EL DÍA EN QUE SARAH PALIN FUE TENTADA… Y DIJO: “¡DEMONIOS, NO!” (III)

Seguimos con nuestra historia. Y ahora que ya hemos visto lo muy irregular que fue la entrada de Randy Ruedrich en la AOGCC, siquiera por el escandaloso trato de favor que se le dispensó a la hora de nombrarlo comisionado, vamos a ver cómo siguió aplicándosele ese mismo tratamiento privilegiado durante todo el tiempo (que fue poco porque ya les avanzo que duró aún menos que Sarah allí) en que ocupó el cargo.

¿Recuerdan lo que les conté el miércoles pasado sobre aquel caso de irregularidades durante la perforación del pozo 15 de Endicott Field, en North Slope? ¿Aquél en que se facilitaba su explotación a base de inyectar sustancias ilegales y peligrosas en el terreno y que fue denunciado por un operario de la propia empresa perforadora, Doyon Drilling Inc., y que acabó resultando en una enorme multa para la propia compañía? Bien, pues como todo se pega menos la hermosura, resulta que BP, la empresa subcontratante de Doyon, estaba involucrada en otro caso similar, pero ahora toda la responsabilidad era suya puesto que en este caso las tareas de perforación no estaban subcontratadas a otra empresa, como en el caso del pozo 15, sino que las efectuaba la propia BP.  Esto se descubrió a consecuencia de la denuncia hecha en su momento por ese operario, ya que a raíz de la investigación tanto federal como estatal que se abrió para esclarecer los hechos, BP se vio obligada a denunciarse a sí misma antes de que los investigadores lo descubrieran por su cuenta y fuera peor.

Alguien debió de pensar en Ruedrich porque pocos meses después de haber sido nombrado comisionado, éste se interesó de pronto por el caso y requirió toda la información de que dispusiera la AOGCC en ese momento. Era un caso que estaba todavía abierto y la AOGCC aún no había tomado ninguna decisión al respecto. Pero tan chulo como era Ruedrich, exigió llevarlo personalmente y los otros dos comisionados, Sarah y Dan Seamount, se opusieron a ello, urgiéndole en cambio a que se abstuviera voluntariamente de participar siquiera en las discusiones sobre el caso dadas sus evidentes relaciones con BP, que había sido cliente de su anterior compañía, Doyon. De hecho, los dos casos eran tan parecidos que tanto Sarah como Seamount daban por descontado que el resultado sería el mismo: la presentación de cargos federales contra BP y su procesamiento. Estaba más que claro que Ruedrich no debía involucrarse en la investigación, pero es que no sólo se negó en redondo a abstenerse, sino que incluso empezó a actuar por su propia cuenta, concertando una reunión el 9 de julio de 2003 con el representante del fiscal federal en Alaska, Tim Burgess, y su ayudante, Deborah Smith, para hablar precisamente sobre ese caso. Cabe destacar que tanto Burgess como Smith habían sido los acusadores durante el juicio contra Doyon, pero ya se ve que Ruedrich no les guardaba ningún rencor, ¿eh?

“La amargura de hoy se trocará en la dulzura de mañana” (Bob Moosecon). Sarah Palin la noche de su elección como gobernadora de Alaska, dos años después de su dimisión como presidenta de la AOGCC.

Burgess no quiso hablar nunca sobre esa reunión; Smith tampoco. Ambos alegaron que no podían hacer comentarios sobre un caso todavía abierto. Sin embargo, con el tiempo se acabó sabiendo que en esa reunión se pactó el envío a Ruedrich de un grueso legajo de documentos relacionados con el anterior caso Doyon. Cuando eso se supo, Smith declaró que todo ese material (escritos de acusación, alegaciones, informes periciales y demás) era documentación de dominio público y que sólo se lo remitieron a Ruedrich como “gesto de cortesía”. Por su parte, Ruedrich declaró que no recordaba haberlo recibido nunca, aunque la AOGCC tenía los documentos en su poder y acabó poniéndolos a disposición de la prensa de Alaska.

Este fue el primer charco fangoso que pisó Ruedrich. El segundo llegó cuando también quiso meter las narices en la investigación que estaba llevando a cabo la AOGCC referida a una explosión producida el 16 de agosto de 2002 en el pozo A-22 de BP en Prudhoe Bay, en North Slope, que hirió gravemente a un operario. Era una investigación importante porque se produjo mientras BP estaba sometida por orden judicial a estrecha vigilancia (una especie de libertad condicional) para asegurarse de que no volviera a violar las normas medioambientales o de seguridad, una situación que iba a durar hasta el 31 de enero de 2003 y que era consecuencia de su condena por el caso Doyon. De nuevo, Ruedrich se negó a abstenerse, reclamó llevar él mismo el caso e inmediatamente se puso a defender la inocencia de BP en el suceso, proponiendo incluso la retirada de la propuesta que había hecho la AOGCC de multar a la compañía con un total de 37 millones de dólares.

A Sarah y a Seamount maldita la gracia que les hacía todo eso, pero lo peor vino más tarde cuando Ruedrich hizo gala de nuevo de su don de gentes y celebró otra reunión privada con los directivos de BP. Éste declaró posteriormente que el único motivo de la reunión era discutir con ellos las cuestiones de procedimiento del caso. Sin embargo, si los de BP querían hablar de eso con la AOGCC, deberían haberse dirigido directamente al abogado de la comisión y no a Ruedrich. Y es que las normas de la AOGCC establecen que si es necesario que un comisionado mantenga una reunión con alguien que esté involucrado en una investigación llevada a cabo por ese organismo, en dicha reunión deben estar presentes los tres comisionados y no sólo uno de ellos. La obsesión de Ruedrich por hacer las cosas por su cuenta lo que hizo que Sarah y Seamount llegaran a la conclusión de que no se podía tener ninguna confianza en él. Así lo declaró ella misma, cuando dijo que Ruedrich “creó una situación en que la AOGCC tenía que hacer un esfuerzo adicional e invertir más recursos para asegurarse de que estaban tratando con hechos y datos y no con otra cosa derivada de su relación personal con la dirección de BP”.

La relación de la totalidad de la AOGCC con Ruedrich se había vuelto ya tan tirante que nadie se privaba ya de expresar su malestar. Ya no era sólo Seamount quien se quejaba a Sarah de su comportamiento día sí y día también, sino que incluso un empleado de la AOGCC le confesó un día a ésta que temía que Ruedrich estuviera pasando información confidencial a una compañía a la que se suponía que debía supervisar llamada Evergreen Resources, que ya mencionamos en la entrada anterior y de la que aún volveremos a hablar y mucho hoy. Entonces no se pudo averiguar si eso era cierto, pero más adelante resultó que sí.

Una de mis fotos favoritas. Estuvo a punto de ser el banner de “Going Rogue, Going Palin”. Y aún hoy me parece a veces que lo tendría que haber sido.

Otro problema que surgió con Ruedrich era el relacionado con sus gastos de viaje. No sólo porque éste se negaba a declararlos tal y como establecía la legislación al respecto, o sea, obteniendo la aprobación del viaje por parte de la AOGCC (de Sarah) por adelantado, sino también porque uno de esos viajes fue especialmente controvertido al tratarse de un viaje a Juneau, la capital del estado, que Ruedrich anunció a Sarah que tenía que efectuar el 19 de septiembre para reunirse primero con Jim Clark, el jefe de gabinete del gobernador Murkowski; luego, con el comisionado Miller, del departamento de Administración, para tratar de un “asunto del departamento de Transportes”; y, por fin, con otros funcionarios del departamento de Conservación Medioambiental, regresando al día siguiente. En su hoja de gastos, Ruedrich reclamó el reembolso de un billete de avión de 200 $, además de unas dietas de 100 $ por dos días pasados fuera de casa. Sin embargo, el muy listo no se dio cuenta de que su “reunión” apareció en un periódico local de Ketchikan (una localidad que estaba una cuarta parte de la distancia que había entre Anchorage y Juneau) mostrando que el día 20 de septiembre, Ruedrich había asistido allí a una reunión del Partido Republicano en la que se discutió la sucesión del senador Robin Taylor, que había dejado su escaño para ocupar un cargo dentro de la administración Murkowski.

Más adelante, la oficina de Clark confirmó que éste no tenía prevista ninguna reunión con Ruedrich el 19 de septiembre y que tampoco recordaban que hubiera aparecido por ahí. Miller dijo que sí que podía ser que se hubiera reunido con él, pero no estaba seguro si fue en agosto o septiembre y, por descontado, no tuvo nada que ver con un “asunto del departamento de Transportes”. Y sólo un funcionario del departamento de Conservación Medioambiental recuerda haber tenido una reunión con Ruedrich ese día.  Cuando la historia saltó a la luz pública, Ruedrich declaró que tal vez confundió las fechas y tal y tal. Fácil recurso cuando de lo único que se trataba era de que la AOGCC le pagara un billete de avión por las tres cuartas partes del recorrido y las dietas correspondientes para un asunto privado: asistir a una reunión del Partido Republicano.

Tres charcos fangosos pisados por Ruedrich ya. Y aún hubo otro más, el cuarto, que fue el que lo hundió definitivamente. Todo empezó con una reunión que los vecinos de Sutton (del burgo de Matanuska-Susitna, el mismo al que pertenece Wasilla, que es donde Sarah vivía entonces puesto que su trabajo en la AOGCC le permitía ir y venir en coche cada día desde su casa hasta las oficinas de la comisión en Anchorage) iban a mantener el 18 de agosto de 2003 con algunos altos funcionarios del departamento de Recursos Naturales del gobierno de Alaska. El tema a tratar era la reciente concesión que había hecho ese departamento de los derechos de explotación del subsuelo para la búsqueda de gas en una enorme extensión de terreno que abarcaba sus propias comunidades a una compañía llamada Evergreen Resources (¿les suena?). Esa búsqueda iba a desarrollarse con una técnica nueva llamada “coal-bed methane” (extracción de metano de su lecho de carbón) que, si la he comprendido bien, consiste en que el gas metano que se haya mezclado con el carbón en forma de capas, se libere al exterior a medida que se van fracturando una tras otra esas capas. En ese burgo, había mucho gas metano de este tipo y su explotación parecía ser un gran negocio para Evergreen por más que los residentes en el burgo no las tuvieran todas consigo con respecto a lo que podía pasar con ellos y con sus hogares y comunidades.

La reunión dio comienzo y todo parecía ir bien hasta que de pronto un tipo cogió el micrófono y, aunque no pertenecía al departamento de Recursos Naturales, su puso a defender a Evergreen y a darles todas las seguridades acerca de sus métodos de explotación. Era, por supuesto, Ruedrich y uno de los asistentes a la reunión por parte de los vecinos del burgo, Chris Whittington-Evans, presidente de la asociación “Amigos de Mat-Su” y uno de los organizadores de la reunión, dio un respingo porque sabía de quién se trataba. Y como que lo sabía, sabía también que no sólo ya estaba demasiado bien relacionado con las compañías petroleras para ser comisionado de la AOGCC, sino que tampoco podía creérselo nadie en la defensa que estaba ahora haciendo de los métodos de explotación que iba a emplear Evergreen.

Y aquí metió la pata Ruedrich por exceso de confianza, puesto que en su intento de calmar a los residentes contándoles lo muy segura que iba a ser esa explotación, utilizó una serie de diapositivas que Whittington-Evans ya había visto antes. Se las habían enseñado unos representantes de la propia Evergreen en una reunión que había mantenido con ellos dos semanas antes en Palmer. Y aún metió más la pata cuando les aseguró que no se utilizaría ningún tipo de ácido para facilitar la exploración cuando pocas semanas después Evergreen tuvo que reconocer que sí tenía la intención de hacerlo porque una de las maneras de romper esas capas de carbón que encierran el gas metano es a lo bruto, perforando, a martillazos vamos, pero también se podía inyectar diversos tipos de ácido en el pozo para que hicieran lo mismo químicamente, descomponiendo el carbón, siendo muy peligroso por la posibilidad de contaminación del terreno y de los acuíferos de la zona.

A esta figura se le llama “colusión” y es una de esas cosas que quedan muy feas en un funcionario público. Tres meses después, tal y como veremos en la próxima entrada, se descubrirá que Ruedrich había pedido ese mismo día por correo electrónico a un tal John Tanigawa, precisamente el representante de Evergreen en Alaska, que hiciera el favor de mandarle esas diapositivas y que Tanigawa se las había enviado cuatro horas antes de la reunión en Sutton al tiempo que se despedía de él con un “Nos vemos esta noche”. Pero no fue sólo esa reunión, sino que hubo otras más durante las semanas siguientes y en muchas de ellas intervino Ruedrich como adalid de Evergreen, lo que causó mucha desazón a Sarah y Seamount. Sarah habló muchas veces con Ruedrich durante todo este tiempo expresándole su disgusto, pero Ruedrich jamás le hizo caso y ella no tenía poder para destituirlo de su cargo. Además, los empleados de la AOGCC seguían quejándose de que Ruedrich pasaba gran parte de su tiempo en la AOGCC ocupándose de cuestiones propias del Partido Republicano de Alaska.

¿Qué pensaría Sarah esa noche, en ese mismo momento? Seguramente en lo muy ciertas que son esas palabras de la Biblia que dicen que “los caminos del Señor son inescrutables”. Y es cierto.

Sarah lo había comentado todo primero con su propio supervisor en cuestiones éticas, Kevin Jardell. Sin embargo, éste no le dio importancia al caso, tal y como no le había dado importancia en su momento a su declaración de incompatibilidades, lo cual no es de extrañar puesto que Ruedrich comentaba frecuentemente que era como un abuelo para el joven hijo de Jardell.

Finalmente, Whittington-Evans, a quien ya conocemos, provocó el estallido de toda esa situación al escribir a Sarah un mensaje de correo electrónico en el que exigía la destitución de Ruedrich en estos términos:

Las continuas intervenciones del señor Ruedrich cuestionan los propósitos y la credibilidad de la AOGCC así como también su capacidad de actuación de modo imparcial para proteger y conservar los recursos naturales de este estado. El agresivo cabildeo a favor del desarrollo con medios que él obviamente no comprende del todo y el continuado uso de su oficina de manera inadecuada para presionar a favor de su agenda y la del Partido Republicano reduce la comisión a ser un cuerpo partidista e inefectivo en el cual no puede confiar el público.

Sarah recibió el mensaje y aunque por ley tenía prohibido hacer cualquier comentario al respecto fuera de su cadena de mando, contestó a Whittington-Evans prometiéndole que “esto no se esconderá debajo de la alfombra”. Acto seguido, remitió una copia del mensaje de Whittington-Evans a Jim Clark, el jefe de gabinete del gobernador; Gregg Renkes, el fiscal general del estado; y el entonces comisionado de Administración, Mike Miller.

Sarah telefoneó algunos días después a Clark para hablar con él sobre el caso, Pero Sarah no pudo comunicarse con Clark y no consiguió tampoco que éste le devolviera la llamada hasta casi un mes después. Y cuando éste lo hizo, fue simplemente para escuchar todo lo que le explicó Sarah y tranquilizarla asegurándole que él se ocuparía de todo porque “para eso están los jefes de gabinete”. Varios días después, Sarah se encontró con Ruedrich por la oficina, se paró a hablar con él y le anunció que seguramente Clark querría hablar con él a lo que Ruedrich le respondió con una media sonrisa que ya le había llamado, que le llamaba cada domingo por la tarde para comentar lo que pasa en la administración, cosas de política, etc. Sarah se dio cuenta entonces de que no había hecho nada y cuando pretendió hablar con Clark de nuevo para que le explicara lo que había pasado, éste volvió a su antigua costumbre de no cogerle el teléfono.

Fue entonces cuando Sarah quiso consultar la declaración de incompatibilidades que tuvo que Ruedrich tuvo que hacer cuando fue nombrado comisionado y que ya vimos en la entrada anterior lo mucho que le costó encontrarla. Mientras tanto, en octubre, Sarah le pidió un día a Seamount que llamará a un programa de radio que estaba tratando el tema de la exploración en busca de gas en el valle de Matanuska-Susitna para intervenir como experto que era en la cuestión en representación de la AOGCC. Lo malo fue que se lo dijo estando Ruedrich cerca de ellos y éste corrió a su despacho para llamar él antes, dejando con un palmo de narices a Seamount que, cuando se dio cuenta, se lo dijo desesperado a Sarah, sobre todo al comprobar que Ruedrich estaba tomando partido abiertamente a favor de la exploración y de la compañía involucrada, Evergreen, y lo hacía pretendiendo hablar en nombre de toda la AOGCC e incluso del departamento de Recursos Naturales.

La situación era tan peliaguda que incluso un congresista demócrata de Alaska la telefoneó y le advirtió de que sabían lo que estaba sucediendo y que si no lo paraba ella, lo harían ellos. Sarah le prometió que estaba de su parte en este asunto y le prometió a él también no esconder el asunto bajo la alfombra. No sabía muy bien qué hacer puesto que toda la cadena de mando había coincidido en proteger a Ruedrich. Finalmente optó por escribir una carta detallando todo el caso al propio gobernador Murkowski y se la envió. Sabía que eso podía ser su suicidio políticamente hablando, pero no le importaba puesto que el asunto estaba ya al cabo de la calle, con el público cuestionándose la integridad de la propia AOGCC. Como ella misma declaró después: “Mi carrera [política] ha terminado. Bueno, si muero, muero”.

De pronto, las aguas empezaron a agitarse: los empleados de la AOGCC contaban cosas por ahí, los demócratas revelaron el asunto, los periodistas empezaron a llamarla para preguntar y unos días después, el 8 de noviembre, un periodista telefoneó a Sarah a su casa y le anunció que corría el rumor de que Ruedrich había dimitido, al haber sido puesto en la tesitura por parte de Murkowski de dimitir o ser destituido. Finalmente dimitió y, por descontado, nadie de la administración se puso en contacto con Sarah, la presidenta de la AOGCC, para comunicárselo.

Ruedrich se había ido finalmente, pero eso no supuso el fin de todos los problemas para Sarah puesto que ahora fue ella quien se encontró en el punto de mira de todos. Y aún así, ésta tuvo que ver como pocos días después de la dimisión de Ruedrich recibía las instrucciones más extrañas de su vida: tenía que convertirse en una espía.

P.D. Es posible que hagamos una pequeña interrupción en esta serie porque tengo mucho que contarles sobre las últimas encuestas y el famoso debate de “los 7 enanitos” y no quiero que se queden sin la actualidad. Así que, con su permiso, en la próxima entrada nos pondremos todos al día.

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2 respuestas a EL DÍA EN QUE SARAH PALIN FUE TENTADA… Y DIJO: “¡DEMONIOS, NO!” (III)

  1. Santi dijo:

    Otra, Bob…

    Y esperando tus opiniones sobre la actualidad. Un saludo, amigo. ¡Palin 2012!

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