso el peinado), pero el papel le va muy grande (y su peinado sólo le queda bien a ella) y es por eso que tengo clarísimo que tan pronto como Sarah salte definitivamente a la palestra a Bachmann se la llevará el viento. Y es una lástima porque es una política valiosa y sus convicciones morales son sólidas, pero no es en la presidencia de los Estados Unidos donde debería haber puesto sus miras, sino tal vez en algo más razonable: ¿gobernadora de Minnesota, por ejemplo? Ése es el puesto ejecutivo por excelencia del sistema político estadounidense. No sería mala idea que lanzara una intentona en 2014. Así, si fuera elegida, sabríamos de qué pasta está hecha realmente y tal vez entonces sí que se ganaría nuestro respaldo más adelante. Pero de momento, no hay duda: ¡Palin 2012!

Y en la próxima entrada volveremos a Alaska. Veremos cómo pasó Sarah su travesía del desierto una vez que dejó la AOGCC. No fue fácil, pero lo logró.

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2 respuestas a LAS DEBILIDADES DE MICHELE BACHMANN COMO CANDIDATA

  1. AuH2O 4 President dijo:

    Magnífico post amigo Bob, una vez mas y van…
    Lamento no poder postearte en cada uno de tus artículos, pero ten por seguro, que todos y cada uno de ellos son leidos por mí con avidez, es mas, los tengo (todos los que has posteado, desde principios de año para acá) impresos y colocados en una carpeta para poder releerlos cuando estoy en la playa (es lo que tiene Cádiz, jejejeje).
    Pd.: Simplemente apuntarte lo que creo que es una pequeña errata. Entiendo que cuando dices que Bachmann se presentó en 2006 a la Cámara de Representantes lo hizo después de haber estado tres días “ayunando” ¿verdad?.
    Pd.2: Tengo “en marcha” algo, (que espero que esté resuelto antes de que llegue Septiembre), y que, si llega a buen término, tendrás algo (en tú poder) con lo que “fardar” de Palinista acérrimo.
    Pd.3: Me quedan menos de 70 páginas del libro y estoy dando tanta “lata” con el, que mi novia, que este tema no le interesa casi nada, me está presionando para que lo termine ya y ponerse ella a leerlo.
    Un fuerte abrazo.

  2. Santi dijo:

    Yo creo que Bachmann se ha metido en esto para tener su minuto de gloria. Como bien dices, Bob, no tiene suficiente empaque para aspirar a ese puesto, tal vez de gobernadora sí diera la talla. Y la publicidad que está obteniendo la ayudará en sus otras metas políticas. Lo malo es que para meterse con Sarah Palin y para ningunearla los medios engrandecen artificialmente a Michele. Hasta he llegado a leer que Michele tiene la experiencia política que le falta a Sarah. Espero con impaciencia la irrupción de Sarah que barrerá de la escena a los candidatos inconsistentes. ¡Sarah 2012!

    P.D. Yo casi he terminado el capítulo sobre el sistema político americano. Sí, ya sé que voy lento, pero es que es un capítulo muy denso; aunque, la verdad, lo estoy leyendo por encima, creo que es una fuente de información valiosa para consultas puntuales sobre el funcionamiento de la política americana, que tiene su intríngulis.

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